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09 septiembre 2015

Cuando los Estados Unidos y la URSS se unieron contra Hitler

STALIIN, ROOSEVELT Y CHURCHILL
EN LA CONFERENCIA DE TEHERAN
Por Humberto Acciarressi

Días atrás, Mirtha Legrand fue objeto de un sinnúmero de ataques por recordar la alianza de los Estados Unidos con la URSS para acabar con el nazismo, hecho histórico que tuvo su punto culminante entre el 4 y el 11 de febrero de 1945 en la Conferencia de Yalta, Crimea, en lo que había sido el legendario Palacio de Livadia, sitio de retiro de los zares de Rusia. Lo que no muchos saben es que de las múltiples reuniones que venían manteniendo los aliados, una de las más importantes se llevó a cabo en noviembre de 1943, en la llamada Conferencia de Teherán. Era la primera vez que Winston Churchill por Gran Bretaña, Joseph Stalin por la URSS y Franklin D. Roosevelt por los Estados Unidos se reunían en torno de un plato de comida, durante los tres días que duró el encuentro, curiosamente uno de los menos famosos de todos (entre ellos las Conferencias de El Cairo -no estuvo Stalin pero sí Chiang Kai-shek por China-, de Casablanca -allí se juntaron con De Gaulle por Francia- y de Potsdam, donde Truman reemplazó al ya fallecido Roosevelt).

Pero retornando a Teherán, en un momento de la charla Stalin levantó su copa y manifestó en un grito: "Brindo por la justicia de un pelotón de ejecuciones y que fusilemos a cincuenta mil". Churchill, con unos tragos de más, se enloqueció: "El pueblo británico nunca permitirá un asesinato en masa". Stalin parecía divertido y grave a la vez. La situación no podía ser más tensa cuando Roosevelt advirtió que todo se iba al demonio con el tema del castigo a los nazis que ya estaban en retirada y que unos meses más tarde iban a recibir un mazazo mortal con el desembarco anglonorteamericano en Normandía y el avance soviético sobre Berlín. En ese marco, una pelea entre los líderes aliados podía prolongar la guerra mucho tiempo. Entre otras cosas.

Todo esto debe haber pasado por la cabeza del presidente de los Estados Unidos cuando, en tono jocoso no exento de nervios trató de mediar entre el primer ministro inglés y el soviético. Fue entonces cuando expresó con la copa en la mano: "No discutamos. Que los ejecutados no sean cincuenta mil, sino una cifra menor. Unos cuarenta y nueve mil quinientos los criminales de guerra que han de ser fusilados sumariamente". Se dice que todos, menos Churchill, rieron con la salida de Roosevelt, que no llegó a ver el final de la Segunda Guerra, ni los juicios de Nüremberg, ni el de Tokio, ni las bombas atómicas, ni las ejecuciones sumarias que quería Stalin. Incluso murió el 12 de abril de 1945, casi veinte días antes del suicidio de Adolf Hitler.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

01 septiembre 2015

Stalin, el Gran Hermano de "1984" de George Orwell


Por Humberto Acciarressi

"Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente". La frase la pronuncia O´Brien, el personaje que lava el cerebro de Winston Smith, en la novela "1984" de George Orwell. Y continúa: "Siempre estará ahí la cara que ha de ser pisoteada. El hereje, el enemigo de la sociedad, estarán siempre a mano para que pueden ser derrotados y humillados una y otra vez. Todo lo que tú has sufrido desde que estás en nuestras manos, todo continuará sin cesar. El espionaje, las traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones se producirán continuamente. Será un mundo de terror, a la vez que un mundo triunfal". A esta imagen de un horror que pocos habían retratado tan bien (entre ellos hay que considerar a Kafka, naturalmente a Conrad), no hace falta añadirle ni una palabra más.

Desde mediados del siglo XX, cuando el libro de Orwell estuvo en las librerías, se escribieron decenas de obras que intentaron averiguar quién fue el Gran Hermano de la célebre novela-fábula ¿En quién se inspiró el escritor inglés para trazar la idiosincrasia y la personalidad de esa criatura siniestra que en el curso del relato es una omnipresencia en las telepantallas y a quien sirven los efectivos de la Policía del Pensamiento? El mismo Orwell, en un reportaje de la revista Life, a pocas semanas de la publicación del libro en 1949, aclaró que 1984 "valoriza las perversiones a las cuales se encuentra expuesto un régimen fundado sobre unas economías centralizadas y que ya han sido realizadas por el fascismo y el comunismo".

Sin embargo hay que tener en cuenta las propias experiencias de Orwell en la Guerra Civil Española, sus peleas con los comunistas ortodoxos y -naturalmente- el bigote grande y negro del Big Brother. Todo eso remite inevitablemente a Joseph Stalin, una figura a la que durante años se le perdonaron demasiadas cosas, y quien, sin embargo, fue una de los personajes más siniestros de la historia. Cuando se escribió "1984", varios intelectuales, antaño marxistas, ya habían roto lanzas con el Kremlin luego de los juicios de Moscú de 1936-1938, y el Proceso Bujarin que inspiró a Arthur Koestler la redacción de su novela "El cero y el infinito". La ficción de Orwell, incluso obviando los tópicos biográficos y literarios - el inglés era un socialista utópico-, anticipó crudamente un sistema represivo que se iba a utilizar no sólo en los países del antiguo Este europeo, sino en aquellos en dónde se entronizaron dictaduras con la excusa de combatir el comunismo. Su obra, sin embargo, fue trascendida por la realidad: el Gran Hermano aún puede tener decenas de nombres.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

21 junio 2014

Los nombres del Gran Hermano de Orwell


Por Humberto Acciarressi

Se han escrito decenas de libros para tratar de desentrañar -muchas veces de acuerdo a la ideología del ensayista- quién fue el Gran Hermano de "1984", la célebre novela-fábula de George Orwell ¿En quién se inspiró el escritor inglés para trazar los rasgos y la personalidad de esa criatura siniestra que en el curso del relato es una omnipresencia en las telepantallas y a quien sirven los efectivos de la Policía del Pensamiento? El propio autor, en una entrevista para la revista Life, apenas posterior a la publicación del libro en 1949, se encargó de aclarar que 1984 "valoriza las perversiones a las cuales se encuentra expuesto un régimen fundado sobre unas economías centralizadas y que ya han sido realizadas por el fascismo y el comunismo".

Sin embargo, la experiencia de Orwell en la Guerra Civil Española, sus divergencias con los comunistas ortodoxos y el bigote grande y negro del Big Brother remiten inevitablemente a Joseph Stalin. Por los días en que se escribió "1984", varios intelectuales, antaño marxistas, ya habían roto lanzas con el Kremlin tras los juicios de Moscú de 1936-1938, y el Proceso Bujarin que inspiró a Arthur Koestler la redacción de su novela "El cero y el infinito". La ficción de Orwell, pese a las referencias biográficas y literarias -no hay que olvidar que era una especie de anarquista y socialista utópico-, anticipó crudamente un sistema represivo que se iba a utilizar con cruel entusiasmo no sólo en los países del ya antiguo Este europeo, sino en aquellos en dónde se entronizaron dictaduras con la excusa de combatir el comunismo. El Gran Hermano podía y aún puede tener decenas de nombres. Lo vemos todos los días en países propios y ajenos.

O´Brien, el personaje que lava el cerebro de Winston Smith, le dice en una sesión de tortura una frase que resume esta cuestión: "Si quieres hacerte una idea de cómo será el futurro, figúrate una bota aplastando un rostro humano...incesantemente". Y añade: "Siempre estará ahí la cara que ha de ser pisoteada. El hereje, el enemigo de la sociedad, estarán siempre a mano para que pueden ser derrotados y humillados una y otra vez. Todo lo que tú has sufrido desde que estás en nuestras manos, todo continuará sin cesar. El espionaje, las traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones se producirán contínuamente. Será un mundo de terror, a la vez que un mundo triunfal". A esta imagen brutal de un horror que pocos habían retratado tan bien (Kafka, Conrad), tal vez no haga falta añadirle ni una palabra más a las escritas por Orwell en "1984".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

16 agosto 2012

Las chicas de Pussy Riot y el fantasma de Stalin



Por Humberto Acciarressi

El stalinismo no está muerto en Rusia. Stalin dejó este mundo en 1953; en la última década del siglo XX desapareció la URSS; y las censuras de todo tipo pasaron a ser patrimonio exclusivo del ganador de la contienda ideológica, el capitalismo. Claro que los distintos tipos de macartismos y prohibiciones se esconden bajo diferentes disfraces y, en verdad, nunca se diferenciaron demasiado de un bando a otro. Hubo inquisiciones católicas, también protestantes en la Ginebra calvinista o en los pagos de Salem durante la quema de brujas, y las hubo (y hay) judías en la Franja de Gaza y Palestina.

Ahora, un grupo de música compuesto por tres mujeres, ya mencionadas en esta columna, las Pussy Riot, están en el banquillo de las acusadas por haber cantado un tema crítico de Vladimir Putin en una catedral moscovita. La letra no es muy diferente a cualquiera de las bandas punks inglesas o alemanas de fines de los años 70. Pero para ellas - Nadejda Tolokonnikova, María Aliójina y Yekaterina Samutsévich - piden entre cinco y diez años de cárcel. El actual presidente ruso y ex jefe de los servicios secretos del país, no las perdona. A Madonna, que defendió a las chicas, el vice primer ministro ruso, Dimitri Rogozin, la calificó en su cuenta Twitter de "vieja p...". Un tarado con todas las letras.

El asunto es que el caso de las Pussy Riot (cuyas imágenes recorren el mundo encerradas en jaulas y con grilletes en las muñecas) pone de cabeza a todo el mundo del arte, desde Sting hasta Danny DeVito. Curiosamente, en Rusia, el ambiente cultural está dividido: quienes las defienden y los que dicen que actuaron en la catedral para provocar lo establecido (lo cual, en todo caso, es el fin de toda obra verdadera de acuerdo a la filosofía del arte). Mientras, desde sus celdas, las Pussy Riot instan a derrocar a la "oligarquía autoritaria" de funcionarios corruptos y multimillonarios leales al Kremlin. Y el gran director Nikita Mijalkov, amigo de Putin, condenó la acción de las rockeras. Nunca falta quien quiere ser más papista que el Papa.

(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)