Mostrando las entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas

19 febrero 2016

Tras 57 años de censura, "1984" puede ser leído por los cubanos


Por Humberto Acciarressi

Mientras unos blogueros cubanos me dan cuenta del fracaso en ventas de los libros de Fidel, el Che y Chávez (ya sé, no digas nada: esto último parece un chiste), la XXV Feria Internacional del Libro que se lleva a cabo en Cuba marca una malísima calidad en las ediciones de la isla, casi ninguna oferta, precios siderales, editoriales que brillan por su ausencia, y muy pocas opciones para chicos, muy interesados en los inhallables y ya vetustos "Juego de tronos" y "Harry Potter". Cuba, mientras tanto, sigue sin editar a algunos de sus escritores más notorios, que increíblemente todavía circulan de mano en mano. Acotemos que varios de ellos comenzaron apoyando la Revolución y luego se alejaron de ella y de una de las formas más lamentables del stalinismo burocrático. Porque quienes crean que la censura es una cosa del pasado en Cuba está largamente equivocado. Hace apenas cinco o seis meses, fue prohibida la obra y cerradas todas las puertas al consagrado internacionalmente director de cine y teatrista Juan Carlos Cremata. Antes de pasar al tema de esta columna, digamos que el intelectual censurado escribió una carta a la que, parafraseando la frase castrista "la historia me absolverá", le puso por título "Condenadnos, no importa: el Arte nos Absorberá".

Pero la gran novedad de la pobrísima Feria del Libro cubana es que, a 57 años de la revolución, los lectores de la isla pueden ver por primera vez en su vida ejemplares de la novela distópica de George Orwell, "1984", una de las más odiadas por el régimen soviético y sus satélites en el mundo. Curiosamente con el apoyo del New York Times y las armas enviadas por los países más capitalistas, el 1 de enero de 1959 entraron en La Habana las tropas comandadas por Eloy Gutiérrez Menoyo (que abandonó la revolución dos años más tarde) y al día siguiente las de Camilo Cienfuegos y el Che Guevara. Este último tomó la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, posterior escenario de centenares de torturas y fusilamientos. En ese mismo sitio hoy se realiza la Feria del Libro de la que venimos hablando. Otra anécdota que vale añadir es que también en los primeros días de enero, pero casi una década antes (1950), había muerto de tuberculosis George Orwell, la única figura que merece destacarse en esta historia.

Ya hemos hecho notar en otra oportunidad, que ese socialista utópico que fue el británico, poco antes de fallecer y apenas unos meses después de la publicación de "1984", le había dicho a un periodista de la revista Life que su libro estaba referido "a las perversiones a las cuales se encuentra expuesto un régimen fundado sobre unas economías centralizadas y que ya han sido realizadas por el fascismo y el comunismo". Orwell sabía de lo que hablaba: en España, mientras defendía al bando republicano contra el franquismo, tuvo tremendas peleas con los comunistas ortodoxos y presenció las matanzas que estos cometieron contra los valientes anarquistas que también luchaban contra Franco. Cuando el inglés se sentó a escribir su novela en Escocia, ya una gran cantidad de intelectuales se habían alejado del marxismo, y especialmente del Kremlin, después de los juicios de Moscú y del Proceso Bujarin, el mismo que inspiró la novela "El cero y el infinito" de Arthur Koestler.

No es casual que la obra de Orwell -que además inspiró una gran película de Michael Radford y las descomunales actuaciones de John Hurt, Richard Burton y Suzanna Hamilton- haya estado prohibida desde siempre en la Cuba dependiente del stalinismo soviético. El personaje Winston Smith trabaja en el pomposamente llamado Ministerio de la Verdad, que tiene como objetivo inventar un relato que nada tiene que ver con la dictadura del Gran Hermano y su partido único, hasta que un día comienza a advertir que todo es una farsa. Orwell, se sabe, se inspiró en el culto a la personalidad de la figura de Stalin. Y tampoco es casual que Emmanuel Goldstein, personaje omnipresente que representa "al enemigo", sea casi una copia de León Trotsky, mandado al exilio y asesinado por el stalinista Ramón Mercader, nombrado héroe de la revolución rusa por ese episodio y fallecido en 1978 nada menos que en La Habana, idolatrado por Fidel Castro (incluso Cabrera Infante y otros escritores que tuvieron que huir de Cuba más tarde, se entrevistaron con el líder para manifestar su repudio hacia el asesino).

En cuanto a la novela, cuando Smith es atrapado -apenas por sus dudas y por haberse enamorado de Julia, una joven rebelde-, es conducido a la siniestra habitación 101, en la que aquellos que han descubierto que el estado persigue a quienes piensan diferente, a los que interrogan el relato, son enfrentados con sus peores miedos. En el caso del héroe de la sátira, los torturadores llevan los castigos a límites inimaginables, al punto que lo conducen con sus métodos a admitir como verdad absoluta que 2 más 2 es igual a 5. Si Orwell no vivió para ver el éxito de su novela, varias generaciones de cubanos ni se enteraron de su existencia. Castro siempre odió el libro, especialmente porque nunca pudo dejar de identificar al siniestro Gran Hermano con su adorado Stalin. Ahora, por esas cosas de la historia que por suerte es dinámica, el libro llegó a la isla caribeña. Para cerrar estas breves líneas no huelga recordar unas palabras del propio Orwell: "Creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias". Así explicaba su novela, en carta a un sindicalista amigo.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

01 septiembre 2015

Stalin, el Gran Hermano de "1984" de George Orwell


Por Humberto Acciarressi

"Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente". La frase la pronuncia O´Brien, el personaje que lava el cerebro de Winston Smith, en la novela "1984" de George Orwell. Y continúa: "Siempre estará ahí la cara que ha de ser pisoteada. El hereje, el enemigo de la sociedad, estarán siempre a mano para que pueden ser derrotados y humillados una y otra vez. Todo lo que tú has sufrido desde que estás en nuestras manos, todo continuará sin cesar. El espionaje, las traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones se producirán continuamente. Será un mundo de terror, a la vez que un mundo triunfal". A esta imagen de un horror que pocos habían retratado tan bien (entre ellos hay que considerar a Kafka, naturalmente a Conrad), no hace falta añadirle ni una palabra más.

Desde mediados del siglo XX, cuando el libro de Orwell estuvo en las librerías, se escribieron decenas de obras que intentaron averiguar quién fue el Gran Hermano de la célebre novela-fábula ¿En quién se inspiró el escritor inglés para trazar la idiosincrasia y la personalidad de esa criatura siniestra que en el curso del relato es una omnipresencia en las telepantallas y a quien sirven los efectivos de la Policía del Pensamiento? El mismo Orwell, en un reportaje de la revista Life, a pocas semanas de la publicación del libro en 1949, aclaró que 1984 "valoriza las perversiones a las cuales se encuentra expuesto un régimen fundado sobre unas economías centralizadas y que ya han sido realizadas por el fascismo y el comunismo".

Sin embargo hay que tener en cuenta las propias experiencias de Orwell en la Guerra Civil Española, sus peleas con los comunistas ortodoxos y -naturalmente- el bigote grande y negro del Big Brother. Todo eso remite inevitablemente a Joseph Stalin, una figura a la que durante años se le perdonaron demasiadas cosas, y quien, sin embargo, fue una de los personajes más siniestros de la historia. Cuando se escribió "1984", varios intelectuales, antaño marxistas, ya habían roto lanzas con el Kremlin luego de los juicios de Moscú de 1936-1938, y el Proceso Bujarin que inspiró a Arthur Koestler la redacción de su novela "El cero y el infinito". La ficción de Orwell, incluso obviando los tópicos biográficos y literarios - el inglés era un socialista utópico-, anticipó crudamente un sistema represivo que se iba a utilizar no sólo en los países del antiguo Este europeo, sino en aquellos en dónde se entronizaron dictaduras con la excusa de combatir el comunismo. Su obra, sin embargo, fue trascendida por la realidad: el Gran Hermano aún puede tener decenas de nombres.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

29 julio 2015

¿Qué tienen en la cabeza los dictadores como Kim Jong-un?

Por Humberto Acciarressi

Casi nadie en el mundo, salvo él y sus seguidores, duda que Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, está más loco que una cabra. Pese a eso no hay que caer en el error de pensar que es un idiota. Muy por el contrario, es un loco inteligente. O hace cosas que -desde el punto de vista de la propaganda política- le rinden frutos. Los argentinos conocemos algo de eso. Este gordito peligroso es el tercer mandatario de la dinastía de los Kim, que arrancó en 1948 con su abuelo Kim II-sung y se extendió hasta la muerte de éste en 1994, y prosiguió con Kim Jong-il, el padre del actual, que gobernó entre 1994 y el 2011, cuando falleció misteriosamente durante un viaje en tren. Ahora acaba de protagonizar otra de sus payasadas. Rindió tributo en Pyongyang a su padre y a su abuelo, para conmemorar el fin de la Guerra de Corea, que enfrentó al norte y al sur entre 1950 y 1953

El 27 de julio es considerado en Corea del Norte como el "Día de la victoria", un delirio de magnitud, un "relato" sostenido en el tiempo, ya que aquella larga batalla culminó con un alto el fuego que favoreció a ambas Coreas, nunca se firmó un tratado de paz y técnicamente aún siguen en guerra. Pero los Kim necesitaron inventar el mito de la victoria para perpetuarse en el poder. Cada vez que llega la fecha de marras, el líder norcoreano saca a relucir esa mentira que lleva décadas ( basta señalar que cuando se decretó el alto el fuego en aquel lejano 1953, todo volvió al minuto cero del conflicto, es decir, a la restauración de la frontera en el célebre Paralelo 38).

Pero ésta no es la única noticia que nos llega desde aquellos pagos de la península asiática. Paralelamente a la reinvención constante de la farsa histórica, y en medio de sus delirios nucleares y sangrientas persecuciones a los opositores, Kim mandó a destruir, en todos sus formatos (hay que recordar que internet está prácticamente vedado), la música considerada "peligrosa para la población" por el partido Comunista. Y como en la recordada novela de Bradbury, "Fahrenheit 451", los discos serán quemados. La secretaría de Propaganda y Agitación elaboró un listado de canciones no permitidas y la ciudadanía debe deshacerse de las mismas. El fuego hará el resto. Mientras, el "kimismo" sigue con la tradición de ponerle el nombre de los miembros de la familia a cualquier cosa que inauguran y levantan estatuas de ellos mismos por todo el país. Locos y peligrosos.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

04 enero 2015

Los chinos censuran las lolas en una telenovela

Una telenovela histórica china volvió a la pequeña pantalla tras haber sido retirada y modificada debido a que los censores consideraron que el pecho de las actrices era demasiado voluptuoso bajo sus vestidos de época. Ahora, en la versión editada de esta superproducción sobre la vida de la emperatriz Wu Zetian, que vivió al final del siglo VII, ya sólo aparece la cara de sus protagonistas, sin el busto, precisó la agencia de prensa Xinhua.

La serie histórica sobre la única emperatriz que ha tenido China en toda su historia -encarnada por la estrella internacional Fan Bingbing-, empezó a emitirse el 21 de diciembre en la cadena de televisión por satélite Hunan TV. Una semana después se interrumpió la difusión de "La emperatriz de China" y los productores alegaron "razones técnicas". 

Furiosos, los internautas no tardaron de establecer la relación entre la suspensión y los bustos y sensuales curvas de las actrices, que sin embargo iban siempre vestidas con trajes de época. La poderosa Administración de Estado de la Prensa, la Edición, la Radio, el Cine y la Televisión se negó a explicar los motivos de la retirada de la serie. Pero su vuelta a la pantalla, con sus heroínas reenmarcadas en formato "primer plano", confirmó que la tesis de los internautas era la correcta.

05 junio 2012

Una multa de 205.000 dólares por tener un hijo en China


Todo comenzó cuando una pareja china tomó la decisión de darle un hermanito a su hijo. Lo que olvidaron es que por eso se convertirían en víctimas de un castigo ejemplar. Ahora deberán pagar 205.000 dólares por romper la política oficial del "hijo único". La multa, impuesta a un matrimonio de Ruian, es la más alta que fijaron las autoridades. La elevada cifra a pagar por los padres, cuyas identidades no fueron reveladas, resultó de multiplicar de cuatro a ocho veces sus ingresos anuales, como estipula la legislación del distrito Wenzhou, donde viven muchas familias adineradas. 

La ciudad de Ruian, ubicada en la costa sudeste de China, tiene el récord de ser la que registra las máximas multas fijadas hasta el momento. Casi la mitad de los matrimonios de Wenzhou tienen dos hijos y más de una docena fueron penalizados con más de 156.825 dólares. La multa más elevada hasta la fecha fue impuesta en abril pasado, también a unos padres de Ruian, y se elevaba a 196.032 dólares.

La pareja que deberá pagar y que estableció el nuevo récord había tenido su primer hijo varón en 1995. A pesar de no ajustarse a las escasas excepciones que la ley de "hijo único" permite, finalmente tuvieron una hija en febrero. Entre los requisitos que impone la legislación para permitir un segundo hijo figuran que ambos cónyuges sean hijos únicos, que residan en zonas rurales si el primer descendiente fue mujer o que el nene sufra una enfermedad no hereditaria. La política del "hijo único" se instauró en 1979 para frenar la superpoblación en China y, según las estadísticas gubernamentales, logró reducir el crecimiento demográfico anual de 1,35 millón, en 1980, a 630.000, en la actualidad. Estos chinos están re locos.