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19 abril 2018

El manager


"Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al manager"
William Burroughs

02 agosto 2015

18 abril 2015

01 noviembre 2014

A 55 años de "El almuerzo desnudo", de William Burroughs

William Burroughs dibujado
por Charles Burns
Por Humberto Acciarressi

William Burroughs, el dato obviamente no se te escapa, fue uno de los más formidables escritores del siglo XX. Y no lo fue por ser polémico y extravagante, como tantos otros. Lo fue por su obra, pura y exclusivamente. Lo demás fue accesorio, parte de la novela de su vida. Su obra más famosa -según la revista Time una de las cien mejores en idioma inglés entre 1923 y 2005- es “El almuerzo desnudo”, aquel libro sobre cuyo propio autor decía que podía leerse de cualquier forma, empezando por donde se quisiera. Una especie de "Rayuela" cortazariana, pero anterior. O mejor ejemplo todavía, “62 modelo para armar”. En el caso de "Naked Lunch", las experiencias del propio Burroughs, esas que alternaron en partes iguales la narrativa y la ingesta de cualquier droga que le pusieran a su alcance, están narradas de tal manera que todo quien conozca algo de la biografía del autor sabe que el libro es casi cien por cien autobiográfico. El asunto es que no todos hacen de su vida una obra de arte.

Publicado en 1959, hace 55 años, el título de ese libro – luego acortado- se lo sugirió a Burroughs su discípulo y amigo Jack Kerouak: “Almuerzo desnudo: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores”. Evidentemente, el padre de la Beat Generation también recibía cosas de sus hijos más dilectos. Lo cierto es que la publicación de la novela desató un gran escándalo en el mundo editorial de los Estados Unidos y tuvo que afrontar diversos procesos legales por obscenidad. Era de esperar. Las descripciones de las calles de Tánger, Nueva York, Chicago, México -todas ellas y ninguna-, vistas por un sujeto en vuelos siderales por efecto de alucinógenos varios, llegan a picos de tal intensidad que el lector termina feliz, pero exhausto. El propio creador manifestó en su momento: "No pretendo imponer relato, argumento, continuidad. En la medida en que consigo un registro directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta. No pretendo entretener”.

“Almuerzo desnudo” (el artículo “El” desapareció en sucesivas ediciones) es un no libro, que transcurrre en un no lugar (aunque hay detalles que lo diferencian de la clásica utopía), y cuya característica fundamental es que está regido por la paranoia más radical. No se registra casi nada que Burroughs no haya experimentado. De lo único que se privó fue de la mesura. Para el escritor, el lenguaje es la primera traba de la que tiene que despojarse un ser humano. O para manifestarlo de otra manera, romper con él hasta constituir una verdadera revolución. El dilema es que “la cárcel perfecta es aquella en la que no sabes que estás dentro de una cárcel”. Aunque años más tarde David Cronenberg haya sido criticado por su adaptación de la novela de la que ahora se cumple otro aniversario (criticada, valga la aclaración, por quienes ponen a Burroughs en un pedestal que el propio escritor repudiaba), el clima del film respeta fielmente el de la obra.Y si te queda alguna duda volvé a leer el libro y a ver la película.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

 
WILLIAM BURROUGHS Y JOE STRUMMER

27 julio 2014

El día que Kurt Cobain visitó a William Burroughs


Por Humberto Acciarressi

El 21 de octubre de 1993, en la cabaña de Lawrence-Kansas en donde William S. Burroughs vivía con su gato, sus papeles, su colección de armas y la metadona que se metía para compensar la heroína que no podía pagar, recibió una visita que ha motivado muchas líneas y poco material: la de Kurt Cobain. El frontman de Nirvana tenía una fijación con el escritor. Una obsesión que llegaba hasta la idolatría. Incluso había señalado en una entrevista: “Tan sólo deseo que (a Burroughs) le gusten mis letras, pero no puedo esperar que a alguien de una generación completamente distinta a la mía le guste el rock and roll". Parece ser que Burroughs no tenía demasiadas ganas de recibir visitas, pero tampoco deseaba ser un maleducado con quien le había enviado varias cartas de fan. En una de ellas, incluso, le pide al autor de "El almuerzo desnudo" que aparezca en un video de Nirvana, actuando de crucificado, aunque el octogenario se negó con amabilidad.

Cobain, de acuerdo a lo manifestado en varias oportunidades, tenia fanatismo por Burroughs desde su primera juventud. Incluso en sus Diarios se lee: "Me encanta todo lo que empieza por B: Bukowski, Beckett, pero sobre todo Burroughs". Se ha escrito que cuando Kurt se retiró de la cabaña, el anciano escritor (tenía 83 años) le dijo a su ayudante: "La verdad es que me parece un chico bastante raro, ya que frunce el ceño sin ningún motivo". Se asegura que hablaron de drogas, pero el propio autor señaló que no consumieron ninguna. Sí le molestó un poco que Kurt no quisiera ver su colección de armas (aunque algunos afirman que ni siquiera intentó mostrársela). De todas formas Burroughs no parece haberle guardado rencor por eso, ya que cuando el líder de Nirvana cumplió 27 años, le envió un collage de regalo, con una dedicatoria.

De ese encuentro en la cabaña del escritor se conocen, apenas, cuatro fotos que habrían estado en un cuaderno con anotaciones de todo tipo, que filtró a la prensa Courtney Love luego del suicidio del líder de Nirvana. En realidad no se sabe mucho más, ya que no hay demasiado registro de las cuestiones que abordaron, sea dentro de la casa como en el paseo por ese bosque de los alrededores que registran las imágenes. Para traer un dato anecdótico, este año se cumplen cien años del nacimiento de Borroughs y veinte de la muerte de Cobain. Y un último detalle. Cuando el escritor se enteró del sucidio del músico comentó al ser consultado: "Lo que recuerdo es la expresión moribunda de sus mejillas. Él no tenía intención de suicidarse. Por lo que yo sé, ya estaba muerto". No es casual que en la antigüedad, a los poetas se lo haya conocido como vates.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)


05 agosto 2007

William S. Burroughs, a una década

Por Humberto Acciarressi

Cada mañana, al levantarse en su casa de Kansas, el anciano William se tomaba una dosis de metadona y, si no estaba de humor, volvía a la cama. Con un revolver siempre a mano, a veces una escopeta, a la noche se iba a dormir temprano luego de haber bebido un poco de alcohol con amigos. Dos cosas hizo W.S. Burroughs hasta el día de su muerte, el 2 de agosto de 1997: la primera, meterse en el organismo cuanta droga se la haya cruzado en el camino. La otra, no parar de escribir. Los últimos días lo encontraron a pura metadona y pura escritura, aunque esta última haya sido en un diario en el que anotaba desde pensamientos profundos hasta trivialidades. Algo así como un blog, pero de papel.

Por su adicción a la heroína que le duró por más de veinte años, novelas como "El almuerzo desnudo" – una verdadera obra maestra, escrita en Tánger en una época de vuelos rasantes –, la cercanía con autores de la generación beat como Kerouac, Leary, Bukowski y otros similares, se pierde de vista que Burroughs siempre fue un poco más allá de la psicodelia y los delirios coloridos del LSD. "La máquina blanda", "El billete que explotó" y "Nova Express" – con las que completó la tetralogía – están cargadas de imágenes fantasmagóricas a pesar de la droga y no a causa de ella.De hecho, él era de los que creían que un adicto es un esclavo del sistema que lo sojuzga.

"Nunca pasa nada en el mundo de la droga", solía indignarse cuando los periodistas querían sacarle un panegírico de la misma. Que la experimentación, el surrealismo y la sátira constituyen algunos de los elementos más destacados de sus novelas, eso sí que es más importante que lo anterior. Es decir, igual que varios de sus contemporáneos, el abuelo William terminó siendo un viejito querido por sus adicciones menos que por su literatura. Para WB, el lenguaje es la primer traba de la que tiene que despojarse un ser humano. O dicho de otra forma, romper con él hasta constituir una verdadera revolución. El dilema es que "la cárcel perfecta es aquella en la que no sabes que estás dentro de una cárcel". El mismo llegó muy lentamente a despojarse del "virus", y recién en sus últimas obras. Y por lo menos llegó.