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11 septiembre 2017

Marx y Warner, pelea de Brothers


El 26 de noviembre de 1942, tuvo lugar en Nueva York la premiere de una de las mejores películas de todos los tiempos: "Casablanca", dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid y Claude Rains, entre otros. El film fue producido por Jack Warner, uno de los hermanos famosos, razón por la cual los derechos le pertenecían a la Warner Brothers. Menos de un lustro más tarde, con David Loew como productor, los hermanos Marx se encontraban en pleno proceso de filmación de "Una noche en Casablanca" cuando recibieron (o por lo menos eso dice la leyenda) una larga carta de la Warner. Si leiste los libros de Groucho, o por lo menos alguno de ellos, no te extrañará ese estilo inconfundible de su respuesta:

"Queridos Warner Brothers:

Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y de mantenerla bajo el dominio propio. Por ejemplo, hasta el momento en que pensamos en hacer esta película, no tenía idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a los Warner Brothers. Sin embargo, poco después de anunciar nuestra película, recibimos el largo documento en el que nos advierten que no debemos usar el nombre `Casablanca`. Sencillamente no comprendo su actitud. Aún cuando pensaran reponer su película, estoy seguro que el espectador medio aprendería oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. Ustedes reivindican su ´Casablanca´ y pretenden que nadie más use ese nombre sin su permiso. ¿Qué me dicen de Warner Brothers?, ¿es de su propiedad también? Probablemente tengan ustedes el derecho de usar el nombre de ´Warner´, pero ¿el de ´Brothers´? Profesionalmente, nosotros éramos brothers mucho antes que ustedes. Incluso antes que nosotros ha habido otros hermanos que se han hecho llamar así. Parecería que todo va a terminar en un conflicto más bien amargo y les aseguro que no es esa mi intención. Me gustan los Warner. Además, tengo la sospecha de que este intento de impedirnos la utilización del título es una maniobra de algún empleado que acaba de ingresar al departamento jurídico y al que le gusta crear problemas. ¡Pues no se saldrá con la suya! Ningún aventurero legal va a enemistar a los Warner con los Marx. Todos somos hermanos debajo de nuestro pellejo y seguiremos amigos hasta que el último rollo de Una noche en Casablanca esté listo para ser proyectado

Groucho Marx

Como ya sabés, "Una noche en Casablanca", dirigida por Archie Mayo y una de las últimas películas protagonizada por los hermanos Marx, se estrenó en Nueva York el 10 de mayo de 1946. Mucho más tarde se supo la verdad: Groucho and company la habían pensado originariamente como una sátira del film de Michael Curtiz, y su personaje - Ronald Kornblow - iba a llamarse inicialmente nada menos que Humphrey Bogus. En la actualidad, los derechos de aquella obra los tiene... la Warner.

13 mayo 2017

Un impulso terrible


Audrey Hepburn lo mira con culpa a los ojos y le confiesa a Humphrey Bogart en "Sabrina": "Hace rato siento un impulso terrible". Entonces..

24 marzo 2016

Las dos caras de Humphrey Bogart, un duro a pesar suyo


Por Humberto Acciarressi

Según se cuenta, en una ocasión un periodista le preguntó a Humphrey Bogart la razón por la cual no era más afectuoso con sus admiradores: De hecho se parecía a muchos de sus personajes, inspirados o directamente tomados de los famosos "duros" de las páginas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Boggie respondió sin siquiera pensarlo: "La única cosa que uno le debe al público es una buena actuación". Y así lo hizo desde que protagonizó a un gánster acorralado en "El bosque petrificado" hasta sus últimas apariciones en "Horas desesperadas" y "La caída de un ídolo", además de tener sus picos más altos en los filmes de John Huston: "El halcón maltés", "El tesoro de la Sierra Madre", "La reina africana" (con la que obtuvo un Oscar), y definitivamente en "Casablanca", de Michel Curtiz. Pero esa es apenas una verdad a medias.

Esa sonrisa que sus directores sólo le permitían de costado y sarcástica, acompañada de una manera irónica y hasta burlona de mirar a las chicas, parece ser que era muy cariñosa en su vida cotidiana, íntima. Y por eso las mujeres que lo conocieron sostuvieron que era "un dulce", todo lo contrario del tipo de permanente impermeable, sombrero de ala caída y conversación cansina y aparentemente desinteresada. Atributos, por otro lado, que todos los hombres han envidiado más de una vez, como en la película de Herbert Ross, "Sueños de seductor", interpretada por Woody Allen ¿Qué tipo no ha soñado alguna vez con ser Rick y darse el gusto de decirle a Ingrid Bergman, al pie de un avión, que se vaya nomás con el otro, que después de todo nadie le borra lo vivido? Y si alguno me dice que no, es mentira.

Este excelente actor, que había nacido en enero de 1899 y falleció de un cáncer de esófago en el mismo mes pero de 1957, vivió sus últimos doce años acompañado por su esposa, la bella Lauren Bacall, con quien trabajó en películas memorables y que compartió con él marchas contra el macartismo en Hollywood. Alguna vez escribimos, basados en una encuesta, que Bogart no tuvo casi ninguna de esas cosas que le interesan a la mayoría de las mujeres que inventan los hacedores de estereotipos. No era atractivo en el sentido clásico; no tenía la musculatura o el bronceado que algunas ponen por sobre los demás atributos masculinos; casi siempre fue un perdedor nato, de esos que reciben palizas y se juegan patriadas que los convierten en héroes por un día. 

Y sin embargo, sus amores imposibles con Ingrid Bergman en "Casablanca" o con Mary Astor en "El halcón Maltés", por dar dos ejemplos, han quedado estampados en el imaginario colectivo como las grandes pasiones del cine. O la locura patética del oficial de "El motín del Caine", uno de sus grandes papeles en la pantalla. Con sus personajes, habitantes perpetuos del lado oscuro de la vida, desdeñosos e indiferentes, Bogart entró en la leyenda. Como nadie es dueño de su posteridad, el hombre cariñoso en la intimidad apenas sirve como anécdota.

(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)

27 noviembre 2014

Subastaron en 3,41 millones de dólares el piano de Casablanca


El piano del clásico del cine "Casablanca", dirigida por Michael Curtiz, fue finalmente subastado en Nueva York en 3,41 millones de dólares. El instrumento color salmón delicadamente decorado, fue usado en una de las escenas de culto de la película: la que muestra a Ilsa (Ingrid Bergman) pidiéndole a Sam (Dooley Wilson) que toque “As Time Goes By” (“A medida que pasa el tiempo”, mejor conocida como "Segúin pasan los años"). El remate arrancó en 1,6 millón de dólares, pero en apenas tres minutos alcanzó su valor final.

El piano fue la estrella de la subasta “There’s no place like Hollywood” (“No existe lugar como Hollywood”), que incluía más de 30 objetos usados en la película de 1942, como el guión original (vendido en 68.750 dólares) y las puertas del “Rick’s Café” (115.000 dólares). Probablemente fabricado en 1927, el piano tenía sólo 58 teclas, 30 menos que uno moderno clásico. Su tapa había sido adaptada para la trama del film, que tiene lugar en plena Segunda Guerra Mundial y en la que Rick (Humphrey Bogart) se debate entre su amor por Ilsa y el pedido de ayuda de ésta para permitir que su marido , Victor (Paul Henreid), pueda huir de la ciudad africana ocupada por el gobierno francés de Vichy, aliado de los nazis.

26 septiembre 2014

Mona Maris, la mala de "Cuesta Abajo"


Por Humberto Acciarressi

Le gustaba viajar por el mundo en barco y tenía el tipo de mirada a la que ningún hombre puede ser indiferente. Nació el 7 de noviembre de 1906 en una casa de la calle Esmeralda cuyo número nunca recordaba; amaba el mar y a los 75 años se jactaba de conocer más de 25 países. Aunque era más argentina que la calle Corrientes y el dulce de leche, cuando quedó huérfana, a los seis años, sus abuelos maternos, que vivían en Francia, la recibieron en medio de las luces de la Belle Epoque parisiense. Su nombre verdadero era Rosa Emma Sayus Capdevielle, pero el de Mona Maris la inmortalizó.

La vida de la vampiresa de los ojos profundos y sensuales tiene dos o tres hitos decisivos. El primero ocurrió en 1927, cuando un alemán cazador de talentos vio la foto de una bella chica en el hipódromo de Longchamps y resolvió rastrearla. La joven estaba de suerte: esa tarde había ganado apostando a un caballo americano, un tal "Take my tip". Aunque Mona Maris nunca supo cómo lo logró, lo cierto es que el sujeto la encontró y le propuso hacer una prueba en un set de filmación de Alemania. Acompañada por su abuela subió al tren que rumbeaba para Berlín, donde al poco tiempo ya tenía firmado un contrato por un año.

La bella morocha filmó en tierra germana tres películas; la más famosa de ellas "Los esclavos del Volga". Nada de otro mundo. Sin embargo, esta experiencia le sirvió como trampolín para saltar a Hollywood, a donde llegó en 1929 para abrochar, con la Fox, un contrato por cinco años. Ese fue el segundo gran mojón de su carrera. Allí Mona Maris trabajó en más de cuarenta películas, al lado de "nenes" de la talla de Mirna Loy, Ginger Rogers, Buster Keaton y Humphrey Bogart. Para los argentinos, esa trayectoria hubiera servido para recordarla de tanto en tanto. Después de todo, no cualquier chica nacida en el barrio de Monserrat llega a codearse con los popes del cine mundial. Y sin embargo...

El tercer gran momento de la vida de Mona Maris se concretó cuando le ofrecieron trabajar al lado de un cantor argentino que cautivaba a los públicos de todo el mundo: Carlos Gardel. Durante el mes que duró la filmación de "Cuesta abajo", la mujer de los ojos cautivantes compartió con el Zorzal charlas y silencios, cenas y escenas, y hasta un flirteo que generó la leyenda de un romance que ella misma se encargó de desmentir. Y si no pasó nada no fue por falta de atracción mutua. "Por ese entonces - recordaba la actriz en los umbrales de su propia eternidad - Carlos tenía una relación muy seria con una señora americana. Y Gardel era hombre de una mujer por vez". De aquel breve lapso de su vida, a la chica de Monserrat le quedaron una placa de oro que le regaló el cantor (que se la robaron de una caja de seguridad del banco de Galicia); el recuerdo de aquella fascinante relación; y una fama que la consagró definitivamente en el corazón de los argentinos.

Pero el destino de Mona Maris no se frenó el trágico 24 de junio de 1935, cuando la leyenda de Gardel se disparó al futuro desde las ruinas de un avión en llamas en el aeropuerto de Medellín. La chica siguió recorriendo su propio camino: filmó algunas películas en su país natal (ya mayor tuvo un papel en "Camila", de María Luisa Bemberg); se casó y se separó del ingeniero holandés Harry Ruck Gelderman; se peleó por cuestiones de celos profesionales con Zully Moreno; y aseguró que tuvo "la desgracia de conocer al perverso de Chaplin". En la madrugada del 23 de marzo de 1991, la "mala" de "Cuesta abajo" se murió en Buenos Aires, luego de muchos años de ausencia física y recuerdos constantes.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

02 septiembre 2014

Bogart y ese antihéroe que no puede morir


Por Humberto Acciarressi

Humphrey Bogart era por sobre todas las cosas un excelente actor. Pero con eso no alcanza para aclarar la perdurabilidad de su nombre y el porqué su estampa de héroe solitario sigue pegando fuerte a tantos años de su muerte, acontecida el 14 de enero de 1957. Desde que protagonizó a un gánster acorralado en "El bosque petrificado" hasta sus últimas apariciones en "Horas desesperadas" y "La caída de un ídolo", Boggie creó uno de los personajes más atrayentes de la historia del cine. Y encontró su pico más alto en los filmes de John Huston: "El halcón maltés", "El tesoro de la Sierra Madre", "La reina africana" (con la que obtuvo un Oscar) y naturalmente en "Casablanca", de Michel Curtiz.

Había nacido el 23 de enero de 1899, hijo de un cirujano y una ilustradora de revistas. Como estudiante cosechó los suficientes aplazos para que el día que se hartó e insultó a un profesor, todos respiraran aliviados con su expulsión. Su paso por la marina, sus estudios de teatro, una herida de guerra en el labio que derivó en su particular forma de hablar, algunos matrimonios frustrados antes del definitivo, su activa militancia en contra del macartismo en plena guerra fría, en compañía de su esposa la brillante Lauren Bacall, sobre la que escribimos hace poco, son algunos de los datos que pueden apuntarse sobre su vida.

Pero para hablar de Boggie no queda más remedio que referirse a sus personajes ¿Cómo era el duro interpretado por este actor sin par? No era de esos tipos bellos en el sentido clásico; no tenía esa musculatura o el bronceado que algunas mujeres ponen por sobre los demás atributos masculinos; casi siempre era un perdedor nato, de esos que reciben palizas y cada tanto se juegan una patriada que los convierte en héroes por un día. Y a pesar de todo atraía a las damas, que muy pocas veces confiaban en él (lo cual era recíproco). Esos amores imposibles con Ingrid Bergman en "Casablanca" o con Mary Astor en "El halcón Maltés", por dar dos ejemplos, han quedado estampados en el imaginario colectivo como las grandes pasiones del cine. O la locura patética del oficial de "El motín del Caine", uno de sus mayores papeles en la pantalla.

En general, los personajes de Bogart son siempre inestables en la socialización con el resto de los mortales: son detectives, soldados, delincuentes. Habitantes perpetuos del lado oscuro de la vida; sin familia y con un círculo de amigos que jamás excede el número de dos; héroes o villanos, pero simpáticos en su antipatía; solitarios en lucha contra el destino; desdeñosos e indiferentes. En fin, los famosos "duros" que además tienen esa cuota de romanticismo tardío (que no poseen los que se hacen los duros y son tarados ingenuos), surgidos de las páginas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett.

En su vida cotidiana las mujeres lo definían como "un dulce". Así y todo, su sonrisa torcida, la forma irónica de mirar a las damas, las maneras de tomar un whisky o encender un cigarrillo, su sempiterno impermeable, su sombrero de ala caída y esa conversación cansina, son atributos que todos los hombres han envidiado más de una vez. Por eso, el papel de Woody Allen en "Sueños de seductor", de Herbert Ross, causa tanta ternura. Se cuenta que en una oportunidad, un periodista le preguntó por qué no era más amigable con sus admiradores. Bogart respondió: "La única cosa que uno le debe al público es una buena actuación". Genio y figura hasta la sepultura.

(Publicado en el diario La Razón,de Buenos Aires)



LAUREN BACALL, BOGART Y MARILYN MONROE

16 agosto 2014

El adiós a la dama más sensual del cine negro


Por Humberto Acciarressi

Hay una escena de "The Big Sleep", la película de 1946 dirigida por Howard Hawks y basada en la novela de Raymond Chandler, que es una de las más brillantes de la historia del cine. El detective Philip Marlowe (interpretado por Humphrey Bogart) cae como peludo de regalo a una fiesta y va caminando de un lado a otro hasta que siente una voz femenina que canta. Se acerca al cuarto en donde eso sucede, se apoya en la puerta, y observa a Lauren Bacall (su esposa en la vida real, que en el film interpreta a Vivian, la hija de un magnate que ha contratado los servicios de Bogart). Los gestos que se intercambian entre ellos mientras ella entona el tema son de antología. Confieso haber visto esa escena centenares de veces y que, en mi humilde opinión, difícilmente haya habido, en la historia del cine, una mujer con más sensualidad que Lauren Bacall, quien acaba de fallecer.

Ella ya era una mujer bastante mayor cuando yo ni había nacido, pero los amores por la novela y el cine negro, que cinematográficamente conducen inevitablemente a Bogart y a Bacall entre otros, me fueron llevando de película en película. Estos días, algunas de ellas están siendo muy nombradas en detrimento de otras excelentes pero con menos prensa. En su debut en "Tener y no tener", inspirada en la poco leída novela de Hemingway, ella tenía 19 años, y Bogart, que le llevaba unos cuantos, se enamoró perdidamente de ella. Al año siguiente se casaron y así permanecieron, en las buenas y en las malas (como cuando encabezaron las marchas de actores contra el macarthismo), hasta la muerte por cáncer de Boggie en 1957.

Dejando de la lado la primera etapa del cine de Lauren Bacall -que se podría, arbitrariamente, ubicar por la película "Como pescar un millonario", con Marilyn Monroe, o "La pícara soltera", con Tony Curtis y Natalie Wood-, las generaciones posteriores pudieron verla en "Asesinato en el Orient Express", "Cita con la muerte", "Misery", "Dogville" y "Manderley" (dos de la trilogía de Lars von Trier), o "Reencarnación", por mencionar algunas. Seguía teniendo la estampa de aquella actriz que enamoraba a quien se lo pusiera delante, no sólo por su belleza -que era mucha- sino por los gestos de alta sensualidad. Su sonrisa enigmática, su mirada felina y la aspereza de su voz la convirtieron en una de las damas del cine negro, sin dudas la más elegante. Por suerte, para volver a verla, siempre nos quedará el cine.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)




15 enero 2007

A 50 años, tócala de nuevo Humphrey


Por Humberto Acciarressi

Antes que nada hay que enfatizar algo: Humphrey Bogart era por sobre todas las cosas un excelente actor. Pero con eso no alcanza para aclarar la perdurabilidad de su nombre, de su personalidad (o en todo caso la de sus personajes) y el porqué su estampa de héroe solitario sigue pegando fuerte a cincuenta años de su muerte, acontecida el 14 de enero de 1957 como consecuencia de un cáncer de esófago que le estragó el cuerpo pero no el alma. Desde que protagonizó a un ganster acorralado en "El bosque petrificado" hasta sus últimas apariciones en "Horas desesperadas" y "La caída de un ídolo", Boggie creó -matices más, matices menos- uno de los personajes más atrayentes de la historia del cine. Y encontró su pico más alto en los filmes de John Huston: "El halcón maltés", "El tesoro de la Sierra Madre", "La reina africana" (con la que obtuvo un Oscar) y naturalmente en "Casablanca", de Michel Curtiz.

Bogart había nacido el 23 de enero de 1899 y, a diferencia de otros grandes, se crió en un hogar bien constituido, hijo de un cirujano y una ilustradora de revistas. Como estudiante cosechó los suficientes aplazos para que el día que se hartó e insultó a un profesor, todos -incluyendolo a él- respiraran aliviados con su expulsión. Su paso por la marina, sus estudios de teatro, una herida de guerra en el labio que derivó en su particular forma de hablar, algunos matrimonios frustrados antes del definitivo, son algunos de los datos que pueden apuntarse sobre su vida. Otros, como su activa militancia en contra del macartismo en plena guerra fría, en compañía de su esposa la brillante Lauren Bacall (que dicho sea de paso lo sobrevive hasta hoy), son los que no deben olvidarse.

Pero en todo esto no difiere demasiado de muchos otros. Hay que referirse, entonces, a esas particularidades que han hecho de Bogart un referente insustituible en la cultura del siglo XX. Para hablar de Boggie, entonces, no queda más remedio que referirse a sus personajes. ¿Cómo era el duro interpretado por este actor sin par? No era de esos tipos bellos en el sentido clásico; no tenía esa musculatura o el bronceado que algunas mujeres ponen por sobre los demás atributos masculinos; casi siempre era un perdedor nato, de esos que reciben palizas y cada tanto se juegan una patriada que los convierte en héroes por un día. Y a pesar de todo atraía a las damas, que muy pocas veces confiaban en él (el sentimiento, hay que decirlo, era recíproco).

Esos amores imposibles con Ingrid Bergman en "Casablanca" o con Mary Astor en "El halcón Maltés", por dar dos ejemplos, han quedado estampados en el imaginario colectivo como las grandes pasiones del cine. O la locura patética del oficial de "El motín del Caine", uno de sus mayores papeles en la pantalla. En general, los personajes de Bogart son siempre inestables en la socialización con el resto de los mortales: son detectives, soldados, delincuentes...Habitantes perpetuos del lado oscuro de la vida; sin familia y con un círculo de amigos que jamás excede el número de dos; héroes o villanos, pero simpáticos en su antipatía; solitarios en lucha contra el destino; desdeñosos e indiferentes. En fin, los famosos "duros" que además tienen esa cuota de romanticismo tardío (que no poseen los que se hacen los duros y son tarados ingenuos), surgidos de las páginas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett.

Se cuenta que en una oportunidad, un periodista le preguntó por qué no era más amigable con sus admiradores. Bogart respondió: "La única cosa que uno le debe al público es una buena actuación". Genio y figura hasta la sepultura, aunque, hay que decirlo, en su vida cotidiana era definido por las mujeres como "un dulce". Así y todo, su sonrisa torcida, la forma irónica de mirar a las damas, las maneras de tomar un whisky o encender un cigarrillo, su sempiterno impermeable, su sombrero de ala caída y esa conversación cansina, son atributos que todos los hombres han envidiado más de una vez. 

Por eso, el papel de Woody Allen en "Sueños de seductor", de Herbert Ross, causa una ternura que no es otra que la que, a veces, se siente por uno mismo. Entre los que creen que la aventura está siempre ligada a una mujer, ¿quién no ha soñado alguna vez con ser Rick y darse el gusto de decirle a Ingrid Bergman, al pie del avión, que se vaya nomás con el otro, que después de todo nadie borra lo vivido? El que diga lo contrario miente o no se conoce, que es otra de las formas de la mentira. Y cuidado: el rostro imperturbable de Boggie está al acecho.

(Publicado en la Revista "Así")