5 de agosto de 2014

Un congreso en memoria de Witold Gombrowicz


Por Humberto Acciarressi

Witold Gombrowicz no es un clásico ni mucho menos. No lo es en Europa, no lo es en América, no lo es en ningún lado. Es, eso sí, uno de los más cautivantes autores de culto que dio el siglo XX, y los académicos vienen lidiando con su obra desde hace rato. Los provocadores y bellos libros de este escritor nacido en una humilde aldea de Polonia y que llegó a la Argentina el 21 de agosto de 1939 a bordo del vapor Chorbry, han llevado a que Kundera lo considere el precursor de la moderna novela europea, y que Carlos Fuentes haya dicho que "Ferdydurque" es una de las diez mejores novelas del siglo XX. Una semana más tarde de su llegada, el dato no es menor aunque muchos lo ignoren, su patria era invadida por las tropas de Hitler y con la declaración de guerra de Francia e Inglaterra, se iniciaba el infierno de destrucción y muerte de la Segunda Guerra Mundial. .

Cuando Gombrowicz llegó a la Argentina ya había escrito la novela mencionada por Fuentes, la pieza teatral "La princesa Yvona de Borgoña" y la colección de cuentos "Memorias de la inmadurez o Bakakai". En la Polonia anterior a la guerra, él y sus libros pasaron inadvertidos. El escritor, hostil por naturaleza, no encontró demasiado eco en el círculo de Victoria Ocampo, en una época en que escritores y artistas llegaban a Buenos Aires para obtener su pasaje a la fama. El cubano Virgilio Piñera -que vivía en nuestra ciudad-, Adolfo de Obieta, Arturo Capdevila y Carlos Mastronardi fueron sus amigos. Sábato lo calificó de "muy cerebral" y Gombrowicz compartió con Borges una cena terrible en la que no congeniaron.

"Los hechizados", "Trans-Atlántico", "Pornografía", "Cosmos", sus "Diarios", son algunas de las obras que resulta muy difícil encontrar en la actualidad. Vivió un cuarto de siglo en la Argentina y en 1964 se volvió a Europa, sin pena ni gloria. La Polonia comunista lo censuró y lo puso en sus listas negras. En los años europeos que transcurrieron hasta su muerte en 1969, trabajó con la Fundación Ford y no hizo muchas más cosas. Falleció en las cercanías de Niza, casi sin que nadie se enterara. Entre el 7 y el 10 de este mes, en la Biblioteca Nacional (Aguero 2502), se llevará a cabo el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz, un excelente motivo para que -aquellos que aún no lo hayan hecho- comiencen a buscar sus libros y se enfrasquen en su lectura.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)