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26 octubre 2023

Gardel, en 1933, en Villa Desocupación


Carlos Gardel en una visita a los barrios de Puerto Nuevo y Villa Desocupación, dos asentamientoss de la época, en el año 1933. En la ocasión se tomaron varias fotos que ilustraron una nota del diario Noticias Gráficas, de la sección "Los ases de la baraja porteña". Foto del Archivo General de la Nación.

18 noviembre 2018

Carlos Gardel y sus películas


FLOR DE DURAZNO
Película muda
Estreno: 28 de septiembre de 1917, en el Cine Teatro Coliseo, Buenos Aires
Director: Francisco Defilipis Novoa




LUCES DE BUENOS AIRES
Estreno: 23 de septiembre de 1931, en el Cine Capitol, Buenos Aires
Director: Adelqui Millar



ESPÉRAME (ANDANZAS DE UN CRIOLLO EN ESPAÑA)
Estreno: 5 de octubre de 1933, en el Cine Real, Buenos Aires
Director: Louis Gasnier


LA CASA ES SERIA
Estreno: 19 de mayo de 1933, en el Cine Suipacha, Buenos Aires
Director: Lucien Jaquelux



MELODÍA DE ARRABAL
Estreno: 5 de abril de 1933, en el Cine Porteño, Buenos Aires
Director: Louis Gasnier


CUESTA ABAJO
Estreno: 10 de agosto de 1934, en el Teatro Campoamor, Nueva York
Director: Louis Garnier



EL TANGO EN BROADWAY
Estreno: 28 de diciembre de 1934, en Nueva York
Director: Louis Garnier




EL DIA QUE ME QUIERAS
Estreno: 5 de julio de 1935, en La Habana, Cuba, pocos días después de la muerte de Gardel en un accidente de aviación
Director: John Reinhardt



TANGO BAR
Estreno: 5 de julio de 1935, en Nueva York, pocos días después de la muerte de Gardel en el accidente de aviación de Medellín
Director: John Reinhardt

17 junio 2015

Carlos Gardel, el arte y el nombre de las coincidencias


Por Humberto Acciarressi

Ya hemos escrito mucho sobre Carlitos Gardel y seguramente seguiremos haciéndolo. No es novedad que eso ocurra, cuando se trata de un cantor sobre quien se ha dicho, en palabras y tinta, más cosas que sobre cualquier otro. Y esto ocurrió en vida y se incrementó con su trágica muerte. José Ortega y Gasset sostenía : "Este muchacho pinta el dolor callado de la madre que sufre, con emoción tal que conmueve de verdad". "Salvo Gardel, nadie ha poseído la ciudad", precisó Florencio Escardó. "Jamás escuché una voz más hermosa", manifestó Bing Crosby. "Digan ustedes al público que con Gardel pierdo a uno de mis más simpáticos amigos, y que sepan que los países sudamericanos no tenían mejor representante entre nosotros", expresó Charles Chaplin al enterarse de la muerte del Zorzal en el aeropuerto de Medellín, cuando su avión se estrelló contra otro el 24 de junio de 1935.

Alguna vez escribimos que a diferencia de otros mitos populares argentinos que han trascendido las fronteras (el Che, Evita, Maradona), Gardel es el nombre de las coincidencias. Juan Carlos Onetti argumentaba con acierto que el cantor nacido en Francia pero argentino hasta la muerte, fue "parte inseparable de la genealogía de los pueblos del Plata". Pero más allá de las opiniones de las celebridades, nuestro pueblo acuñó hace 80 años una frase que, día a día, se comprueba de mil formas: "Cada día canta mejor". Lo biológicamente imposible se materializa con la voz de Gardel, a ocho décadas de su terrible muerte entre las llamas de un avión en la lejana Colombia. El fervor por Carlitos y su figura no disminuyó ni un ápice y se renueva con las nuevas generaciones. El rock lo hizo suyo, porque todo lo realmente popular al fin confluye en el mismo agraciado espacio. Si en vida lo admiraron desde Caruso (dijo "tiene un don inconfundible, dicción purísima, clara, perfecta") hasta las jóvenes analfabetas de los conventillos porteños, en la actualidad uno puede decir que no le gusta Gardel, pero jamás que es un mal intérprete.

Hay algo que nadie puede negar: en la vida de Gardel todo es misterio. El nacimiento, la educación, el prontuario policial, la sexualidad, la madre y hasta la misma muerte se han puesto en duda (durante años se dijo que había sobrevivido y vivía desfigurado en un pueblito colombiano). Todo esto enriqueció el mito, pero no añadió nada a una calidad anterior al día fatídico de Medellín. Sólo Gardel hace que sigamos mirando, una y otra vez, las pésimas películas en las que actuó tan mal, por el simple hecho de verlo y escucharlo cantar. La escena de "Cuesta abajo" en la que canta "Sus ojos se cerraron" está considerada una de las más emotivas de la historia del cine.

Para hacer más querible su figura, este artista que frecuentaba el Abasto pobre y las luminarias de la meca del cine de Estados Unidos con igual naturalidad, representa lo mejor de nosotros, que es la amistad que se cultiva con esmero y se disfruta por siempre. No estaba errado Miguel de Unamuno cuando, a pesar de su visión trágica de la existencia, dijo del Zorzal criollo: "Es el mito alegre del alma porteña". Para finalizar un dato que no todos conocen: por su muerte, que conmocionó al mundo, se cerraron las salas teatrales y cinematográficas de la Argentina y de toda América. Cuando cualquier extranjero camina las calles de Buenos Aires y siente que alguien exclama "Ese tipo es Gardel", sabe de qué se está hablando. Si se analiza esto se verá que no es un dato menor.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)



29 mayo 2015

"Gardeliano", un CD de Lucero a 80 años del adiós del Zorzal

Por Humberto Acciarressi

"Gardeliano". Así se llama el nuevo y cuarto disco de Hernán Lucero, en lo que se trata de un homenaje al Zorzal a ochenta años de su muerte. El CD contiene un repertorio de doce canciones clásicas de Gardel, que incluye "Soledad", "Golondrinas", "Volvió una noche", "El día que me quieras", "Arrabal amargo", "La mariposa", entre otras, algunas de ellas poco conocidas de la interminable cifra de temas que Carlitos dejó grabados. Acompañado por un octeto dirigido por el bandoneonista Ramiro Boero y el pianista Pablo Fraguela, más las voces invitadas de Florencia Bernales y Guillermo Fernández, Lucero redondea un disco que respeta el espíritu tanguero, tiene algunos toques contemporáneos y el beneplácito de un piano que se destaca. La placa será presentada el sábado 13 de junio a las 21.30 en el Teatro Sha (Sarmiento 2255).

Con motivo de este acontecimiento, le preguntamos al músico por su relación con la música del Morocho del Abasto. Y él nos responde: ”Siempre sentí a Gardel como parte de mi familia, alguien tan cercano como un amigo entrañable. Estas canciones son patrimonio de todos los argentinos, nos pertenecen a todos, y fueron cantadas por el artista más grande que haya conocido hasta ahora. Resignificarlas con amor y respeto, como hicimos en este disco con mis compañeros músicos, es ejercer el amor por la cultura de nuestro pueblo. No hay que olvidar que Carlos Gardel inventó lo que hoy conocemos como tango canción".Y añade frente a una repregunta:"El tango es un género muy rico que siempre tuvo como horizonte la renovación, el cambio, la evolución. El rock cambió el mundo y el rock cambió al tango, lo proveyó de sonoridades distintas. Si escuchás a Acho Estol o a la Fernández Fierro fue para bien. El tango canción, sin embargo, sigue siendo un género inigualable”.

Asimismo, Lucero señala que ”este disco contiene uno de los repertorios más bellos que haya dado el tango, canciones que nos acompañan a todos, sobre todo a los milongueros, desde siempre, desde la infancia; obras que están en el inconciente colectivo pero sobre todo en nuestro corazón. Uno de los puntos más altos del disco es el duo que hice con Guillermo Fernández, un gran maestro gardeliano para los de mi generación, y con Florencia Bernales". Para concluir nos informa que en la presentación en el Sha se está preparando una puesta con la directora Laura Yusem, en la que se desplegarán todas las facetas de la obra de Gardel. "Lo criollo de las guitarras; la intimidad del canto, como quién dice un secreto al oído, en el dúo con el piano; lo milonguero de la orquesta típica, con la participación de algún maestro bailarín", en palabras del cantor que está dándole a los amantes del tango este notable CD titulado "Gardeliano".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

04 enero 2015

Valentino, el latin lover del cine que se enamoró de Gardel

Por Humberto Acciarressi

Los mitos tienen mucho a favor...y también mucho en contra. Rodolfo Valentino no fue la excepción a la regla. Más bien fue la confirmación. Que el sex-symbol de los años 20, el macho de la historia del cine mudo, el hombre que provocó con su muerte suicidios masivos y copiosos llantos en todo el mundo, era homosexual, ya es archiconocido desde siempre. Las dudas, en todo caso, residen en si era bisexual, lo cual -de acuerdo a sus biógrafos- es poco probable. Esto que hoy no significa nada, hace un siglo era motivo de escándalo y oprobio. Hay un dato irrefutable: nació en la aldea italiana de Castellaneta el 6 de mayo de 1895, con el nombre de Rodolfo Alfonzo Raffaelo Pierre Filibert Gugliemi di Valentina D´Antonguolla. A partir de esa chorrera que casi no entraba en los registros de nacimiento, se conocen dos datos hasta el día en que viajó a América. Fue un pésimo estudiante y cuando murió el padre, le robó dinero a la madre para el viaje.

Embarcado en la tercera clase de un barco de morondanga (es decir, peor imposible), a Rodolfo no le fue bien. Durmió en bancos de plaza, pasó frío y hambre, cortó el césped y lavó autos y platos. Tenía una sola pasión: meterse en los cines de Nueva York para ilusionarse con lo que sucedía en las pantallas, lo mismo que Mïa Farrow en "La rosa púrpura del Cairo" de Woody Allen. Es casi imposible precisar el momento en que el muchacho italiano se llenó el pelo de gomina, se calzó zapatos de charol y se largó a bailar el tango de la mano de una tal Katherine Phelpes, con quien trabajó un tiempo en el Hotel Marylan de Pasadena. A Valentino le gustaba todo lo relacionado a la Argentina, tal vez por la vía del tango. El asunto es que un día se metió en el negocio del cine, hizo de extra en algunas películas mudas e interpretó a un soldado argentino que peleaba en la Primera Guerra Mundial en "Los cuatro jinetes del Apocalipsis".

Con esta película y con "El sheik", "El águila solitaria" y "Sangre y arena" se metió en el corazón de todas las mujeres del mundo. Fue el galán más famoso de la historia del cine. Y aunque las damas no lo sabían, el prefería otros platos. Por eso, su vida sentimental fue un fracaso total. Dicen que por contrato se casó con la bailarina Jean Acker: el matrimonio duró un día. "No quiero oír hablar más de ese dago (italiano)", dijo la chica. Horas después de haber tenido su fiesta de bodas. La única que lo toleró un poco fue su segunda mujer, Natasha Rambova, que era lesbiana. También se separó de ella. Una vez que se cruzaron, Valentino se enamoró de Carlos Gardel. Cuentan que el Zorzal huyó despavorido. Valentino se volvió un tipo intratable. Llegaba de los sets y se revolcaba desnudo sobre las alfombras de su mansión, gimiendo en italiano que era el hombre más desgraciado del mundo. Pocos días antes del estreno de "El hijo del Sheik", al actor se le reventó el apéndice. Duró una semana y murió el 23 de agosto de 1926 a los 31 años. Su leyenda aun continúa.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

Gardel-Le Pera, el "Lennon-McCartney" de los años 30


Por Humberto Acciarressi

Sobre su nacimiento en San Pablo se barajan varias fechas: 1900 dice Couselo, 1902 añade Gobello, 1904 sostenía Ferrer. Hay algo, sin embargo, sobre lo que no hay dudas: el poeta Alfredo Le Pera se consumió entre las llamas del mismo avión en el que se mató Carlos Gardel, el 24 de junio de 1935 en el aeropuerto colombiano de Medellín. El asunto es que el chico se vino a Buenos Aires, estudió acá, jugó a la pelota y a otros juegos en el barrio porteño de San Cristobal, y ya adolescente se enamoró y se dedicó al periodismo y a las letras. Casi nadie sabe que Le Pera, por esos años, integró una sociedad secreta llamada La Siringa, liderada por José Ingenieros, que reunía a personajes talentosos con el único fin de burlarse de los solemnes de la cultura de la época.

Era pedante, melancólico y a veces antipático, y una vez cometió un error que lo haría famoso: se burló de un cantor de moda llamado Carlos Gardel. Al día siguiente, el periodista vio entrar por la puerta al Zorzal, que ya era famoso por ser amigo de todos, dispuesto a agarrarlo a trompadas. Cuentan que si no lo frenaban, el Morocho del Abasto le llenaba la cara de dedos al poeta sarcástico. Pasaron dos años, y ambos volvieron a encontrarse en Paris. Para entonces, Le Pera había escrito guiones teatrales, poesías, trabajaba en "El Mundo" y había aceptado un contrato de la Paramount para traducir subtítulos en francés.

Esta vez no hubo bronca sino amistad, y para colmo, el poeta ya había compuesto en colaboración con Enrique Santois Discépolo la letra de "Carrillón de la Merced" y estaba entusiasmado con la música de los arrabales que cultivaba Carlitos, y que gracias a éste llegaba a las grandes ciudades del mundo. En pocos años -en rigor entre 1931 y 1935- Le Pera trabajó libros y guiones de las películas de Gardel, y compuso junto al cantor temas como "Volvió una noche", "Por una cabeza", "Arrabal amargo", "Sus ojos se cerraron", "El día que me quieras", "Soledad", "Rubias de New York", "Cuesta abajo", "Golondrinas" y muchos etcéteras. Las películas filmadas en Francia y en los Estados Unidos lo metieron en la vorágine de su compañero célebre. Ya los griegos habían enseñado que ir a la saga de un hombre destinado a entrar en la mitología es peligroso.

Según los sobrevivientes, Gardel, que odiaba viajar en avión, preguntó temeroso a las tres de la tarde del aciago 24 de junio de 1935: "Che, piloto, ¿qué pasa?". A unos metros suyos, también inquieto, estaba Alfredo Le Pera. Unos segundos más tarde, ambos sellaron con la muerte una sociedad que trascendió las llamas de Medellín, se metió en los vericuetos del tiempos, y se instaló para siempre en el corazón de los amantes del tango y la porteñidad. Si alguien me preguntara que significó, antes de la tragedia de los años 30, la firma Gardel-Le Pera, sólo se me ocurriría pensar en lo que fue, treinta años después del accidente, la dupla Lennon-McCartney.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

26 septiembre 2014

Mona Maris, la mala de "Cuesta Abajo"


Por Humberto Acciarressi

Le gustaba viajar por el mundo en barco y tenía el tipo de mirada a la que ningún hombre puede ser indiferente. Nació el 7 de noviembre de 1906 en una casa de la calle Esmeralda cuyo número nunca recordaba; amaba el mar y a los 75 años se jactaba de conocer más de 25 países. Aunque era más argentina que la calle Corrientes y el dulce de leche, cuando quedó huérfana, a los seis años, sus abuelos maternos, que vivían en Francia, la recibieron en medio de las luces de la Belle Epoque parisiense. Su nombre verdadero era Rosa Emma Sayus Capdevielle, pero el de Mona Maris la inmortalizó.

La vida de la vampiresa de los ojos profundos y sensuales tiene dos o tres hitos decisivos. El primero ocurrió en 1927, cuando un alemán cazador de talentos vio la foto de una bella chica en el hipódromo de Longchamps y resolvió rastrearla. La joven estaba de suerte: esa tarde había ganado apostando a un caballo americano, un tal "Take my tip". Aunque Mona Maris nunca supo cómo lo logró, lo cierto es que el sujeto la encontró y le propuso hacer una prueba en un set de filmación de Alemania. Acompañada por su abuela subió al tren que rumbeaba para Berlín, donde al poco tiempo ya tenía firmado un contrato por un año.

La bella morocha filmó en tierra germana tres películas; la más famosa de ellas "Los esclavos del Volga". Nada de otro mundo. Sin embargo, esta experiencia le sirvió como trampolín para saltar a Hollywood, a donde llegó en 1929 para abrochar, con la Fox, un contrato por cinco años. Ese fue el segundo gran mojón de su carrera. Allí Mona Maris trabajó en más de cuarenta películas, al lado de "nenes" de la talla de Mirna Loy, Ginger Rogers, Buster Keaton y Humphrey Bogart. Para los argentinos, esa trayectoria hubiera servido para recordarla de tanto en tanto. Después de todo, no cualquier chica nacida en el barrio de Monserrat llega a codearse con los popes del cine mundial. Y sin embargo...

El tercer gran momento de la vida de Mona Maris se concretó cuando le ofrecieron trabajar al lado de un cantor argentino que cautivaba a los públicos de todo el mundo: Carlos Gardel. Durante el mes que duró la filmación de "Cuesta abajo", la mujer de los ojos cautivantes compartió con el Zorzal charlas y silencios, cenas y escenas, y hasta un flirteo que generó la leyenda de un romance que ella misma se encargó de desmentir. Y si no pasó nada no fue por falta de atracción mutua. "Por ese entonces - recordaba la actriz en los umbrales de su propia eternidad - Carlos tenía una relación muy seria con una señora americana. Y Gardel era hombre de una mujer por vez". De aquel breve lapso de su vida, a la chica de Monserrat le quedaron una placa de oro que le regaló el cantor (que se la robaron de una caja de seguridad del banco de Galicia); el recuerdo de aquella fascinante relación; y una fama que la consagró definitivamente en el corazón de los argentinos.

Pero el destino de Mona Maris no se frenó el trágico 24 de junio de 1935, cuando la leyenda de Gardel se disparó al futuro desde las ruinas de un avión en llamas en el aeropuerto de Medellín. La chica siguió recorriendo su propio camino: filmó algunas películas en su país natal (ya mayor tuvo un papel en "Camila", de María Luisa Bemberg); se casó y se separó del ingeniero holandés Harry Ruck Gelderman; se peleó por cuestiones de celos profesionales con Zully Moreno; y aseguró que tuvo "la desgracia de conocer al perverso de Chaplin". En la madrugada del 23 de marzo de 1991, la "mala" de "Cuesta abajo" se murió en Buenos Aires, luego de muchos años de ausencia física y recuerdos constantes.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

24 junio 2014

Carlos Gardel, la leyenda que no puede morir


Por Humberto Acciarressi

Miguel de Unamuno, a pesar de su visión trágica de la vida, lo definió como "el mito alegre del alma porteña". Enrico Caruso, el más popular representante y uno de los mejores intérpretes del Bel Canto del siglo XX, le dijo personalmente que aparte de la voz, él tenía "un don inconfundible, dicción purísima, clara, perfecta" y que podría ser el mejor barítono del mundo. "Este muchacho pinta el dolor callado de la madre que sufre, con una emoción tal que conmueve de verdad" acotó José Ortega y Gasset. Juan Manuel Serrat, añadió por su lado que es "gardeliano auténtico dede que mi padre me habló de él" y además posee todos los discos del Zorzal en casi todos los formatos. "Jamás escuché una voz más hermosa", confesó Bing Crosby. "Salvo Gardel, nadie ha poseído a la ciudad", sostuvo Florencio Escardó. El gran Charles Chaplin, al enterarse de la muerte del cantor en el accidente de aviación en Medellín, dijo conmovido: "Con Gardel pierdo a uno de mis más simpáticos amigos, y que sepan que los países sudamericanos no tenían mejor representante entre nosotros".

Esas son apenas algunas opiniones de las miles que han vertido en libros, reportajes, programas radiales o televisivos, escenarios y mil etcéteras, celebridades de varias generaciones y de todo el planeta, sobre Carlos Gardel, el cantor argentino por excelencia, cuya muerte tuvo lugar el 24 de junio de 1935. Es, quizás, una de las voces más expresivas de la larga historia de la música, con el añadido que -con el porteñisimo dicho "Cada día canta mejor"- no hace más que revalidar títulos año tras año, desde el día en que ardió entre las llamas de un avión en un aeropuerto colombiano. Fue admirado en los cenáculos aristocráticos y en sórdidos arrabales y conventillos, con su muerte cerraron los teatros y los cines de la Argentina y de varias ciudades de América. Gardel, sin ni siquiera desearlo, logró que todo el mundo coincidiera en algo, lo que es fenomenal desde cualquier punto de vista. Y "todo el mundo" incluye a quienes no les gusta el tango. Su voz está más allá de las fronteras.

Aunque ya no hay dudas que nació en Francia y que vino de bebé a la Argentina; aunque ya nadie en su sano deber intelectual puede inventarle otro lugar de nacimiento; lo que no puede negarse es que su nombre y el de nuestro país son inseparables. Puede haber llegado al mundo en Toulouse, pero nunca cantó "Mi Paris querido" ni "Mi Montevideo querido". Cantó -y era uno de sus temas preferidos- "Mi Buenos Aires querida", "Buenos Aires", "Canción de Buenos Aires" y decenas más para rubricar su "verdadera" nacionalidad. Este es un misterio que no existe. Cuando murió Elvis Presley fue tan terrible que tuvo que crearse la leyenda que aún vive, sea en Memphis o en cualquier lado. Lo mismo sucedió con Carlos Gardel: durante años se dijo que vivía con el rostro quemado en un perdido pueblo colombiano.

Pero más allá de dónde estudió, si tuvo muchas o pocas mujeres, si se tiroteó con unos mafiosos, si estuvo preso, etcétera, lo real es que no existe cantor popular, en ninguna época ni geografía, que haya inspirado un número tan espectacular de libros. Sólo hay algo que está más allá de cualquier contingencia biográfica: su voz única, su entonación impar, su genio artístico. Ese gran artista a quien se le puede atribuir sin miedo a exagerar el mote de genio (hoy tan devaluado), que frecuentaba con igual naturalidad el Abasto pobre y las luminarias del cine de los Estados Unidos, representa lo mejor de los argentinos. No es casual que otro de los dichos que lo involucra sea para definir al mejor en cualquier disciplina con el sencillo, simple, riguroso e inevitable: "Es Gardel".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)



10 diciembre 2013

El origen del Día Nacional del Tango


Por Humberto Acciarressi

Este miércoles, 11 de diciembre, el ministerio de Cultura porteño celebrará el Día Nacional del Tango en el Espacio Virrey Liniers (Venezuela 469, desde las 17.30), con músicos, bailarines, actores, clases de tango, la participación de la orquesta femenina Las del Abasto y otros músicos, y milongueros varios, además de homenajes a Eladia Blázquez, Mercedes Simone, Azucena Maizani, Tita Merello y otras artistas del género. Esta será una de las manifestaciones de este día que -hay quienes lo ignoran- debe su celebración a instancias de Ben Molar, compositor, productor musical, etc, que muchos de nosotros en su momento odiamos por las espantosas traducciones de las canciones de los Beatles que él hacía para las partituras argentinas.

Lo cierto es que este "ciudadano ilustre de Buenos Aires", una noche de 1965 se encontraba parado en "la esquina del tango" -según sus palabras-, es decir Corrientes y Esmeralda, que inspiró al legendario Celedonio Flores a componer la letra a la que le puso música Francisco Pacránico. Cuenta Ben Molar que estaba haciendo tiempo para ir a la casa de Julio de Caro, que cumplía años. El productor miró los carteles de marcación de las calles, y asoció que ese día era nada menos que el 11 de diciembre. Es decir, de Caro, el exquisito violinista y compositor, autor y creador de toda una corriente del tango, había nacido en la misma fecha que...Carlos Gardel. Demasiado día para dejarlo así nomás.

Después de llevarle la propuesta con el aval de todas las asociaciones tangueras al secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Ricardo Freixá, se dispuso a esperar. Y esperó mucho más de lo que imaginaba: pasaron casi doce años. Harto de lo que consideraba, con buen criterio, una injusticia, le pidió a Tito Lectoure el Luna Park para un festival monstruo, con los mejores intérpretes del tango, y le agregó un día: el 11 de diciembre de 1977. Oh, casualidad, una semana antes salió el decreto de la entonces municipalidad porteña fijando la fecha como de homenaje a nuestra canción ciudadana. Pero Ben Molar había llegado lejos y quería ir más allá. Un par de semanas más tarde consiguió que la fecha en la que el mejor cantor y uno de los mejores compositores habían nacido, fuera consagrada Día Nacional del Tango en todo el territorio argentino. Y, aunque no está instaurada como una fecha internacional en los papeles, todos los 11 de diciembre también son considerados como días internacionales de esta vertiente de la música popular del siglo XX, considerada por muchos como una de las más profundas en materia de letra y pentagrama.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

16 enero 2011

Bajo el ala del sombrero

"Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser,
bajo el ala del sombrero
cuántas veces embozada
una lagrima asomada
yo no pude contener..."


Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel





19 octubre 2010

"Querida viejita": firmado Carlos Gardel


Por Humberto Acciarressi

El mundo entero sabe que Gardel cada día canta mejor. Ahora, gracias a la publicación del Archivo Gardel, sabemos que también escribe bien. Y si les parece una exageración (que por cierto lo es), digamos que en el año en que se cumplieron 75 años de su muerte y 120 de su nacimiento, es una suerte que se publiquen las cartas enviadas a su madre, Berta Gardés, a su albacea, Armando Defino, además de otros documentos de gran valor para su biografía. Lo curioso es que esos escritos estuvieron varias décadas dentro de unas cajas, tapados bajo unas lonas, en el sótano de una casa de Río Ceballos. Allí las encontraron cuando la propiedad se puso en venta y alguien se topó con los baúles con un cartel que decía "Cosas de Gardel", algo que parecen haber respetado las ratas y las termitas . Lo raro es que nunca, ya sea chico o adulto, haya mirado en el interior de esas cajas. Si la curiosidad mató al gato, la falta de la misma es un pecado.

Ya se conocían muchos de sus escritos, pero siempre se supo que -en cuanto a la madre-, el Zorzal prefería hablarle por teléfono. El libro está lleno de perlas, pero una de ellas agrega condimentos al mito. Se encuentra en un telegrama que le envía Mona Maris, donde la actriz le cuenta que estuvo enferma, que lo extraña mucho y le ruega: "Escribime cualquier cosita, pero escribime". Dato precioso para quienes alientan la historia del romance entre el Mudo y la mujer de los ojos más bellos y sombríos. Y como ese varios.

(Publicado en la "Columna del editor" de La Razón, de Buenos Aires)

24 junio 2010

Carlos Gardel: el mito cumple 75 años


Por Humberto Acciarressi

La leyenda -escribió Jean Cocteau- es una mentira que al final se hace historia. El axioma del autor de "Opio" falla con Carlos Gardel, mito alegre del alma porteña según Unamuno. Las razones son difíciles de rastrear, aunque más allá de cualquier avatar biográfico o artístico, cada día canta mejor. Y que un cantante muerto hace tres cuartos de siglo cante cada vez más bello, es algo que podían permitirse las antiguas mitologías, pero casi no hay antecedentes en los años del más estricto positivismo.

Pero además hay que añadir que Gardel, desde el día fatídico en que ardió entre las ruinas del avión en el aeropuerto de Medellín, logró lo que casi nadie: que el fervor por su voz y su figura no disminuya ni un ápice y se renueve con las nuevas generaciones. En vida lo admiraron los grandes de su época -desde Caruso hasta Chaplin- y en sórdidos arrabales o conventillos donde se apiñaban los desposeidos de la sociedad. Su fugaz paso por Hollywood le dejó algunas películas malas pero entrañablemente queribles, y esas escenas en las que cantaba -canta- y que sus fanáticos hacían repetir hasta diez veces en los cines ante la amenaza de prenderle fuego a la sala. Gardel, en tanto, vivía aferrado a un porteñísimo estilo de vida, dejando algunos huecos imprescindibles para que sus biógrafos se pelearan en el futuro que le llegaría más pronto de lo esperado.

Todo en la vida de Gardel es misterio. El nacimiento, la educación, la sexualidad, la madre y hasta la misma muerte se han puesto en duda. Si Elvis "vive" recluido en Menphis, el Zorzal Criollo lo hace con el rostro desfigurado por las llamas en una perdida ciudad colombiana. Esas leyendas enriquecen el mito y lo vuelven más inaprehensible. Lo cierto es que Gardel nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890, y murió el 24 de junio de 1935 cuando el avión que lo llevaba de gira se estrelló contra otro en el aeropuerto colombiano de Medellín.

No existe cantor popular, en ninguna época ni geografía, que haya inspirado un número tan espectacular de libros sobre su esquiva biografía. Sólo hay algo que está más allá de cualquier contingencia biográfica: su voz única, su entonación impar, su genio artístico. A diferencia de otros mitos populares argentinos que han trascendido las fronteras (el Che, Evita, Maradona), Gardel es el nombre de las coincidencias. Ese artista que frecuentaba el Abasto pobre y las luminarias de la meca del cine de Estados Unidos con la misma naturalidad, representa lo mejor de los argentinos, que es la amistad que se cultiva con esmero y se disfruta por siempre.

Puede ocurrir que Gardel no le guste a alguien, pero es muy difícil que haya quien hable mal de él. Eso sin contar que alguien pueda manifestar que le gusta más cualquier otro cantante, pero nadie en su sano juicio musical puede quitarle un ápice de su genio. Esa es una de las grandes virtudes de Carlitos, y los motivos por los cuales fue acuñado el "cada día canta mejor".

Muchos se ha dicho sobre Gardel, vivo o muerto. "Este muchacho pinta el dolor callado de la madre que sufre, con emoción tal que conmueve de verdad", señaló José Ortega y Gasset. "Soy gardeliano auténtico desde que mi padre me habló de él", se suma el cantautor y coleccionista de sus discos Joan Manuel Serrat. "Gardel es parte inseparable de la genealogía de los pueblos del Plata", manifestó Juan Carlos Onetti. "Salvo Gardel, nadie ha poseído la ciudad", indicó Florencio Escardó. "Digan ustedes al público que con Gardel pierdo a uno de mis más simpáticos amigos, y que sepan que los países sudamericanos no tenían mejor representante entre nosotros", precisó Charles Chaplin. "Jamás escuché una voz más hermosa", añadió Bing Crosby. El sólo hecho que cuando alguien logra ser el más destacado en cualquier actividad merezca el elogio "Es Gardel", dice mucho más que miles de palabras. Qué añadir, entonces, de quien fue Gardel de verdad. Salvo que cada día canta mejor.

(Publicado en el diario "La Razón", de Buenos Aires)