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24 mayo 2018

La pesadilla y la lucidez


"En este gran dormitorio, como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez"
Emil Cioran

18 febrero 2018

Para quienes invocan a los otros, según Cioran


"Me basta escuchar hablar a alguien sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir ´nosotros´ con una inflexión de seguridad, invocar a los ´otros´ y sentirse su intérprete, para que lo considere mi enemigo"
Emil Cioran

06 octubre 2016

Límites de la dicha


"Los niños, lo mismo que los amantes, tienen presentimientos de los límites de la dicha"
Emil Cioran

05 noviembre 2015

Emil Cioran, figura necesaria a dos décadas de su muerte


Por Humberto Acciarressi

"La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella", escribió en una oportunidad. Y, una frase que está a tono con los tiempos que corren, también precisó: "Me basta (...) escucharle decir `nosotros` con una inflexión de seguridad, invocar a los `otros` y sentirse su intérprete, para que lo considere mi enemigo". Emil Cioran, de cuya muerte se cumplen veinte años, era un ferviente amante de las paradojas. Y fue, además, una víctima de ellas: quería morir a los 14 años y lo hizo a los 84; eligió el camino del "pensar por pensar" y fue víctima del Mal de Alzheimer, que afecta los mecanismos del pensamiento. Haber nacido en la Rumania del inmortal Conde Drácula, es un dato para añadir a quien sostenía que "la idea del suicidio es lo único que hace llevadera la vida"

Ciorán - señaló Fernando Savater - nunca fue un autor de moda. Para colmo, sus compatriotas Eugene Ionesco y Mircea Eliade tuvieron más fama que él, que se declaraba con entusiasmo un marginal del intelecto. En sus últimos años y a pesar suyo (aunque no estoy tan seguro), eran legión quienes iban al Barrio Latino de su Paris adoptivo con la ilusión de toparse con este hombre de cabello blanco y sobretodo gris que disparaba sobre la religión, la filosofía, la escritura y la política. Allí podían codearse con este hombre que mezclaba su condición de metafísico y moralista, se metía con la teología y llevaba el pesimismo nihilista a la cumbre. Porque Cioran fue más allá que Nietzche y Schopenhauer cuando se reivindicó como un anti-filósofo capaz de demoler sus propias ideas.

El optimismo era, para èl, una forma de la hipocresía: la sociedad está maldita y la historia humana es estúpida, incluyendo la Razón salvada de la estupidez por Voltaire. Como Louis-Ferdinand Celine, Ezra Pound y Heidegger, simpatizó durante un tiempo con la nazismo. A diferencia de los otros, con los años denunció estos nacionalismos con "z" como "sectas dementes". Desde el título, sus libros son la expresión de su pensamiento: "Breviario de la podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Silogismos de la amargura". Cuando admiradores y detractores se peleaban por encasillarlo en alguna corriente, Ciorán sintetizó que los seres humanos más sabios que había conocido eran las prostitutas frecuentadas en sus años de juventud. En cuanto a Dios, sostuvo que "sería una figura de segunda clase" sin la existencia de Bach, y fue más allá al decir que la música de éste es el "único argumento para no considerar la creación del universo un fracaso total". Como se observa, aún para discutirlo es una figura imprescindible.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

01 diciembre 2014

Llega una nueva edición del Festival Beckett Buenos Aires


Por Humberto Acciarressi

Las biografías sobre Samuel Beckett y los relatos de quienes lo frecuentaron en diversas épocas lo definen como un hombre solitario, introvertido, de memoria prodigiosa y un excelente sentido del humor. Nacido bajo el signo de Aries en abril de 1906 en Dublin, este descendiente de hugonetes franceses arribados a Irlanda varios siglos antes, se dedicó a la escritura con un postulado que él mismo resumía así: "El único medio de renovación consiste en abrir los ojos y contemplar el desorden". De esa idea central nació el núcleo vital del teatro del absurdo y dos de sus obras claves: "Esperando a Godot" y "Fin de partida". Además, no debe olvidarse "Molloy", un relato agobiante y circular que, excluyendo a Kafka, casi nadie ha logrado. Textos cortos como "Verse", "El despoblador", "El dinero" y tantos más, dos novelas - "Malone muere" y "El innombrable"- magistrales, apenas rozan la totalidad de su obra completa.

Hemos escrito e insistido en que Beckett llegó a una conclusión desoladora como inevitable consecuencia de observar profundamente el mundo: el único pecado -sostenía- es haber nacido. Sin embargo, el irlandés le sacó el jugo a su vida. Durante la guerra contra el nazismo integró la Resistencia Francesa en sus redes de inteligencia; sacó de su atormentada cabeza "Film" (dirigida por Alan Schneider y protagonizada por Buster Keaton); obtuvo el Premio Nobel de Literatura y no fue a recibirlo; donó el dinero del galardón a gente sin recursos y se aisló del mundo -rechazando con amabilidad cualquier homenaje- hasta su muerte en diciembre de 1989. El mejor elogio que recibió entre miles, se lo hizo el amargo Cioran: "No vive el tiempo, sino paralelamente al tiempo". El rumano entendió bien a su colega irlandés.

Ahora, en Buenos Aires y una vez más, se llevará cabo el Festival Beckett (considerado el más importante del mundo dedicado al autor) entre el 4 y el 13 de diciembre en tres sedes: el Centro Cultural Borges, el Teatro El Tinglado (donde habrá elencos argentinos, colombianos y brasileños) y el Centro Cultural de la Cooperación (allí se realizarán jornadas académicas, mesas redondas, diálogos entre actores y directores, entre otras actividades). Naturalmente se entregarán los Premios Godot 2014. Además habrá una exposición fotógráfica del dublinense John Minihan, en el "Borges", considerada única por cuestiones estéticas y porque muestran la intimidad de alguien que era reacio a ser retratado. El Festival Beckett fue creado en 2006, al celebrarse el natalicio del escritor, y su director Patricio Orozco viene haciendo lo necesario para incrementar su importancia, ya reconocida a nivel internacional. 

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

05 agosto 2014

La sociedad, ese desastre


"La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella"
Emil Cioran

18 febrero 2007

La otra cara de Samuel Beckett


Por Humberto Acciarressi

En ciertos casos, para evitar malos entendidos o entripados innecesarios, cabe aclarar las cosas de entrada. "Esperando a Godot" y "Fin de partida" son dos obras magníficas, revolucionarias, y sin ellas la escena del siglo XX estaría huérfana de una de sus patas fundamentales, la del absurdo. Aclarado este punto para no herir suceptibilidades, pasemos a otros aspectos de la obra de Samuel Beckett, ese irlandés orgulloso que nació bajo el signo de Aries en las cercanías de Dublin, el 13 de abril de 1906. Es decir, hace un siglo y monedas. Fue un viernes Santo, pero - como queda dicho - un viernes trece. De una manera u otra, una carga para este descendiente de hugonetes franceses llegados a Irlanda en el siglo XVIII.

El hombre que en una oportunidad dijo que "el único medio de renovación consiste en abrir los ojos y contemplar el desorden", se dedicó con entusiasmo impar a ese postulado, sufriendo de ciertas contingencias no deseadas. Y llegó a conclusiones poco alentadoras, entre ellas que la vida carece de sentido. Su personalidad tuvo varias peculiaridades. Por un lado, fue solitario, hipersensible e introvertido. Por el otro, tenía una gran percepción, una memoria digna del Libro Guiness y un extraordinario sentido del humor. Antes de pasar a su literatura no huelga consignar que, durante la guerra desatada por Hitler, Beckett integró una red de inteligencia de la Resistencia Francesa. Mientras escribía y se preparaba para ser considerado, años más tarde, como uno de los escritores más importantes del siglo, artífice de una literatura de extrañas resonancias.

Esclavo de sus dos obras más famosas, suele olvidarse que Beckett es autor de unos extraordinarios relatos breves, singulares obras maestras como "El despoblador", "Verse", "El dinero" y otros editados oportunamente por Tusquets. Una faceta menos conocida es la que concluyó en "Film" (dirigida por Alan Schneider y protagonizada por Buster Keaton), su aislada incursión en el cine (guión mediante) que dio pie a su también único viaje a Estados Unidos. Y por supuesto no debe dejarse de lado su actividad como novelista, con títulos como "Malone muere" y "El innombrable". Sin embargo es con "Molloy" donde llega a alturas sólo alcanzadas por Kafka, donde aparece su preocupación por el hombre trágico en un relato circular lo más cercano a la perfección. Y naturalmente su poesía, labrada desde la lejana influencia de Eliot y Pound hasta alcanzar, con el tiempo, su voz inconfundible.

Beckett, que había sostenido que "el pecado capital es nacer", enmendó esa culpa ajena a su voluntad el 22 de diciembre de 1989. Recluido, aislado, hacía mucho que el mundo ya no contaba para el irlandés, aunque su cabeza altiva y sus ojos penetrantes importaran para un mundo no menos absurdo que muchas de sus obras. Si alguna vez había dicho que "lo único que cuenta es la escritura"- postulado al que fue leal hasta la muerte - no es desacertado recordar lo que dijo de él otro grande: Emil Ciorán. Ambos compartían esa especie de ferocidad que subyuga y el amor por los cementerios, que a veces es como una marca de fábrica. "No vive en el tiempo, sino parelelamente al tiempo - dijo el rumano del irlandés-. Por eso nunca se me ha ocurrido preguntarle lo que pensaba de algún acontecimiento particular. Es uno de esos seres que permiten concebir la historia como una dimensión de la que el hombre hubiera podido prescindir". Como elogio es casi inigualable. Pero al hombre que no asistió a recibir el Nobel en 1969 y que donó el dinero del premio a gente sin recursos, los homenajes no le gustaban. Claro, además escribió "Fin de partida" y "Esperando a Godot". Pero esto ya se sabe.

(Publicado en "La Razón" de Buenos Aires)

07 noviembre 2006

Cioran, marginal del intelecto


Por Humberto Acciarressi

A los 84 años, sesenta más de los que esperaba vivir en su juventud, el 20 de junio de 1995 murió Emil Ciorán. Puede suponerse que no temía ese trámite. No por considerar que "la idea del suicidio es lo único que hace llevadera la vida", sino por su método para afrontar el último trago sin resistirse: disciplinarse en el horror, meditar en la podredumbre, reducirse deliberadamente a cenizas en vida. Amante de las paradojas, murió víctima del Mal de Alzheimer, una enfermedad que afecta los mecanismos del pensamiento. Justo él, que en la Rumania donde nació el 8 de abril de 1911 había elegido el camino del "pensar por pensar".

Ciorán - señaló Fernando Savater - nunca fue un autor de moda. Sus compatriotas Eugene Ionesco y Mircea Eliade tuvieron más fama que él, que se decía un marginal del intelecto. Sin embargo, en los últimos años, eran muchos los que iban al Barrio Latino de su Paris adoptivo con la ilusión de toparse con este hombre de cabello blanco y sobretodo gris que disparaba sobre la religión, la filosofía, la escritura y la política. Mezcla de metafísico y moralista, a ratos teólogo, Ciorán llevó el pesimismo nihilista a la cumbre. Fue más allá que Schopenhauer y Nietzche, que metodizaron esta corriente de pensamiento, al reinvindicarse como un anti-filósofo capaz de demoler sus propias ideas.

Enemigo de ídolos y prejuicios, para él el optimismo es una forma de la hipocresía: la sociedad está maldita y la historia humana es estúpida, incluyendo la Razón salvada de la estupidez por Voltaire. Desde el título, sus libros son la expresión de su pensamiento: "Breviario de la podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Silogismos de la amargura". Cuando admiradores y detractores se peleaban por encasillarlo en alguna corriente, Ciorán declaró - con su ferocidad impar - que las personas más sabias que había conocido eran las prostitutas frecuentadas en su geografía de juventud. La misma del feroz conde Drácula.

(Publicado en la revista "Noticias")

02 octubre 2006

Borges: las palabras y las cosas


Por Humberto Acciarressi 

El universo literario no tiene muchos ejemplos como Jorge Luis Borges. Casi no hay, incluyendo a Cervantes y Shakespeare, un escritor sobre el que parece haberse dicho todo. No por orfandad de teorías o enfoques, sino por exceso. Millones de sitios en Internet, miles de libros sobre su obra y su vida huérfana de grandes aventuras, no han dejado casi ningún costado por donde arar. Y razones no faltan. Autor de la prosa más revolucionaria del idioma castellano en los últimos siglos, escribir “borgeanamente” es una maldición que muchos no pueden eludir. 

Ni siquiera cuando murió en 1986, hace dos décadas en la lejana Ginebra, dejó de ser blanco de las críticas. Denostarlo era entonces casi un deporte nacional, a la altura del futbol. Hoy ya nadie pone en duda que hay en la literatura un antes y un después de Borges. Son pocos – su admirado Kafka fue uno de ellos – los que han generado una forma de escribir que se haya convertido en adverbio. “Kafkianamente”, “borgeanamente”… La lista no es muy larga y eso algo indica. Pero lo que ha conseguido Borges – y en eso es único – es que nadie pueda volver a utilizar ciertos términos sin ser visto como, en el mejor de los casos, un imitador. ¿Quién puede escribir, por lo menos sin cierto pudor, palabras como “nadería”, “vasto”, “caramba”, “sospecho”, “sórdido” o frases como “los movimientos literarios son una comodidad de los historiadores” o con la que se refería a Groussac (“sabía inglés y sospechaba el griego”)?. 

Ahora se está operando un fenómeno interesante. Los lectores más jóvenes encuentran en Borges una especie de abuelo lejano y querido. Los teóricos del postmodernismo han ayudado un poco, pero lo real es que pasadas las viejas polémicas, lo que queda es su literatura.En cierta ocasión, Savater le pidió a Ciorán unas líneas para un homenaje del que participaron escritores de todo el mundo. El rumano, algo reacio, terminó sus líneas diciendo: Borges “podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas y, si existe una utopía a la cual yo adheriría con gusto, sería aquella en la que todo lo mundo lo imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado”.

Nacido en 1899, cultivó el gusto por las lecturas y fue autor de poemas, cuentos y ensayos memorables, ninguno de los cuales debería ser dejado de lado en una antología. Pero lo ya señalado, ¿qué más podría agregarse sobre Borges, salvo que su obra parece contener toda la historia de la literatura? Pero eso también se ha dicho, y seguramente mejor. 

(Publicado en "La Razón" de Buenos Aires)