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23 octubre 2015

Carta Abierta y su voto en contra del deber intelectual

HORACIO GONZALEZ
Por Humberto Acciarressi

Desde hace bastante tiempo, los intelectuales del conglomerado kirchnerista conocido como Carta Abierta venían -como señala el tango de Discépolo- en "falsa escuadra". Incluso sus últimas "cartas" dejaban bastante que desear en materia de aportes de ideas, y ni hablar de la creación insospechada e inútil de la pomposamente llamada Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dirigida por el intelectual y encandilado funcionario cristinista Ricardo Forster. Uno de los líderes de Carta Abierta, Horacio González, titular de la Biblioteca Nacional, parece ser el más rebelde de la agrupación, o por lo menos el más consecuente con sus argumentos. Eso, sin olvidar que fue precisamente él quien en su momento pidió que el entonces reciente Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, no inaugurara la Feria del Libro. Recuerdo que cuando la presidente lo desautorizó públicamente, en charla con exponentes de ese colectivo, me atreví a sospechar que González iba a renunciar. No lo hizo.

Ahora es el mismo sociólogo quien dice que el grupo votará a Daniel Scioli, pero que lo hará "con cara larga", "desgarrados", que objeta "algunas definiciones del candidato", a quien considera "en líneas generales, como el menos malo". No hay que olvidar que fue en el marco de una reunión de Carta Abierta que Randazzo dijo aquella frase grosera sobre el "proyecto manco" en alusión a la discapacidad física del hoy candidato kirchnerista Daniel Scioili. En ese entonces, antes de que la presidenta bajara de un hondazo a su risueño rival, el gobernador bonaerense era objeto de ataques y burlas de La Cámpora, el programa 678 y los voceros mediáticos del gobierno. Ahora, en las antípodas del deber de un intelectual, estos escritores, editores y funcionarios kirchneristas, van a votar a Scioli por mandato de Cristina Fernández. No hay otra razón. Y queda definitivamente atrás el postulado inicial de Carta Abierta, cuando González sostiene: "Espero que la próxima política cultural no se base en Montaner y en los Pimpinelas", aludiendo a los gustos del candidato del Frente para la victoria.

Lamentablemente para el país, lo que no quieren aceptar González, Forster y compañía, es que a la presidente no le interesa en lo más mínimo la opinión de "sus" intelectuales. Imagino que eso debe ser desalentador para quienes se reúnen en la Biblioteca Nacional para debatir qué decir ante cada dislate que comete el gobierno. Pero lo fundamental es que Carta Abierta no trabaja codo a codo en la gestión de ideas, sino que camina, a paso de tortuga, varios kilómetros detrás de los cambios del kirchnerismo. Ni siquiera en las medidas que se atrevieron a criticar tuvieron suerte. Cristina, se sabe, es lectora de best sellers, diarios adictos, una vez recomendó "El mercader de Venecia" en alusión a los fondos buitres sin que eso signifique que conozca a Shakespeare, y Zanini es quien le marca el camino de las políticas de gobierno.

Hay que decir con todas las letras que el colectivo, a días del adiós de la señora presidente, ha fracasado. Y no lo digo yo, sino el propio González en representación de sus compañeros de ideas, como viste más arriba. Jamás logró darle un marco conceptual al gobierno de los Kirchner -en ninguna de sus etapas-, sólo ha servido para justificar todo en nombre de la intelectualidad partidaria, y muy lejos de lo que en su momento hizo el Grupo Esmeralda. Este nucleamiento que debía su nombre a la calle del departamento en dónde se reunían sus integrantes, y que entre otros contaba con la participación activa de Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ipola, tuvo su punto más alto en lo que la historia conoce como el "Discurso de Parque Norte" y considera uno de los más importantes del siglo XX argentino, pronunciado el 5 de diciembre de 1985 por el entonces presidente Raúl Alfonsín, gran lector y que jamás dejó de pedirle a los intelectuales -incluso críticos de su gobierno- sugerencias y orientaciones. Pero esto deberá ser fruto de un análisis más largo.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

#Elecciones Presidenciales 2015

18 febrero 2015

La única estupidez que le faltaba a Carta Abierta


Por Humberto Acciarressi

Si algo le faltaba a ese conglomerado oficialista llamado Carta Abierta, ese nucleamiento que alberga al funcionario kirchnerista Ricardo Forster -que dirige la inexplicable y fascistoide Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional -, al director de la Biblioteca Nacional Horacio González, y a un número nunca conocido de gente que escribe, era solicitar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que prohíba la marcha convocada por los fiscales en homenaje a la memoria de su colega Alberto Nisman, cuya muerte no elude la posibilidad de un crimen político. Estos pseudo-intelectuales que sobreviven al amparo del poder kirchnerista le solicitaron a los magistrados del alto tribunal que frenen lo que ellos denominan "convocatoria desestabilizadora” de los integrantes del Poder Judicial argentino.

Sería largo enumerar los ensayos, opiniones y estudios sobre el papel del intelectual en la sociedad. Desde los lejanos tiempos del Siglo de Oro griego hasta la actualidad, han sido miles los escritores, filósofos, ensayistas, poetas y científicos que han dado su vida por mantener su independencia frente a las más variadas formas del poder. Y lo han hecho, cada uno con su idea y en su tiempo, con la certeza de que el poder es dogma que ordena, mientras que la labor intelectual debe ser la de desarmar esos argumentos preestablecidos. Por eso el verdadero intelectual debe encarnar el contrapoder, y aún así mantener la mente abierta para reflexionar también sobre esto último.

Algunas dictaduras del siglo XX -la fascista en Italia, la nazi en Alemania, el stanilismo en la URSS anterior al llamado "deshielo"- fueron impiadosos con los intelectuales opositores. Y muy generosos con los adictos a esos regímenes. Esas tres grandes desgracias que tuvo la política mundial en la centuria pasada dejaron múltiple descendencia, aunque formada por hijos patéticos, que ni siquiera le llegan a los tobillos a las bestias de sus antepasados en ese quehacer de defender al poder del Gran Hermano orweliano. En ese conglomerado casi surrealista se encuentra Carta Abierta, que lo viene demostrando con el entusiasmo servil del esclavo predilecto del amo. Ahora le han encomendado intentar frenar una marcha, como antes le dieron otros trabajos sucios (recordar a Horacio González cuando Mario Vargas Llosa vino a abrir una Feria del Libro o a Forster diciendo que la denuncia de Nisman contra la presidente y su entorno, fue para arruinarle el verano a los argentinos), y en el futuro le encomendarán otros. Allá ellos, socios de D´Elía en los argumentos, pero que dejen de llamarse intelectuales. Son militantes que llevan la letra "K" como otros llevaron la cruz gamada.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

22 julio 2011

¿La Biblioteca Nacional ya es propiedad K?

Por Humberto Acciarressi

Con esa costumbre ya inherente a los llamados "intelectuales kirchneristas" (un dislate idiomático), dicen cosas, se arrepienten, los retan, y al rato están sosteniendo que no dijeron lo que todos escucharon. Horacio González, autor de la nota anti-Vargas Llosa, ya sabe lo que es recibir retos directos de la Rosada. Lo peor es que el titular de la Biblioteca Nacional los aguanta como un perro sin recursos. Y después, nobleza obliga, da la cara.

Igual no creo en la modestia de González ni de Forster. Ellos creen ser la vanguardia ideológica del "modelo" (¡¡¡cómo se reiría Cortázar de estas generalizaciones de una palabra!!!) y, como siempre ocurre, terminan a la cola y con más temores que certezas. Necesitaría varias columnas sólo para citar algunos ejemplos. Ahora, los integrantes de Carta Abierta se reunieron en la Biblioteca y debatieron sobre la perfomance de Filmus en las elecciones porteñas. A "Pan triste" -denominación puesta a su candidato por el propio kirchnerismo- le dieron con un palo. También lo hicieron con "678", Fito Páez y los medios oficiales y oficialistas. Como sus jefes políticos se enojaron, los "intelectuales" metieron la cola entre las piernas y ahora dicen que no dijeron lo que sí dijeron. Si no fuera patético, sería digno de una comedia de Neil Simon. Pero hay algo que no se negó.

Horacio González manifestó que el balotaje puede ser tranquilamente de 70 a 30% a favor de Macri. Y añadió que eso "pondría en peligro nuestra forma de militancia y la Biblioteca Nacional misma". Que hagan sus catarsis en sus salones, vaya y pase. Que se sientan dueños de la Biblioteca ya es un síntoma de la patología de base. Según su lógica impenetrable, si el canal público, la agencia oficial, radio Nacional (donde tienen a decenas de trabajadores en negro), etc, son suyos, ¿por qué no lo sería la Biblioteca?. Pues porque no. Porque lo que ocurre en la Argentina es que hay un gobierno que busca su tercer mandato y tendrá que hacerlo en el marco de las instituciones democráticas. Mal que pese, acá no hubo ninguna toma del Palacio de Invierno.

(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)

10 octubre 2007

El asalto a la Biblioteca Nacional...


Esta revista digital proclama enfáticamente: el pueblo quiere saber de qué se trata. Y aclara que sigue considerando las llamadas "políticas culturales" (¿?) un verso en toda la línea, que muchas veces devienen en cosas como las que plantea este artículo:

" (...) En El Ojo Mocho, que dirige mi viejo amigo Horacio González, María Pía López me trataba como a un maleante ideológico. Y el mismo Horacio, en su libro Restos pampeanos, habría de aplicarme el mote más inusual que jamás me aplicaran: "neoliberal", me dijo. No es así como me llaman, por ejemplo, los que le hicieron el asalto a la Biblioteca Nacional, putsch cuidadosamente organizado que no logró triunfar. Esa gente suele decirme, como a él, "populista" o "nacionalista popular". Qué pena, ¡con lo que a mí me gustaría ser considerado un hegeliano sartreano con toques de Foucault y Juan Bautista Alberdi! ¿Qué tenía de irritante La sangre derramada? Acaso este párrafo de sus Conclusiones: "Nuestro compromiso radica en luchar contra todas las causas de la violencia. ¿Hay una violencia legítima? Desde mi punto de vista, no hay violencia buena, ni violencia justa, ni violencia legítima. La violencia es –en sí– mala. Expresa una derrota: la de no poder tomar al Otro como un fin en sí mismo, la de no poder respetarlo en su humanidad. Esto no anula el deber de luchar contra la injusticia y el despotismo´(...)".

José Pablo Feinmann en "Página 12" 
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