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03 junio 2016

Las bellezas por venir deberán ser nuevas



"Es el aquí. Es el ahora. Las bellezas por venir deberán ser nuevas. La invité a ver el renacimiento de un cristal: frío y plano como una pastilla. Fibras brillantes parpadeando en matrices estéticas bajo un floreciente amanecer de sodio. Lo que nos conmueve y por tanto nos guía es lo que está vigente. Preveo el surgimiento inminente de una enorme desnudez, de una limpieza inmensa que borboteará en todos los rincones del significado. Huelo cambios que traerán consigo alivio, igual que la húmeda promesa de un chaparrón de verano. Una nueva era y una nueva comprensión de la belleza como campo y ya no como lugar geométrico"

David Foster Wallace
(Fragmento de "La niña del pelo raro")

26 febrero 2015

Los años vuelven clásico a David Foster Wallace


Por Humberto Acciarressi

"La broma infinita", la novela que le tomó a David Foster Wallace tres años en escribirla y que publicó en 1996, puede considerarse un compendio de todos los géneros literarios (distopía, realismo, ciencia-ficción, sátira, existencialismo francés, obra psicológica, etc), y en su confección se utilizan desde la borgiana bibliografía ficticia hasta el joyceano monólogo interior Y no hablar del drogadicto en recuperación que protagoniza la novela, que dice entender "en un nivel intuitivo el por qué la gente se mata", además de añadir que "... si tuviera que seguir con ese sentimiento, me mataría yo también". "La broma infinita" no sólo es la obra cumbre, acertadamente considerada como una novela pantagruélica, sino que en los casi ocho años que han pasado desde su suicidio, pasó de ser una obra de culto a convertirse en una narración masiva, cosa por entonces casi inimaginable.

Wallace era considerado a su muerte uno de los escritores más importantes de Estados Unidos, aunque el círculo de sus lectores no era tan numeroso. Era, además, uno de los intelectuales que reflexionó con más ferocidad sobre una sociedad narcisista hasta el desparpajo, además adoradora acrítica de los medios de comunicación. De la administración Busch dejó dicho: "Un show horrorífico de rapacidad, orgullo desmedido, incompetencia, mendacidad, corrupción, cinismo y desprecio hacia el electorado". Pero su obra es mucha más vasta y requiere ser leída (es difícil aconsejar, pero digamos, al azar, el ensayo "Hablemos de langostas", "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer", "Entrevistas breves con hombres repulsivos", los libros de relatos "Extinción" y "La niña del pelo raro")

Irónico, cultísimo y erudito, conocedor como pocos de los recursos de la escritura, ya ha pasado el tiempo suficiente desde que Wallace se quitó la vida a los 46 años, para decir que se ha convertido en un clásico. Otros autores necesitan más tiempo del que este escritor puede darse el lujo de saltear. "Probó de todo. Simplemente no pudo resistirlo más", señaló con honestidad y tristeza su padre cuando le dieron la noticia fatídica. David Foster Wallace, durante unos veinte años, intentó combatir su depresión con medicamentos. Hasta que un día los abandonó, para matarse unos meses más tarde en su casa de California. Entre las muchas cosas que se dijeron entonces destacamos dos: Jonathan Franzen manifestó que Wallace "era enormemente talentoso, retóricamente el más afilado" y Richard Powers fue más alla al afirmar que "era el mejor de nuestra generación y su muerte es una pérdida indescriptible". En 1942, Albert Camus abrió su libro "El mito de Sísifo" con una frase ya histórica: "El suicidio es el único problema filosófico realmente serio". David Foster Wallace dejó una obra para indagar en ese misterio, pero nada garantiza una respuesta.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

08 febrero 2015

La orina mezclada con el agua


"Ese ruido de algo blando que cae. El susurro suave del papel. Los pequeños gruñidos involuntarios. La imagen singular de un anciano ante el inodoro de la pared, la manera en que se coloca allí, asienta los pies, apunta y deja escapar un suspiro intemporal del que uno sabe que no es consciente. Aquel era su ambiente. Estaba allí seis días por semana. Los sábados doblaba turno. Esa sensación irritante que produce la orina mezclada con el agua. El susurro invisible de los periódicos sobre los muslos desnudos. Los olores"

David Foster Wallace

19 septiembre 2008

D.F.Wallace, una muerte temprana

Por Humberto Acciarressi

"Probó de todo. Simplemente no pudo resistirlo más", acaba de decir el padre de David Foster Wallace, que durante veinte años apenas intentó combatir su depresión con medicamentos, que el año pasado los abandonó, y que hace dos días se ahorcó en su casa de California. Mientras, la muerte del escritor a los 46 años dejó una infinita tristeza entre sus colegas y gran consternación entre sus lectores. Si Jonathan Franzen dijo que Wallace "era enormemente talentoso, retóricamente el más afilado", Richard Powers fue más alla al afirmar: "Era el mejor de nuestra generación y su muerte es una pérdida indescriptible".

Wallace era considerado uno de los escritores más importantes de Estados Unidos en la actualidad. Y uno de los que reflexionó con más ferocidad sobre esta sociedad narcisista hasta el desparpajo y adoradora acrítica de los medios de comunicación. De la administración Busch dejó dicho: "Un show horrorífico de rapacidad, orgullo desmedido, incompetencia, mendacidad, corrupción, cinismo y desprecio hacia el electorado". Entre nosotros, Mondadori tiene publicados y se consiguen tres de sus libros: "Extinción" y "La niña del pelo raro" (ambos de relatos) y el ensayo "Hablemos de langostas". Pero revolviendo un poco más se encuentran "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer", "Entrevistas breves con hombres repulsivos" y, claro, "La broma infinita", considerada como su obra cumbre y que alguien definió como novela pantagruélica.

Irónico, cultísimo y erudito, conocedor como pocos de los recursos de la escritura, Wallace era -y todo hace suponer que eso se acrecentará en los próximos tiempos- un autor de culto. En ese sentido, no hay necesidad de ir mucho más alla de su obra para verificar las constantes referencias al suicidio, que también se encuentran en reportajes donde mencionaba "mi extraña naturaleza autodestructiva". Y no hablar del drogadicto en recuperación de "La broma infinita", que dice entender "en un nivel intuitivo, el por qué la gente se mata" y añade que "si tuviera que seguir con ese sentimiento, me mataría yo también".

El ya citado Franzen -que era su gran amigo y Wallace tenía muchos- también dijo: "Era la persona más amable que conocí jamás. Y también la más torturada". En 1942, es decir hace casi 70 años, Albert Camus abrió su libro "El mito de Sísifo" con una frase ya histórica: "El suicidio es el único problema filosófico realmente serio". Una vez más, como en sus libros, David Foster Wallace deja flotando una duda, en su caso sin respuesta.

Post publicado en otro blog satélite de éste. Ahora lo subo acá