9 de marzo de 2016

La verdad sobre el voto femenino en la Argentina


Por Humberto Acciarressi

Parafraseando aquella canción que decía en unos versos que "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia", se podría señalar que allí dónde hay un "relato" demasiado armadito hay que buscar la realidad oculta. Por ejemplo, al celebrarse el Día Internacional de la Mujer, hay que precisar que éste tuvo varios comienzos, lo que a veces llaman a confusión. Es verdad que las Naciones Unidas tuvieron su importancia al declarar el Año Internacional de la Mujer en 1975 y pedir a los estados miembros que consagraran un día mundial, pero también lo es que la jornada ya se celebraba el 8 de marzo desde mucho tiempo antes. En tiempos de la Revolución Francesa, las mujeres que marcharon a Versalles realizaron las primeras peticiones formales por los derechos civiles y ciudadanos para ellas, al punto que en consonancia con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en 1791 Olympe de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, tal vez el primer documento referido a la emancipación jurídica y legal que contemplaba el sufragio. Fue en ese marco que a mediados del siglo XIX, ya desatadas las luchas obreras, tomó fuerza la lucha por el voto femenino en el seno de los movimientos feministas.

A fines de febrero de 1909, el partido Socialista de los Estados Unidos declaró el Día de la Mujer en homenaje a las trabajadoras camiseras que el año anterior habían parado y marchado de a miles por las calles de Nueva York y Chicago, reclamando el sufragio universal, mejores salarios y reducción de la jornada de trabajo. En marzo de 2011, en medio de estas lucha, se produjo el incendio en la fábrica textil Triangle Shirwaist, que dejó el terrible saldo de 146 fallecidos, de los cuales 123 fueron obreras textiles entre 14 y 48 años. Curiosamente, apenas seis días antes, en Alemania, Dinamarca, Austria y Suiza se había celebrado por primera vez el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en los mismos países más la Rusia de los Zares. Desde esos tiempos hasta la actualidad, la fecha se fue incorporando -como día laborable en algunos y como feriado en otros- al calendario anual.

En cuanto al sufragio femenino, ya se ejercía desde 1776 en Nueva Jersey (luego abolido). Pero fue en 1838 cuando las mujeres pudieron votar sin problemas en las Islas Pitcairn, colonia inglesa de ultramar. Australia del sur en 1861, Wyaming (Estados Unidos) en 1869, Nueva Zelanda en 1893, Tasmania en 1903, Finlandia (el primer país europeo, al que se sumaron Noruega y Suecia) en 1907, Uruguay (primer estado sudamericano) en 1927 y España en 1931. En lo referido a la Argentina, las socialistas y anarquistas peleaban por los derechos de la mujer a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esas peleas de Alicia Moreau de Justo, Cecilia Grierson y Elvira Dellepiane de Rawson , más el antecedente de la provincia de San Juan, donde las mujeres sufragaban en las elecciones municipales, derivaron en el voto femenino en 1921 en Santa Fe y en 1927 en la propia San Juan, ya con rango constitucional.

Pero antes de esto, en 1911, la verdadera precursora del sugragio femenino en la Argentina, Julieta Lanteri fue empadronada y el 26 de noviembre de ese año se convirtió en la primera iberoamericana en votar. Y eso gracias a un magistrado de apellido Claros que había fallado: "Como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución, y en consecuencia, que la mujer goza de los mismos derechos políticos que las leyes acuerdan a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que, expresamente, determinen dichas leyes, porque ningún habitante está privado de lo que ellas no prohíben". Añado que el primero en presentar un proyecto de ley consagrando el voto de la mujer, en 1919, fue el diputado de la UCR Rogelio Araya. En 1947, después de la Segunda Guerra Mundial y cuando el Parlamento argentino aprobó la ley de sufragio femenino por unanimidad, ya era una corriente irrefrenable en las naciones que quedaban sin sancionarla, en especial gracias a los antecedentes de las luchas mencionadas en los primeros párrafos de esta columna.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)


JULIETA LANTERI, LA PRIMERA MUJER QUE VOTO EN IBEROAMERICA