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26 enero 2020

Behind the scenes de "Día de lluvia en Nueva York", de Woody Allen


Por Humberto Acciarressi

Timothée Chalamet, Selena Gomez (brillante), Elle Fanning (la hermana menor de Dakota, con una actuación estupenda), Jude Law y Rebecca Hall encabezan el reparto de "Un día de lluvia en Nueva York", la última película de Woody Allen, a quien los críticos de su país (seguidos por los corifeos de otros) hace rato que le vienen pegando duro y parejo. Esto, muchas veces, ocurre por cuestiones extra artísticas; pero otras, las más graves, porque la crítica de cine hace rato que dejó de estar a la altura de los films que comenta. Es abismal la falta de bagaje cinematográfico (para mencionar apenas unas de las ramas de la cultura) de las nuevas generaciones. Basta leer dos, tres, seis, diez comentarios al azar, para darse cuenta de que se copian unos a otros, con el único sustento de las gacetillas de las distribuidoras y la ayuda de la wikipedia (cuando se trata de poner en ese dudoso cielo de la moda a algunos bodrios insoportables), y denostar a verdaderos genios cuando una supuesta avant-garde así lo dictamina.

En lo que respecta a Woody Allen, su nombre seguirá resonando y sus películas continuarán viéndose, cuando nadie recuerde a los descerebrados (algunos muy famosos) que lo critican. "Un día de lluvia en Nueva York" es Allen en estado puro; una pequeña obra maestra con actuaciones dignas de un director de actores que ha hecho escuela ¿Y por qué decimos "pequeña obra maestra"? Porque cualquier película salida del genio de Allen deja muy atrás, a no pocos años luz, a cualquiera de muchos de los esperpentos que compiten desde hace años en los principales festivales del mundo. En estos tiempos de posverdad, Woody Allen (uno más, entre tantos otros) es un lujo no apto para idiotas.



18 febrero 2018

La felicidad y el diseño de la creación


"A través de la vida debemos enfrentarnos a decisiones angustiosas. A elecciones morales. Algunas son a gran escala. Muchas son menos importantes. Pero nosotros nos definimos por las elecciones tomadas. De hecho, somos la suma total de nuestras decisiones.Los hechos se desarrollan impredeciblemente, injustamente. La felicidad no parece estar incluida en el diseño de la creación. Somos nosotros, con nuestra capacidad para amar, los que damos un sentido al universo indiferente. Y aún así, la mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad para seguir intentándolo e inclusive encontrar alegría en las cosas sencillas, como en la familia, en el trabajo y en la esperanza de que las futuras generaciones puedan comprender más"

Woody Allen
(en boca del profesor Levy, personaje del film "Crímenes y pecados")

22 noviembre 2016

El dinero y la salud según Woody Allen


"(...)el dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: ´mira que moreno estoy, y además no me resfrío nunca´ y suponer que va a regalarle su mercancía (a menos, naturalmente, que el carnicero sea un idiota). El dinero es mejor que la pobreza, aunque sea por razones financieras. No es que con él se pueda comprar la felicidad. Tomad el caso de la hormiga y la cigarra: la cigarra se divirtió todo el verano, mientras la hormiga trabajaba y ahorraba. Cuando llegó el invierno, la cigarra no tenía nada, pero la hormiga se quejaba de dolores en el pecho (...)"

Woody Allen
("Sin plumas")

24 septiembre 2016

Crímenes y pecados


Alguna vez ya publiqué este fragmento en este magazine digital, pero como estoy preparando un trabajo sobre Woody vuelvo a postearlo. El texto se lo merece:


"A través de la vida debemos enfrentarnos a decisiones angustiosas. A elecciones morales. Algunas son a gran escala. Muchas son menos importantes. Pero nosotros nos definimos por las elecciones tomadas. De hecho, somos la suma total de nuestras decisiones.Los hechos se desarrollan impredeciblemente, injustamente. La felicidad no parece estar incluída en el diseño de la creación. Somos nosotros, con nuestra capacidad para amar, los que damos un sentido al universo indiferente. Y aún así, la mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad para seguir intentándolo e inclusive encontrar alegría en las cosas sencillas, como en la familia, en el trabajo y en la esperanza de que las futuras generaciones puedan comprender más"

Woody Allen
(en boca del profesor Levy, personaje del film "Crímenes y pecados")

12 agosto 2016

Los dos caminos de la humanidad


"Más que en en ninguna otra época de la historia, la humanidad se halla ante una encrucijada. De los dos caminos a tomar, uno conduce al desaliento y a la desesperanza más absoluta. Y el otro a la total extinción"
Woody Allen 
(de su libro "Perfiles")

01 julio 2016

Lectura rápida


"Hice un curso sobre lectura rápida y leí Guerra y Paz en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia"
Woody Allen

24 marzo 2016

Las dos caras de Humphrey Bogart, un duro a pesar suyo


Por Humberto Acciarressi

Según se cuenta, en una ocasión un periodista le preguntó a Humphrey Bogart la razón por la cual no era más afectuoso con sus admiradores: De hecho se parecía a muchos de sus personajes, inspirados o directamente tomados de los famosos "duros" de las páginas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Boggie respondió sin siquiera pensarlo: "La única cosa que uno le debe al público es una buena actuación". Y así lo hizo desde que protagonizó a un gánster acorralado en "El bosque petrificado" hasta sus últimas apariciones en "Horas desesperadas" y "La caída de un ídolo", además de tener sus picos más altos en los filmes de John Huston: "El halcón maltés", "El tesoro de la Sierra Madre", "La reina africana" (con la que obtuvo un Oscar), y definitivamente en "Casablanca", de Michel Curtiz. Pero esa es apenas una verdad a medias.

Esa sonrisa que sus directores sólo le permitían de costado y sarcástica, acompañada de una manera irónica y hasta burlona de mirar a las chicas, parece ser que era muy cariñosa en su vida cotidiana, íntima. Y por eso las mujeres que lo conocieron sostuvieron que era "un dulce", todo lo contrario del tipo de permanente impermeable, sombrero de ala caída y conversación cansina y aparentemente desinteresada. Atributos, por otro lado, que todos los hombres han envidiado más de una vez, como en la película de Herbert Ross, "Sueños de seductor", interpretada por Woody Allen ¿Qué tipo no ha soñado alguna vez con ser Rick y darse el gusto de decirle a Ingrid Bergman, al pie de un avión, que se vaya nomás con el otro, que después de todo nadie le borra lo vivido? Y si alguno me dice que no, es mentira.

Este excelente actor, que había nacido en enero de 1899 y falleció de un cáncer de esófago en el mismo mes pero de 1957, vivió sus últimos doce años acompañado por su esposa, la bella Lauren Bacall, con quien trabajó en películas memorables y que compartió con él marchas contra el macartismo en Hollywood. Alguna vez escribimos, basados en una encuesta, que Bogart no tuvo casi ninguna de esas cosas que le interesan a la mayoría de las mujeres que inventan los hacedores de estereotipos. No era atractivo en el sentido clásico; no tenía la musculatura o el bronceado que algunas ponen por sobre los demás atributos masculinos; casi siempre fue un perdedor nato, de esos que reciben palizas y se juegan patriadas que los convierten en héroes por un día. 

Y sin embargo, sus amores imposibles con Ingrid Bergman en "Casablanca" o con Mary Astor en "El halcón Maltés", por dar dos ejemplos, han quedado estampados en el imaginario colectivo como las grandes pasiones del cine. O la locura patética del oficial de "El motín del Caine", uno de sus grandes papeles en la pantalla. Con sus personajes, habitantes perpetuos del lado oscuro de la vida, desdeñosos e indiferentes, Bogart entró en la leyenda. Como nadie es dueño de su posteridad, el hombre cariñoso en la intimidad apenas sirve como anécdota.

(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)

19 diciembre 2015

09 junio 2015

Peter Sellers, un actor genial, extraño y supersticioso


Por Humberto Acciarressi

Fue un británico de apariencia gris y mirada solemne, con el aspecto anodino de un corredor de bolsa. Sus biografías y quienes lo conocieron afirman, además, que fue un tipo bastante extraño, raro, un melancólico que saltaba de la tristeza a la alegría casi sin proponérselo. Aunque por sobre todas las cosas, Peter Sellers fue un actor brillante, un clásico que a 35 años de su muerte aún puede verse sin problema alguno de anacronismo. Esto vale para el indio despistado de "La fiesta inolvidable", el torpe inspector Clousseau de "La Pantera Rosa", el monumental y perverso Quilty de "Lolita", el doctor Fassbender en "¿Qué pasa, Pussycat?" (film en el que debutó Woody Allen), sus papeles en "El quinteto de la muerte" y en "Dr.Insólito", su rol de Chuancey en "Desde el jardín", la película inspirada en el libro de Jerzy Kosinski (quien se quitó la vida ahogándose con una bolsa de plástico) que casi le vale un Oscar a Sellers, que lo perdió a manos de Dustin Hoffman con "Kramer vs. Kramer".

Hay que decir, además, que el comediante era un descreído del mundo. Actor teatral, en una oportunidad se sentó en el escenario y estuvo toda la obra escuchando discos en un fonógrafo. Cuando la gente lo aplaudió a rabiar, Sellers llegó a la conclusión que se encontraba frente a un grupo de deficientes mentales. Pocos saben que se inició en la actuación contando chistes a los aviadores que iban a la muerte durante la Segunda Guerra Mundial, tras la cual ingresó a la BBC y luego al cine. En los últimos años de su vida sostenía que no era un actor sino "un medium", y que podía ver el futuro. Frecuentó el cristianismo, el budismo, el yoga y los curanderos filipinos, pero su verdadera creencia era la superstición. Evitaba el color verde, no dejaba las llaves sobre la mesa, y si se ponía una media al revés la mantenía así todo el día. Tenía una terquedad que, en el tema de las supersticiones, se semejaba al detective Clousseau, de quien decía: "Es un policía tan dedicado que pese a sus infortunios no se da cuenta de que es un idiota".

Otro capítulo importante de su vida fueron las mujeres: las deseaba intensamente y después de un tiempo perdía totalmente el interés. Esposas o amantes, pasaron por la cama de Sellers -entre otras- la condesa sueca Titi Wachtmelster, la aristócrata Miranda Quarry, Liza Minelli y Mía Farrow. Ingería decenas de pastillas afrodisíacas que lo llevaron de cabeza al primer ataque al corazón, cuando estuvo muerto siete veces sobre la camilla, lo que llevó a límites insospechados su creencia en lo sobrenatural. Nunca se cuidó y su frase preferida era "Hay que vivir antes de morir, ya que de lo contrario se muere antes de vivir". El último papel del actor inglés fue en "El diabólico doctor Fu Manchú", cuyo estreno no llegó a ver. Después de un segundo ataque al corazón, los médicos le habían aconsejado reposo. No hizo caso. Lo mató el tercero, en 1980, cuando tenía apenas 54 años. Lo último que dijo fue "Volveré" y lo hizo mirando fijo a su cuarta esposa, Lenny Frederick. Vale aclarar que Sellers creía en la reencarnación.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

23 diciembre 2014

Algunas palabras sobre la muerte de Horacio Ferrer


Por Humberto Acciarressi

Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, los hermanos Expósito, Celedonio Flores, naturalmente Alfredo Le Pera (el socio compositivo de Gardel), Eladia Blázquez, Pascual Contursi, Enrique Cadícamo... El listado de los poetas del tango, de aquellos que como Manzi prefirieron "hacer letras para los hombres en lugar de ser hombres de letras", es larguísimo y de insólita calidad para cualquier género musical. Ahora acaba de morir Horacio Ferrer, compañero poético de Astor Piazzolla y autor de las letras de temas emblemáticos como "Balada para un loco", "Chiquilín de Bachín" o "Libertango". De hecho, Ferrer también revolucionó las palabras de nuestra música como Piazzolla lo hizo con la música.

Hay una anécdota referida a dos poetas chilenos. Se dice que en una oportunidad le preguntaron a Vicente Huidobro lo que opinaba sobre "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda. El inventor del creacionismo respondió: "Para tangos me quedo con Gardel". Con permiso del autor de "Altazor", podemos decir que antes que muchos "Coelhos" que pululan por el mundo, nos quedamos con quien escribió, en "Balada para mi muerte", " (...) moriré en Buenos Aires, será de madrugada, que es la hora en que mueren los que saben morir. Flotará en mi silencio la mufa perfumada (...)". El mismo que dejó anotado: "Hoy, que Dios me deja de soñar".

Se ha dicho mucho sobre la muerte de Ferrer. Anotemos que conoció a quien admiró y quiso como a un hermano, es decir a Piazzolla, en 1955, cuando éste tenía su Octeto Buenos Aires. Recién en 1968, con la opera "María de Buenos Aires" comenzó una de las sociedades poéticas más renombradas del mundo. A partir de entonces, entre los dos, hicieron nada menos que 54 obras, una cantidad casi imposible de igualar. Grela, Federico, Garello, Salgán, fueron otros músicos para quienes escribió sus hermosos poemas. Estos tienen todo lo que una buena letra de tango debe tener. No son muchos quienes conocen uno de los temas que compuso con Garello y que le dedicó a Woody Allen. En un fragmento dice así: "Woody Allen quiero verte en Buenos Aires,/ ruso piola y atorrante de Manhattan,/ con tu cara de gilastro / y tu corazón en llamas,/ te veo por Corrientes palpitando/ nostalgias que hacen mal pero son lindas:/ Buenos Aires, viejo Woody, es una mina/ de la que ya never more escaparás".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

17 enero 2014

"Queremos tanto a Woody", en el Borges


Por Humberto Acciarressi

Desde que en 1980 Julio Cortázar escribió uno de sus últimos libros de cuentos, "Queremos tanto a Glenda", inspirado en el amor platónico que sentía por Glenda Jackson, ese título se convirtió en un clásico excesivo del periodismo. Similar, en todo caso, al "Crónica de una muerte anunciada" o "En busca del tiempo perdido", aplicándoselo a cuestiones rebuscadas hasta el cansancio. Fue en lo primero que pensamos cuando el Centro Cultural Borges anunció que a partir del 6 de febrero se exhibirá en su sede, en Viamonte y San Martín, la muestra "Queremos tanto a Woody", una visión del artista plástico Hugo Echarri sobre el director neoyorquino. Sin embargo, a juzgar por el material que hemos visto, el nombre de la exposición está muy bien acreditado.

Con la curaduría de Diana Saiegh -que por su lado contó con la colaboración de Virginia Fabri-, una instalación y 25 pinturas de gran tamaño dan cuenta, de manera altamente eficaz, de la personalidad del creador y recreador de "Manhattan" y sus personajes. Siendo el arte de Woody y el de Echarri la imagen, no es frecuente hacerlos entrelazar con fortuna. Pero infrecuente no es imposible y éste es el caso. El autor de las obras se da hasta el lujo de hacer interactuar a Allen con poetas como César Vallejo y leyendas populares como el Gauchito Gil, recurriendo a técnicas que van desde el dibujo hasta los fotogramas de películas intervenidos, pasando por fotografías y otras disciplinas. "El uso del color es una de las claves para captar los trabajos de Echarri que, desprejuiciadamente, arremete con la fuerza de sus verdes brillantes, los azules plenos y los rojos desafiantes”. dice la curadora.

Echarri, con más modestia, asegura que sus “obras son apenas un tributo y un reconocimiento a un artista lucido del tiempo y la sociedad que me toca vivir”. A lo que añade muy categóricamente: “Si algo caracteriza a nuestra sociedad y al cine de Allen es el individuo sumergido en sus obsesiones y su inestabilidad emocional, producto de factores políticos, sociales y económicos. Por ello, quienes constituimos el público de sus películas nos sentimos no sólo interpretados por su mirada, sino reflejados en algunos de sus variados personajes”. Si las películas de Woody poseen un relieve existencialista en torno a las preocupaciones humanas en tono humorístico, las pinturas que lo homenajean en esta muestra no carecen del mismo sentido. Pero una imagen no se puede "contar". Habrá que visitar el Borges entre el 6 de febrero y el 6 de marzo, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)





04 enero 2009

Casualidad, anuncio y consejos


"Hay algo terrible en la realidad. No sé qué es. Y nadie me lo dice", se desespera Mónica Vitti en "El desierto rojo", película con la que Michelangelo Antonioni dejó el blanco y negro y adoptó el color allá por 1964. Hace un rato fui a mi videoteca y volví a verla, me maravillé nuevamente, a horas de haber hecho otro tanto con la última de Woody Allen, "Vicky Cristina Barcelona", con actuaciones excepcionales de Javier Bardem, Rebecca Hall, Scarlett Johansson y, aunque más brevemente, Penélope Cruz. 

Dos o tres días atrás disfruté con bastante entusiasmo "La mujer sin cabeza", de nuestra compatriota Lucrecia Martel (que nació dos años después de la obra maestra de Antonioni) con la gran actuación de María Onetto. ¿A qué va todo esto? A que curiosamente, no fue buscado, fue casualidad, las tres películas -salvando las distancias- refieren distintos aspectos del universo femenino, lo que me inspiró algo que estoy escribiendo y subiré en breve. 

Mientras tanto, los críticos feroces del cine argentino ( yo soy uno de ellos) vean la película de Martel; los que dicen que Woody está agotado, miren esta nueva muestra de que hay pocos directores que conozcan a las mujeres como él; y los que creen que el mundo nació en los noventa, dense una vuelta por Antonioni, que nunca está de más codearse con la genialidad.