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Mostrando las entradas con la etiqueta Federico Garcia Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Federico Garcia Lorca. Mostrar todas las entradas
19 marzo 2021
28 agosto 2016
Doble nocturno de tela
"(...)Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.
La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando atrás fugaces
remolinos de tijeras (...)"
Federico García Lorca
(Fragmento de "Romance de la Guardia Civil")
16 marzo 2016
26 diciembre 2015
09 diciembre 2015
Las cadenas de mails como atentados a la cultura
Por Humberto Acciarressi
En líneas generales, por lo menos en lo que me atañe, cualquier correo que vaya dirigido a más de dos personas, en mis casillas personales van de cabeza a los spams. Lamentablemente no se puede hacer lo mismo en el profesional, por razones que excederían estas líneas (aunque algún día escribiremos sobre esta cuestión). Sin embargo, para vivir en sociedad, alguna concesión hay que hacer. Y en este sentido tengo "autorizados" dos o tres remitentes de esos que mandan fruta a diestra y siniestra. Así y todo no suelo leerlos, pero a veces el "asunto" me seduce y entro como un caballo. Días atrás, en el marco de las peleas electorales de nuestro país, me llegó un mail que por la fecha de origen viene dando vueltas desde hace un par de meses (aclaración: en lo que me concierne, mueren impiadosa e inevitablemente con mi tecla de "delete", mi arma preferida).
En los que se refieren a la política vernácula, los textos suelen ensañarse con la presidente saliente Cristina Fernández y el entrante Mauricio Macri. Y por cierto son de pésimo gusto. No por lo que dicen, sino por cómo lo dicen. Pero a veces se exceden. En el correo de marras hay un poema que se le atribuye a Federico García Lorca, que el poeta granadino no podría haber escrito ni para hacer un chiste. Se trata de ese que dice "mujer sin conciencia alguna, vacía de amor y afecto" y bla bla, bla. Pero concluyamos de una vez con esta farsa: no hay, en toda la obra teatral, poética, periodística e incluso en sus monumentales conferencias matizadas con gracia andaluza, ningún poema que siquiera se parezca al pomposamente titulado "La dama de negro". Obviamente, en el imaginario de los que hacen correr estas cadenas, fue "un vaticinio" de Lorca sobre la saliente presidente argentina. Un dislate detrás de otro.
La cuestión no es nueva. Al margen de las avivadas que no hacen otra cosa que sembrar mentiras literarias, el asunto ha tocado a grandes escritores. Todavía hay gente que cree que la detestable poesía titulada "Instantes" le pertenece a Jorge Luis Borges, ya que hasta se han hecho tarjetas navideñas, afiches y otras paparruchadas con ese engendro. Naturalmente sólo alguien que vaya a contramano de la cultura puede creer que uno de los principales autores en lengua castellana desde el Siglo de Oro español haya escrito "Si pudiera vivir nuevamente mi vida / comería más helados y menos habas". Si no fuera un atentado a la cultura sería un buen chiste del repertorio de Capusotto. También sospechar que de la imaginación de García Márquez pueda haber salido el poema (de alguna forma hay que llamarlo) titulado "La marioneta", es desconocer su obra. Nadie que haya leído sólo dos libros en toda su vida puede creer que sea de Gabo esa porquería que reza: "entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz".
Es verdad que no todos tienen por qué conocer la obra completa de cada escritor, pero hay cosas elementales. A nadie se le ocurriría atribuirle a T.S.Eliot una de las perogrulladas de Paulo Coelho, o un aforismo del ya justamente olvidado José Narosky a Ludwig Wittgenstein o a Nietzsche, por mencionar dos intelectuales que cultivaron el género. También es cierto que muchas cosas son falsamente atribuidas (por ejemplo el "primero se llevaron a los comunistas pero yo no dije nada porque no era comunista...etc, etc", a Bertold Bretch) desde mucho tiempo antes de la existencia de internet, y en consecuencia de las redes sociales y de los spams. Pero estos, especialmente esas insoportables cadenas, van creando una falsa realidad que utiliza el nombre de grandes intelectuales como caballos de Troya. El poema trucho de García Lorca es una de las más recientes estupideces que andan circulando. Si Antonio Machado escribió "El crimen fue en Granada" en referencia al asesinato del poeta, podríamos decir -sin atribuírselo a nadie- que la metralla que lo mató en un paraje de su pueblo, hoy circula en los correos basura con otro formato.
(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)
30 septiembre 2015
09 septiembre 2015
Federico García Lorca, a propósito de Aylan Kurdi
Gacela del niño muerto
Todas las tardes en Granada,
todas las tardes se muere un niño.
Todas las tardes el agua se sienta
a conversar con sus amigos.
Los muertos llevan alas de musgo.
El viento nublado y el viento limpio
son dos faisanes que vuelan por las torres
y el día es un muchacho herido.
No quedaba en el aire ni una brizna de alondra
cuando yo te encontré por las grutas del vino
No quedaba en la tierra ni una miga de nube
cuando te ahogabas por el río.
Un gigante de agua cayó sobre los montes
y el valle fue rodando con perros y con lirios.
Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos,
era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.
Federico García Lorca
Diván del Tamarit (1936)
29 marzo 2013
Poeta en Nueva York
12 junio 2008
29 marzo 2008
De plomo las calaveras
"(...) Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.
(...)
Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.
La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entraron a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de moneda.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
(...)
¡Oh ciudad de los gitanos!
La guardia civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan (...)"
Federico García Lorca
(Fragmentos del "Romance de la Guardia Civil")
27 febrero 2007
"Romance de la luna", por García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Federico García Lorca
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