15 septiembre 2007

Roald Dahl: letras, cine, Google y prejuicios


Roald Dahl nació en el País de Gales - aunque sus padres eran noruegos - el 13 de septiembre de 1916. En 1939, con la Segunda Guerra Mundial, se enroló en la RAF para pelear contra los nazis. De hecho su primer relato,"Pan comido", describe cómo Dahl, atrapado en la cabina de su avión "Gladiator" en llamas, logró salvar milagrosamente su vida. En 1943 publicó la obra infantil "Los gremlims". Luego vinieron varios libros para adultos, hasta que en 1961 dio a la imprenta "James y el melocotón gigante", y en 1964 "Charlie y la fábrica de chocolate". Más tarde llegó "Matilda".

De su relación con el cine (los tres recién mencionados fueron llevados a la pantalla; "Charlie..." en dos ocasiones), quedan su participación en el guión de "Chitty Chitty Bang Bang",de Ken Hughes, y en el guión de "Sólo se vive dos veces", de la seguidilla de James Bond. Muchos otros libros suyos fueron llevados al cine. Murió en Oxford, Inglaterra, el 23 de noviembre de 1990. A comienzos de la década del ochenta, criticó la invasión de Israel al Líbano y ciertos extremistas lo llamaron anti-semita. Por esa razón, este jueves Google apenas pudo tener dos horas su homenaje a Dahl en el buscador:


Como algunas -no todas, por suerte - asociaciones judías se quejaron, Google lo levantó argumentando "preocupaciones de usuarios". Cabe aclarar que Dahl no era antisemita (de hecho había luchado contra el nazismo), sino que estaba contra la política del Estado de Israel.

14 septiembre 2007

A 35 años de Yasunari Kawabata


Yasunari Kawabata Kawabata fue el primer escritor japonés en ganar el premio Nobel de Literatura en 1968. En 1972 se suicidó. Aquí un fragmento de "La casa de las bellezas durmientes":

"De vez en cuando el viento pasaba sobre la casa, pero ya no tenía el sonido de un invierno inminente. El bramido de las olas contra el acantilado se suavizaba al aproximarse. Su eco parecía llegar del océano como música que sonara en el cuerpo de la muchacha y los latidos de su pecho y el pulso de ella le servían de acompañamiento. Al ritmo de la música, una mariposa pura y blanca danzó sobre sus párpados cerrados. Retiró la mano de la muñeca de ella. No la tocaba en ninguna parte. Ni la fragancia de su aliento, ni de su cuerpo, ni de sus cabellos era fuerte" 

Yasunari Kawabata 

11 septiembre 2007

A treinta años de Clarice Lispector


Por Humberto Acciarressi

Murió de cáncer hace treinta años, pero con ella pasa algo más que extraño. A diferencia de otras escritoras de sino trágico –la uruguaya Delmira Agustini, nuestra Alfonsina Storni, etc– su figura fue creciendo hasta convertirse casi en un mito. Clarice Lispector, una de las voces más extrañas y fascinantes de las letras brasileñas, puede compararse en este sentido a Alejandra Pizarnik.
Dos mujeres muy nombradas, aunque no tan leídas. Su sensibilidad, su arte poética, exige a los lectores que se metan de cabeza en las profundidades de los conceptos. La trama, en ella, a veces es lo de menos. Fue por eso que alguien, en cierta oportunidad, cometió la gaffe de decir que Clarice Lispector era una escritora en busca de un argumento.

Su vida no fue menos extraña. Nació en Rusia, a los dos meses ya estaba en Brasil y en una oportunidad la retrató Giorgio de Chirico. Como habían mentado que era hechicera la invitaron –y fue, aunque no a bordo de una escoba– a un congreso de brujas en Colombia, le gustaba hablar de la muerte, aunque sobre todas las cosas escribir...y seguir escribiendo.

No hace mucho, le preguntaron a Nádia Battella Gotlib, la autora de "Clarice, una vida que se cuenta" (recién editado por Adriana Hidalgo, se trata de uno de los más completos acercamientos realizados a la vida y la obra de la autora de "Un aprendizaje o el libro de los placeres"), si le había costado mucho armar el rompecabezas de esa vida compleja. La biógrafa contestó: "Ella mentía muchísimo respecto de su vida. Tuve que montar la historia dejando de lado y cuestionando todos los datos que Clarice había dado, porque ella intentaba borrar todas sus huellas".

¿Qué la llevaba a borrar sus pasos? Tal vez no sea demasiado importante, como no lo es –salvo para armar la historia – el Rosebaud de "Citizen Kane". De hecho, ella misma escribió: "No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya sorprendido consigo mismo". Lo que es definitivamente insoslayable es su obra: sus novelas, sus poesías, sus libros infantiles. Estas piezas son las que llevan a decir que una vez que se llega a ella, es muy difícil de abandonar. Como los grandes amores.

(Publicado en La Razón, de Buenos Aires)