23 de octubre de 2014

La pregunta que a veces no puede responderse


Por Humberto Acciarressi

Cada tanto, a uno le hacen una pregunta que es casi imposible de contestar: "¿Qué me recomendás leer?" Con los años se descubre que es más fácil sugerir músicas y hasta películas (lo que cual también es bravo), y siempre teniendo en cuenta las afinidades que puede tener con uno el recomendado. Pero con la literatura la cosa es peliaguda. La tendencia inicial es responder "¿Y qué se yo?", pero como del interrogante se infiere un interés, no hay razones por las cuales ser desatento. Y eso deriva, naturalmente, en otras preguntas que uno jamás haría aunque dadas las circunstancias deben formularse: ¿clásica o moderna?, ¿cuento o novela?, ¿poesía o ensayo?, ¿latinoamericano o europeo?, ¿norteamericano o asiático?, ¿para todos los gustos o de culto? Es un incordio con todas las letras.

Pero hay algo que tampoco suele tenerse en cuenta. Uno no es siempre el mismo. Hace años yo recomendaba lecturas que hoy no me atrevería. Y no sólo porque ciertas pasiones quedaron en el pasado, sino porque en la actualidad, recomendar algunos grandes libros, es poner al otro sobre el filo de la navaja, sea porque es incapaz de entenderlos o porque se trata de una persona de las que no terminan de leer el título de un artículo cuando ya pasaron a otra cosa. No vamos a decir "esto antes no pasaba", ya que sería mentira. Si podemos asegurar que ocurría menos ¿Se puede recomendar actualmente el "Ulises" de Joyce o conviene aconsejar las "Dublinenses"?, ¿se le puede decir a alguien leé "La broma infinita" de David Foster Wallace, una obra monumental y pantagruélica? Yo le diría que comience por "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer" o "Hablemos de langostas".

Hay que reconocer que cada tanto uno se lleva agradables sorpresas. Por ejemplo que finalmente, por las suyas y a su tiempo, como recomendaba Borges, quien preguntaba llega a esos libros más caudalosos y se enamora de ellos. Y ya que hablamos del mejor prosista en lengua castellana de los últimos siglos, recordemos uno de los consejos que les daba a sus alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires: "Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas". Claro que Borges era Borges. Uno, por más molesto que se sienta, siempre termina cayendo en la desdicha de estas consideraciones sobre la que escribimos hoy.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)