15 de diciembre de 2015

Reflexiones para esperar otro aniversario de Shakespeare


Por Humberto Acciarressi

Mientras el mundo se prepara para las celebraciones que se harán en el marco de los 400 años de su muerte, pueden decirse algunas cosas sobre William Shakespeare, el célebre dramaturgo de la Inglaterra isabelina de quien Harold Bloom manifestó que puso de manifiesto los atributos de la condición humana y cuyos personajes modelaron para siempre las conductas de los hombres. Debe señalarse, por ejemplo, que la obra del poeta es única en muchos sentidos, e incluso, lo cual es un mérito muy poco común, que sus obras teatrales puedan prescindir del escenario, tal la belleza de los textos. Además puede añadirse que todos los años aparecen teorías que confirman que fue el señor Shakespeare de Stratford-upon-Avon el verdadero autor de su obra, mientras igual número de ensayos señalan lo contrario. Un tremendo calvario póstumo el que sufre William. Hace unos años, un grupo de actores británicos reabrió la polémica con un manifiesto de pomposo título: "Declaración de duda razonable".

Como se sabe, las teorías sobre otros presuntos autores de sus obras son legendarias e incluso, en ocasiones, ridículas, como la que lo sindicó como el hijo ilegítimo de la reina Isabel. Es así como las más serias reivindican la autoría para poetas y filósofos como Francis Bacon, Christopher Marlowe o Edward de Vere. Es verdad que el hombre que escribió su propio epitafio con palabras vulgares y un famoso testamento en el que le deja su "segunda mejor cama" a su esposa, que tiene la única firma que se conoce de él, y en donde no habla de nada que se parezca a la literatura o al teatro, es fácil blanco para las críticas sobre la titularidad de una obra tan monumental. Hay un excelente, casi desconocido y poco reeditado libro de Mark Twain, que lleva por título "¿Ha muerto Shakespeare?". En la obra, el escritor del Mississippi se suma a los que ponen en duda la identidad de Shakespeare, con la prosa irónica, sarcástica, que caracterizó al autor de "El billete de un millón de dólares". Es uno de los pocos que me han hecho dudar mucho.

No es novedad que siete ciudades de la antigüedad se disputaban el lugar de nacimiento de Homero, quien tampoco habría sido un sólo hombre según el análisis de la Illíada y la Odisea (de esto hay más certezas que en el caso shakespereano). Por suerte, de Miguel de Cervantes existen los suficientes documentos como para certificar que escribió el Quijote o las Novelas ejemplares, aunque antes de su muerte Avellaneda haya fraguado su obra más famosa. Frente a esto, ¿es realmente importante quien es el autor de "Hamlet", "Macbeth" o "Sueño de una noche de verano", o si el retrato que se conoce de su cara es falso? Lo ignoro y te transfiero el problema. En definitiva, sea quien haya sido, Shakespeare escribió que "somos de la misma materia de la que se tejen los sueños". La literatura, ese vasto sueño que hace más llevadera la vida de millones de personas, le debe a ese señor inglés uno de sus capítulos más hermosos. Los vicios colaterales de la posteridad son fascinantes y divertidos, pero no hacen al fondo del asunto, es decir la obra.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)