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29 agosto 2016

El universo era y ya no era


"Estábamos plantados ante las puertas del mundo ¿Te acuerdas? El universo era y ya no era, o no era sino un velo transparente y una luz brillaba a su través, una luz gloriosa y deslumbrante que nos llegaba de todos lados, como proyectada por cien soles. La luz nos penetraba como un calor muy dulce, y nosotros nos sentíamos ligeros, en un mundo ya sin gravedad, felices de existir, y asombrados"
Eugene Ionesco

12 agosto 2016

Matemáticas


PROFESOR: Bueno. Aritmeticemos un poco. ¿Cuántos son uno y uno?

ALUMNA: Uno y uno son dos.

PROFESOR: ¡Muy bien! Me parece muy adelantada en sus estudios. Obtendrá fácilmente su doctorado total, señorita.

ALUMNA: Lo celebro, tanto más porque usted es quien lo dice.

PROFESOR: Sigamos adelante: ¿cuántos son dos y uno?

ALUMNA: Tres [...]

PROFESOR: ¿Siete y uno?

ALUMNA: Ocho.

PROFESOR
: ¿Siete y uno?

ALUMNA: Ocho... bis.

PROFESOR: Muy buena respuesta. ¿Siete y uno?

ALUMNA : Ocho... ter.

PROFESOR: Perfecto. Excelente .¿Siete y uno?

ALUMNA: Ocho... quater. Y a veces nueve.

PROFESOR: ¡Magnífica! ¡Es usted magnífica! ¡Es usted exquisita ! Le felicito calurosamente, señorita. No merece la pena continuar. En lo que respecta a la suma es usted magistral. Veamos la resta. Dígame solamente, si no está agotada, cuántos son cuatro menos tres.

ALUMNA: ¿Cuatro menos tres?... ¿Cuatro menos tres?

PROFESOR: Sí. Quiero decir: quite tres de cuatro.

ALUMNA: Eso da… ¿siete?

PROFESOR: Perdóneme si me veo obligado a contradecirle. Cuatro menos tres no dan siete. Usted se confunde: cuatro más tres son siete, pero cuatro menos tres no son siete… Ahora no se trata de sumar, sino de restar. […] ¿Sabe usted contar bien? ¿Hasta cuánto sabe usted contar?

ALUMNA: Puedo contar… hasta el infinito…

PROFESOR: Eso no es posible, señorita.

ALUMNA: Entonces, digamos hasta dieciséis.

Eugene Ionesco
(Fragmento de "La leçon")

07 noviembre 2006

Cioran, marginal del intelecto


Por Humberto Acciarressi

A los 84 años, sesenta más de los que esperaba vivir en su juventud, el 20 de junio de 1995 murió Emil Ciorán. Puede suponerse que no temía ese trámite. No por considerar que "la idea del suicidio es lo único que hace llevadera la vida", sino por su método para afrontar el último trago sin resistirse: disciplinarse en el horror, meditar en la podredumbre, reducirse deliberadamente a cenizas en vida. Amante de las paradojas, murió víctima del Mal de Alzheimer, una enfermedad que afecta los mecanismos del pensamiento. Justo él, que en la Rumania donde nació el 8 de abril de 1911 había elegido el camino del "pensar por pensar".

Ciorán - señaló Fernando Savater - nunca fue un autor de moda. Sus compatriotas Eugene Ionesco y Mircea Eliade tuvieron más fama que él, que se decía un marginal del intelecto. Sin embargo, en los últimos años, eran muchos los que iban al Barrio Latino de su Paris adoptivo con la ilusión de toparse con este hombre de cabello blanco y sobretodo gris que disparaba sobre la religión, la filosofía, la escritura y la política. Mezcla de metafísico y moralista, a ratos teólogo, Ciorán llevó el pesimismo nihilista a la cumbre. Fue más allá que Schopenhauer y Nietzche, que metodizaron esta corriente de pensamiento, al reinvindicarse como un anti-filósofo capaz de demoler sus propias ideas.

Enemigo de ídolos y prejuicios, para él el optimismo es una forma de la hipocresía: la sociedad está maldita y la historia humana es estúpida, incluyendo la Razón salvada de la estupidez por Voltaire. Desde el título, sus libros son la expresión de su pensamiento: "Breviario de la podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Silogismos de la amargura". Cuando admiradores y detractores se peleaban por encasillarlo en alguna corriente, Ciorán declaró - con su ferocidad impar - que las personas más sabias que había conocido eran las prostitutas frecuentadas en su geografía de juventud. La misma del feroz conde Drácula.

(Publicado en la revista "Noticias")