24 noviembre 2015

Calor/Frío: dos años y cien programas on line


Por Humberto Acciarressi

Hace unos días, el programa Calor/Frío, que se emite en vivo por audio y video streaming los miércoles de 20 a 22 en RadioLEDonline.com, cumplió dos años y cien programas. Por ese motivo, este martes a las 20.30 en Niceto Club Lado B (Humboldt 1356, Palermo), se realiza una fiesta con los espectáculos en vivo de El Signo, Demarco Electronic Project y Julieta Sabanes. Como DJ invitada se contará Faviola Forteza. Conducido y producido por Fernando Fauszleger, el espacio obtuvo este año una nominación en los premios Trend Topic -reconocimiento a los programas de radio on line- en la categoría "Formato entrevistas". Por alli han pasado personalidades como Tweety González, Ale Lacroix, Juanchi Baleirón, Guillermo Piccolini, Nico Pauls, Gloria Carra, entre otros.

En el espacio de Calor/Frío, como hechos destacados, Fernando Noy relató su amistad con Tanguito y Miguel Abuelo. El poeta dijo, refiriéndose a su abuelo Jaime Noyon, mencionado en el tango "El cantor de Buenos Aires" de Cobián Cadícamo, que en una ocasión, Cadícamo le dijo: "Tu abuelo no era sólo un poeta. Era el más bravo malevo del Abasto. Cuando había trifulca en el Mercado, había que llamarlo para que pusiera todo en orden". Por su lado, Sandra Mihanovich, al mencionar entre sus momentos "calor/frío" el trasplante, añadió que "En lo profesional, pudieron ser situaciones como el 2 de octubre de 1982 en el Estadio Obras Sanitarias, o Viña del Mar '86. En lo personal: mi primer viaje a Europa en el año 90, cuando fui a compartir un par de meses con mi abuelo Cahen D'anvers, para conocer la otra parte de la historia de mi familia, en París"

Charlando con Fernando Fauszleger, él evoca al músico y arreglador argenrtino radicado en USA, Carlos Franzetti, que llegaba de ganar por tercera vez un premio Grammy Latino por su tema "Zíngaros"; o con Fernando Szereszevsky, actual representante de Illya Kuryaki & the Valderramas, ex manager de Charly García, que contó: “A mí me pasó algo increíble cuando fue el estallido de la AMIA. Yo estaba haciendo una nota en una disquería que había en Pueyrredón y Corrientes, que vendían discos muy baratos, de liquidación, casettes y discos. Y escucho un ruido, una explosión, entonces llamo a la radio y les digo: Che, me parece que explotó una caldera o algo, y empiezo a caminar y estaba a cuatro cuadras de la AMIA, y yo fui el primer periodista que llegó. En ese momento me hicieron un montón de notas. Claro, como llegaba de La Tribu, contando eso no salió en ningún lado". Fernando, con gran actividad en redes sociales, define a Calor/Frío como "un programa que se escucha con la piel". Y no es mala definición.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

21 noviembre 2015

El "viejo truco" del Súper Agente 86


Por Humberto Acciarressi

Pocos programas de televisión son inmunes al paso del tiempo. "El súper agente 86", a medio siglo de su primera emisión y a 45 años de su levantamiento, es uno de ellos. Entre el 18 de septiembre de 1965 y el 11 de septiembre de 1970, se filmaron 120 episodios, con un récord para el que mostró el casamiento del "86" con la "99", en una transmisión para más de cincuenta países. En la pantalla chica, Maxwell Smart, temible operario del recontraespionaje, era el mejor agente de Control, la versión ridiculizada de la CIA, en un tiempo en que la Guerra Fría le paralizaba el corazón a toda la humanidad. Y a pesar de ser uno de los mejores espías de la agencia, era un inepto total, un tipo que no controlaba ni sus movimientos más estudiados, un torpe en toda la línea. Por ese papel, Don Adams (que falleció en el 2005) recibió tres veces consecutivas (1967, 1968 y 1969) el codiciado Emmy.

Hay que recordar que Mel Brooks, mucho antes de convertirse en uno de los principales cineastas norteamericanos y junto a Buck Henry, fue el autor de "Get Smart" (que en porteño vendría a ser algo así como "Avivate" o "actuá con viveza"). La serie, como el Quijote con los libros de caballería o Inodoro Pereyra con los gauchos de nuestra Pampa, fue la más acabada sátira contra los espías reales que se sacaban chispas en las principales ciudades del mundo y se robaban unos a otros los secretos de las grandes potencias. No hay que olvidar a la agente "99" (el nombre del personaje, Susan Hilton, sólo apareció en uno o dos episodios de todos los que se grabaron), fue interpretado por la hermosa Bárbara Feldon. Se trata de una actriz que había estudiado danza desde chica, que lució sus piernas en los cabarets, que tuvo un rol secundario en "Calígula" y que ganó millones contestando sobre Shakespeare en un programa televisivo. Antes de ser la compañera del torpe "86", fue modelo y tuvo una galería de arte que quebró.

Otro de los protagonistas era El Jefe, así a secas, interpretado por Ed Platt, que había trabajado en "Rebelde sin causa" y desempeñado otros papeles en TV. Cuando el programa fue levantado, el actor nunca volvió a ser contratado. Así pasó sus últimos días hasta que un ataque al corazón lo libró de la melancolía y la miseria el 19 de marzo de 1974. Después estaban otros protagonistas como el perro K13, alias Colmillo, uno de los más tontos de la historia canina; el agente 13 (Dave Ketchum), siempre escondido en los sitios más recónditos, a pesar de la claustrofobia desarrollada desde que su madre lo parió en un ascensor; Larrabee (Robert Karvelas), que competía en torpeza con Max, lo que ya es decir mucho; o Jaime, el robot que fue construido malísimo y se convirtió en agente de Control cuando Maxwell, al tratarlo como un ser humano, lo sensibilizó hasta las lágrimas. La parafernalia de instrumentos que había en la serie, como el zapatófono o el Cono del Silencio, fueron tantos, que ameritan otra columna. Y eso es lo que haremos.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)


“El hincha”, la melancólica historia de un pobre tipo


Por Humberto Acciarressi

En su libro “La pelota es redonda”, editado en 1946, Américo Barrios hacía la siguiente definición del fanático de fútbol, obviamente argentino: “Un hincha ve perder a su equipo hoy, con cierta amargura. Y deja de cenar. Lo ve perder mañana y se rompe el saco, y deja de dormir una noche. Lo ve perder por tercera vez consecutiva y origina un tumulto en la tribuna. Y corren los bomberos porque está por incendiar el estadio. Y grita como un santo ofendido en su más íntima pureza: ¨Siempre lo dije. Estos dirigentes saben tanto de fútbol como yo de taquigrafía. Hay que terminar con los que están hundiendo al club¨”. Esta psicología es, más o menos, la que se retrata en la película “El hincha”, dirigida por Manuel Moreno y actuada –y además coescrita junto a Julio Porter- por Enrique Santos Discépolo.

Las pasiones de “El Ñato” (interpretado por el gran poeta del tango “Discepolín”) lo llevan a defender a muerte a Ricardo Suárez (en cuya piel se pone el actor Mario Passano), un jugador de cuarta división del club Victoria, que está con un pie en el descenso. Luego de mucho insistir, el "fana" consigue que los dirigentes pongan en el equipo de primera a su futuro cuñado –su novia es interpretada por Diana Maggi-. Gracias a eso y a la performance del pibe en el campo de juego, el equipo se salva de bajar, pero el hincha sufre un shock emocional cuando al goleador lo compra otro club. Para el hincha es lisa y llanamente una traición que lo pone al borde del suicidio. Esta película que es casi un trabajo sociológico sobre el hombre del tablón, tiene una actualidad tremenda a pesar de haber sido filmada a comienzos de la década del cincuenta, incluso cuando la violencia futbolera no había llegado a límites escalofriantes.

Se han escrito muchas cosas sobre el film de Moreno y la actuación de Discépolo. Personalmente leí montones, pero ninguna se acerca a la definición del metalero Ricardo Iorio. El polémico líder del grupo de rock Almafuerte dijo en una oportunidad: “Es la historia de un pobre tipo, de un tarado”. Y eso es cierto. “El Ñato” bien podría haber sido el protagonista de uno de los tangos de Discepolín, o de las narraciones del precursor del existencialismo en la literatura mundial, Roberto Arlt, que aunque dejó crónicas sabrosas sobre el asunto, no quería bien al fútbol. El cine argentino tiene en sus catálogos decenas de películas sobre la pasión por la redonda (ya escribiremos sobre esta cuestión) y “El hincha” es una de las más conocidas. No creo que sea la mejor. Prefiero “El centroforward murió al amanecer” de René Mujica o “Pelota de trapo” de Leopoldo Torres Ríos, pero admito que es una cuestión de gustos.

Entre películas como “El crack”, “Sacachispas”, “Escuela de campeones”, “Con los mismos colores”, “ Goal”, “Los tres berretines”, “El cañonero de Giles” (inspirada en Bernabé Ferreyra, el legendario “Mortero de Rufino” de la delantera de River Plate), “El cura Lorenzo”, “El hijo del crack”, “Pasión dominguera”, “Las barras bravas” y decenas más, varias decididamente malas, “El hincha” es un verdadero ensayo cinematográfico. Además fue sensación en un tiempo en el que el fútbol argentino brillaba, cuando el mundo miraba asombrado las maravillas de “La Máquina” de River que coparon los años cuarenta, el tricampeonato de Racing (1949, 1950 y 1951, éste último año fue el del estreno del film y de la muerte de Discépolo), y nuevamente la nunca igualada racha de River Plate, ganador de los torneos largos de ida y vuelta que duraban los doce meses, en 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957 (estos últimos formaron el primero de los tres tricampeonatos del Millonario). Luego vino el desastre del seleccionado nacional en el Mundial de Suecia, pero las características del hincha siguieron siendo las mismas. Y así hasta la actualidad. Tal vez no venga mal, de cuando en cuando, mirarnos en el espejo del arte. Para aprender algo, aunque sea.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)


Jorge Newbery, el primer ídolo popular argentino


Por Humberto Acciarressi

Fue, sin duda alguna, el primer ídolo popular no político de la historia argentina. Vivió entre 1875 y 1914, nació en la porteña calle Florida, y durante su corta existencia hizo más cosas trascendentes que otros que tienen miles de estatuas. Muy pocos saben que Jorge Newbery, pionero de la aviación sudamericana y mundial, fue alumno en los Estados Unidos -donde su familia se radicó cuando él era un chico- de Thomas Alva Edison. Cuando retornó al país con el título de ingeniero fue uno de los propulsores del alumbrado público en manos del estado, escribió un inhallable libro sobre el petróleo, o aconsejó y redactó leyes laborales para su amigo Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América. Todo eso a pesar de pertenecer a la aristocracia porteña, algo que jamás lo deslumbró

Sólo para mencionar algunos episodios de su vida, vale recordar que en 1899 fue campeón de box en Inglaterra; en 1901 fue campeón sudamericano de florete; en 1902 batió el récord de velocidad en bote de cuatro remos; en 1903 rompió la marca de permanencia bajo el agua; en 1904 lo nombraron el mejor jugador de rugby de la temporada; en 1905 fue campeón de lucha grecorromana; en 1906 venció con la espada a Berger, el más grande espadachín de la época y se adjudicó el Torneo Sudamericano. Este eclecticismo deportivo lo fue metiendo en el corazón de la gente de todas las condiciones sociales. En 1907, cansado de la tierra, comenzó a desafiar el aire. El 25 de diciembre de ese año, junto a Aarón de Anchorena, cruzó el Río de la Plata a tres mil metros de altura con su globo "El Huracán" (homenajeado desde su fundación por el Club Atlético Huracán, "el globito" en la jerga futbolera), lo que motivó la creación del Aero Club Argentino.

Apodado con simpatía "el loco de los globos", padeció no pocas tragedias, entre ellas la pérdida en el mar de su hermano Eduardo, a bordo de "El Pampero", o la muerte del hijo que tuvo con su esposa Sara Escalante. Muchas veces, para paliar el vértigo, iba a "Lo de Hansen", mitológico boliche de la Buenos Aires de entonces, a bailar los tangos que no entraban en las casas de la aristocracia. Paralelamente a todas estas actividades, su obsesión estaba en el cielo. Tenía el brevet número 2 de pilotos de globos y el 8 de aviador. Cansado de batir récords -en Buenos Aires había alcanzado los 6.225 metros de altura en El Palomar- se largó a Mendoza para cruzar la cordillera de los Andes. El primero de marzo de 1914, mientras esperaba que pusieran en condiciones su máquina, una mendocina se le acercó y le dijo: "Todo está muy bien, pero queremos verlo volar".

Desde los tiempos homéricos, la tragedia tiene esos detalles perturbadores. Sus entusiasmos por los vuelos y por las mujeres se unieron en el pedido de la joven. Fue así que subió el avión de Teodoro Fels, que no estaba en buenas condiciones. De cualquier manera todo consistía en hacer una breve pasada sobre el campamento de El Plumerillo, en Los Tamarindos, y después irse a descansar. El piloto le dijo a su amigo Jiménez Lastra, "¿venís conmigo, Tito?". A las 18. 40 el aeroplano comenzó a carretear. Unos minutos más tarde, entre los gritos de la gente y el llanto de un pueblo que ese mismo día suspendió los carnavales y lloró su muerte, el cuerpo de Jorge Newbery fue retirado de entre los hierros del avión caído. Sus funerales fueron majestuosos Un par de décadas más tarde, otro argentino ídolo de multitudes también moría en un accidente de aviación: Carlos Gardel. La tragedia, se sabe, no es amiga de las casualidades.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)



19 noviembre 2015

Marilyn Monroe y la sorda rebelión que la llevó a la muerte


Por Humberto Acciarressi

"El caviar es fabuloso siempre y cuando haya otra cosa para comer", dijo en una oportunidad Marilyn Monroe, a la que pocas veces le faltó caviar y muchas veces pasó hambre. Desde que formó parte del grupo de figurantes de "Scudda Hoo, Scudda Hay" en 1947 con 21 años, hasta la inacabada "Something´s ot to give" en 1962, Marilyn Monroe trabajó en casi treinta películas. Nacida Norma Jean en un barrio pobre de Los Angeles, hija de un panadero que abandonó embarazada a su madre Gladys Baker, que vio como ésta asesinó a su mejor amiga y acabó como su abuela en el manicomio, que fue violada a los nueve años y que por eso quedó con un tartamudeo de por vida, además de pasar de familia en familia adoptiva sin lograr encajar en ninguna, fue mucho más que lo que quiso de ella la machista sociedad yanqui, cuyos hombres se ratoneaban con las pin-up girls.

Cuando Marilyn, en plena efervecencia abandonó Hollywood para tomar clases de teatro en el Actor´s Studio de Nueva York, un periodista farandulero con bastante influencia, Douglas Watt, escribió un artículo titulado "Estás tirando tu herencia" en dónde escribió: "Peor que eso, estás desilusionando a millones de jóvenes americanos de sangre caliente, para los que eras un símbolo de una femeneidad sin complicaciones". Sus fracasos matrimoniales, sus intentos de suicidio, sus comentarios irónicos y eruditos al estilo "el talento se cultiva en la intimidad" (allí parafraseaba a Goethe), la malquistaron con Hollywood,.Y mucho más cuando montó su propia productora para enfrentar a los pulpos de la Twentieth Century Fox. Pero el peor golpe que dio, y que marcó su decadencia final, fue cuando dijo: "Un símbolo sexual se convierte en un objeto y yo detesto ser un objeto". Fue demasiado para la moralina yanqui.

Le hicieron la vida imposible hasta la noche del 4 al 5 de agosto de 1962, cuando fue encontrada muerta en un cuarto inhóspito y pobremente amueblado, en un hecho que aún no se dilucida si fue suicidio o asesinato por sus romances con los hermanos Kennedy. Ya abandonada a su suerte y con brotes de locura, unos pocos días antes de su fin trágico, le rogaba a un periodista: "Por favor, no me tome en broma". En los tramos últimos de la película que dejó inconclusa, Marilyn sonrió por primera vez dejando ver sus encías y prescindió de las mallas color piel en las escenas de desnudos. Ya se había rendido, pero se despedía a su manera. Poco tiempo después de su fallecimiento, su ex esposo Arthur Miller estrenó su obra más despiadada: "Después de la caída" Autobiográfica cien por cien, aún hoy hay quienes no entienden como un escritor de gran conciencia moral y elevados principios pudo haber caído tan bajo. Más adelante quiso enmendar esa crueldad, pero no pudo. De cualquier forma, para Marilyn ya era tarde.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)



Jane Long y sus restauraciones vintage


La fotógrafa australiana Jane Long, amante del arte y de los trabajos de digitalización, ha realizado algunas obras en base a fotografías antiguas y dañadas. Así ha logrado estas simpáticas perlitas.








17 noviembre 2015

Sally Bowles siempre será Liza y su cabaret el de Bob Fosse


Por Humberto Acciarressi

No muchos lo saben, pero en 1939 el inglés Christopher Isherwood publicó un libro titulado "Adiós a Berlín", que un año después de finalizada la guerra reeditó como "Los relatos de Berlín". Una de las características fundamentales de aquella obra fue que en ella se contaban los pormenores del surgimiento del nazismo. Conocedor de aquellas narraciones, en 1951 John van Druten las adaptó para la obra de teatro "Soy una cámara", Henry Cornelius dirigió la película del mismo nombre en 1955, Joe Masteroff hizo un musical que tituló "Cabaret" en 1966, y finalmente Bob Fosse, uno de los directores y coreógrafos más influyentes del siglo XX, estrenó en 1972 la película homónima con Liza Minelli en el papel de Sally Bowles, Michael York como Brian Roberts y Joel Grey en uno de los maestros de ceremonia mejor logrados de la historia del cine.

Bob Fosse pasó a la historia de la pantalla grande con apenas cuatro películas, en lo que es un caso bastante inusual: "Sweet Charity", "Cabaret", "Lenny" y "All That Jazz". Y casi no hay director, entre los modernos, que no le deba algo, hasta en los pequeños detalles. Por ejemplo, la estupenda, inigualable escena final de "Cabaret", cuando Liza se va caminando, dando la espalda a la cámara, y levanta la mano derecha y mueve los dedos como despedida, en un pasaje cumbre del cine. Precisamente el personaje de Sally Bowles está inspirado en la escritora, cantante de cabarets y militante comunista Jean Ross, que se transformó en materia literaria gracias a que compartió una pieza de hotel con el autor Christopher Isherwood.

En la actualidad casi nadie recuerda al escritor inglés y mucho menos a quien lo inspiró para su personaje principal. Incluso más, la musa de los relatos -que había nacido en Inglaterra, criado en Egipto y vivido en Berlín- vivió muchos años, llegó a ver la película y nunca quiso hablar de la imaginaria Sally Bowles. Incluso si alguna vez lo hizo, fue bastante cruel. Tampoco se recuerda a los primeros adaptadores de la obra de Isherwood, un hombre que padeció mucho debido a su homosexualidad y que lamentablemente nunca pasó de ser un escritor del montón. En la vereda opuesta, y para siempre, Sally Bowles será Liza Minelli parándose debajo de un puente a gritar mientras por arriba pasa un tren, o bailando en los cabarets de cuando el huevo de la serpiente se incubaba en la Berlín que transcurrió desde 1933 al inicio de la guerra, en 1939. El arte, como se ve, puede ser arbitrario.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)