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16 octubre 2015

La Compañía de Antonio Gades llega con "Carmen"

Por Humberto Acciarressi

Este viernes, el sábado y el domingo, en el Teatro Astral (Corrientes 1639), la Compañía de Antonio Gades, con más de veinte artistas en escena, estará representando la obra "Carmen". Sin embargo, antes de avanzar más, es necesario recordar ciertas historias. Próspero Merimeé, famoso por novelas que hoy nadie lee pero que en el siglo XIX eran muy consideradas, tiene un aspecto de su vida de literato poco conocido: el de autor de unos interesantes artículos y libros de viajes por España, Turquía, Grecia y toda Francia (esta última su patria natal). Hacia 1830, este aventurero que coleccionaba anécdotas y algunas amantes, conoció a la malagueña María Manuela Kirpatrick, condesa de Montijo, y madre de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III, y de Paca de Alba. Según cuentan la historia y las cartas que se enviaron entre Merimeé y la condesa, se sabe que una tarde, la mujer le contó al escritor la historia de un bandolero de Málaga que acuchilló a su amante por celos, en el marco de una lúgubre historia que hoy calificaríamos como violencia de género.

Con esa narración ocasional -de acuerdo a lo que le contó en una misiva a la condesa- casi dos décadas más tarde escribió una nouvelle o novela corta que tituló "Carmen", en la que apeló a conocimientos del mundo de los gitanos que había tomado de algunos libros, y que fue publicada en una revista en la que había firmas como las de Baudelaire, Dumas, Balzac y otros más tarde célebres autores. Para ser justos, hay que decir que la novelita estaba destinada al olvido y no tiene nada para competir con otras de la época. Sin embargo, el argumento -con algunas modificaciones y una música notable- le interesó a un extraordinario pianista, compositor y amante de los temas populares llamado George Bizet. Este francés que nació ocho años más tarde del encuentro entre Merimeé y la condesa de Montijo, murió a los 37 de un aneurisma y su última obra fue precisamente la ópera "Carmen".

Esta pieza hoy cèlebre fue estrenada el 3 de marzo de 1875, con cierto retraso dado que el tema de la traición, los celos y el crimen de la protagonista podían ofender a los espectadores. Bizet mismo estaba convencido del fracaso de la ópera y no tuvo la suerte de enterarse del éxito espectacular que obtuvo, dado que murió tres meses más tarde de un infarto. Desde entonces pasaron 140 años y la celebridad de la obra perduró intacta, en interpretaciones musicales famosas y hasta películas cómicas como la versión de 1943 de Luis César Amadori, con Niní Marshall como Carmen. Cuarenta años más tarde de este film, Carlos Saura y Antonio Gades guionaron la película dirigida por el primero, con música de Bizet y respetuosos añadidos de Paco de Lucía, y la actuación del propio bailaor y coreógrafo junto a la hermosa Laura del Sol, que allí hacía su estupendo debut.

Antes de fallecer en julio del 2004, Gades - que decía que "el flamenco es un extracto de fuego y de veneno"- fundó la Compañía que ahora está entre nosotros. La adaptación del bailarín junto a Saura, que podrá ser vista este fin de semana en el Astral, tiene lo mejor de la novela de Merimeé, de la ópera de Bizet y del torrente inagotable del flamenco que le aportaron quienes reversionaron la historia y la música. No es casual que el propio Gades dijera oportunamente que "a Carmen se la llevó Merimeé a Francia, pero nosotros la hemos vuelto a traer a España". Señalemos, también, que "Carmen" fue el primer fruto escénico de Gades y Carlos Saura, pero el tercero del bailarín, que ya había creado "Don Juan" y "Bodas de sangre".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

22 octubre 2013

Goya, Dalí, y los caprichos surrealistas


Por Humberto Acciarressi

Primero lo primero. En 1799, Francisco de Goya (inevitable recordar el film de Carlos Saura, "Goya en Burdeos", tal vez lo mejor que se haya hecho en cine sobre el pintor español) realizó una serie de 80 grabados que tituló "Los caprichos", serie de estampas caricaturescas, al modo de los que había en Inglaterra y Francia por entonces. El más famoso de todos, el número 43, es "El sueño de la razón produce monstruos". Son pesadillas recurrentes en el arte onírico que realizaba en esa etapa de su creación, aquejado por una de las tantas enfermedades que padeció, entre ellas una devastadora sordera.

Y así pasaron dos siglos. Entre 1973 y 1977, Salvador Dalí reinterpretó -con su mirada surrealista- los Caprichos del genio aragonés. Y le añadió otros. Quien ya conozca las reversiones dalinescas y las haya comparado con las de Goya, sabe que Dalí les quita a las obras de su connacional, tanto la crítica social como el tono satírico que les imprimió éste a fines de 1700, cuando se gestaban. No hay que olvidar que Goya definió esas aguafuertes de esta manera: "Asuntos caprichosos que se prestan a presentar las cosas en ridículo, fustigar prejuicios, imposturas e hipocresías consagradas por el tiempo".

El pasaje de Goya a Dalí, si bien magistral, lo convirtió en otra cosa, los transformó en disparates fuera de tiempo y, naturalmente, le puso la impronta de sus propias obsesiones. En la intertextualidad incluye sus relojes blandos, figuras ambiguas, temas eróticos, referencias a artistas de diferentes épocas, como Velázquez y Federico García Lorca. Para quienes no conozcan las obras -aún más, para quienes quieran verlas nuevamente o fuera de las páginas de los libros- el Museo de Arte Español Enrique Larreta (Juramento 2291) inaugura el 7 de noviembre la muestra "Goya y Dalí. Capricho surrealista", que se extenderá hasta el 8 de diciembre. Una excelente oportunidad para disfrutar de ochenta grabados de Dalí y una selección de los originales del aragonés.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

07 octubre 2011

La Duquesa de Alba, muy fulera, se casó


Por Humberto Acciarressi 

No tiene la belleza de la Cayetana que inspiró a Goya para uno de sus cuadros más famosos, "La maja desnuda". Y ni hablar de quien la interpretó en la película de Carlos Saura, "Goya en Burdeos", nada menos que la hermosa Maribel Verdú. No y no. Decididamente no. María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay, la actual duquesa de Alba que ayer contrajo matrimonio con Alfonso Diez, alias "El funcionario", es sencillamente fulera. Y me limito a adjetivarla así por cortesía. La edad -85 años- no tiene nada que ver. 

Estuve mirando fotos viejas de la duquesa (casi escribo "fotos duquesas de la vieja"), y nunca fue linda. Claro que a ella le importa un bledo mi opinión. Y a su historia me remito. Esta mujer que ya mandó al cajón a tres maridos (Pedro, Jesús y Alfonso, para llamarlos por el nombre de pila), tiene muchas de las cosas que millones quisieran poseer. La vida de esta gente no siempre se explica con facilidad. 

Sus seis hijos no toleran la relación (el flamante marido tiene 25 años menos)y ella posee tantos títulos nobiliarios que meten asco: 8 ducados, un condado-ducado, 2 marquesados, 9 condados, 17 marquesados, 13 condados y un vizcondado. Digamos que si la viuda negra deja con vida a su cuarto esposo y resuelve partir antes, a él le quedará más que un ranchito en la campiña sevillana. Y eso que Cayetana, hace dos meses, ya ordenó su herencia para que los nenes no se queden en la calle. 

Por lo pronto, ella ya le anunció a su media naranja que a partir de ahora vivirán en la casa de ella: el Palacio de Dueñas en Sevilla. Para las vacaciones en Madrid, la pareja cuenta con otra de sus residencias: el Palacio de Liria. Apasionada por la cultura (especialmente las artes plásticas), se asegura que es bastante caprichosa. Hay quienes envidían al marido. Borrá de esa lista a quien escribe estas líneas. 

(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)
La Cayetana según Carlos
Saura en "Goya en Burdeos"
"La maja desnuda" según Goya