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01 marzo 2017

El romance oculto de Tarzán y Chita

Imágen poco conocida que prueba que, efectivamente, Tarzán (es decir Johnny Weissmüller) mantuvo con Chita un romance extra cinematográfico. Caso contrario, ¿qué haría un caballero como el hombre mono, semidesnudo en un cuarto de hotel, ante una chica que para colmo era menor de edad?

17 diciembre 2014

A 110 años del más loco de los Tarzanes del cine


Por Humberto Acciarressi

Cuando en la publicación pulp All Story Magazine, en octubre de 1912, hizo su aparición Tarzán, salido de la imaginación de Edgar Rice Burroughs, un chico nacido en Pensilvania cumplía 8 años en la Chicago de los blues y las peleas callejeras a dónde se habían mudado su familia. Era un chico estudioso, enorme de cuerpo y aire estúpido, muy preocupado en contemplarse en el espejo y en desarrollar sus dotes natatorias. Johnny Weissmuller, varios años más tarde, se convirtió en el primer hombre en nadar los cien metros en menos de un minuto, lo que significó el inicio de una serie de triunfos olímpicos y 67 récords mundiales. El grandote estúpido ya era un notorio deportista. Desde años atrás, unos veinte Tarzanes ya se paseaban por la pantalla en taparrabos y a los gritos.

En 1929 Johnny debutó en el cine. Obviamente no fue el inicio de una gran estrella: interpretaba a Apolo en un film llamado "Paso a la belleza", tarea paralela a una campaña de publicidad de ropa interior. "Big Johnny" ya se despojaba de sus prendas. A comienzos de la década del treinta, contratado por la Metro, Tarzán comenzó a ser sinónimo de Weissmuller. Acompañado de Maureen O´Sullivan (la madre de Mia Farrow) en el papel de Jane y de la inseparable mona Chita (en verdad fueron ocho simios diferentes), el gran nadador y pésimo actor se ganó un lugar en el corazón de millones de espectadores. Apenas le bastó filmar una docena de películas. Entre gritos, golpes en el pecho, lianas, sonidos selváticos y la admiración del público, "Big Johnny" pasó los mejores años de su vida. Lo peor le estaba reservado para los últimos.

Su vida personal fue un desastre, con varios matrimonios frustrados (uno de ellos con Lupe Vélez, que se suicidó). Cuando en 1948 hizo su último film de Tarzán, la Columbia le ofreció interpretar a "Jim de la jungla", cuyos pantalones y camisa apenas disimulaban su gordura. Los años, por su lado, deterioraron su psiquis. Además los negocios le fueron como la mona (y no precisamente Chita); y acabó de recepcionista en un hotel de Las Vegas. En el cuarto en dónde se hospedaba comenzó a molestar a los vecinos con gritos nocturnos, que emulaban los selváticos de Tarzán. En una ocasión, sin razón alguna, hizo sonar la alarma de incendio. Estaba irremediablemente piantado. Tampoco lo aguantaron los otros enfermos cuando fue internado en un hospicio. Su última mujer, Marie, le leía las cartas que le llegaban de todos lados. "Big Johnny" había dicho varias veces que le gustaría morir en Acapulco. Varios infartos y sus gritos obligaron a su esposa a cumplirle el deseo. El 21 de enero de 1984, el Tarzán más famoso de la historia dejó de molestar con sus alaridos.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)



29 noviembre 2006

Johnny Weissmuller, tarzán de los locos

Por Humberto Acciarressi

Había nacido en junio de 1904 en Pensilvania, pero pasó su infancia en la turbulenta Chicago de los blues y de las bandas de delincuentes callejeros que años más tarde formarían los grupos mafiosos. Johnny Weissmuller,sin embargo, no tenía nada que ver con lo que ocurría en los suburbios. Era un chico aplicado, grandote de cuerpo y con aire estúpido, más preocupado en contemplarse en el espejo y en desarrollar sus dotes natatorias. Cuando contaba con ocho años, ni se debe haber enterado de que en la publicación "All story" había nacido Tarzán, la creación del soñador Edgar Rice Burroughs. Pero Johnny seguía preocupado por sus logros atléticos, que le permitían desarrollar una musculatura casi arquetípíca.

La mayoría de sus éxitos se concretaron en la década del veinte. Fue el primer hombre en nadar los cien metros en menos de un minuto, lo que significó el inicio de una serie de triunfos olímpicos y la friolera de 67 récords mundiales. El grandote estúpido ya era un notable. Desde años atrás, varios de los casi veinte Tarzanes que tuvo el cine, ya se paseaban por la pantalla en taparrabos y a los gritos. El tiempo de Weissmuller aún no había llegado.

En 1929 Johnny debutó en el cine. Obviamente no fue el inicio de una gran estrella ni mucho menos: interpretaba a Apolo en un film llamado "Paso a la belleza", tarea paralela a una campaña de publicidad de ropa interior. "Big Johnny" ya se despojaba de sus prendas. A comienzos de la década del treinta, contrato de la Metro en el medio, Tarzán comenzó a ser sinónimo de Weismuller. Acompañado de Maureen O´Sullivan en el papel de Jane (la madre de Mía Farrow, el espectacular minón de la foto adjunta), y de la inseparable mona Chita (en rigor ocho simios diferentes), el gran deportista y pésimo actor se ganó un lugar en el corazón de decenas de millones de espectadores. Para eso le bastó una media docena de películas. Entre gritos, golpes en el pecho, lianas, sonidos selváticos y la admiración del público, "Big Johnny" pasó los mejores años de su vida. Lo peor le estaba reservado para los últimos.

Al simio blanco de la pantalla no le fue muy bien en su vida personal: varios matrimonios frustrados, entre ellos con Lupe Vélez, que terminó suicidándose. Cuando en 1948 hizo su último film de Tarzán, la Columbia le ofreció interpretar a "Jim de la jungla", cuyos pantalones y camisa apenas disimulaban una gordura inaudita para el actor. Así pasaron los años: su psiquis se deterioró a pasos agigantados; los negocios le fueron mal; y terminó de recepcionista en un hotel de Las Vegas.Añorando los tiempos de gloria, comenzó a aturdir a los vecinos con sus gritos nocturnos, emulaciones de los alaridos selváticos de Tarzán. En una ocasión, sin razón alguna, comenzó a hacer sonar la alarma de incendio. Estaba irremediablemente perdido.

Cuando lo internaron en un hospicio, los otros enfermos no lo pudieron aguantar. De tanto en tanto, su última mujer, Marie - "la mayor parte del tiempo no está en sus cabales", declaró -, le leía las miles de cartas que le llegaban de todo el mundo. El escuchaba con la mirada perdida, vaya a saber uno en qué lugar imaginario de la selva. "Big Johnny" había dicho varias veces que le gustaría morir en Acapulco. Varios infartos y sus alaridos obligaron a su esposa a cumplirle el deseo. Y así nomás ocurrió: el 21 de enero de 1984, el Tarzán más famoso de la historia dejó de molestar con sus gritos.

("Publicado en la revista "Asi")