01 diciembre 2006

Sida: por los que ya no están, por lo que están...


En el Día Mundial de la Lucha contra el Sida: por los que ya no están; por los que le pelean a la enfermedad en el día a día; por los que combaten contra el miedo; por los que sufren discriminaciones; por los que tienen temor del "qué dirán" y lloran en silencio; por los que saben de qué se trata realmente el dolor y el desamparo; por los que le ponen alegría al sufrimiento; por los que no tienen fuerza para hacerlo; por aquellos que no se preguntan - como decía el poeta John Donne - por quien doblan las campanas, dado que saben que las campanas doblan por todos; por quienes intuyen que el Día Mundial sólo debe ser una triste metáfora, ya que la lucha continúa todos los días; por quienes acompañan y por quienes aún no encuentran la forma de hacerlo.

Por todos y para todos, el recuerdo en las palabras poético-proféticas de John Donne: 

"Nadie es una isla completa en si mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti".

30 noviembre 2006

Personajes de historieta (1): Avivato


Por Humberto Acciarressi

Avivato es, entre los personajes del humor gráfico argentino, uno de los más odiables. Y no es para menos, ya que se trata de un vividor insoportable, astuto para esquilmar a sus víctimas, especialista en hacer caer a los incautos en las trampas más insospechadas. En síntesis, un aprovechador mayúsculo que Lino Palacio creó sin la simpatía que - por ejemplo - Dante Quinterno le dio a Isidoro Cañones, otro de los vivillos ilustres de la caricatura nacional.

Nacido en 1948 e inspirador de una película protagonizada por Pepe Iglesias, el propio nombre de "Avivato" pasó a formar parte del léxico de varias generaciones de porteños para definir al vividor profesional. Como dato aleatorio, cabe recordar que en 1953 Jorge Palacio, hijo de Lino, fundó una revista que se llamó "Avivato". Este sujeto que vende terrenos en el medio del río o buzones a los chacareros; manguero de cigarrillos y de plata; y que -según confiesa en la tira- tiene un amigo psicoanalista que le saca "todos los complejos de culpa" referidos a sus deudas, casi nunca se encuentra con alguien que lo ponga en vereda.

La saga de Avivato es una epopeya ciento por ciento maniquea: todos los que lo frecuentan son unos incautos, víctimas propiciatorias puestas por Lino Palacio para contrastar con las tropelías del villano. En un episodio, un hombre le dice: "Yo no tengo plata, pero porque no le pedís a Luis, que gana bien". En el segundo cuadro, el vividor, con aire digno, replica: "¿A Luis?, no...no". Y en el tercero remata: "Anota todo lo que presta".

Avivato es perfectamente consciente del rol social que cumple. En otra historieta le cuenta a un sujeto: "Un amigo que tiene imprenta me hizo tarjetas. Voy a darte una". El interlocutor interroga: "¿Por qué hiciste poner debajo de tu nombre ´asesor financiero´". Y Avivato responde: "¿Y qué querías que pusiera?, ¿manguero?". Lo curioso del personaje es que a veces enuncia, con propósitos didácticos, la naturaleza de sus estafas, el contenido de su avaricia y su intransferible don para vivir de acuerdo a la ley del menor esfuerzo. Como si le advirtiera al mismo lector: "Poné las barbas en remojo, que sos la próxima víctima".

(Publicado en el diario "La Prensa", de Buenos Aires)

29 noviembre 2006

Johnny Weissmuller, tarzán de los locos

Por Humberto Acciarressi

Había nacido en junio de 1904 en Pensilvania, pero pasó su infancia en la turbulenta Chicago de los blues y de las bandas de delincuentes callejeros que años más tarde formarían los grupos mafiosos. Johnny Weissmuller,sin embargo, no tenía nada que ver con lo que ocurría en los suburbios. Era un chico aplicado, grandote de cuerpo y con aire estúpido, más preocupado en contemplarse en el espejo y en desarrollar sus dotes natatorias. Cuando contaba con ocho años, ni se debe haber enterado de que en la publicación "All story" había nacido Tarzán, la creación del soñador Edgar Rice Burroughs. Pero Johnny seguía preocupado por sus logros atléticos, que le permitían desarrollar una musculatura casi arquetípíca.

La mayoría de sus éxitos se concretaron en la década del veinte. Fue el primer hombre en nadar los cien metros en menos de un minuto, lo que significó el inicio de una serie de triunfos olímpicos y la friolera de 67 récords mundiales. El grandote estúpido ya era un notable. Desde años atrás, varios de los casi veinte Tarzanes que tuvo el cine, ya se paseaban por la pantalla en taparrabos y a los gritos. El tiempo de Weissmuller aún no había llegado.

En 1929 Johnny debutó en el cine. Obviamente no fue el inicio de una gran estrella ni mucho menos: interpretaba a Apolo en un film llamado "Paso a la belleza", tarea paralela a una campaña de publicidad de ropa interior. "Big Johnny" ya se despojaba de sus prendas. A comienzos de la década del treinta, contrato de la Metro en el medio, Tarzán comenzó a ser sinónimo de Weismuller. Acompañado de Maureen O´Sullivan en el papel de Jane (la madre de Mía Farrow, el espectacular minón de la foto adjunta), y de la inseparable mona Chita (en rigor ocho simios diferentes), el gran deportista y pésimo actor se ganó un lugar en el corazón de decenas de millones de espectadores. Para eso le bastó una media docena de películas. Entre gritos, golpes en el pecho, lianas, sonidos selváticos y la admiración del público, "Big Johnny" pasó los mejores años de su vida. Lo peor le estaba reservado para los últimos.

Al simio blanco de la pantalla no le fue muy bien en su vida personal: varios matrimonios frustrados, entre ellos con Lupe Vélez, que terminó suicidándose. Cuando en 1948 hizo su último film de Tarzán, la Columbia le ofreció interpretar a "Jim de la jungla", cuyos pantalones y camisa apenas disimulaban una gordura inaudita para el actor. Así pasaron los años: su psiquis se deterioró a pasos agigantados; los negocios le fueron mal; y terminó de recepcionista en un hotel de Las Vegas.Añorando los tiempos de gloria, comenzó a aturdir a los vecinos con sus gritos nocturnos, emulaciones de los alaridos selváticos de Tarzán. En una ocasión, sin razón alguna, comenzó a hacer sonar la alarma de incendio. Estaba irremediablemente perdido.

Cuando lo internaron en un hospicio, los otros enfermos no lo pudieron aguantar. De tanto en tanto, su última mujer, Marie - "la mayor parte del tiempo no está en sus cabales", declaró -, le leía las miles de cartas que le llegaban de todo el mundo. El escuchaba con la mirada perdida, vaya a saber uno en qué lugar imaginario de la selva. "Big Johnny" había dicho varias veces que le gustaría morir en Acapulco. Varios infartos y sus alaridos obligaron a su esposa a cumplirle el deseo. Y así nomás ocurrió: el 21 de enero de 1984, el Tarzán más famoso de la historia dejó de molestar con sus gritos.

("Publicado en la revista "Asi")

26 noviembre 2006

Un viejo blues


Por Humberto Acciarressi

El músico negro arqueado sobre su contrabajo, con un cigarrillo colgando displicente de sus labios; un grupo de alegres mulatonas poniendo swing en una vieja taberna; seis vaqueros, con aire desconfiado, rumiando un póker en un clásico “saloon”. La música negra -especialmente el blues-, el clima hollywoodense de los años del Gran Gatsby, el ritmo del jazz y sus cantantes, los autos coloridos de las antiguas publicidades, componen el exuberante y original collage de técnicas, estéticas y temas de Max Hoeffner.

El artista - que cantaba blues a los cinco años, pintaba a los diez, y escuchaba las charlas de su padre, Guillermo, uno de los pioneros del coleccionismo blusero- ejerce un hiperrealismo al que no son ajenos los óleos, los esmaltes, las telas y otros elementos que ennoblece con su arte. Hoeffner vive en el delta del Tigre, donde tiene su atelier. Un espacio creativo no muy diferente al de los artistas de paisajes rurales del sur de Estados Unidos, o de quienes pintaron, escribieron y cantaron a orillas del Mississippi. Y naturalmente viene a la memoria Mark Twain, con sus largos viajes por el río mítico.Tampoco pueden obviarse, claro, los escenarios de los libros de Faulkner, quien afirmaba que el mejor lugar para crear era un prostíbulo.

En la obra de Hoeffner están presentes los íconos de la cultura popular norteamericana, extraidos de tapas de viejos discos y libros. Como herencia, su padre le dejó la devoción por las carreras de caballos, los westerns y las películas cómicas. Pero fundamentalmente, sus cuadros están emparentados con cierto comic que en los ochenta se dedicó a rastrear estéticamente aquella vieja cultura, tan cara a personajes como Clint Eastwood. Lo sugestivo, en todo caso, es encontrar en nuestros pagos un fervor por aquellos rastros que sedimentaron las artes posteriores. Lo que prueba que las culturas populares tienen un punto donde se reconocen. En este caso, pintor por medio.

(Publicado en "La Razón" de Buenos Aires)

23 noviembre 2006

Janis Joplin, el llanto blanco del blues


Por Humberto Acciarressi

Antes que nada, hay que decir que Janis Joplin fue la más grande cantante de blues que dio la raza blanca y que con un puñado de canciones dejó, a su muerte temprana, una estrella que sigue iluminando el firmamento del rock internacional. Sin embargo, para comprender la tragedia de Janis, también hay que agregar otras cuestiones, más personales, más dolorosas. Como por ejemplo que era fea, pequeña y regordeta; que en sus épocas de estudiante sus compañeros la humillaban con un apóstrofe: "El hombre más feo de la universidad". O que era tan atrevida y estridente, que jóvenes y adultos la trataban como a una prostituta. O que era tan desarreglada en el vestir y tan chicanera en sus modales, que las pocas parejas formales que tuvo no osaban presentarla "en sociedad". O que era tan ingenua que aceptaba mansamente y sin decir palabra,que la criticaran y se burlaran de ella. Y que era, por sobre todas las cosas, una de las más sensibles y sufrientes mujeres que haya subido a un escenario en la concurrida historia de la música.

La hipersensible Joplin había nacido el 19 de enero de 1943 en Port Arthur, una ciudad con olor a petróleo, largas y aburridas siestas, y mediocres bebedores de whisky, adoradores de las "pinups girls" de los calendarios. No es difícil imaginar cómo tratarían a la jovencita Joplin, que en poco tiempo se convirtió en una presencia desagradable. Ella, a partir de cierto momento, se puso una máscara y resolvió embestir contra ese mundo pequeño que la agraviaba. No tenía, entonces, ese dulce abrigo del blues. Por entonces, Janis pintaba. Aunque, autocrítica feroz, abandonó esa rama del arte porque un día descubrió que un amigo era más ducho que ella en el manejo de los pinceles (cuentan que ya cantante, estuvo a punto de callar su voz cuando oyó a una joven imitadora de Joan Baez). Impulsada por su familia a viajar, se trasladó de Port Arthur a Lamar, y de esa ciudad a Los Angeles.Allí comenzó la etapa que iba a culminar con Joplin en los escenarios.

En esos años, también empezó a caer por la pendiente del alcohol y, al poco tiempo, comenzó a utilizar las drogas pesadas, la heroína entre ellas. Sus pininos en la canción los hizo en un grupo universitario: "The waller creek boys", donde canta jazz, folk y un poco de blues. Todavía no tenía la voz áspera y dramática que la iba a inmortalizar. En su vida faltaban algunas tragedias. Con otra banda, "Big brother and the Holding Company", recala en bares y tabernas, sin aprovechar las buenas críticas recibidas en el Festival Folk de Monterrey de 1963. En la misma ciudad, pero en los legendarios encuentros pop, se consagra definitivamente en 1967. En el escenario, antes y después de ella, suben otros dos grandes: Jimi Hendrix y Otis Redding. Curiosidades de la historia: ninguno de los tres iba a vivir para ver los setenta.

El Festival de Monterrey permitió, entre otras cosas, que Janis se convirtiera en un mito en vida. Su voz, su salvajismo, el dolor que expresaba en cada uno de los temas, la convirtieron en un referente obligado en esos años del flower power. Y todavía no había grabado nada. La primera placa de Janis, "Cheap thrills" ("Excitación barata", título que reemplazó al que ella quería que era "Droga, sexo y excitación barata") fue fagocitada por los jóvenes. Después llegó "I got dem Kozmic Blues again mama"; y póstumamente fue editado "Pearl", otro disco de culto. Pero mientras Janis se codeaba con el éxito, en su vida privada se hundía en la tragedia.

"En escena es como si hiciera el amor con 25.000 personas. Pero termina el show y ellos se van a sus casas y yo me voy sola a mi cuarto", decía por esos días de gloria efímera. Y cuando se le recriminaban sus excesos, ella se limitaba a puntualizar: "Tal vez no dure tanto como otras cantantes, pero no voy a destruir mi hoy pensando en el mañana". Algunos pensaban como ella: en poco menos de dos años, Jim Morrison, Jimi Hendrix y Brian Jones se fueron al Olimpo del rock. "No quiero nada a medias. Tengo 26 años. Todo lo que me preocupa son los 26 y no los 95. No quiero que me devuelvan la inversión dentro de unos años. Lo quiero ahora, ahora,ahora...", enfatizaba por esos días de tragedia cuando, además de las drogas pesadas, solía consumir hasta un litro de whisky en escena. Una mañana de octubre de 1970, se consumó su deseo de beberse la vida de un sólo trago. El guitarrista John Cooke la encontró en la cama, con un camisón que la hacía parecer una muñeca antigua, con una sonrisa congelada en los labios, con el cuerpo saturado de heroína. Sus cenizas, esparcidas en la costa de California, hace más de tres décadas que forman parte del paisaje que la hostilizó. Quedan, eso sí, sus lamentos desgarradores y esa voz que desarticula melodías y provoca tristeza en el corazón.

(Publicado en la revista "Asi")

19 noviembre 2006

El viejo de la plaza

Por Humberto Acciarressi

Lo vi sentado esta mañana,
que pudo ser ayer
o la semana entrante,
allí entre los toboganes,
a casi un siglo de la calesita
Y se tanteaba el rostro,
los ríos de su cuerpo,
y su mirada iba detrás
de esa mujer que cruza
el parque en dos minutos,
con niño y pan a cuestas
Lo vi arbitrario y tierno,
casi final,
barrido por el viento,
sentado o muerto o vivo
Sólo más tarde
los pájaros y el cielo
me contarán su ausencia.


(Del libro de poemas "Nosotros, sobrevivientes")