28 de octubre de 2015

Jackie Coogan, de "El Pibe" de Chaplin al Tío Lucas


Por Humberto Acciarressi

En 1972, el ya anciano Charles Chaplin regresó a Estados Unidos, de donde había escapado por las persecuciones del macartismo contra quienes simpatizaban con el comunismo, para radicarse en la pacífica Suiza de los relojes y los quesos. Desde la década del 50, nunca más había pisado suelo norteamericano hasta ese día, cuando el avión en el que viajaba aterrizó en el aeropuerto de Los Angeles, para recibir, cinco años antes de su muerte en su hogar adoptivo- un Oscar honorífico a su carrera. Había mucha gente esperándolo en tierra, entre ellos un hombre ya mayor, a quien Chaplin reconoció pese a los años sin verlo. Se acercó a él, lo abrazó conmovido, y le dijo a la mujer que acompañaba al abrazado por el legendario Charlot: "Nunca olvides que tu marido es un genio". Los tres terminaron con lágrimas en los ojos.

El 26 de octubre de 1914, cuando el inglés Charles Spencer Chaplin ya tenía 25 años, nació en Los Angeles, no lejos del lugar en donde ahora estaba el aeropuerto del reencuentro, John Leslie Coogan Jr, a quien la historia del cine iba a inmortalizar con el nombre de Jackie Coogan. Era hijo de dos actores de vaudeville y a los tres años debutó en el cine mudo en una película titulada "Skinner´s Baby" sin aparecer en los créditos. Un buen día, Chaplin -quien ya era famoso por varias de sus interpretaciones como el vagabundo más cèlebre de la historia- se sentó en un bar de mala muerte y vió al pequeño Jackie bailando shimmy y quedó impresionado. Habló con sus padres y lo incluyó como extra en la película de 1919, "Un día de placer". Tenía cinco años y ya ingresaba en la historia.

Apenas dos años más tarde, Jackie Coogan, de la mano de Chaplin y en la película "El pibe" ("The Kid"), se hizo famoso en el mundo entero con su magistral interpretación, en el marco del inicio del genio del cine en la hasta ahora no igualada conjunción de burlesque y tragedia. En los dos años posteriores, este nene que el planeta miraba con simpatía y cariño hizo "Oliver Twist", dirigida por el legendario Frank Lloyd, naturalmente basada en la novela de Charles Dickens; y también fue protagonista de "Daddy" en 1923. Todavía no tenía 10 años y ya era el chico más célebre del naciente universo del espectáculo, el mejor pago y el primero en tener merchandising con su imagen real y la de sus personajes. El número de películas en las que trabajó, sea en la era del cine mudo como en la posterior, es incalculable. Pero con el correr del tiempo, al crecer, entró en decadencia. Apenas tenía 21 años cuando se enteró que tenía para cobrar varios millones de dólares.

Pero para Jackie ya habían comenzado los problemas. Su padre había muerto y su madre, relacionada con un asesor financiero, se negó a entregarle el dinero. Le tuvo que hacer juicio y, varios años más tarde, apenas cobró unos cien mil dólares. El siguió filmando y haciendo trabajos en el teatro y la televisión que no alcanzaban para devolverle la fama y mucho menos la plata. Se casó cuatro veces: las dos primeras esposas le duraron dos años cada una, la tercera se estiró a cinco, y recién con la última llegó a su muerte con 32 años de matrimonio. Sólo una cosa lo volvió a poner en el tapete de la historia de la pantalla. Fue cuando interpretó el genial, inolvidable e incomparable a pesar de las remakes Tío Lucas en la serie televisiva "Los Locos Addams". Coogan murió en 1984 en California y, a pesar de sus innumerables actuaciones, aquella primeriza con Chaplin y la del calvo que encendía bombitas eléctricas con la boca son las que lo hacen inmortal.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)