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02 junio 2018

La política y el arte según los tontos


"Existe una opinión generalizada según la cual la matemática es la ciencia más difícil cuando en realidad es la más simple de todas. La causa de esta paradoja reside en el hecho de que, precisamente por su simplicidad, los razonamientos matemáticos equivocados quedan a la vista. En una compleja cuestión de política o arte hay tantos factores en juego y tantos desconocidos e inaparentes, que es muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso. El resultado es que cualquier tonto se cree en condiciones de discutir sobre política y arte -y en verdad lo hace- mientras que mira la matemática desde una respetuosa distancia"
Ernesto Sábato

18 octubre 2016

Borges y Sábato charlan sobre los sueños


En una oportunidad, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato charlaban sobre los sueños:

JLB: Una persona que sueña es, a la vez, el teatro, el actor, el autor y el decorado.

ES: El arte y el sueño tienen un principio común, a mi juicio. Pero en el arte hay salida y en el sueño no. El artista se sumerge, en un primer momento, en el mundo de su inconsciencia, que es el de la noche, y en eso se parece al sueño. Pero luego vuelve hacia fuera, es el momento de la expresión, depresión hacia fuera. Es entonces cuando el hombre se libera. En el sueño todo queda adentro.

JLB: Veo que usted, Sábato, es un especialista en sueños.

ES: Todos lo somos.

JLB: Sin embargo conozco personas tan desdichadas que no han soñado nunca.

04 mayo 2016

Ernesto Sábato aún molesta a cinco años de su muerte

FOTO DE SABATO TOMADA POR EL
COMPAÑERO Y AMIGO EDUARDO LONGONI
Por Humberto Acciarressi

Hubo una época de la Argentina en el que estuvo de moda criticar a Borges, no por sus opiniones políticas (a la luz de la historia mucho más sabias que la de sus detractores) sino por su literatura. Lo bueno de tener algunos años más que otros es que sirve para verificar quién queda y a quién se lo traga el olvido. Casi no recuerdo a nadie de quienes tenían hacia él ese entusiasmo parricida adolescente que también afectó a Julio Cortázar, a partir de las críticas por vivir en Paris que recibió en una revista célebre. Obviamente el recordado es Borges, que en la actualidad apenas es criticado por algunos bobos con corbata que se hacen los punks o posan de originales en un ámbito donde la originalidad está reservada a pocos. Un caso similar ocurrió con Manuel Puig, con Sara Gallardo, con Héctor Murena, con Mujica Lainez, con Marechal, con Marco Denevi y otros grandes escritores argentinos que no gozaron, como algunos semianalfabetos, de la gracia de ser considerados "de culto"(se llama "de culto" a todo eso que cuando pasa de moda es olvidado por aquellos que "lo cultivaban").

Ernesto Sábato, de cuya muerte se cumplen cinco años, se pasó las últimas etapas de su centenaria vida padeciendo esa misma injusticia. Con todas las críticas que se le pudieron hacer - como en el caso de Borges en materia literaria y política- fue un peso pesado de las letras argentinas, de esos que le están haciendo falta a nuestro país, abundante en cantidad y bastante pobre en calidad. En su escasa obra literaria sólo se contabilizan tres novelas: “El túnel” (1948), “Sobre héroes y tumbas” (1961) y “Abaddón el exterminador” (1974). La primera, más cercana a lo que los franceses llaman una nouvelle, en la que Sábato supo combinar la intensidad del cuento y el desarrollo del relato. El libro por el que será recordado fue "Sobre héroes y tumbas", una obra que parece esas mamushkas que encierran una muñeca dentro de otra, incluso cuando ya no es posible. La tragedia de Alejandra y de su padre, Fernando Vidal Olmos, deben verse además a la luz del Informe sobre Ciegos y del relato del viaje del cuerpo acribillado y muerto de Juan Lavalle, llevado en huida por los escasos soldados sobrevivientes de su ejército, con las lanzas rosistas quemándoles los talones.

Su "Abaddón..." es el equivalente a "El libro de Manuel" de Cortázar: novela demasiado panfletaria y bastante confusa, que nada tiene que ver con la anterior, de la que algunos quisieron ver una continuación. Decenas de libros de ensayos ("El escritor y sus fantasmas", "Uno y el universo", "La cultura en la encrucijada nacional", etc), completan una gran obra que posee ese nosequé de cuestión inconclusa que no desentona con su existencialismo visceral. En sus últimos años reinvindicaba la lucha no violenta, gandhiana, los movimientos de resistencia pacífica. Curiosamente, este hombre amargado, malhumorado, que abjuraba de la ciencia en la que se formó y entusiasta del poder de la locura de un Holderlin a orillas del río Neckar, no era un pesimista. Por eso expresaba que las utopías son futuras realidades. Borges no entendía cómo había dirigido la Conadep o trabajado en lo que la historia conoce como el Informe Sábato y que reúne los casos más siniestros cometidos durante la dictadura militar. El asunto con Sábato no es que no guste, sino que molesta. Y eso para algunos es grave.

(Publicado en el diario "La Razón" de Buenos Aires)

25 junio 2011

Sabato en Santos Lugares


La construcción de la "Casa-Museo Ernesto Sabato", en su querido e irrenunciable Santos Lugares, quedó formalizada con un acto oficial. Precisamente el 24 de junio, el escritor hubiera cumplido cien años. En su hogar de Langeri 3134, del partido de Tres Febrero, ya han comenzado las obras de restauración.

04 mayo 2011

Ernesto Sábato: la tragedia de pensar



Por Humberto Acciarressi

Ernesto Sábato está muerto. Estaba cerca de cumplir los cien años, de manera que no hay que lamentarlo sino más bien admirar tanta pulsión de vida en una persona que solía manifestar una visión trágica de la existencia. Ernesto Sábato está muerto, en un momento en que la literatura argentina no pasa su mejor momento, si nos guiamos por la calidad y no con ojos de contadores. Con todas las criticas que se le pueden hacer (nos referimos a su estética no a esos otros detalles que en unos años nadie recordará), habría que agregar que fue un peso pesado de las letras argentinas. Y que ya casi no queda ninguno.

Enemigo de los minimalismos, aspiraba a las grandes obras como manifestación del espíritu humano. En su propia cosecha sólo se contabilizan tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974). La primera, más cercana a lo que los franceses llaman una nouvelle, un relato largo que no llega a ser novela. En ella, Sábato supo combinar la intensidad del cuento y el desarrollo de la novela.

Su gran obra, el libro por el que será recordado, fue "Sobre héroes y tumbas", una pieza que parece esas mamushkas que encierran una muñeca dentro de otra, incluso hasta cuando ya no es posible. La tragedia de Alejandra y de su padre, Fernando Vidal Olmos, deben verse además a la luz del Informe sobre Ciegos y del relato del viaje final del cuerpo acribillado de Juan Lavalle, llevado en huida por los escasos soldados que sobrevivieron de su ejército, con las lanzas rosistas quemándoles los talones.

Ese fue uno de los puntos estéticos de su visión del mundo, la fe de esos hombres fantasmales en medio de la desesperación, la lealtad en el centro de la derrota y la traición. "Abaddón...", demasiado panfletaria y bastante confusa, pasó sin pena ni gloria. Esa novela tiene una grandilocuencia que nada tiene que ver con la anterior, de la que algunos quisieron ver una continuación. Decenas de libros de ensayos, algunos de ellos brillantes ("El escritor y sus fantasmas", "Uno y el universo", "La cultura en la encrucijada nacional", etc), completan una obra con la que podría haber aspirado tranquilamente al Nobel. Lo que no quiere decir nada, salvo eso. En realidad, a diferencia de Borges, Cortázar, Puig, Bioy Casares, Mujica Lainez (acaso el más emblemático de los escritores cuyas obras son el canto del cisne de una Argentina ya desaparecida), a la obra de Sábato siempre parece faltarle algo. Tiene un nosequé de cuestión inconclusa que no desentona con sus ideas existencialistas.

En los últimos años de su vida, reinvindicaba la lucha no violenta, gandhiana, los movimiento de resistencia pacífica. Curiosamente, este hombre amargado, malhumorado, que abjuraba de la ciencia en la que se formó y reinidicaba el poder de la locura de un Holderlin y el divagar del poeta a oriillas del río Neckar, no era un pesimista. Incluso lo era menos que algunos que dicen no serlo. Sábato sostenía -con rigor constante- que las utopías son futuras realidades.

Sus críticos aprovecharon la confusión. Algunos vincularon adrede la visión trágica, la mirada unamuniana de la existencia, con un bajar los brazos. El que se abandona ya no sufre y que Sábato haya dejado las letras para dedicarse a la pintura u otros menesteres, no fue una renuncia sino una forma menos dolorosa de encarar ese sufrimiento que lo acechó durante una centuria menos los 55 días que faltaban para su cumpleaños. Borges, con ironía no exenta de crueldad, llamaba a su colega: "El Dostoievsky de Santos Lugares". Y no entendía cómo se podía haber prestado a dirigir la Conadep o haber trabajado en lo que la historia conoce como el Informe Sábato y que reúne los casos más terroríficos cometidos durante la dictadura militar, con tantos detalles que ni Dante los podría haber imaginado peor. "Soy un anarquista. En el sentido mejor de la palabra", decía, y no dejaba de mencionar el ejemplo de Leon Tolstoi. Y desde ese lugar condenó más tarde los decretos del gobierno peronista de Menem que le dieron la libertad a los genocidas condenados. Ernesto Sábato está muerto. Leerlo o releerlo podría ser el mejor homenaje.

(Publicado en La Razón, de Buenos Aires)