22 abril 2014

Un artista callejero en Ucrania



Un artista callejero realiza su espectáculo de fuego en Donetsk, Ucrania oriental.

Quasimodo Trío llega con Acontrayumba


Por Humberto Acciarressi

Este viernes a las 22, en el Club Atlético Fernández Fierro (Sánchez de Bustamante 764), será presentado el nuevo disco de Quasimodo Trío, titulado "Acontrayumba", que continúa lo hecho en "Quasimodo Trío" (presentado por uno de sus admiradores, Natalio Gorin, prestigioso biógrafo de Piazzolla) y "Amsterdam", más lo que el grupo viene mostrando por sus giras europeas. La banda formada por Daniel Ruggiero en badoneón, Adrián Mastrocola en piano y Cristian Basto en contrabajo, cautivan a su público con ese lenguaje musical en el que confluyen el jazz, la música de cámara y lo folclórico. Además del tema que da nombre a la placa, hay un homenaje - "Osvaldo y Osvaldo" - a la obra de Osvald Pugliese y al bandeononista de su orquesta, Osvaldo Ruggieri.

En charla con Daniel Ruggiero, nos cuenta que en los comienzos, diez años atrás, tenían "mucho empuje y una necesidad muy marcada de modificar las estructuras ya establecidas del género". "Hasta ese momento -añade- no abundaban los grupos de tango formados por jóvenes y mucho menos los grupos que hicieran temas propios. Además de incluir un lenguaje diferente con influencias del jazz y la música académica, con el correr de los años, los discos, giras y muchos conciertos en Buenos Aires -incluido el Teatro Colón- nuestro lenguaje fue tomando consistencia y una identidad muy definida"

En lo referido al nuevo disco, el bandeononista y compositor indica que lo catalogaría como "Ginasteriano" y explica que "una gran parte de su obra estaba basada en ritmos folklóricos argentinos, y por supuesto el lenguaje académico, que rescatamos combinándolo con el sonido y el lenguaje propio de nuestro grupo". Nada es casual o improvisado en la música de Quasimodo. Ni siquiera el nombre del CD: "Acontrayumba - expresa el músico- fue tomado de un recitado de ´María de Buenos Aires´, la gran obra de Piazzolla y Ferrer, y creemos que refleja fielmente el disco, que está con un pie en la yumba (metáfora del tango clásico de los años 40), y por supuesto la contra de ese estilo de la época dorada del genero, que serían todas nuestras ideas y la nueva manera de sentir, una de las mas acabadas manifestaciones culturales que nos identifican en el mundo".

Inevitable preguntarle sobre Osvaldo Ruggiero, bandoneón de Pugliese y del Sexteto Tango. "Como bandoneonista creó un estilo propio y junto a algunos de los mas grandes maestros tiene un lugar en la historia del género, con un sonido y fraseo únicos, algo que influyó mucho en mi manera de sentir el instrumento, la necesidad de ´decir´ desde un lugar propio, auténtico. Lamentablemente no viví la etapa de mi viejo en la orquesta, pero sí ensayos del Sexteto Tango y muchísimos conciertos y ensayos de Pugliese, donde mi viejo era invitado a tocar algún tema. La verdad son recuerdos imborrables, desde el plano musical y personal". En lo atinente a la presentación del disco es contundente: "Nos jugamos a brindar al público un show mas compacto, más integral, que definimos como ´algo mas que un concierto´. Con audiovisuales, un espacio performático, y una puesta en escena más ambiciosa, sin que la música pase a un segundo plano". Será cuestión de esperar hasta el viernes a las 22 en el CAFF.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

Jan Kriwol y la manipulación digital de la fotografía


Jan Kriwol, fotógrafo y diseñador polaco contemporáneo, sorprende con el uso y la manipulación de hechos contrastantes, mediante fotografía poco usuales trabajadas con programas informáticos. Muchos de sus trabajos tienen fines publicitarios, y, sobre todo en Europa, es muy reconocido en este ámbito.



20 abril 2014

Vendedor callejero japonés, circa 1930

Se viene otra Feria para los amantes del vinilo


Por Humberto Acciarressi

Quienes nacimos a la música con los discos de vinilo, un día nos enteramos que antes -durante décadas- la gente hacia malabares para que no se les rompieran las placas de pasta. En algún momento, lentamente, el vinilo, con sus maravillosos artes de tapa, fue conviviendo con esos insoportables cassettes, cuyas cintas se enrollaban, se rompían y a los que cada tanto había que meterles una birome para hacerlos correr un poco, antes de volver a embocarle la Bic al rato. Un día, un mal día, los vinilos desaparecieron, y durante un largo tiempo nos quedamos mascullando insultos contra los cassettes, al punto que debe haber sido el soporte musical más odiado -y de más corta duración- hasta el momento. Después llegaron los CDs, el MP3, las plataformas de streaming y todo lo que ya conocés.

En lo referido a los vinilos, muchos de nosotros guardamos los más entrañables - Beatles, Stones, Almendra, Doors, Hendrix, Charly, los Abuelos, mucho jazz y clásico, etc- y el resto se fue perdiendo en mudanzas y tachos de basura. La cosa se puso tan brava, que las nuevas generaciones apenas los conocen gracias a internet o porque tiene algún adulto cerca que se los muestra como si fuera un dinosaurio. Sin embargo, así como en su momento ocurrió con los de pasta, comenzaron a aparecer los coleccionistas de los discos de vinilo, muchos de ellos músicos. A pesar de que se rayaban y cuando eso ocurría la música pegaba unos saltos endiablados y neurotizantes, los melómanos y el coleccionismo discográfico lo consideran el formato por excelencia. Poner un vinilo en un buen aparato -que ahora sólo se consigue entre coleccionistas- es un acto de extrema sensualidad.

Todos los fanáticos de este soporte que existen en nuestros pagos -que se conectan, paradójicamente, a través de internet-, ya se están comunicando entre sí, para verse las caras en The Roxy Palermo Hollywood (Niceto Vega 5542), el sábado 26 de abril entre las 11 y las 22, cuando se lleve a cabo la segunda edición de Buenos Aires en Vinilo, la feria creada por este grupo de melómanos empedernidos. Los circuitos tradicionales que recorren estos coleccionistas estarán, nuevamente, reunidos en un único sitio, en el cual las verdaderas estrellas serán los LPs y los sencillos que cubrieron totalmente las décadas del 60, el 70, el 80 y parte de los 90. No parece casual que las discográficas hayan vuelto a editar tiradas limitadas de vinilos para complementar las publicaciones de Cds. De una forma u otra, el vinilo no está muerto. Y en ciertos ámbitos goza de muy buena salud.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

19 abril 2014

García Márquez jamás dijo o escribió esto...

Por Humberto Acciarressi

En las redes sociales, repletas de gente inculta hasta la vergüenza ajena, le atribuyen al recién fallecido Gabriel García Márquez -como a Oscar Wilde, a Jorge Luis Borges, a Bernard Shaw, a Groucho Marx - frases que jamás dijeron o escribieron ni siquiera en broma. En el caso del colombiano, cuando hace unos años contrajo un cáncer linfático, le endilgaron una porquería llamada "La marioneta", que lo indignó sin broma cuando se enteró. Mientras se realizaba los tratamientos médicos, dijo: "Lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi". Ahora que está muerto de verdad, lo siguen aniquilando convirtiéndolo en un fantoche de postal sentimentaloide.

A nuestro Jorge Luis Borges, por un error cometido por Elena Poniatowska en el libro "Borges y México", en su momento se le atribuyó una basura titulada "Instantes". Fue tal el escándalo que Poniatowska admitió el error y Random House Mondadori y el sello Lumen tuvieron que sacar de circulación el libro. Todavía no eran los tiempos de internet, pero de ese poema trucho se hicieron postales, se lo reprodujo en revistas rosas y de las llamadas "del corazón", y todavía andan viralizando la red unos versos tan berretas que parecen de Coelho. Otro tanto ocurre con Eduardo Galeano, que desde hace años se desespera diciendo -a mí me lo dijo personalmente y bastante ofuscado- que dejen de atribuirle un texto falso titulado “Por qué todavía no me compre un DVD”.

Pero dada la reciente muerte de Gabriel García Márquez y a que jamás escribió ni dijo (como en el caso de Borges, hay que ser bestias para no reconocer estilos tan únicos) lo que reproducen en esos insoportables cartelitos de fondo negro, acá damos algunas de esas sentencias tan truchas que causan risa.

Entonces, NO son de García Márquez las frases:

“Ninguna persona merece tus lágrimas y quien se las merezca, no te hará llorar”

“Nunca dejes de sonreír. Ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa”

"La peor forma de extrañar a alguien, es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”

“Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para quien tiene corazón”

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”

“No pases el tiempo con alguien que no esté dispuesto a pasarlo contigo”

“Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía”

NOTA: Lo que sigue lo digo yo. Sólo Dios sabe quién escribió o dijo semejantes pelotudeces.

18 abril 2014

La muerte de García Márquez y los malos entendidos

Por Humberto Acciarressi

Los datos biográficos, la larga ennumeración de su cincuentena de libros, el papel que le cabe con creces en la literatura latinoamericana, están recorriendo en este mismo momento las páginas de los diarios y las redes sociales. Estas, en tal sentido, son más contundentes, ya sea en tinos o desatinos, al carecer de editores. Ya, incluso, comenzaron a recorrer la web esos nuevos carteles negros con la foto de Gabriel García Márquez y una frase, que generalmente pertenece a otro, o peor aún, es inventada por el autor del cartelito (el propio escritor, como Borges años antes con otro poema, tuvo que salir a desmentir ser el autor de un texto titulado "La marioneta", que se le atribuía). Es decir, en diarios y redes sociales se hace todo lo que el García Márquez periodista desaconsejaba. A cualquier lector apasionado del autor de Aracataca le pasará lo mismo: se indignará cuando lea dónde ponen los acentos quienes hacen de los muertos sus trofeos de guerra.

Julio Cortázar y Gabriel García Márquez
Por deber intelectual, antes de sentarme a escribir, leí y pasé de canal en canal por la televisión mundial. Por ejemplo, habría que explicarle a una conductora cotidiana del canal 24 argentino y muy especialmente a Telesur de Venezuela, que partidarios de Chávez se mueren todos los días, pero ese escritor fenomenal que fue (es) Gabriel García Márquez se muere una única vez. O uno les preguntaría si saben si Dante pertenecía a los Blancos o a los Negros de Florencia, o partidario de quien fue Cortázar durante la Guerra Civil Española, o Ezra Pound y Louis Ferdinand Celine durante la Segunda Guerra, o Vladimir Mayakovski en los años de la Revolución Rusa. Si se conoce la obra, lo demás es interesante aunque accesorio. O en todo caso, para ver lo que opinaba entrañablemente el colombiano, ya que de él nos ocupamos, basta leer "El otoño del patriarca", puesto que la literatura es lo que realmente lo expresaba sin condicionamientos. Y que cada uno se haga cargo de cualquier parecido de esa novela con la realidad.

Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, 
Gabriel García Márquez y José Donoso
De lo que se dio en llamar el "Boom latinoamericano" casi sólo quedan las obras, es decir lo importante. Sus precursores - el peruano César Vallejo, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el venezolano Arturo Uslar Pietri, el guatemalteco Miguel Angel Asturias, el cubano Alejo Carpentier, el argentino Jorge Luis Borges, el ecuatoriano Jorge Icaza, el mexicano Juan José Arreola, etc- murieron todos. Del núcleo duro del "Boom", García Márquez suma su muerte a la de nuestro compatriota Julio Cortázar, el brasilero Jorge Amado, el chileno José Donoso, el mexicano Carlos Fuentes, el cubano José Lezama Lima, el paraguayo Augusto Roa Bastos. Sólo uno queda vivo: Mario Vargas Llosa. Es decir que hasta el fallecimiento del colombiano, quedaban en pie los entrañables amigos de aquellos años de batallas culturales y los enconados adversarios de la actualidad (según el ex presidente de Colombia Belisario Betancur ahora estaban más calmos) ¿La historia recordará una de las peleas a piñas más famosas de la literatura de hace cuatro décadas o la "Historia de un deicidio", de Vargas Llosa sobre García Márquez, el más estupendo ensayo que un contemporáneo haya escrito jamás sobre otro?

En fin, ahora ha muerto Gabriel García Márquez. Por suerte existe esa estrategia comercial de las editoriales de sacar de sus catálogos hasta la última de las obras de los muertos famosos y volver a ponerlos en primera plana. Las generaciones más recientes desconocen la obra del colombiano (salvo el comienzo de "Cien años de soledad", dije "el comienzo", que todos conocen) y es una buena oportunidad para leer a un autor que como sus maestros William Faulkner y Virginia Woolf, además de su concepto del periodismo como crónica, sabía como pocos lo que significa "contar" una historia. Borges decía que sus colegas profesores de letras no advertían el error de recomendar obras literarias de tal autor. El consejo es válido también para García Márquez. Su maravilloso universo -otra virtud de la literatura por sobre las ciencias políticas- es que se puede acceder por cualquier lado con el mismo resultado.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)