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31 diciembre 2020

Hannah Arendt y la imparcialidad


" (...) si evito toda compañía o estoy completamente aislada mientras me formo una opinión, no estoy conmigo misma, sin más, en la soledad del pensamiento filosófico; en realidad sigo en este mundo de interdependencia universal, donde puedo convertirme en representante de todos los demás. Por supuesto, puedo negarme a obrar así y hacerme una opinión que considere sólo mis propios intereses, o los intereses del grupo al que pertenezco. Sin duda, incluso entre personas muy cultivadas, lo más habitual es la obstinación ciega, que se hace evidente en la falta de imaginación y en la incapacidad de juzgar. Pero la calidad misma de una opinión, como la de un juicio, depende de su grado de imparcialidad" 

Hannah Arendt

05 noviembre 2018

Sólo tengan relación con lo que aman


"Hay sensibilidades sustanciales, existen los que tienen una sensibilidad sustancial. Yo sueño con hacer alguna cosa sobre la sensibilidad filosófica. Es así que encontrarán los autores que cada uno amará (...)Yo abogo por relaciones moleculares con los autores que leen. Encuentren lo que les gusta, no pasen jamás un segundo criticando algo o a alguien. Nunca, nunca, nunca critiquen. Y si los critican a ustedes digan: ´De acuerdo´ y sigan, no hay nada que hacer. Encuentren sus moléculas. Si no las encuentran, ni siquiera pueden leer. Leer es eso, es encontrar vuestras propias moléculas. Están en los libros. Vuestras moléculas cerebrales están en los libros. Yo creo que nada es más triste en los jóvenes en principio dotados, que envejecer sin haber encontrado los libros que verdaderamente hubieran amado. Y generalmente no encontrar los libros que uno ama, o no amar finalmente ninguno, da un temperamento… y de golpe uno se hace el sabio sobre todos los libros. Es una cosa rara. Nos volvemos amargos. Ustedes conocen la especie de amargura de ese intelectual que se venga contra los autores por no haber sabido encontrar a aquellos que amaba…, el aire de superioridad que tiene a fuerza de ser tonto. Todo eso es muy enojoso. Es preciso que, en última instancia, sólo tengan relación con lo que aman"
Gilles Deleuze

26 octubre 2018

El suicidio, según Camus, un gusano en el corazón


"Nunca se ha tratado del suicidio sino como de un fenómeno social. Por el contrario, aquí se trata, para comenzar, de la relación entre el pensamiento individual y el suicidio. Un acto como éste se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que una gran obra. El hombre mismo lo ignora. Una noche dispara o se sumerge. De un gerente de inmuebles que se había matado me dijeron un día que había perdido a su hija hacía cinco años y que esa desgracia le había cambiado mucho, le había "minado". No se puede desear una palabra más exacta, comenzar a pensar es comenzar a ser minado. La sociedad no tiene mucho que ver con estos comienzos. El gusano se halla en el corazón del hombre y hay que buscarlo en él. Este juego mortal, que lleva de la lucidez frente a la existencia de la evasión fuera de la luz, es algo que debe investigarse y comprenderse.

Son muchas las causas de un suicidio, y, de una manera general, las más aparentes no han sido las más eficaces. La gente se suicida rara vez (sin embargo, no se excluye la hipótesis) por reflexión. Lo que desencadena la crisis es casi siempre incontrolable. Los diarios hablan con frecuencia de "penas íntimas" o de "enfermedad incurable". Son explicaciones valederas. Pero habría que saber si ese mismo día un amigo del desesperado no le habló con un tono indiferente. Ése sería el culpable, pues tal cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso".

Albert Camus
(fragmento de "El mito de Sísifo")

19 abril 2018

Los culpables según Hannah Arendt


"Donde todos son culpables, no lo es nadie [...]. Siempre he considerado como la quintaesencia de la confusión moral que en la Alemania de la posguerra aquellos que estaban completamente libres de culpa comentaran entre ellos y aseguraran al mundo cuán culpables se sentían, cuando, en cambio, sólo unos pocos de los criminales estaban dispuestos a mostrar siquiera el menor rastro de arrepentimiento"

Hannah Arendt

19 agosto 2017

Inevitable


"Duerma o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados"
Descartes

06 octubre 2016

Perspectivas


"(...) Es preciso fijar perspectivas en las que el mundo aparezca trastrocado, enajenado, mostrando sus grietas y desgarros, menesteroso y deforme en el grado en que aparece bajo la luz mesiánica. Situarse en tales perspectivas sin arbitrariedad ni violencia, desde el contacto con los objetos, sólo le es dado al pensamiento (...)"

Theodor Adorno
("Minima moralia")

16 abril 2016

Jean-Paul Sartre, invitación a escapar de la frivolidad


Por Humberto Acciarressi

En ocasiones, ser un pensador de moda y vender millones de ejemplares es una desgracia. Y no me refiero a quienes cultivan con entusiasmo los lugares comunes (un ejemplo típico, Pablo Coelho), sino aquellos que dejan huellas y abren surcos entre las malezas del camino del pensar. Hoy día, en momentos en que la gente se amiga con el pensamiento sencillo y los intelectuales se ponen a la retaguardia de políticos con menos lecturas que un hámster, no es ocioso recordar a Jean- Paul Sartre, muerto en 1980, precisamente un 15 de abril. En cierto sentido puede afirmarse que entre 1950 y finales de los 60, hubo pocas obras que hayan influenciado más que la suya, sea a favor o en contra de los paradigmas culturales de la época. En la actualidad hay quienes consideran perimido su pensamiento, pero ya en vida escritores como Juan Liscano opinaban que Sartre no era filósofo, mucho menos un gran escritor y que para colmo su narrativa no resistía la crítica. Otros lo alababan como si fuera un oráculo. Allá unos y otros.

Hoy puede decirse que el autor de "La Náusea" fue una víctima de los fanatismos, en gran parte por su sana costumbre de cosechar amigos y enemigos sin que eso le importara demasiado. Mientras muchos lo analizaban honestamente, otros se entretenían con su arribo a los arrabales del marxismo-leninismo, su desengaño del Gulag, su unión a Pablo Picasso y dos centenares de intelectuales y artistas para oponerse a la destrucción del Estado de Israel, o sus sesentistas adhesiones al maoísmo. Le pegaban por derecha y por izquierda, algo que también padeció su amigo y adversario Albert Camus (sobre quien escribió la más bella necrológica que yo recuerde cuando éste se mató con un auto, esas líneas que concluyen con la frase "el escándalo singular de esta muerte es la abolición del orden humano por irrupción de lo inhumano"). Pero hubo algo que pocos le toleraron a Sartre, incluso en silencio para no pasar vergüenza. Fue cuando renunció en 1964 al Premio Nobel, por considerar que aceptarlo significaba comprometer su integridad de escritor. Por mucho menos, en estos complicados tiempos actuales, hay quienes canjean su pensamiento a cambio de unas monedas o un lugarcito en oficinas estatales.

Obras filosóficas como su tratado más célebre "El ser y la nada", piezas teatrales como "Las moscas", su novela "La náusea", sus relatos, la serie inconclusa compuesta por "La edad de la razón", "El aplazamiento" y "La muerte en el alma", su tarea al frente de la revista Les Temps Modernes con su compañera Simone de Beauvoir, el magistral ensayo sobre Flaubert, "El idiota de la familia", son apenas algunas de las cosas que podemos mencionar sobre su permanente movimiento intelectual. En la obra de este hombre feo, bizco y de enorme talento, se encuentran los asuntos eternos de la humanidad: la soledad, la intransferible elección, la angustia, el desamparo, el fracaso, la muerte... Tendremos que coincidir que es demasiado para los devotos de las lecturas fáciles, las frases hechas y quienes escriben libros en una semana por urgencias editoriales.

(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)

05 noviembre 2015

Emil Cioran, figura necesaria a dos décadas de su muerte


Por Humberto Acciarressi

"La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella", escribió en una oportunidad. Y, una frase que está a tono con los tiempos que corren, también precisó: "Me basta (...) escucharle decir `nosotros` con una inflexión de seguridad, invocar a los `otros` y sentirse su intérprete, para que lo considere mi enemigo". Emil Cioran, de cuya muerte se cumplen veinte años, era un ferviente amante de las paradojas. Y fue, además, una víctima de ellas: quería morir a los 14 años y lo hizo a los 84; eligió el camino del "pensar por pensar" y fue víctima del Mal de Alzheimer, que afecta los mecanismos del pensamiento. Haber nacido en la Rumania del inmortal Conde Drácula, es un dato para añadir a quien sostenía que "la idea del suicidio es lo único que hace llevadera la vida"

Ciorán - señaló Fernando Savater - nunca fue un autor de moda. Para colmo, sus compatriotas Eugene Ionesco y Mircea Eliade tuvieron más fama que él, que se declaraba con entusiasmo un marginal del intelecto. En sus últimos años y a pesar suyo (aunque no estoy tan seguro), eran legión quienes iban al Barrio Latino de su Paris adoptivo con la ilusión de toparse con este hombre de cabello blanco y sobretodo gris que disparaba sobre la religión, la filosofía, la escritura y la política. Allí podían codearse con este hombre que mezclaba su condición de metafísico y moralista, se metía con la teología y llevaba el pesimismo nihilista a la cumbre. Porque Cioran fue más allá que Nietzche y Schopenhauer cuando se reivindicó como un anti-filósofo capaz de demoler sus propias ideas.

El optimismo era, para èl, una forma de la hipocresía: la sociedad está maldita y la historia humana es estúpida, incluyendo la Razón salvada de la estupidez por Voltaire. Como Louis-Ferdinand Celine, Ezra Pound y Heidegger, simpatizó durante un tiempo con la nazismo. A diferencia de los otros, con los años denunció estos nacionalismos con "z" como "sectas dementes". Desde el título, sus libros son la expresión de su pensamiento: "Breviario de la podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Silogismos de la amargura". Cuando admiradores y detractores se peleaban por encasillarlo en alguna corriente, Ciorán sintetizó que los seres humanos más sabios que había conocido eran las prostitutas frecuentadas en sus años de juventud. En cuanto a Dios, sostuvo que "sería una figura de segunda clase" sin la existencia de Bach, y fue más allá al decir que la música de éste es el "único argumento para no considerar la creación del universo un fracaso total". Como se observa, aún para discutirlo es una figura imprescindible.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

12 junio 2015

110 años del nacimiento de Jean-Paul Sartre


Por Humberto Acciarressi

Algunas vez escribimos que Jean Paul Sartre sufre póstumamente la desgracia de haber sido un pensador de moda y uno de los filósofos más vendidos en el mundo durante décadas. Desde los años cincuenta hasta los 70 su obra influyó más que cualquier otra sobre las letras y las corrientes subterráneas que conforman la sociedad. En medio de tanta exposición, la moda era estar con Sartre o contra Sartre. Bien leída su obra, cualquiera de las dos posturas fueron una exageración, o por lo menos un malentendido. Murió el 15 de abril de 1980 a los 74 años -había nacido en París el 21 de junio de 1905, hace 110 años- y fueron decenas los artículos que denostaron su obra con un entusiasmo digno de mejores causas. La derecha no le perdonaba nada; la izquierda más o menos, y naturalmente el stalinismo lo odiaba. En el tránsito de la fenomenología al existencialismo, su arribo a los arrabales del marxismo-leninismo, su desengaño del Gulag y sus adhesiones al maoísmo, Sartre cosechó amigos y enemigos.

Nadie, sin embargo, jamás dejó de reconocer algo (en todo caso algunos detractores, pero con timidez) : el autor de "La náusea" fue siempre un intelectual honesto, obsesionado con el pensamiento y con los problemas de su tiempo, y un fervoroso enemigo de lo inauténtico. Esto lo llevó durante la ocupación alemana a participar de la Resistencia francesa, a no afiliarse al partido Comunista francés, a criticar las intervenciones soviéticas a Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. O a uno de sus gestos más radicales: la renuncia al Premio Nobel que se le concedió en 1964 por considerar que, aceptarlo, comprometía su integridad de escritor. Por mucho menos, hay quienes regalan su pensamiento a cambio de unas monedas o un lugarcito en oficinas estatales.

Fundamentalmente, Sartre no fue un pensador superficial como sí lo fueron -y aún lo son- muchos de sus críticos. Obras filosóficas como "El ser y la nada" -su tratado más célebre-, piezas teatrales como "Las moscas", su novela "La náusea", la serie inconclusa compuesta por "La edad de la razón", "El aplazamiento" y "La muerte en el alma", sus cuentos, y su tarea al frente de la revista Les Temps Modernes junto a su compañera Simone de Beauvoir, son apenas algunos hechos destacados de ese inacabable movimiento intelectual. La más tremenda tristeza, la angustia, el desamparo que provoca elegir en soledad, la desesperación, la muerte -los temas eternos del hombre- están en la obra de ese personaje feo, bizco y genial que se llamó Jean Paul Sartre. Personalmente entiendo que los que se aferran a la cultura del videíto de moda, los libros de autoayuda o las frases hechas y repetidas hasta el cansancio, no sean devotos de este peso pesado del pensamiento. Demasiado para ciertas cabezas.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

15 febrero 2015

Sigue sin entenderse por qué Forster cobra un sueldo

Por Humberto Acciarressi

Cualquiera que sepa algo de historia y para quien las cuestiones estéticas que hacen a los quehaceres del hombre tengan alguna importancia, sabe que un país que no tiene Ministerio de Cultura está huérfano de una pata. En el sentido contrario, una nación con el prestigio cultural de la Argentina, que le ha dado al mundo escritores, artistas plásticos, músicos de todos los géneros, científicos, compositores y varios premios Nobel, tenga una denominada rimbombantemente Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional es alarmante por varias cuestiones. Algunas de ellas son que es bizarro a más no poder, estúpido conceptualmente, injusto porque lo paga todo el pueblo, de inocultable raigambre fascistoide ya que pretende unificar las ideas, y provocativa, porque a quien la dirige -el funcionario kirchnerista Ricardo Forster- sólo se le conocen ataques a quienes no piensan como la presidente de la Nación, que es quien mueve sus hilos.

Este profesor que integra el colectivo oficialista Carta Abierta -y a quien equivocadamente se lo denomina "filósofo", puesto que es un mero divulgador de esa disciplina - tiene como caballito de batalla para justificar su puesto, el atacar a todo aquel que sea opositor a su gobierno, lo cual convierte la secretaría que dirige en una entelequia monstruosa que ni Kafka se atrevió a soñar. La última de las órdenes que repitió este sujeto que debería volver a ver la película "Mefisto", de István Szabó, fue criticar la Marcha del Silencio convocada por los fiscales para honrar la memoria de su colega Alberto Nisman, muerto en circunstancias bien misteriosas, cuyas causas no excluyen el crimen político. Forster, lejos de respetar "el pensamiento" de los otros, señaló: "Es como si los chefs en la Argentina llamen a una convocatoria para decir que en el país se cocina mal".

La frase de Forster es la de un imbécil o la de un perverso a sueldo. Y que el funcionario ocupe este puesto erradica la primera de las variantes. El ex candidato a diputado por el kirchnerismo es el mismo que no hace mucho señaló que "su" secretaría no intervendría en la campaña, mientras en el mismo reportaje de Página 12 añadía: "Una cosa es Scioli como parte de una política cuyo liderazgo ejercieron Néstor y Cristina, y otra es Scioli como un candidato a presidente" (¿?). Para quienes algo saben sobre lo que hizo Benito Mussolini en Italia entre 1922 y 1943, y los propagandistas de Hitler en la Alemania de 1933 hasta abril de 1945, no hay que agregar demasiado. Para quienes no lo saben, pueden leer el papel de los propagandistas y ejercer el derecho al pensamiento, en este caso comparar. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

31 julio 2014

A 35 años de la muerte del teórico del Mayo Francés


Por Humberto Acciarressi

Acaban de cumplirse 35 años de la muerte de Herbert Marcuse, a quien se podría calificar como el primer filósofo mediático de la historia, al punto que tuvo prestigio en vida -cosa que a los pensadores suele llegarle póstumamente- y dinero -algo que casi nunca llega-. A mediados de 1979 viajó a la entonces Alemania Federal, donde iba a ofrecer una conferencia titulada "Progreso y profundidad". En la noche del 29 de julio, un ataque cardíaco lo dejó fuera de las polémicas humanas en un hospital de las afueras de Munich. Ya había transcurrido una década del Mayo Francés, los diarios se ocupaban un poco menos de él, y los marxistas lo miraban de soslayo porque se había metido con el dogma. Pero seguía siendo un adversario temible por su ironía, su sarcasmo y, en ocasiones, por su cólera.

En 1964, Marcuse había publicado "El hombre unidimensional", su obra más leída. En ella sostenía que todos los caminos del capitalismo americano conducen a una sociedad cerrada, en el sentido que disciplina e integra todas las dimensiones de la existencia, sea ésta pública o privada. En las mismas páginas advertía contra "las relaciones libidinosas con la mercancía, con los artefactos motorizados agresivos", y destacaba el papel de los jóvenes en la lucha "contra la sociedad opulenta". No fue de extrañar que se convirtiera por ese libro y por los que lo siguieron, en el teórico más importante del Mayo Francés y de las revueltas estudiantiles que inseminaron la década del 60 en Europa y en América.

Combinando a Freud (por esos días, Erich Fromm definía la psicología como "el Talón de Aquiles del marxismo"), Marx y Hegel, Marcuse diseñó un pensamiento que en lo político devino en una postura enfrentada a cualquier forma de gobierno conocida. Antiburócrata convencido, el sistema soviético también cayó en las redes de su análisis por momentos contradictorio. No llama la atención que de todos los sectores, por ese entonces férreamente dogmáticos, le llovieran críticas feroces. Pocos pensadores han tenido tantos apologistas y detractores. Su obra más célebre - a la que se sumaron "Eros y civilización", "El marxismo soviético" y "Razón y revolución", entre otras- estaba llamada a trazar una curiosa parábola. Escrita en el silencio de su estudio y sin demasiadas aspiraciones a la popularidad, casi sin que nadie le conociera la cara, hizo que a su autor se lo incorporara a escala planetaria en el panteón de los luchadores contra el imperialismo.

El Mayo Francés fue una tormenta para el gobierno de De Gaulle, pero en términos históricos fue apenas una brisa. Menos de un lustro después no quedaba nada de aquellas revueltas, en gran parte inspiradas en las ideas de Marcuse. Del bello lema "La imaginación al poder" sólo quedaban los ecos, y la "Nueva izquierda" surgida al amparo de las barricadas no llegó ni siquiera a convertirse en una alternativa dentro del sistema democrático. En 1974, Marcuse reconoció que los estudiantes franceses no supieron organizarse ni para luchar ni para permanecer en el poder, y que los movimientos contraculturales que surgieron se diluyeron en salidas individuales y en la adoración fetichista del marxismo. Así siguió hasta su muerte. Polemizando con todos como un Quijote del intelecto profundo. Hoy -lamentablemente- casi nadie lo lee.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)


07 noviembre 2013

Albert Camus, más vigente que nunca


Por Humberto Acciarressi

En estos días se cumple el centenario del nacimiento de Albert Camus -ocurrido en la Argelia ocupada por los franceses, el 7 de noviembre de 1913-, una de las inteligencias más influyentes del siglo XX y considerado el último humanista con todas las letras. Mal leído en multitud de ocasiones y atacado por sus ideas en los tiempos del blanco o negro que sucedió a la Segunda Guerra Mundial, no le perdonaron que rompiera con el partido Comunista francés a raíz del pacto germano-soviético, o que criticara la dependencia del PC argelino con respecto al galo. Integrante de la resistencia al invasor nazi, su amistad entrañable con Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir (reflejada magistralmente en la novela de esta última, "Los mandarines"), su defensa de la condición humana por sobre las ideologías ("En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si la justicia es eso, prefiero a mi madre") y hasta su vinculación con el anarquismo, lo llevaron a años de ostracismo interno.

Pero Camus le sacó el jugo a esta época en la que siguió escribiendo sus ensayos, sus obras de teatro y sus novelas, además del compromiso asumido en el enfrentamiento a todo totalitarismo, por la paz mundial y en contra de la pena de muerte (su trabajo sobre ella, brillante, tal vez lo mejor que se ha escrito sobre el asunto, fue publicado junto a uno de Arthur Koestler, en un libro muy difícil de conseguir en la actualidad). Entre sus novelas, "El extranjero" (llevado al cine por Luchino Visconti), "La peste" y "La caída" pueden figurar sin dudas en el top ten de la literatura mundial del siglo XX. Ni hablar de sus obras teatrales, especialmente "Calígula", "El malentendido" o "Los justos", por mencionar algunas. De sus ensayos, los que más problemas le trajeron con sus ex camaradas fueron "El mito de Sísifo" (en el que postula que el suicidio es el único problema filosófico realmente serio y donde lleva el tema del absurdo casi hasta los límites) y "El hombre rebelde" (en él Camus plantea que no es la revolución sino la rebelión constante, la que impulsa al hombre verdaderamente libre y humanista).

En 1957, Albert Camus recibió el Premio Nobel por "el conjunto de una obra que pone de manifiesto los verdaderos problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy". Tenía 44 años. Para la ocasión señaló: "El papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo y privado de su arte". Menos de tres años más tarde, el 4 de enero de 1960, se estrelló con su auto en una carretera francesa y dejó un vacío inconmensurable en esos años difíciles.

Por esta muerte absurda, su antiguo mejor amigo y luego adversario, Jean-Paul Sartre, escribió una de las más bellas necrológicas que se recuerden."Un distanciamiento -dice el autor de "La náusea"- no significa gran cosa, aunque haya de ser definitivo; a lo sumo una manera diferente de convivir, sin perderse de vista, en un mundo tan pequeño y angosto como el que nos ha tocado en suerte. Eso no me impedía pensar en él, sentir su mirada fija sobre la página del libro o del diario que él leía, y preguntarme ¿qué dirá de esto? (...) Lo había hecho todo -una obra cabal- y, como siempre ocurre, todo quedaba por hacer. El mismo lo decía: ´Tengo mi obra por delante´. Ahora se acabó. El escándalo singular de esta muerte es la abolición del orden humano por irrupción de lo inhumano". Sería muy pretencioso querer añadir algo a las palabras de Sartre sobre Camus.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

18 mayo 2008

Y ya que se recuerda el Mayo del 68

"Tener libertad económica debería significar estar liberado de la economía, de la coacción ejercida por las fuerzas y las relaciones económicas, estar liberado de la lucha cotidiana por la existencia, no estar más obligado a ganarse la vida. Tener libertad política debería significar, para los individuos, que están liberados de la política sobre la que no tienen control efectivo. Tener libertad intelectual debería significar que se ha restaurado el pensamiento individual, actualmente ahogado en las comunicaciones de masa, víctima del adoctrinamiento, significar que ya no hay hacedores de opinión pública, y no más opinión pública (...) "

Herbert Marcuse

(Fragmento de "El hombre unidimensional", escrito a comienzos de los años 60, y libro de cabecera de los estudiantes que participaron en el Mayo francés y sus correlatos mundiales)

20 diciembre 2007

Jean-Paul Sartre, un peso pesado del pensar


Por Humberto Acciarressi

Jean Paul Sartre sufre póstumamente la desgracia de haber sido un pensador de moda y uno de los autores más vendidos en el mundo durante, por lo menos, dos décadas. Demasiada exposición para salir airoso. Desde los años cincuenta hasta los 70 su obra influyó más que cualquier otra sobre las letras y las corrientes subterráneas que conforman la sociedad: la moda era estar con Sartre o contra Sartre. Malentendido o no, pudo haber sido una exageración. Pero no lo es menos que, en un mundo pragmático donde las ideas novedosas brillan por su ausencia, su obra sea considerada perimida.
Ya a su muerte, el 15 de abril de 1980 a los 74 años -había nacido en París el 21 de junio de 1905- decenas de artículos denostaron su obra con un entusiasmo digno de otras causaas. Por ejemplo, Juan Liscano, desde Caracas, sostenía que Sartre no era filósofo, tampoco un gran escritor y que su narrativa no resistía la crítica. Y era apenas uno en medio de un coro excesivamente numeroso. Y sin embargo...

En el tránsito de la fenomenología al existencialismo, su arribo a los arrabales del marxismo-leninismo, su desengaño del Gulag y sus adhesiones al maoísmo, Sartre fue cosechando amigos y enemigos casi por partes iguales. Pero contrariamente a lo que sostuvieron sus detractores, el autor de "La náusea" fue siempre un intelectual honesto, obsesionado con el pensamiento y con los problemas de su tiempo. Esto lo llevó durante la ocupación alemana a participar de la Resistencia francesa. También a no afiliarse al partido Comunista francés y poder criticar las intervenciones soviéticas a Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. O a uno de sus gestos más radicales, la renuncia al Premio Nobel que se le concedió en 1964 por considerar que, aceptarlo, comprometía su integridad de escritor.

Pero fundamentalmente, no fue un pensador superficial como sí lo fueron -y aún lo son- muchos de sus críticos. Obras filosóficas como "El ser y la nada" -su tratado más célebre- piezas teatrales como "Las moscas", su novela "La náusea", la serie inconclusa compuesta por "La edad de la razón", "El aplazamiento" y "La muerte en el alma" y su tarea al frente de la revista Les Temps Modernes junto a su compañera Simone de Beauvoir son apenas algunos jalones de ese permanente movimiento intelectual. La soledad, la angustia, el fracaso, la muerte -los temas eternos del hombre- están en la obra de ese personaje feo, bizco y genial que se llamó Jean Paul Sartre. Demasiado peso para los devotos del videoclip, las lecturas fáciles y las frases hechas. Así, la crítica y hasta la indiferencia pueden ser un homenaje.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

07 noviembre 2006

Cioran, marginal del intelecto


Por Humberto Acciarressi

A los 84 años, sesenta más de los que esperaba vivir en su juventud, el 20 de junio de 1995 murió Emil Ciorán. Puede suponerse que no temía ese trámite. No por considerar que "la idea del suicidio es lo único que hace llevadera la vida", sino por su método para afrontar el último trago sin resistirse: disciplinarse en el horror, meditar en la podredumbre, reducirse deliberadamente a cenizas en vida. Amante de las paradojas, murió víctima del Mal de Alzheimer, una enfermedad que afecta los mecanismos del pensamiento. Justo él, que en la Rumania donde nació el 8 de abril de 1911 había elegido el camino del "pensar por pensar".

Ciorán - señaló Fernando Savater - nunca fue un autor de moda. Sus compatriotas Eugene Ionesco y Mircea Eliade tuvieron más fama que él, que se decía un marginal del intelecto. Sin embargo, en los últimos años, eran muchos los que iban al Barrio Latino de su Paris adoptivo con la ilusión de toparse con este hombre de cabello blanco y sobretodo gris que disparaba sobre la religión, la filosofía, la escritura y la política. Mezcla de metafísico y moralista, a ratos teólogo, Ciorán llevó el pesimismo nihilista a la cumbre. Fue más allá que Schopenhauer y Nietzche, que metodizaron esta corriente de pensamiento, al reinvindicarse como un anti-filósofo capaz de demoler sus propias ideas.

Enemigo de ídolos y prejuicios, para él el optimismo es una forma de la hipocresía: la sociedad está maldita y la historia humana es estúpida, incluyendo la Razón salvada de la estupidez por Voltaire. Desde el título, sus libros son la expresión de su pensamiento: "Breviario de la podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Silogismos de la amargura". Cuando admiradores y detractores se peleaban por encasillarlo en alguna corriente, Ciorán declaró - con su ferocidad impar - que las personas más sabias que había conocido eran las prostitutas frecuentadas en su geografía de juventud. La misma del feroz conde Drácula.

(Publicado en la revista "Noticias")