26 de mayo de 2016

Arian Houshmand, de Irán a la Argentina vía musical


Por Humberto Acciarressi

Tanto biográfica como estéticamente, Arian Houshmand puede ser definido como un artista cosmopolita. Aunque hace doce años está radicado en la Argentina nació en Irán (uno de sus tíos, Farhad, fue un conocido cantautor y otro fue violinista de la Filarmónica de Teherán), y fue criado entre Costa de Marfil, Indonesia, Dinamarca y Emiratos Árabes. A los diez años comenzó a formarse musicalmente de manera autodidacta y con el correr del tiempo se nutrió de varios géneros, entre ellos el flamenco, el jazz, el folclore persa y algunos ritmos latinoamericanos. Becado en los Estados Unidos estudió guitarra en Nueva York, especialmente jazz con el guitarrista Michael Bocian. Ya sea tocando habitualmente en Greenwich Village como solista o integrando un quinteto de salsa en el Esperanto Cafe, Arian difundió con entusiasmo la música cubana. Ya radicado en la Argentina siguió con los instrumentos de cuerda, a los que añadió el clarinete y otros tradicionales persas como el santur y el setar. El próximo 7 de junio, en Café Vinilo (Gorriti 3780) a las 21, estará presentando su disco "Nava", vocablo farsi que significa "melodía". Le preguntamos cómo se hizo músico en su Irán natal y nos responde:

"Sobre todo escuchando la radio, los vinilos de mis padres, los casetes de mi hermana mayor. Escuchando todo tipo de música que encontraba a mi alrededor y tratando de retener y reproducirla como pudiera, sea cantando, silbando, tarareando. Y después la guitarra fue una manera de expresar, por la cual sentí mucha afinidad durante mi adolescencia. Sobre todo cuando uno tiene esa fiebre por aprender. Recuerdo que volvía de la secundaría ansioso por encerrarme en el baño a tocar horas y horas (suena extraño, aunque era porque allí se escuchaba más fuerte y reverberante el sonido). En mi casa se escuchaba de todo y la música siempre estuvo presente en la vida cotidiana. Allí encontraba una especie de complicidad introvertida, un refugio mágico del mundo exterior".

Y después de tanto andar, ¿cómo llegaste a la Argentina?
Llegué en 2004 con 21 años en un viaje para conocer y sin darme cuenta me fui quedando. En estos doce años que llevo aquí fui encontrando también una identidad y sentido de pertenencia. Aquí en la Argentina convergen muchas culturas e historias diferentes. Quizás eso fue justamente lo que más me atrajo, como la diversidad y riqueza que tiene este país desde el norte al sur, no sólo en el paisaje natural sino también en el humano. Eso y el haber tenido la suerte de dar con gente muy noble, amigos de muy buen corazón que hoy por hoy considero como mi familia. Cuando uno está lejos de su familia, los amigos ocupan ese lugar y me he encontrado con una cultura que valora fuertemente la amistad, la familia, los vínculos sociales, y en muchos aspectos con valores muy similares a la mía. Lo mejor que me ha dado este país fue mi hijo, sumado a lo anterior y a la educación musical.

¿Cuáles son tus influencias musicales, esas que forman una especie de collage?
Tengo muchas, demasiadas. Paradójicamente, a esta altura pocas son de guitarristas. Siempre traté de emular con la guitarra, el lenguaje armónico contrapuntístico y fragmentario de pianistas contemporáneos como Egberto Gismonti (lo fragmentario melódico y rítmico), Ryuichi Sakamoto (el minimalismo y compositivo), Stefano Boliani (la improvisación, lo armónico, los arreglos) Fred Hersch y Brad Mehldau (el desarrollo, las texturas y lo contrapuntistico). A la vez me transmite mucho la música folclórica y de raíz de todo el mundo, de mi país, de los balcanes, de África, por ejemplo el flamenco y todo aquello que haya perdurado a pesar del correr del tiempo. Acá en Lationamérica me he nutrido de mucha música también. En la Argentina me marcaron mucho el Cuchi Leguizamon, Raul Carnota, Juan Quintero, Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez. De Cuba el son, las canciones de la vieja trova y los boleros; el festejo y landó de Peru; el joropo y merengue venezolanos; la cumbia vallenato y bullerengue de Colombia; la poesía de Silvio Rodríguez; el swing de Rubén Blades; la sencillez y profundidad de Violeta Parra; el melodismo de Paquito D´Rivera. La lista es interminable. También me impacto mucho la música pop / rock internacional de los 90. A mí me marcó fuertemente esa década.

¿Y ahora qué significa este disco, "Nava", para vos?
Nava para mi implica el comienzo de una nueva etapa en mi vida, como arreglador y compositor. Significa muchas sensaciones, pero sobre todo la necesidad de arriesgarme por un camino, una mirada propia con cosas que busqué y otras que me buscaron a mí, muchas influencias diversas que con el tiempo siento que se irán depurando hacía un sonido más consolidado.

¿Próximos proyectos?
Me encantaría meterme en el mundo de la música para cine y películas. O colaborar con otros músicos populares de acá. Y naturalmente ahondar en la búsqueda de fusión entre el folclore iraní y el argentino, con el ensamble "Azafrán" estamos justamente investigando en esa nueva conjugación de músicas tan distantes y a la vez tan cercanas.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)