"Debe ser una fuente de profunda satisfacción para usted estar haciendo una contribución tan importante para rescatar a nuestros perseguidos compañeros judíos de su calamitoso peligro y conduciéndolos hacia un futuro mejor", escribió Einstein a máquina, en papel membretado de la Universidad de Princeton. "No tenemos otro medio de autodefensa más que nuestra solidaridad y nuestro conocimiento de que la causa por la cual estamos sufriendo es una causa trascendental y sagrada", escribió el genio de la Física, que ante el crecimiento de Hitler y sus hordas criminales, aún antes del triunfo de éste en las elecciones germanas, había abandonado Alemania en diciembre de 1932. Es decir, siete años antes de la carta que mencionamos.
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22 junio 2020
Einstein y una carta sobre el nazismo
"Debe ser una fuente de profunda satisfacción para usted estar haciendo una contribución tan importante para rescatar a nuestros perseguidos compañeros judíos de su calamitoso peligro y conduciéndolos hacia un futuro mejor", escribió Einstein a máquina, en papel membretado de la Universidad de Princeton. "No tenemos otro medio de autodefensa más que nuestra solidaridad y nuestro conocimiento de que la causa por la cual estamos sufriendo es una causa trascendental y sagrada", escribió el genio de la Física, que ante el crecimiento de Hitler y sus hordas criminales, aún antes del triunfo de éste en las elecciones germanas, había abandonado Alemania en diciembre de 1932. Es decir, siete años antes de la carta que mencionamos.
31 mayo 2016
La reacción de Hitler cuando le avisaron del inicio del Día "D"
Por Humberto Acciarressi
En la mañana del 6 de junio de 1944, en un bunker ubicado en la playa francesa de Omaha, tres oficiales de la Wehrmacht - el comandante Werner Pluskat, el capitán Ludz Wilkening y el teniente Fritz Thenn- charlaban entre ellos mientras el perro de la guarnición, "Harras", dormía plácidamente. Cada tanto, uno de los tres hombres tomaba los prismáticos y echaba una mirada al océano, en dirección a la península de Cherburgo. En un momento determinado, Pluskat se quedó helado con el largavista en la mano: en el horizonte acababa de ver la armada más colosal que jamás había imaginado. Le comunicó la novedad a sus compañeros y llamó por teléfono a su superior: "Es la invasión, es increíble. Es fantástico", gritó.
Desde el otro lado de la línea, alguien le preguntó qué hacían los miles de barcos, dirigibles y aviones. El soldado miró por la abertura del bunker y dejó caer sus palabras: "Vienen directamente hacia mí". Ese fue el momento en que el alto mando alemán tuvo conocimiento que los aliados habían comenzado la llamada Operación Overlord, el Día "D" en el imaginario colectivo. Cinco mil barcos, 16.000 aviones y miles de globos climatológicos y de reconocimiento, 18 mil paracaidistas y más de 200 mil soldados, de los cuales unos 12 mil iban a morir en las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword, los cinco puntos del desembarco largamente preparado para dar comienzo al fin del poderío nazi en Europa continental.
El éxito de la invasión, dirigida por el general Dwight Eisenhower, permitió a los aliados poner un pie firme en Francia e iniciar su recorrido rumbo al corazón del imperio hitlerista. El Führer se enteró del desembarco de Normandía recién a las 10 de la mañana, porque nadie se animó a despertarlo antes. Cuando le dieron la noticia comenzó a moverse frenética y alegremente sobre su cama, con el camisón de dormir, mientras le decía a su amante Eva Braun: "Por fin vamos a enfrentarnos con nuestros verdaderos enemigos". Los oficiales lo miraron aterrados y confundidos. Un día antes de esa fecha, los aliados ya habían ocupado Roma y la invasión se hacía fuerte en el sur mediterráneo. Y Hitler no parecía darse cuenta.
(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)
21 abril 2016
El hallazgo de tres cuadros y el robo de obras por los nazis
Por Humberto Acciarressi
Tres pinturas de fines del siglo XV robadas por tropas nazis hace 75 años en el pueblo toscano de Camaiore, donde vivió el príncipe Félix, consorte de la Gran Duquesa de Luxemburgo, acaban de ser incautadas en dos residencias privadas de Milán. La historiadora del arte Paola Strada las describió como “de enorme interés por su carácter único y porque son de artistas considerados poco usuales en el mercado”. Este acontecimiento renueva el escandaloso negocio que los jerarcas nazis realizaron en torno a las obras de arte. Recordemos que hace unos pocos años, unas 1.500 obras de Picasso, Chagall, Renoir, Toulouse-Lautrec,Courbet, Matisse, Dix, Liebermann, etc, fueron encontradas en la casa en la que vivía en Alemania un anciano aparentemente inofensivo. El tipo era, en realidad, Cornelius Gurlitt, el hijo del marchant nazi Hildebrandt Gurlitt, uno de los brazos ejecutores de Hitler en materia de arte.
Este criminal y comerciante de arte dependía directamente de Joseph Goebbels, quien poco antes del fin de la segunda guerra tenía planeado vender las obras robadas en el exterior para conseguir divisas para el Tercer Reich. Hitler, que como ya sabés había sido un pintor frustrado y que treinta años antes de hundir al mundo en un baño de sangre había sido desairado por la Academia de Bellas Artes de Viena, no sólo pintaba pésimo. También tenía un gusto lamentable. Su cuadro preferido frente al cual se sentaba durante horas era un engendro parido por la obsecuencia de Hubert Lanzinger, que mostraba al Fürher montado a caballo con porte de gladiador teutónico. Fue el propio líder nazi quien ordenó la muestra inaugurada en Munich el 19 de julio de 1937, titulada "Arte degenerado", en la que se exhibieron 650 obras pertenecientes a 112 artistas de las escuelas cubista, expresionista, dadaista y surrealista, donde los cuadros eran escupidos por los fanáticos nacionalsocialistas.
Sin embargo, algunos de los lugartenientes más cercanos a Hitler solían encargarle a los generales que cuando tomaran una ciudad se llevaran todo lo que encontraran en sus museos o en las colecciones particulares. Sólo en el caso de Paris, el 30 por ciento de su arte fue a parar a las cuevas berlinesas. Apenas un dato más. Tres días antes del fin de la guerra, los aliados elaboraron un listado de pinturas y esculturas robadas y dieron a conocer una red de "comercio ilegal", como si durante el imperio del nazismo pudiera hablarse de algún tipo de legalidad. Uno de los antros del latrocinio fue la galería Fisher, de Lucerna, en Suiza, cuyos representantes estaban conectados con colegas del resto de Europa y de América latina. Entre los jerarcas nazis que negociaron con la firma helvética se encontraba el número dos del régimen, Hermann Goering, con fluida relación comercial con el marchand berlinés Indreas Hofer.
(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)
09 septiembre 2015
Cuando los Estados Unidos y la URSS se unieron contra Hitler
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| STALIIN, ROOSEVELT Y CHURCHILL EN LA CONFERENCIA DE TEHERAN |
Días atrás, Mirtha Legrand fue objeto de un sinnúmero de ataques por recordar la alianza de los Estados Unidos con la URSS para acabar con el nazismo, hecho histórico que tuvo su punto culminante entre el 4 y el 11 de febrero de 1945 en la Conferencia de Yalta, Crimea, en lo que había sido el legendario Palacio de Livadia, sitio de retiro de los zares de Rusia. Lo que no muchos saben es que de las múltiples reuniones que venían manteniendo los aliados, una de las más importantes se llevó a cabo en noviembre de 1943, en la llamada Conferencia de Teherán. Era la primera vez que Winston Churchill por Gran Bretaña, Joseph Stalin por la URSS y Franklin D. Roosevelt por los Estados Unidos se reunían en torno de un plato de comida, durante los tres días que duró el encuentro, curiosamente uno de los menos famosos de todos (entre ellos las Conferencias de El Cairo -no estuvo Stalin pero sí Chiang Kai-shek por China-, de Casablanca -allí se juntaron con De Gaulle por Francia- y de Potsdam, donde Truman reemplazó al ya fallecido Roosevelt).
Pero retornando a Teherán, en un momento de la charla Stalin levantó su copa y manifestó en un grito: "Brindo por la justicia de un pelotón de ejecuciones y que fusilemos a cincuenta mil". Churchill, con unos tragos de más, se enloqueció: "El pueblo británico nunca permitirá un asesinato en masa". Stalin parecía divertido y grave a la vez. La situación no podía ser más tensa cuando Roosevelt advirtió que todo se iba al demonio con el tema del castigo a los nazis que ya estaban en retirada y que unos meses más tarde iban a recibir un mazazo mortal con el desembarco anglonorteamericano en Normandía y el avance soviético sobre Berlín. En ese marco, una pelea entre los líderes aliados podía prolongar la guerra mucho tiempo. Entre otras cosas.
Todo esto debe haber pasado por la cabeza del presidente de los Estados Unidos cuando, en tono jocoso no exento de nervios trató de mediar entre el primer ministro inglés y el soviético. Fue entonces cuando expresó con la copa en la mano: "No discutamos. Que los ejecutados no sean cincuenta mil, sino una cifra menor. Unos cuarenta y nueve mil quinientos los criminales de guerra que han de ser fusilados sumariamente". Se dice que todos, menos Churchill, rieron con la salida de Roosevelt, que no llegó a ver el final de la Segunda Guerra, ni los juicios de Nüremberg, ni el de Tokio, ni las bombas atómicas, ni las ejecuciones sumarias que quería Stalin. Incluso murió el 12 de abril de 1945, casi veinte días antes del suicidio de Adolf Hitler.
(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)
28 marzo 2015
Señora, si no quiere que su hijo sea un Hitler, déjelo pintar
Cuenta la historia que muy callado, extremadamente tímido y casi pidiendo permiso, el muchacho bajó del tren en la estación de Viena. Entre sus temores figuraba una idea fija: ser admitido en la Academia de Bellas Artes de esta ciudad hospitalaria con los artistas. El talento del joven hijo de un agente de Aduanas quedó calificado en pocas pero contundentes palabras de los profesores: "Resultados insuficientes; ejercicios de dibujo insatisfactorios”. Era muy terco y, en su casi autismo, no le gustaba recibir un "no". Esa fue una de las razones por las cuales un año más tarde volvió a intentarlo. Al aspirante no le fue mejor: ni siquiera lo dejaron concluir el examen. Tenía 17 años, corría el año 1906 y Austria todavía formaba parte del imperio autrohúngaro y se encontraba en el tramo final de la monarquía de los Habsburgo.
Para entonces, su padre -que deseaba para el muchacho un futuro de agente de aduanas- ya había muerto. El joven sentía casi un alivio, ya que por fin nadie lo increpaba por sus deseos de convertirse en un artista. Las sentencias de los examinadores tiraron por tierra sus aspiraciones. Y así pasaron tres décadas. El 19 de julio de 1937, por mandato de aquel joven neurótico llamado Adolf Hitler, se inauguró en Munich la muestra pictórica "Arte degenerado", en la que se exhibieron 650 obras de 112 artistas pertenecientes a las escuelas cubista, expresionista, dadaísta y surrealista. Los miembros de las SA y las SS se rieron de los cuadros de la muestra, que llevaban las firmas de Grosz, Picasso, Kandinsky, Matisse, Klee, Barlach… Uno de los cuadros más odiados por Hitler era “Escena callejera en Berlin”. Su autor, Ernst Kirchner, no aguantó mucho y se suicidó.
En ese año ya hacía cuatro que Hitler estaba en el poder y faltaban dos para el inicio de la Segunda Guerra Mundial desatada por él. El clima era irrespirable y los escritores y artistas huían de Alemania y de los territorios que pronto serían ocupados. Hitler, en tanto, se sentaba en su living y se quedaba mirando fijo un cuadro abominable, su preferido, realizado por la obsecuencia de Hubert Lanzinger, en el que se veía al Führer montado a caballo con facha de gladiador teutónico. En tanto, los alemanes se chocaban en las plazas con las estatuas de Arno Breker; se extasiaban con Marlene Dietrich interpretando “Lili Marlene” de Norbert Schultze; se maravillaban con la grandilocuencia fílmica de Leni Riefenstahl; y deglutían los mamotretos propagandísticos del régimen. Hitler, que era vegetariano, no fumaba ni bebía y no toleraba que otros lo hicieran delanto suyo, tenía otras ocupaciones: cuando no hacía la guerra miraba westerns y comedias musicales de Hollywood. Y hasta donde se sabe, nunca más se dedicó a pintar.
(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)
26 noviembre 2014
Subastaron un cuadro pintado por Adolf Hitler
Una acuarela del viejo ayuntamiento de Munich, que se cree fue pintada hace un siglo por el dictador y genocida Adolf Hitler, se vendió en 130.000 euros (162.000 dólares) durante una subasta en Alemania. Se presentaron ofertas de cuatro continentes y el cuadro fue adquirido por un comprador de Oriente Medio, no identificado. La pintura es una de unas 2.000 que hizo Hitler, indicó la casa de subastas y se cree que es de alrededor de 1914, cuando todavía quería consagrarse como pintor. Este paisaje urbano traía la factura original y una carta firmada por su asistente.
26 octubre 2014
29 julio 2014
El pintor frustrado que quiso dominar el mundo
Neurótico e introvertido, molesto por el bullicio, el joven bajó del tren y echó una mirada a su alrededor. Corrían los primeros días de 1907 y Adolf Hitler llegaba a Viena con el peso de una de sus primeras obsesiones: aprobar el examen de ingreso a la Academia de Bellas Artes. Desde tiempo atrás vivía con la esperanza de convertirse en un gran pintor, de ser considerado entre los mejores artistas de un siglo que comenzaba a transcurrir abrigado de promesas. Apenas unos días más tarde, los profesores que examinaron los trabajos dieron su lacónica opinión sobre las condiciones del aspirante: "Resultados insuficientes, ejercicios de dibujo no satisfactorios". Con el ego lastimado y un entusiasmo menos admirable que patético, un año después dio otra prueba. Los maestros de la academia ni siquiera lo dejaron concluir el examen. Ninguno de ellos pudo imaginar cómo iba a repercutir en la historia del siglo XX esa descalificación tan rotunda.
Treinta años más tarde, aquel joven desairado en Viena ya se había convertido en el dueño de la vida y de la muerte de todos los alemanes, y en su mente afiebrada latía el sueño de una Europa a sus pies. No debieron ser muchos los que intuyeron la lejana frustración del líder cuando, el 19 de julio de 1937, inauguró en Munich la exposición "Arte degenerado". En ella, bajo la mirada marcial de los SS, se exhibieron 650 obras pertenecientes a 112 artistas de las escuelas cubista, expresionista, dadaista y surrealista. Obras de Grosz, Picasso, Kandinsky, Matisse, Klee y Barlach colgaron de las paredes para que los fanáticos nacionalsocialistas se burlaran a sus anchas.
Uno de los "expositores", Ernst Ludwig Kirchner -baluarte del grupo alemán "El Puente"- no pudo aguantar la humillación y se quitó al vida cuando el mundo caía en el abismo de la guerra. Por esas paradojas de la historia, mientras los jerarcas nazis nutrían sus colecciones privadas con cuadros robados en los museos de las ciudades ocupadas y echaban las bases de un comercio ilegal que aún perdura, el Führer dejaba correr su tiempo libre mirando westerns norteamericanos y festejando los tiros de los cowboys. La cuenta pendiente que tenía con el mundo del arte ya se la había cobrado a sangre y fuego.
(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)
16 julio 2014
08 julio 2014
La destrucción de libros, barbarie que no cesa
A propósito de la muestra titulada "De la imprenta a la hoguera", que se lleva a cabo en la quijotesca región española de La Mancha, resulta inevitable recordar aquella frase famosa de Heinrich Heine: "Alli donde queman libros acabarán inevitablemente quemando seres humanos". El poeta alemán la escribió en 1821 y prefiguró con más de un siglo de antelación la quema de libros ordenada en febrero de 1933 por el entonces flamante canciller alemán Adolf Hitler. Hace unos pocos años fue dada a conocer la obra de Fernando Báez -autoridad mundial en el campo de la historia de las bibliotecas- titulada "Historia universal de la destrucción de libros".
En el vago recuerdo que tengo sobre ese libro -vago en el sentido enciclopédico, dramáticamente vasto, imposible de abarcar-, me queda una intuición: que el frustrado pintor austríaco que se convirtió en fürher no fue más que un imitador de una masacre cultural con siglos y siglos de existencia. Sea en la antigua Summer, en los tiempos de los hititas, en la legendaria Babilonia, en el hermético Egipto, en la racional Grecia de los presocráticos y los platónicos, en la China del Imperio Inmóvil, en Roma, Pérgamo, Israel, el mundo árabe, Vietnam y Camboya, la URSS, las dictaduras latinoamericanas, en fin,ninguna civilización puede mostrarse demasiado limpia en lo que a destrucción de libros se refiere. Curiosamente, mientras existen miles de obras sobre "el libro" y las bibliotecas, no hay muchos sobre la destrucción de los mismos. Sí los hay poéticamente novelados, como "Farenheit 451" de Bradbury o "1984" de Orwell, y alguno ensayístico como "Los enemigos de los libros" de William Blades, editado en 1888.
Umberto Eco señaló en alguna oportunidad que los verdaderos enemigos de los libros son los hombres y no los auxiliares del mismo como internet. Y por cierto no le faltaba razón. Hace veinte años, durante la invasión norteamericana a Irak, tuvo lugar un "culturicidio" escandaloso que fue meticulosamente escondido. El mismo causó la destrucción del millón de libros de la Biblioteca Nacional, el saqueo del Museo Arqueológico de Bagdag, el incendio del Archivo Nacional y sus diez millones de registros del período republicano y otomano, por mencionar apenas algunos de los testimonios del pasado que se perdieron para siempre. Precisamente en el momento en que se escriben estas líneas, en algún lugar del mundo hay un régimen, una etnia, un gobierno, una secta, que está ejercitando esta antigua y maldita costumbre humana de destruir los vestigios escritos del espíritu del hombre. De vez en cuando hay que pensar en eso.
(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)
25 noviembre 2013
07 noviembre 2013
Un botín de obras de arte robadas por los nazis
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| HITLER Y JERARCAS DE LAS SS MIRAN OBRAS SAQUEADAS DE LOS MUSEOS |
Este tesoro artístico fue descubierto por casualidad durante un registro en febrero de 2012 en el departamento del hijo de Gurlitt en Münich, aunque se mantuvo en secreto hasta la semana pasada, cuando la prensa alemana reveló los detalles. Así se supo que esas pinturas habían sido saqueadas por el padre del actual poseedor y las SS nazis, durante la feroz ola de destrucción de lo que Hitler (pintor frustrado) y sus bárbaros consideraban "arte degenerado". Las obras, en ese período, fueron confiscadas de los museos y de las colecciones particulares. Muchas de esas piezas eran desconocidas hasta ahora, entre ellas algunas de Marc Chagall y de Otto Dix.
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| EL MARCHANT NAZI HILDEBRANDT GURLITT |
24 septiembre 2013
Encuentran la primera película contra Hitler
Ésta sería la primera cinta que revelaría la terrible historia del régimen nazi de Adolfo Hitler. "Hitler's Reign of Terror" (El Régimen de Terror de Hitler) también tiene imágenes que fueron tomadas a escondidas, donde se revelan las reuniones nazis, el saqueo de tiendas judías, la quema de libros y todas las atrocidades cometidas por los nacionalsocialistas. La película se desarrolla en forma de noticiero, donde Vanderbilt realiza un doblaje a partir del material filmado y lo complementa con imágenes tomadas de otras fuentes. El filme será presentado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el mes de octubre.
05 junio 2013
La pava de acero que se parece a Hitler
Una pava de acero inoxidable desató una ridícula polémica en California, luego de que algunos usuarios de redes sociales la compararan con la figura del genocida Adolf Hitler, agotando su stock online y haciendo disparar su precio en el sitio web de subastas eBay. Las fotos del recipiente con silbato de campana, diseñada por Michael Graves para la tienda JC Penney, se volvieron virales. De hecho, la pava alcanzó los 245,90 dólares en internet. El producto se agotó online, aunque no en las tiendas, y los avisos que la publicitaban en la vía pública fueron retirados luego de las protestas.
21 enero 2013
La última foto conocida de Hitler
El 30 de abril de 1945, poco antes de suicidarse junto a Eva Braun, Adolf Hitler inspeccionó el estado en el que había quedado su búnker luego de los bombardeos soviéticos. Previamente, el dictador había probado el cianuro en su perra Blondi y hecho matar de un tiro a los cachorros que aquella había tenido en las semanas previas. Una bestia siniestra hasta el fin de sus días. Esta es la última foto que se le tomó en su sádica vida.
24 junio 2012
28 febrero 2012
La ópera favorita de Hitler
De acuerdo a varios de los biógrafos de Adolf Hitler, su ópera favorita era "Rienzi", de Richard Wagner. Y ahora estalló un escándalo en la prestigiosa Deutsche Oper de Berlin, ya que pogramaron -dentro de la temporada de Primavera- a "Rienzi" para...el 20 de abril, fecha de nacimiento del mayor genocida de la historia. "Una mala idea", editorializó el diario alemán Die Welt, mientras el propio personal del teatro encabezaba las protestas. Finalmente, el director de la casa, Christophe Seuferle, pasó la representación de "Rienzi" para un día después y programó, en su lugar, una obra del checo Leoš Janáček.
13 octubre 2011
El nazismo en una carta de Einstein
Una carta escrita por Albert Einstein en 1939, advirtiendo del "calamitoso peligro" de los nazis para los judíos en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, fue rematada en EE.UU. en casi 14.000 dólares. El físico le escribió a un empresario de Nueva York, Hyman Zinn, alabándolo por ayudar a los refugiados judíos que huían de la persecución en la Alemania de Adolf Hitler.
"Debe ser una fuente de profunda satisfacción para usted estar haciendo una contribución tan importante para rescatar a nuestros perseguidos compañeros judíos de su calamitoso peligro y conduciéndolos hacia un futuro mejor", escribió Einstein a máquina, en papel membretado de la Universidad de Princeton. "No tenemos otro medio de autodefensa más que nuestra solidaridad y nuestro conocimiento de que la causa por la cual estamos sufriendo es una causa trascendental y sagrada", escribió el genio de la Física.
04 agosto 2011
Nadie quiere adoptar a Kitler, el gato
Por Humberto Acciarressi
Nadie, hasta donde sabemos, pudo exclamar el clásico "me pareció ver un lindo gatito". Muy por el contrario, algún desconocido lo tiró con pocas semanas de vida en una carretera de Bedfordshire, en Inglaterra. El minino estaba condenado a morir. De eso no hay dudas. Hasta que personal de un refugio lo encontró, lo llevó bajo techo y lo alimentó. Es cierto que todos lo miraban raro, hasta que uno de los veterinarios se dio cuenta de lo obvio: el gato es igualito a Adolf Hitler. Y todo por un bigote de color negro que por cierto lo hace muy parecido al genocida nazi. En el colmo de la originalidad (¿?), en el refugio le pusieron de nombre Kitler. Una gilada sin remedio.
Lo cierto es que con esa cara y ese nombre, los posibles adoptantes del minino -en ese lugar donde ya se le encontró familia a cinco mil animales- se redujeron a cero. Nadie, ni grande ni chico, quiere saber nada con Kitler. Algunos de quienes visitan el refugio confiesan que lo llevarían si no se pareciera tanto al dictador alemán. Y no hay caso. El gatito, ajeno a cualquier tipo de ideología y con la condena de su cara insólita y su nombre, sigue tomando su leche y comiendo sus galletas como si el loco mundo le fuera ajeno en absoluto.
La buena noticia es que la historia de Kitler comenzó a trascender las fronteras y, según cuentan, a entristecer a muchas personas. Han enviado mails o han hecho llamadas telefónicas para solidarizarse con el gato, lo que parece más ridículo que todo lo que leiste hasta ahora. Pero los hechos son los hechos. Y no sería extraño que alguien, en medio de esa multitud de interesados por ver al fenómeno, termine adoptándolo.
Lo interesante de esta historia es que aunque ahora es el más famoso, hay muchos michifuses en el mundo parecidos al genocida nazi. De hecho, hay una página de internet llamada "Cats that look like Hitler", que reúne decenas de imágenes de gatos parecidos a Hitler, o mejor dicho, a Kitler. Por lo pronto, que al gatito no se le ocurra -algún día de aburrimiento- invadir Polonia e iniciar la tercera guerra mundial.
(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)
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