10 de abril de 2015

Las verdades y los misterios en torno al vuelo de Yuri Gagarin


Por Humberto Acciarressi

El 12 de abril de 1961 cayó miércoles y fue a las 9.07 de la mañana, en la ex Unión Soviética, cuando Yuri Gagarin -con el nombre en clave de Kedr ("cedro" en ruso)- fue lanzado desde el Cosmódromo de Balkonur a bordo del Vostok 1. El primer ser humano que viajaba al espacio no iba a protagonizar ni de lejos una película de Hollywood en materia de grandeza visual. Ni siquiera en duración. Sin embargo, su odisea marcó el camino de la carrera espacial y puso a la URSS a la cabeza de la misma, en plena Guerra Fría. En total, el vuelo de Gagarin duró apenas 108 minutos, menos que cualquiera de las versiones de "Alien". Y su misión consistió en hablar por radio, verificar si podía comportarse de forma normal sin gravedad y convertirse en el primer hobre en comer en el espacio. A diferencia de lo que vino después, las científicos estaban lejos de imaginar qué ocurriría en el trayecto.

Ese 12 de abril, una cantidad innumerable de monos y vaya a saber que otra clase de bichos (entre ellos la pobre perra Laika) ya sabía lo que era morir fuera de la atmósfera terrestre. A la mayoría de los animalitos no les había ido muy bien con el stress, incluyendo a la perra famosa. En ese marco, los científicos soviéticos no tenían la menor idea de lo que iba a suceder con Yuri Gagarin: si aguantaría la ingravidez, si se volvería loco, si tendría convulsiones hasta morir, si mutaría en un ser diferente al estilo de la película "Especies". Es de sospechar que Yuri conocía los peligros y no tuvo ningún inconveniente en afrontarlos. El pobre tipo sufrió tantos problemas que estuvo a punto de morir rostizado y encima cayó a 110 kilómetros de la entonces Stalingrado, más concretamente en la provincia de Sarátov. A las 10.20 de aquel día, los habitantes de Smelovka vieron su paracaidas y la campesina Anna Tajtarova y su nieta Rita fuera las primeras en ayudar al extraño personaje de traje naranja y un casco con las letras CCCP.

Hay muchas cosas que no se saben de aquella aventura y de la posterior suerte de Yuri Gagarin. Por ejemplo, que antes de partir al espacio le escribió una carta a la familia, otra al pueblo soviético, cargó un arma por si las moscas y se dispuso a convertirse en el primer hombre en aventurarse en el cosmos (este hijo de un ama de casa y un carpintero tardó nueve minutos en entrar en el espacio). Previamente, el peso de su cuerpo había aumentado cinco veces y las palpitaciones llegado a 150 por minutos. Sus primeras palabras pasado el susto, mirando por la ventanilla, fueron "La Tierra es azul. Es hermosa". Luego le inventaron otras, como "Acá no veo ningún Dios". Nadie lo pensaba, pero sobrevivió, regresó a la Tierra y fue tenido como un héroe. Al tiempo se volvió alcohólico, le sacaron el permiso para volar, chocó con su auto y murió a los 34 años cuando el MIG-15 que piloteaba se estrelló misteriosamente en las afueras de Moscú. Hay cosas que tal vez jamás nunca sepamos.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)