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11 septiembre 2024

Los infames zoológicos humanos de Francia


Aunque pocos lo saben, en Europa (Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania e Inglaterra, en particular) hubo zoológicos humanos y algunos de ellos llegaron hasta mediados del siglo XX. Esos países colonialistas y expansionistas, varios de los cuales en la actualidad fingen un inclusivismo que está muy lejos de su cultura popular milenaria, predicaron - sin máscaras falsas- sus ideas que sostienen que hay razas mejores y superiores a otras. Los mismos que hoy levantan sus deditos acusadores, hasta no hace mucho exponían a sus esclavos africanos y americanos en zoológicos humanos visitados por millones de personas, como el célebre Jardin d´Acclimatation de Paris, e incluso en el marco de la inauguración de la Torre Eiffel en mayo de 1889, cuando "mostraban" al público aborígenes en la Exposición Universal realizada en Francia. Acá algunas imágenes gráficas de esa práctica infame que hoy muchos ocultan








26 octubre 2023

Elecciones provinciales en 1903


El muñidor: ¿Votaste por el candidato que te dije?
El votante: Sí señor, veintitres veces.

Elecciones en la provincia de Buenos Aires, en la portada del número 238 de la histórica "Caras y Caretas" (la real, no la actual), del 25 de abril de 1903.

31 agosto 2021

El Titanic en las pantallas del cine y la TV

1912. "El hundimiento del Titanic".
Película muda dirigida por Mime Misu

1912. "Salvada del Titanic". Película
perdida, dirigida por Ettiene Arnaud
1929. "Atlantic". Dirigida por
Ewald André Dupont
1943. "Titanic". Dirigida
por Herbert Selpin
1953. "Titanic". Dirigida
por Jean Negulesco
1958. "La última noche del Titanic".
Dirigida por Roy Ward Baker
1979. "S.O.S Titanic". Dirigida
por William Hale
1980. "Rescaten al Titanic".
Dirigida por Jerry Jameson
1997. "La camarera del Titanic".
Dirigida por Bigas Luna
1997. "Titanic". Dirigida
por James Cameron
2010. "Titanic II". Dirigida
por Shane Van Dyke
2012. "Titanic, sangre y acero".
Miniserie inglesa de 12 capítulos
dirigida por Ciaran Donnelly
2012. "Titanic". Serie británica
de cuatro episodios
dirigida por Jon Jones 

17 mayo 2021

Jack The Ripper, Londres, Buenos Aires, o la historia destripada


Por Humberto Acciarressi 

En muchas ocasiones, la estadística se viste de luto. Allá por 1970, Ted Bundy, en un macabro periplo por diez estados norteamericanos, asesinó -según confesó mientras esperaba la ejecución en la galería de la muerte- a unas 400 mujeres. Unas tres décadas antes, Albert Fish llegó a los dos centenares de crímenes de chicos en Nueva York, al mismo tiempo que en Illinois, H.H.Mudgett perdía en la estadística con “sólo” cien asesinatos. Estos tres casos son apenas una ínfima muestra de la populosa criminalística de los Estados Unidos, con varios centenares de asesinos seriales, casi ninguno de los cuales baja de diez muertes. Inglaterra, Francia, Rusia, Alemania, España e Italia, también tienen lo suyo en lo referido a una cruenta historia que incluye asesinos ilustres como Landrú, o cronistas de lujo como Thomas de Quincey ( “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”). En ese marco de exhuberancia homicida, ríos de sangre, y casos resueltos o sin resolver, cinco prostitutas asesinadas con precisión quirúrgica en un otoño victoriano en el East End de Londres no parecen, a simple vista, reunir las condiciones que requiere la posteridad. Pero la historia es caprichosa. 

Hombre o mujer (hay quienes postulan los quehaceres de una destripadora) al asesino le bastaron las semanas que fueron desde el 31 de agosto hasta el 9 de noviembre de 1888 y un espacio no superior a los 400 metros cuadrados, para entrar en las crónicas criminales, en las páginas de la literatura y hasta en el no siempre accesible mundo del cine. Escondido en el anonimato de la noche, oculto tras la niebla londinense, Jack el Destripador dejó un reguero de sangre menos caudaloso pero más perdurable que otros. Obviando los detalles macabros, no es ocioso remarcar ciertos hechos relacionados con el caso más famoso de la criminalística. 

La educación sentimental 

Las andanzas del desconocido que se bautizó a sí mismo en una nota enviada a Scotland Yard, fueron seguidas con entusiasmo y horror por toda la sociedad británica. Atrajo la atención de George Bernard Shaw, que además de escribir sus libros se entretenía enviando cartas a los diarios. El Irlandés ironizaba sobre la atención misericordiosa que despertaron las prostitutas gracias a los crímenes. “Mientras nosotros los socialdemócratas - escribió en una misiva al Star el 24 de septiembre de 1888- estamos desperdiciando nuestro tiempo en la educación, en la agitación y la organización, un genio independiente ha tomado las riendas en sus manos y, por el simple procedimiento de asesinar y destripar a cuatro mujeres, ha convertido a la Prensa en una especie inepta de comunismo”¨. Vale justipreciar la ironía de Shaw con la opinión de Gordon Rattray Taylor expresada en “El sexo en la historia”: “Las rameras eran para los victorianos lo que las brujas para los medievales”. 

Otro interesado en los crímenes fue Arthur Conan Doyle, que un año antes, con "Un estudio en escarlata", había hecho debutar al famoso detective morfinómano y misógino Sherlock Holmes. El escritor escocés, cuyo comercio con las almas lo llevó a escribir un tratado casi olvidado sobre el espiritismo, parece haber dejado un cuento titulado "Jack, el asesino de rameras", que no figura en las antologías aunque es citado por sus biógrafos. Allí dice que el criminal es un inspector de Scotland Yard que cae en la trampa de un Sherlock Holmes disfrazado de mujer. Años más tarde, el hijo de Conan Doyle, Adrian, revelaba que su padre creía que el verdadero Jack era una persona con conocimientos anatómicos (el propio escritor era médico) y que se vestía de mujer para pasar inadvertido. Es fascinante el juego de las coincidencias: días atrás (Aclaración de 2021: nos referimos al año 2006, fecha de este escrito) , escribí un artículo para un diario nacional titulado “¿Por qué Conan Doyle odiaba a Sherlock Holmes?”. Entre la publicación de aquel y la escritura de éste, los cables anunciaron la culminación de un estudio inglés, que probaría que Conan Doyle asesinó a un amigo suyo, de cuya esposa fue amante, para ocultar que habían escrito juntos “El perro de los Baskerville”. Pero volvamos a Jack, o, para decirlo con espíritu “ripperólogo”, vayamos por partes.

Postulantes para todos los gustos

Los candidatos a la identidad del Destripador son multitud. Desde miembros de la familia real hasta matarifes londinenses, pasando por espías rusos, abogados desquiciados, misóginos extremistas, mujeres resentidas (Jill la Destripadora es la más famosa) y asesinos de paso, que entre un país y otro se tomaron unos copetines sangrientos en el Whitechapel londinense. Entre los postulantes a tan dudoso honor, algunos estuvieron ligados a la Argentina. Valga una aclaración: en lo que respecta a Jack, nada es definitivo, todo es precario, como si se tratara de un rompecabezas que nunca termina de armarse porque siempre sobra o falta una pieza. También es cierto que los candidatos vinculados a nuestro país figuran entre los antecedentes más remotos del caso, como el del húngaro Alois Szmeredy, que según Carl Muusmann, en un estudio publicado en 1908, sostenía que había perfeccionado su arte macabro en la Argentina. O un tal Alonzo Maduro, argentino e "infundadamente sospechoso" según los especialistas Paul Begg, Martin Fido y Keith Skinner. 

Pero uno de los candidatos más atractivos fue postulado por Leonard Matters en 1929, en su libro "El misterio de Jack el Destripador", el primero dedicado íntegramente al criminal y un clásico durante años. Allí se lee que un brillante médico londinense llamado Stanley (ninguna fuente cita su nombre de pila) habría cometido los asesinatos de Whitechapel para vengar la muerte por sífilis de su hijo Herbert, contagiado por Mary Kelly, la última de las víctimas de Jack y la más salvajemente mutilada. Para encontrar y asesinar a la prostituta, el doctor Stanley inició una investigación que incluyó la muerte de cuatro amigas de Mary. 

¿El destripador en Buenos Aires? 

Luego de la última matanza - la obra de un verdadero desquiciado según las fotografías y los relatos que han quedado - el doctor habría viajado a Buenos Aires. El propio Matters, instalado en la capital argentina como redactor jefe de un periódico inglés, “pretendió haber descubierto la confesión del doctor Stanley, publicada en uno de los periódicos locales en castellano”, de acuerdo a los estudiosos Colin Wilson y Robin Odell, autores de esa especie de suma que es “Jack el Destripador, recapitulación y veredicto”. Según Matters, un cirujano residente en Buenos Aires que había sido discípulo del doctor Stanley, fue llamado al lecho de muerte de su profesor en un hospital. El mensaje decía: 

"Apreciado señor: A solicitud de un paciente que, según dice, lo recordará usted como el doctor Stanley, le escribo para informarle que se encuentra en este hospital en un estado grave. Padece de cáncer y, si bien le hemos operado con éxito, han surgido complicaciones que hacen que el fin sea inevitable. El doctor Stanley quisiera verlo. Hemos dado instrucciones en la recepción para suspender todas las reglas en su caso y permitir entrar de inmediato a la sala V, donde el paciente se halla en la cama 28. Atentamente suyo. José Riche, cirujano en jefe". 

Durante la visita del cirujano al agonizante, éste le habría confesado que él era Jack el Destripador y además contado con lujo de detalles la historia del hijo y sus trágicas secuelas. Hay que aclarar que durante decenas de años, los especialistas trataron con bastante dureza la teoría de Matters, hasta que en 1972, el ya citado Colin Wilson se encontraba haciendo un programa televisivo sobre el Destripador. Por esos días, el investigador recibió una carta de A.L.Lee, de Torquay, cuyo padre había trabajado en la morgue londinense en la época de los crímenes. La misiva precisaba: 

"En 1888, papá trabajaba para el ayuntamiento de Londres, en el depósito de cadáveres de la City. Entre sus atribuciones se encontraba el recoger los cuerpos de todas las personas que morían en la city y llevarlos al depósito de cadáveres; cuando se necesitaba una investigación, él preparaba los cuerpos para la autopsia del señor Spilbury (...) Su superior inmediato era el doctor Cedric Saunders, el coroner de la City. El doctor Saunders tenía un amigo muy especial, un tal doctor Stanley, que visitaba el depósito de cadáveres una vez por semana. Cada vez que veía a papá la daba un cigarro puro. Un día llegó el doctor Stanley y, pasando frente a papá, le dijo al doctor Saunders: ´Las putas se han apoderado de mi hijo. Me desquitaré´. Muy poco después empezaron los asesinatos. El doctor Stanley seguía visitando el depósito de cadáveres durante ese tiempo, pero, tan pronto como cesaron los asesinatos, nunca más lo vieron. Papá le preguntó al doctor Saunders si el doctor Stanley regresaría. La respuesta fue que no. Cuando papá lo presionó, el doctor Saunderse le dijo: ´Sí, creo que él era Jack el Destripador´. Como colofón, a principios del decenio de los veinte, un domingo, leí en el People un párrafo que decía: ´Un tal doctor Stanley, de quien se cree que fue Jack el Destripador, ha muerto en Sudamérica´". 

Vale añadir que ni Matters, ni Lee, ni Colin Wilson precisan en qué hospital murió el misterioso doctor Stanley, dónde fue enterrado, ni siquiera la fecha exacta, aunque sabemos que todo ocurrió antes de 1929. En cualquier caso, son piezas de ese rompecabezas de noche, niebla y sangre que aún está lejos de completarse, y del que Buenos Aires tal vez no sea del todo ajeno. 

(Publicado en el "Cuaderno de Némesis" titulado "Noche, sangre y niebla", en 2006)



Caricatura de la revista Punch de 1888,
con Jack dibujado como un fantasma
El 13 de octubre de 1888 una caricatura
titulada "un posible sospechoso" fue
publicada por Ilustrated London News

16 enero 2021

Borges y la lectura como una forma de la felicidad


"(...) la frase lectura obligatoria es un contrasentido, la lectura no debe ser obligatoria ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado (...) La lectura debe ser una forma de la felicidad" 
Jorge Luis Borges

05 enero 2021

El libro que mata con arsénico a quien lo lee sin protección


Por Humberto Acciarressi 

Hace unos años publiqué, en varias revistas y diarios, una serie de notas bajo el título "El misterio de los libros asesinos". No viene al caso mencionarlos ahora, aunque si anotar que no figuraban los cuatro ejemplares sobrevivientes de los 100 impresos en 1874 de la obra "Shadows from the Walls of Death" (Sombras de los muros de la muerte), cuyo contenido de láminas hechas en arsénico pueden matar a una persona literalmente. Curiosamente, el autor, Robert C. Kedzie, que fue cirujano durante la Guerra de Secesión estadounidense, era un investigador muy preocupado por las propiedades peligrosas del arsénico, a partir del tratamiento de una nena de nueve meses que mejoraba cuando se la sacaba de su casa y empeoraba cuando la devolvían del hospital. Así fue como Kedzie descubrió que el problema se encontraba en el arsénico del empapelado que recubría las paredes del cuarto de la pequeña. 

Hay que observar que esos tapices de papel eran típicos en las casas victorianas de las clases medias y acomodadas inglesas. Y en lo que atañe a los Estados Unidos, los papeles con delicados motivos florales, sobre todo en tonalidades verdes, causaban furor a mediados del siglo XIX. Aunque se sabía que el arsénico era letal si se ingería directamente, para lograr mejores colores los fabricantes recurrían a ese peligroso elemento químico. Como dato curioso puede acotarse que al mismo se lo conocía vulgarmente como "polvo de la herencia", ya que podía emplearse para desembarazarse de familiares ricos y ancianos y recibir cuantiosas fortunas. Lo que se ignoraba era que también eran dañinas para la salud la inhalación de sus partículas o la absorción a través de la piel. 

Fue en ese contexto que el médico y profesor de química estadounidense Robert M. Kedzie -con gran actividad académica en Michigan- publicó, en 1874, "Shadows from the Walls of Death". Lo que hizo inexplicablemente mal fue incluir en el libro 84 láminas de muestras de esos empapelados letales, con lo cual, paradójicamente, la misma obra se transformó en una bomba peligrosísima para la salud. Nunca se sabrá cuantas personas murieron al leer y pasar las páginas en las que se encontraban las muestras del papel de pared, al entrar en contacto con el arsénico que estas contenían. 

Cuando finalmente la obra de Kedzie dio sus frutos y ya advertido el peligro, se destruyeron la mayoría de los 100 ejemplares, que el propio autor había distribuido en colegios y bibliotecas populares de Michigan. Pero se salvaron cuatro, que existen al día de hoy. Estos se encuentran en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (con una versión digitalizada, que hemos consultado); otro en Harvard; y dos más en la Universidad de Michigan y en la Michigan State University en una sección titulada “Colecciones especiales”. Cada uno de estos volúmenes está encapsulado y debidamente resguardado, y para leerlos se deben utilizar guantes de protección para evitar contactos con la piel. Curiosa paradoja la de esta obra: cuando gracias a ella ya no se utiliza arsénico en los empapelados, los cuatro ejemplares que quedan aún pueden matar.











EL PROFESOR KEDZIE DANDO UNA CONFERENCIA EN 1892