30 de septiembre de 2014

Mafalda, una nena de cincuenta años


Por Humberto Acciarressi

En el vasto universo de la historieta, entre quienes han logrado eternizar un personaje a niveles planetarios, es indudable que se encuentra Joaquín Lavado, Quino, con la ya cincuentenaria Mafalda y su barra de amiguitos y familia. La amiga de tantas generaciones de chicos (un caso digno de estudio que trasladamos a los sociólogos interesados), apareció en las páginas del semanario “Primera Plana” el 29 de septiembre de 1964. Fue allí donde nació la enemiga pública número uno de la sopa, a quien Quino dejó de dibujar el 25 de julio de 1973, en las páginas de “Siete Días. Los fanáticos de la tira saben que Mafalda tuvo un comienzo edípico: estaba sola con el padre. Más tarde llegaron la madre, Felipe, Manolito, Susanita, su hermanito Guille, Miguelito y Libertad, en ese orden. Sus andanzas fueron registradas en revistas y periódicos de más de treinta idiomas, entre ellos el chino y el finlandés.

Con su pelo oscuro y su cara redonda, los comentarios ácidos sobre el estado del mundo y sus habitantes -especialmente los gobernantes-, Mafalda hizo reir y reflexionar. En sus historias y en las peculiaridades de sus compañeros, está toda la década del 60. Y si algo ha pasado de moda, lo esencial queda. La prueba de esto es que sus aventuras cautivan a los hijos de los hijos de los hijos que la leían hace cinco décadas. E insistimos: en todo el mundo. La globalización digital no difundió la imagen de Mafalda. Lo que hizo fue dejar constancia de un fenómeno preexistente. La nena y sus amigos convivieron en una época que contuvo la Guerra de Vietnam, la guerrilla del Che en Bolivia, la llegada del hombre a la Luna, el Flower Power, la aparición de los Beatles, el Boom latinoamericano, la Revolución Cultural China, la píldora anticonceptiva, la crisis de los misiles, los asesinatos de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King, el Mayo francés, la Primavera de Praga, la Noche de los Bastones Largos, el Cordobazo y el Rosariazo argentinos, y mil cosas más.

Alguna vez escribimos sobre los aspectos menos conocidos de Mafalda. Ahora los resumimos en dos hechos nimios ocurridos en 1962, en medio de las convulsiones políticas por las que atravesaba el país. Un día de ese año, Quino se metió en un cine de Buenos Aires para ver la película "Dar la cara", dirigida por José Martínez Suárez y basada en la novela homónima de David Viñas. Alguna vez recordó que le causó gracia el nombre de una bebé que aparece en la obra: Mafalda. Paralelamente, Miguel Brascó le había encomendado al dibujante una historieta para promocionar una marca de electrodomésticos.La empresa Mansfield había puesto una condición: en la tira deberían aparecer algunos artículos del hogar y los nombres de los personajes tenían que comenzar con "M". Después de idas y venidas, y del fracaso del emprendimiento comercial, Brascó publicó tres historietas en el suplemento "Gregorio" de Leoplán, hasta que en 1964 "Mafalda" apareció en Primera Plana gracias a la visión de Julián Delgado, luego director de Mercado y del Cronista Comercial, secuestrado y asesinado por la dictadura militar.

Aún se recuerda el estupor que causó entre los lectores cuando Mafalda dejó de salir en 1973, es decir cuando Quino se manifestó "cansado de dibujarla". La nena que odiaba la sopa y sus amiguitos se habían convertido para esa época en una página obligatoria de revistas y diarios de varios países americanos y europeos. Los planteos de modificar el mundo estaban de moda, aunque eso no explica ni de lejos el éxito de una historieta de un país austral como la Argentina, cuna de los mejores dibujantes y guionistas del planeta en palabras de los estudiosos de la materia. Después de 1973, la fama de Mafalda se hizo enorme. Umberto Eco confesó "amarla", fue la figura de congresos de todo tipo, incluyendo de las Naciones Unidas. En una Feria del Libro, no hace mucho, Quino recordó una frase de Ernesto Sábato: "Mafalda fue lo que fue porque tocaba temas profundos del alma humana". Una afortunada manera de definirla.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)



MAFALDA EN EL PASEO DE LA HISTORIETA EN BUENOS AIRES