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25 febrero 2016

Con "La quimera del oro" arranca La Linterna Mágica


Por Humberto Acciarressi

El domingo 13 de marzo en la Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, a las 16.30), dará comienzo el ciclo 2016 de cine infantil “La Linterna Mágica”. El mismo es un club de cinematografía internacional para chicos de 6 a 12 años, que tiene como característica que antes de cada presentación, los chicos asisten a una obra teatral a modo de introducción. En la misma se trabajan conceptos relacionados con la película que se proyectará y con el cine en general. Se trata de una interesante e importante forma de acercar a los chicos al arte desde el mismo arte, y fomentar en ellos una mirada crítica. La Linterna Mágica fue creada en Suiza a comienzos de la década del 90, y muy rápidamente se extendió por Europa y algunos países africanos. Las películas, en general, abarcan todas las épocas del cine, los países, las lenguas y las estéticas más diversas.

Vale aclarar que Argentina es el primer país de América en contar con La Linterna Mágica desde 2008. En su noveno año consecutivo de existencia en nuestro país, tiene programadas nueve funciones en Capital Federal. Para el arranque en el Konex se ha optado por "La quimera del oro", el clásico de Charles Chaplin del año 1925, una de las más tristes en su realismo y más melancólica en los padecimientos de sus personajes, entre los films referidos a la fiebre del oro en los Estados Unidos. Con escenas clásicas, naturalmente, del incomparable Charlot. Un buen comienzo anual para un programa que apunta a la educación del niño espectador, a alimentar la mente y la emoción de quienes ya son el futuro.

Por su lado, Mariano Bassi, interprete del papel de "Ingenuo" en las obras teatrales previas a la función, nos dice que "el espectáculo es sólo para niños! Los adultos se quedan afuera. Los chicos entran solos y en la sala los esperan los monitores de la Linterna Mágica para ayudarlos y acompañarlos en esta maravillosa experiencia". Y agrega: "Todos los meses nos esperan películas de diferentes autores y técnicas. Cine mudo, sonoro, pelis de dibujos de todo el mundo… y mucho más!". 

Asimismo enfatiza la obra previa: "En la pequeña pieza de teatro previa le explicamos todo! Ahí yo soy uno de los actores que comparten con los espectadores este maravilloso proyecto pedagógico. Contamos acerca de la trama, la técnica, sobre la vida del director o del actor… es súper divertido! Me encanta ver como los chicos aprenden de cine, porque después a la salida le cuentan a sus padres, tíos, acompañantes todo lo divertido que pasó en la función. Este año arrancamos con La Quimera del Oro, de Charles Chaplin, con música en vivo. El siempre nos sorprende con sus geniales películas y nos enseña una manera diferente de ver la vida. En momentos complicado siempre se puede reír y nunca perder la esperanza”.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

28 octubre 2015

Jackie Coogan, de "El Pibe" de Chaplin al Tío Lucas


Por Humberto Acciarressi

En 1972, el ya anciano Charles Chaplin regresó a Estados Unidos, de donde había escapado por las persecuciones del macartismo contra quienes simpatizaban con el comunismo, para radicarse en la pacífica Suiza de los relojes y los quesos. Desde la década del 50, nunca más había pisado suelo norteamericano hasta ese día, cuando el avión en el que viajaba aterrizó en el aeropuerto de Los Angeles, para recibir, cinco años antes de su muerte en su hogar adoptivo- un Oscar honorífico a su carrera. Había mucha gente esperándolo en tierra, entre ellos un hombre ya mayor, a quien Chaplin reconoció pese a los años sin verlo. Se acercó a él, lo abrazó conmovido, y le dijo a la mujer que acompañaba al abrazado por el legendario Charlot: "Nunca olvides que tu marido es un genio". Los tres terminaron con lágrimas en los ojos.

El 26 de octubre de 1914, cuando el inglés Charles Spencer Chaplin ya tenía 25 años, nació en Los Angeles, no lejos del lugar en donde ahora estaba el aeropuerto del reencuentro, John Leslie Coogan Jr, a quien la historia del cine iba a inmortalizar con el nombre de Jackie Coogan. Era hijo de dos actores de vaudeville y a los tres años debutó en el cine mudo en una película titulada "Skinner´s Baby" sin aparecer en los créditos. Un buen día, Chaplin -quien ya era famoso por varias de sus interpretaciones como el vagabundo más cèlebre de la historia- se sentó en un bar de mala muerte y vió al pequeño Jackie bailando shimmy y quedó impresionado. Habló con sus padres y lo incluyó como extra en la película de 1919, "Un día de placer". Tenía cinco años y ya ingresaba en la historia.

Apenas dos años más tarde, Jackie Coogan, de la mano de Chaplin y en la película "El pibe" ("The Kid"), se hizo famoso en el mundo entero con su magistral interpretación, en el marco del inicio del genio del cine en la hasta ahora no igualada conjunción de burlesque y tragedia. En los dos años posteriores, este nene que el planeta miraba con simpatía y cariño hizo "Oliver Twist", dirigida por el legendario Frank Lloyd, naturalmente basada en la novela de Charles Dickens; y también fue protagonista de "Daddy" en 1923. Todavía no tenía 10 años y ya era el chico más célebre del naciente universo del espectáculo, el mejor pago y el primero en tener merchandising con su imagen real y la de sus personajes. El número de películas en las que trabajó, sea en la era del cine mudo como en la posterior, es incalculable. Pero con el correr del tiempo, al crecer, entró en decadencia. Apenas tenía 21 años cuando se enteró que tenía para cobrar varios millones de dólares.

Pero para Jackie ya habían comenzado los problemas. Su padre había muerto y su madre, relacionada con un asesor financiero, se negó a entregarle el dinero. Le tuvo que hacer juicio y, varios años más tarde, apenas cobró unos cien mil dólares. El siguió filmando y haciendo trabajos en el teatro y la televisión que no alcanzaban para devolverle la fama y mucho menos la plata. Se casó cuatro veces: las dos primeras esposas le duraron dos años cada una, la tercera se estiró a cinco, y recién con la última llegó a su muerte con 32 años de matrimonio. Sólo una cosa lo volvió a poner en el tapete de la historia de la pantalla. Fue cuando interpretó el genial, inolvidable e incomparable a pesar de las remakes Tío Lucas en la serie televisiva "Los Locos Addams". Coogan murió en 1984 en California y, a pesar de sus innumerables actuaciones, aquella primeriza con Chaplin y la del calvo que encendía bombitas eléctricas con la boca son las que lo hacen inmortal.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)








03 septiembre 2015

Chaplin, "Monsieur Verdoux" y el drama de los refugiados


Por Humberto Acciarressi

Supongo, espero, que a esta altura de los acontecimientos sean pocos quienes duden que Charles Chaplin no sólo es un genio irrepetible, sino uno de los íconos indiscutibles del siglo XX. Allí están sus más de 80 películas oficiales -hay varias que se exhiben inconclusas, cameos o con otros directores- dirigidas, actuadas y hasta con música de él, para probarlo. Y éstas exceden largamente las más célebres, es decir en las que interpreta al vagabundo Charlot, que son apenas un puñado, especialmente de la era del cine mudo. No la totalidad, pero me jacto de haber visto más del 80% de la producción chaplinesca. Y así como creo que "La condesa de Hong Kong" es su peor film, casi detestable, coincido con él que uno de los mejores -para Chaplin era "el mejor y el más brillante"- es "Monsieur Verdoux", de 1947. Cuando se estrenó ya habían transcurrido once años desde que su personaje más famoso se había ido caminando de espaldas y de la mano de Paulette Goddard, rumbo al infinito, en la escena final de "Tiempos modernos".

En 1922, en Versalles, fue decapitado Henri Désiré Landru, el "Barba Azul de Gambais", acusado de ser un homicida en serie de mujeres que fue condenado por once crímenes aunque se sabe que llegaron a casi 300. Recién en 1963 fue encontrada una carta de Landru en la que reconocía haber sido el asesino -cosa que negó en el proceso-, lo que inspiró una película de Claude Chabrol de 1963. Pues bien, el genial francés no había sido demasiado original, ya que 16 años antes, Chaplin también había utilizado a Landru para dirigir "Monsieur Verdoux", con guión de -nada menos- Orson Welles. No voy a añadir nada más a estas referencias, salvo aconsejar que aquellos que no hayan visto el film corran a buscarlo. Sólo una cita del final. A minutos de ser decapitado en la ficción del cine, el personaje interpretado por Chaplin es visitado en su celda por un cura. El sacerdote, consternado, le dice: "Hijo, vengo a que te pongas en paz con Dios". Y el criminal le responde con brutal sinceridad: "Padre, mi problema no es con Dios, es con los hombres".

Desde hace un tiempo vengo reuniendo material para escribir sobre el drama de los refugiados que escapan de la guerra civil siria, una tragedia que ya tiene casi un lustro, pero que se ha incrementado a límites de pesadilla en los últimos tiempos. Miles de personas apiñándose en las puertas de Europa, barcos que se hunden con hombres, mujeres y chicos, camiones que aparecen con decenas de muertos que no supieron de qué manera huir sin morir en el intento, gobiernos y gobernantes insensibles, pueblos con el chauvinismo a flor de piel, y ahora la foto terrible que fija el infierno en la imagen de un nene ahogado en las costas de Turquía. Y la impotencia, la tremenda impotencia de la mayoría de los hombres y mujeres, que ve como se degrada cada vez más la condición humana. La triste angustia de verificar que ya no sirven las palabras, aunque uno viva gracias a escribirlas. Y que uno deba recurrir otra vez al arte, así sea para sentir que contribuye en algo: "Mi problema no es con Dios, es con los hombres". Aunque poniendo el acento en que la frase no le pertenece de ningún modo al verdadero asesino serial, sino al genio de la dupla Welles-Chaplin, opositores hasta el hartazgo de los hacedores de la muerte y el crimen en cualquiera de sus formas.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)