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09 junio 2019
06 junio 2019
Series televisivas en sus mejores afiches
05 junio 2019
Una pieza de ajedrez de un millón de euros
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| LA PIEZA ENCONTRADA EN UNA CAJA DESPUÉS DE 55 AÑOS |
Lo cierto es que por esas casualidades, la pieza fue vista por un experto de Sotheby´s que certificó su valor, nada menos que un millón de euros. Alexander Kader, el especialista, confesó que se quedó con "la boca abierta" cuando compendió lo que tenía entre manos, "uno de los descubrimientos más emocionantes" de su carrera. Lo que reveló Kader fue que el antiguo guerrero medieval era una pieza que faltaba a los juegos de ajedrez medieval de la isla de Lewis, los más antiguos que se conocen, encontrados en 1831 en las Islas Hébridas Exteriores (Escocia), exhibido en museos de Londres y Edimburgo. Se calcula que datan del siglo XII, entre los años 1150 y 1200, y se presume que su origen es escandinavo, aunque el estilo es románico, predominante en Europa durante los siglos XI-XII.
El conjunto que ahora tiene una pieza más con ésta del guerrero medieval, constaba hasta el momento de 93 (82 están en el Museo Británico y las otras 11 en el de Escocia) y el resto se daban por desaparecidas. Con la autentificación de Sotheby´s, el "soldado" comprado en cinco libras esterlinas saldrá a la venta en julio por un valor que se estima en un millón de euros. La pieza en cuestión es un guerrero con casco y espada que podría representar el papel de las actuales torres, y tiene aún más valor del que podría resultar obvio, ya que su color no es tan pálido como el de los otros que integran la colección, lo cual -como añadido- ofrece pístas sobre su verdadero aspecto original.
LA PIEZA COSTO 5 LIBRAS Y HOY VALE UN MILLON DE EUROS |
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| PIEZAS DEL AJEDREZ DE LEWIS DEL MUSEO BRITANICO |
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| PIEZAS DEL AJEDREZ DE LEWIS DEL MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA |
Un insólito Campeonato de Barbas
Decenas de hombres mostraron impresionantes barbas y bigotes en el Campeonato de Barbas realizado en Bélgica. Acá varias de ellas en fotos de la agencia Reuters
16 mayo 2019
El surrealismo de Dalí en el Centro Cultural Borges
Como se sabe, en el marco general del surrealismo, Dalí desarrolló un método que calificó como Paranoico-Crítico, consistente en llevar la mente en forma consciente al borde de la locura, provocarla, pero sin traspasarlo para crear dentro de ese límite crítico. En tal contexto, de su vasta obra se desprenden informaciones de su vida íntima, como de sus técnicas, materiales, asociaciones libres y decires. Estas se vislumbran a lo largo del recorrido de la muestra, a través de textos y paneles explicativos pensados para enriquecer la experiencia surrealista del principiante como del experto en Dalí.
En la serie de “Las Profesiones” de serigrafías sobre plata (muy curiosas por cierto) se destacan El Médico, El Abogado, El Arquitecto y el Diseñador de Modas, realizadas en hasta 12 colores. La serie de las “Placas de Plata” en bajo y alto relieve incluye un homenaje a Pablo Picasso con un rostro cubista al que ciñe en sus sienes los laureles de la gloria como reconocimiento al otro gran español del siglo XX. Pero fiel a la personalidad satírica y polémica del artista, el público puede leer en el recorrido “Los Decires de Dalí” el famoso:
“Picasso es español, yo también.
Picasso es pintor, yo también.
Picasso es un genio, yo también.
Picasso es comunista, yo tampoco”
02 mayo 2019
09 abril 2019
Richard Avedon y sus fotos de Jorge Luis Borges
"(...) En 1975 llegué a un punto en mi carrera en que no estaba interesado en hacer retratos a personas de poder y fama. Sin embargo, había tres hombres cuyo trabajo admiraba enormemente y cuyo retrato quería realizar: Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, y Francis Bacon. Sus retratos involucraron tres tipos diferentes de performance: Borges otorgó una infotografiable, Beckett la rechazó y Bacon ofreció una sesión perfecta.
Fotografío lo que más temo, y Borges era ciego.
En vuelo a Buenos Aires me informan que la madre de Borges, con quién yo sabía que él vivió toda su vida, acababa de morir esa mañana. Asumí que la sesión sería cancelada. Pero él me recibió, como estaba planeado, la tarde siguiente a las cuatro en punto. Llegué a su apartamento y me encontré a mi mismo en la oscuridad. Estaba sentado en una luz gris, en una silla pequeña, y me señaló con su mano que me sentara a su lado. Casi inmediatamente, me dijo que admiraba a Kipling, y me pidió que le leyera. “Vaya a la biblioteca y busque el séptimo libro de la derecha del segundo estante”. Lo hice. Me dijo cuál poema de Kipling quería escuchar - “The Harp Song of the Dane Women” - y se lo leí. Se sumó en algunos pasajes. Me preguntó si sabía yo anglosajón ¿Qué prefería, leyenda o elegía? Elegía, aventuré. Me explicó, mientras se preparaba para recitar, que su difunta madre yacía en la habitación de al lado. ´Sus manos se crisparon de dolor justo un instante antes de su muerte´, explicó, y luego describió cómo él y su sirviente habían estirado cada uno de los dedos de su madre, uno por uno, hasta que sus manos descansaron sobre su pecho. Luego recitó la elegía anglosajona, su voz elevándose y musitando en el cuarto oscuro.
La primera vez que lo vi en la luz, era mi luz. Me abrumaron los sentimientos y empecé a fotografiar. Pero las fotos resultaron más vacías de lo que yo esperaba. Pensé que de alguna manera la abrumación fue tanta que no había logrado poner nada de mí mismo en el retrato.
Cuatro años después leí una crónica de Paul Theroux sobre su visita a Borges. Era mi visita: la luz suave, la ida a la biblioteca, Kipling, el recital anglosajón. De alguna manera, parece que Borges no hubiera tenido visitas. La gente que venía de afuera sólo podía existir para él si formaba parte de su propio mundo interior, el mundo de poetas y sabios que eran su verdadera compañía. La gente de ese mundo sabía más, discutía mejor, tenía más para decirle. La performance no permitía ningún intercambio. Él se había tomado su propio retrato hacía tiempo atrás, y yo sólo pude fotografiar eso (...) "
Richard Avedon
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