Mostrando las entradas con la etiqueta Mark Twain. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mark Twain. Mostrar todas las entradas

11 septiembre 2017

Mark Twain saluda a Whitman por su cumpleaños


“A Walt Whitman:

(…) ¡Qué grandes nacimientos has presenciado! La plancha de vapor, los barcos de vapor, los buques de acero, el tren, la desmotadora de algodón, el telégrafo, el fonógrafo, la fotografía, los fotograbados, la electrotipia, la luz de gas, la luz eléctrica, la máquina de coser, los asombrosos, infinitamente variados y innumerables productos del alquitrán, las últimas y más extrañas maravillas de una edad maravillosa. Y has visto nacimientos aún más grandes que esos; porque has visto la aplicación de la anestesia en las prácticas quirúrgicas, gracias a la cual el dolor, que empezó al crearse la primera vida, llegó a su fin para siempre en esta tierra; has visto la liberación de los esclavos, has visto la prohibición de la monarquía en Francia y su reducción en Inglaterra a una maquinaria con una imponente exhibición de diligencia y atención al negocio, pero desconectada de los trabajos verdaderos. Sí, desde luego has visto mucho, pero quédate un poco más, porque lo más grande está aún por llegar. Espera treinta años y entonces ¡échale un vistazo a la tierra! (…)”

 Mark Twain
24 de mayo de 1889

27 marzo 2016

A Shakespeare no lo dejan en paz ni a cuatro siglos de su muerte


Por Humberto Acciarressi

En una oportunidad, entre varios escritos sobre el máximo dramaturgo y poeta inglés, rogábamos que "dejen en paz al pobre Shakespeare". Ahora, como ya sabés, estamos a cuatro siglos de su muerte, y además de los homenajes se reavivan las polémicas acerca de si el señor Shakespeare de Stratford-upon-Avon es el verdadero autor de su obra. Se trata de uno de los calvarios póstumos más renombrados, dado que -por ejemplo- en el caso de Homero ya se sabe que la Illiada y la Odisea fueron escritas por varias personas, a lo largo de algunos años. Pero en el caso de William la cosa es tan brava, que no hace mucho, un grupo de actores británicos reabrió la discusión con un manifiesto de pomposo título: "Declaración de duda razonable". Hijo ilegítimo de la reina Isabel o empresario que hacía pasar por suyas las obras de Francis Bacon, Christopher Marlowe o Edward de Vere, todo al resguardo de un hombre que escribió él mismo un epitafio tan vulgar que da pena. Y eso sin contar el testamento -con la única firma que se conoce de él- en el que le deja su "segunda mejor cama" a su esposa y en donde no habla de nada que se acerque a la literatura o al teatro o a los libros.

En los últimos tiempos se han conocido otras desgracias póstumas del pobre Shakespeare. Que acumuló alimentos durante los tiempos de miseria, que más tarde revendía a sus vecinos a precios siderales. Que fue un irredimible evasor de impuestos. Que era un feroz prestamista. Que "The flower", el más difundido de los cuadros que lo retratan es falso. Y mil cosas más. Lo curioso es que nada de esto se puede probar, ya que casi no existen documentos sobre él en el marco desquiciado de su época. Me gusta, cada vez que puedo, mencionar un excelente, casi desconocido e inusualmente editado libro de Mark Twain que lleva por título "¿Ha muerto Shakespeare?". En el mismo, el escritor del Mississippi se suma a los que ponen en duda la identidad de Shakespeare, con la prosa irónica, sarcástica, que caracterizó al autor de "El billete de un millón de dólares". Es justo reconocer algo a quienes me leen: es uno de los pocos que me han hecho dudar mucho.

También me he preguntado si es realmente importante saber quién es el autor de "Hamlet", "Macbeth" o "Sueño de una noche de verano", o si la pintura que se conoce de su cara es falsa. Lo dudo. En definitiva, sea el habitante de Stratford-upon-Avon u otro, fue quien escribió que "somos de la misma materia de la que se tejen los sueños". Y la literatura, ese vasto sueño que hace más llevadera la vida de millones de personas, le debe a ese señor inglés uno de sus capítulos más hermosos. Quiero terminar estas líneas con una enloquecida realidad. La visita de Barak Obama al país y el 40 aniversario del trágico golpe de estado en la Argentina, me llevaron a escribir sobre esos asuntos. Y entonces postergué esta columna sobre Shakespeare. Menos mal. En el interín, la BBC informó que un grupo de arqueólogos llegó a la conclusión que el cráneo de mister William habría sido robado por cazadores de trofeos en 1794, como ya había dado cuenta en 1879 una publicación británica, cuando no existían medios para comprobarlo fehacientemente sin abrir la tumba y alterarla. Como podrás observar, al pobre Shakespeare no lo dejan en paz ni a cuatro siglos de su muerte.

(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)

15 diciembre 2015

Reflexiones para esperar otro aniversario de Shakespeare


Por Humberto Acciarressi

Mientras el mundo se prepara para las celebraciones que se harán en el marco de los 400 años de su muerte, pueden decirse algunas cosas sobre William Shakespeare, el célebre dramaturgo de la Inglaterra isabelina de quien Harold Bloom manifestó que puso de manifiesto los atributos de la condición humana y cuyos personajes modelaron para siempre las conductas de los hombres. Debe señalarse, por ejemplo, que la obra del poeta es única en muchos sentidos, e incluso, lo cual es un mérito muy poco común, que sus obras teatrales puedan prescindir del escenario, tal la belleza de los textos. Además puede añadirse que todos los años aparecen teorías que confirman que fue el señor Shakespeare de Stratford-upon-Avon el verdadero autor de su obra, mientras igual número de ensayos señalan lo contrario. Un tremendo calvario póstumo el que sufre William. Hace unos años, un grupo de actores británicos reabrió la polémica con un manifiesto de pomposo título: "Declaración de duda razonable".

Como se sabe, las teorías sobre otros presuntos autores de sus obras son legendarias e incluso, en ocasiones, ridículas, como la que lo sindicó como el hijo ilegítimo de la reina Isabel. Es así como las más serias reivindican la autoría para poetas y filósofos como Francis Bacon, Christopher Marlowe o Edward de Vere. Es verdad que el hombre que escribió su propio epitafio con palabras vulgares y un famoso testamento en el que le deja su "segunda mejor cama" a su esposa, que tiene la única firma que se conoce de él, y en donde no habla de nada que se parezca a la literatura o al teatro, es fácil blanco para las críticas sobre la titularidad de una obra tan monumental. Hay un excelente, casi desconocido y poco reeditado libro de Mark Twain, que lleva por título "¿Ha muerto Shakespeare?". En la obra, el escritor del Mississippi se suma a los que ponen en duda la identidad de Shakespeare, con la prosa irónica, sarcástica, que caracterizó al autor de "El billete de un millón de dólares". Es uno de los pocos que me han hecho dudar mucho.

No es novedad que siete ciudades de la antigüedad se disputaban el lugar de nacimiento de Homero, quien tampoco habría sido un sólo hombre según el análisis de la Illíada y la Odisea (de esto hay más certezas que en el caso shakespereano). Por suerte, de Miguel de Cervantes existen los suficientes documentos como para certificar que escribió el Quijote o las Novelas ejemplares, aunque antes de su muerte Avellaneda haya fraguado su obra más famosa. Frente a esto, ¿es realmente importante quien es el autor de "Hamlet", "Macbeth" o "Sueño de una noche de verano", o si el retrato que se conoce de su cara es falso? Lo ignoro y te transfiero el problema. En definitiva, sea quien haya sido, Shakespeare escribió que "somos de la misma materia de la que se tejen los sueños". La literatura, ese vasto sueño que hace más llevadera la vida de millones de personas, le debe a ese señor inglés uno de sus capítulos más hermosos. Los vicios colaterales de la posteridad son fascinantes y divertidos, pero no hacen al fondo del asunto, es decir la obra.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

20 octubre 2015

La semana en la visión de Mark Twain


"Creo que empiezo a comprender la razón de ser de la semana: seguro que es para descansar del aburrimiento del domingo"
Mark Twain

20 diciembre 2007

Dejen en paz al pobre Shakespeare


Por Humberto Acciarressi

"Declaración de Duda Razonable". Así, pomposa y casi científicamente, no hace mucho un grupo de actores británicos decidió reabrir el debate sobre quién escribió realmente las obras de William Shakespeare. De esa forma, el cisne de Stratford upon Avon -por lo menos el autor del famoso testamento en el que le deja su "segunda mejor cama" a su esposa y que tiene la única firma que se conoce de él- recibía post mortem otro duro golpe sobre su ya desaparecida cabeza. Las teorías sobre otras autorías de sus obras son casi legendarias, desde la reivindicación de Francis Bacon, pasando por Christopher Marlowe o Edward de Vere. Unos dijeron que fue un hijo ilegítimo de la reina Isabel, y otros fueron aún más allá.

Hay un excelente libro de Mark Twain, nunca reeditado desde hace casi un siglo, que lleva por título "¿Ha muerto Shakespeare?". En la obra, el escritor del Mississippi se suma a los que ponen en duda la identidad de Shakespeare, con la prosa irónica característica del autor de "El billete de un millón de dólares". Ahora, los cables informan que "The flower", el más difundido de los cuadros que retratan a mister William, sería falso. Dicho en criollo: en materia shakespereana, sobre llovido, mojado.

Ahora bien. Siete ciudades de la antigüedad se disputaban el lugar de nacimiento de Homero, quien tampoco habría sido un sólo hombre según el análisis de la Illíada y la Odisea. Por suerte, de Cervantes existen los suficientes documentos como para certificar que escribió el Quijote o las Novelas ejemplares, aunque en vida suya, Avellaneda haya fraguado su obra más famosa. ¿Tiene, entonces, importancia quien es realmente el autor de Hamlet, Macbeth o Sueño de una noche de verano, y si el retrato de su cara es falso? El autor de estas líneas no puede ni quiere contestar esta pregunta, que transfiere a los lectores.

"Somos de la misma materia de la que se tejen los sueños", escribió Shakespeare. Haya nacido donde haya nacido, sea cual sea su cara. La literatura, ese vasto sueño que hace más llevadera la vida de millones de personas, le debe uno de sus capítulos más hermosos. Sobre el zarandeo de la posteridad y vicios colaterales, puede decirse: Dejen en paz a Shakespeare.

(Publicado en La Razón, de Buenos Aires)