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08 febrero 2018

16 diciembre 2013

Lee Miller, fotoperiodista y arte fotográfico

LONDRES, INGLATERRA, 1940
Su verdadero nombre fue Elizabeth Lee Miller y nació en Nueva York en 1907, la misma ciudad en la que murió 70 rigurosos años más tarde. Fotógrafa artística, fotoperiodista durante la Segunda Guerra Mundial, había comenzado su carrera siendo modelo de Vogue, luego de conocer a su fundador, Condé Nast. Unos escandaletes hoy absurdos la llevaron a Paris, donde quiso ser aprendiz de Man Ray, de quién terminó siendo asistente, amante y musa. Fue amiga de Picasso, Paul Eluard, Jean Cocteau. Vivió en Egipto con un marido (Aziz Eloui Bey) y a su retorno a Francia conoció a su siguiente esposo, el célebre crítico Roland Penrose. Hizo tantas fotos como ni siquiera puede imaginarse. Cuando murió de cáncer ya era una celebridad, pero en la actualidad es imposible eludir su nombre si uno quiere nombrar a aquellos que dejaron las mejores imágenes del siglo XX.

DYLAN THOMAS, ESTUDIO DE VOGUE,
EN LONDRES, EN 1946 (ARRIBA Y ABAJO)

JEAN COCTEAU Y NUSCH
ELUARD EN PARIS, 1944
JOAN MIRO, EN EL CENTRO, JUNTO
A DESMOND MORRIS Y UN AMIGO
EN EL ZOO DE LONDRES, 1964

25 julio 2009

Marcel Proust por Man Ray

El 18 de noviembre de 1922, después de haber dictado unas modificaciones para "En busca del tiempo perdido" y rodeado de algunos amigos, Marcel Proust murió de una bronquitis mal tratada. Jean Cocteau le había sugerido al hermano del escritor, Robert, que llamara a un fotógrafo para dejar un testimonio de aquellos momentos, las que tal vez podrían ser las últimas imágenes del narrador. Fue así como, también por indicación del autor de "Opio", mandaron a llamar a Man Ray. Cuando el mago del surrealismo llegó y disparó la cámara, Proust ya había muerto. Se trata de uno de los registros fotográficos más tremendos de la historia de la literatura.

24 diciembre 2007

Madeleine, ¿estás enojada o no?

(...)
Michel: ¿Estás enojada conmigo?
Madeleine: Estaría enojada si no fueras celoso. Estaría enojada si fueras celoso.Estaría enojada si no te enojaras. Estaría enojada por no enojarme de que te hubieras enojado.
(...)

Jean Cocteau 
(fragmento de la obra "Los padres terribles")