12 de marzo de 2013

Se extiende la televisión para perros


Por Humberto Acciarressi

Algo escribimos en el pasado, cuando Dog TV -el canal para perros- era visto sólo en California. Por entonces, los especialistas decían que el 15% de estas criaturitas de Dios sufren de ansiedad por la separación, y la señal les permitía relajarse cuando se quedaban solos, con programas sin publicidad, ni siquiera de comida para canes. Vaticinamos, por entonces, que no pasaría mucho tiempo hasta que el canal se propagara fuera de los confines de California. No nos equivocábamos. Ahora, Dog TV se lanzó en Israel, donde los propietarios están casi más entusiasmados que sus amigos de cuatro patas. Incluso aquellos que antes le dejaban la radio encendida al perro, ahora, antes de irse, encienden el televisor con el canal de los pichichos.

Hay que señalar que los perritos tienen más suerte que los seres humanos. Ellos no deben aguantar los gritos de los insoportables y desmesurados conductores de los canales de aire, las peleas mediáticas que concluyen a las piñas o con aullidos fingidos o reales. El contenido de Dog TV fue desarrollado sin ladridos irritantes ni sonidos de alta frecuencia. Por eso los perros casi no toman clonazepam. Por el daltonismo canino, los colores de los programas están en las gamas de azules y amarillos, mientras que casi no se utilizan el rojo y el verde. Y música: mucha música.

Los productores de los programas confiesan que han tenido una gran respuesta de los perros que normalmente se aburren. Gracias a la TV para pichichos, aquellos animales que suelen poner al borde del perricidio a cualquiera, dejan de ladrarle a los vecinos, dueños y a la mismísima Luna. Se convierten en seres calmos y simpáticos. Se han detectado algunas fallas. Una mujer en Tel Aviv manifestó que sus tres cachorros ignoraron la televisión, e incluso añadió que la miraron como si estuviera loca antes de seguir su vida habitual. Como dato accesorio: algunos dueños de perros y gatos han descubierto que los canales también atraen a los mininos. El futuro está entre nosotros.

(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)