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26 junio 2015

Edmundo Rivero, el corazón al sur


Por Humberto Acciarressi

Unos días atrás escribíamos sobre Carlos Gardel, de cuya trágica muerte en Medellín se cumplen 80 años. La cantidad de actos, recitales, nuevas grabaciones, testimonios y artículos como el mío -apenas uno entre tantos-, me hizo meditar ¿Y si hablamos de otro gran cantor de tangos? A Gardel, el padre de todos ellos, no le parecería mal con su proverbial generosidad, una de las pocas cosas totalmente segura -como su nacimiento en Francia y su muerte en Medellín- y de la que nadie duda. Sea por gustos o por esas arbitrariedades del calendario -siempre trato de evitar las efemérides-, pensé en Edmundo Rivero, nacido en junio de 1911 y muerto en enero de 1986. En verdad hace rato que se escribe poco sobre este artista que comenzó su carrera en 1937 en la orquesta de los hermanos De Caro y al que nunca nada le resultó fácil.

Si de joven fue un obstinado del estudio, ya adulto, para no arruinar su voz, largó sus vicios del cigarrillo y el alcohol. Es decir, fue un tipo responsable cuando interpretaba música clásica española en el Teatro Casino, y cuando convertido en una de las voces del tango ("el más difícil para cantar y el más complejo para estudiar", decía) ya era un clásico para las nuevas generaciones. En rigor, Rivero hizo con su guitarra y su voz música del pentagrama clásico y folclórico hasta 1944, cuando se integró como solista en la orquesta de Horacio Salgán. Y de allí, en 1947, saltó a la celebridad cuando se incorporó a la orquesta de Aníbal Troilo. Mientras con Salgán llegó al disco casi dos décadas más tarde, con "Pichuco" grabó el primer tema -nada menos que "Yira Yira", de Discépolo- el 29 de abril de 1947. Ya desde entonces la voz del cantor, sus tonos bajos y graves, se fundieron con el bandoneón celestial de Troilo.

Años más tarde, como solista, llevó el tango a todo el mundo, fue celebrado en Nueva York y Madrid. Su amor a la Argentina y en especial a Buenos Aires, lo llevó de lo general a lo particular, y después de tantas giras internacionales abrió "El Viejo Almacén", en Balcarce e Independencia, un reducto para que el tango se sintiera a sus anchas. Cantó todo lo que puede cantar un intérprete del tango y la milonga, desde los clásicos de comienzos del siglo XX hasta los poemas de Borges musicalizados por Piazzolla. A diferencia de otros cantores, los músicos del rock y del tango contemporáneo tienen una particular unión espiritual con la música de "El feo", tal uno de los adjetivos con los que se lo conocía. Odiaba como pocos los homenajes, pero no está para quejarse de los que se le hacen cada tanto. Su música sí, porque es imperecedera, como su duende, su voz tan especial y su simpatía.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

ANIBAL TROILO Y EDMUNDO RIVERO

30 septiembre 2014

Los herederos de Pichuco: homenaje en el Maipo


Por Humberto Acciarressi

No es la primera vez ni será la última que escribiremos sobre Aníbal Troilo, el Bandoneón Mayor de Buenos Aires como alguien lo calificó para siempre alguna vez (el propio Piazzolla nació en su orquesta y en sus primeros discos hasta se da el gusto de imitarlo). Incluso hace unos meses nos referíamos a este año, el del centenario de su nacimiento, el 11 de julio de 1914 con la impronta del Abasto orillero y su fascinación por ese instrumento y los sonidos que salían de las manos de intérpretes anónimos. Ese gordito simpático -su padre ya había muerto- no tenía más de diez años cuando le pidió a su madre que le comprara un fueye. Oportunamente escribimos que la mujer, a quien no le sobraba un peso, se metió en un crédito: 14 cuotas de 10 pesos cada una, aunque a la cuarta el vendedor desapareció y jamás reclamó el resto.

Hay vidas que pueden resumirse en dos líneas. No es el caso de Troilo ¿Qué puede priorizarse? ¿que a los catorce años ya había formado un quinteto?, ¿que formó parte de las orquestas de Elvino Vardaro, Juan Pacho Maglio, Julio de Caro, Juan D´Arienzo, Angel D´Agostino, Juan Carlos Cobián?, ¿que dirigió durante añares su propia orquesta, por donde pasaron los mejores músicos y cantores de tango de la Argentina? ¿sus duetos célebres con Roberto Grela o sus encuentros con Piazzolla? ¿que es el compositor de la música de muchos de los mejores tangos argentinos y que trabajó con los mejores letristas? Imposible resumir. Cada mención se bifurca rizomáticamente con tendencia a la infinitud. "Pichuco" murió joven, a los 60 años, el 19 de mayo de 1975, de acuerdo a muchos de sus conocidos debido al alcohol y a la cocaína. Es, sin duda alguna, uno de los músicos más geniales que tuvo nuestro país, sea en la faz interpretativa como en la de compositor.

Un país que recuerda a sus artistas -y el nuestro lo es- debería tener mejores suertes en otros ámbitos. Tal vez haya que pagar un precio por tanto talento en casi todas las disciplinas. Sea como sea, bajo el título de "Troilo compositor en concierto", el martes 7 de octubre en el Teatro Maipo (Esmeralda 443) se darán cita los más grandes fueyes de la Argentina. Pero no será un encuentro más. Tendrá la particularidad que todos ellos tocarán con el bandoneón de Pichuco (en el 2012 se realizaron cinco funciones a sala llena en el mismo escenario). De esta forma, intérpretes de varias generaciones como Marconi, Garello (a quien la mujer de Pichuco le regaló el bandoneón de su esposo y luego el beneficiario donó a la Acadamia Nacional del Tango), Baffa, Julio Pane, Walter Ríos, Lautaro Greco, Leandro Pane, Santiago Polimeni, tocarán con el fueye del maestro en su centenario. Un dato para destacar: en la jornada que anunciamos se encontrarán Juan Carlos Coviello, que con sus 91 años es el bandoneonista de mayor edad en actividad en el mundo, y la magnífica Lisette -sobre la que ya hemos escrito con motivo de su CD "Cantar es vivir"-, la profesional más joven (además canta y toca violín) con sus catorce años ¿Perderse este acontecimiento impar de nuestra música? Imposible.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

04 julio 2014

Un siglo de Pichuco en un homenaje de la UBA


Por Humberto Acciarressi

Aunque siendo un chico se fue a vivir a Recoleta, Aníbal Troilo había nacido con la impronta del Abasto orillero y tanguero de la primera década del siglo XIX, más precisamente el 11 de julio de 1914, año bravo para el país y el mundo, en el que ya sonaban los primeros cañones de la Gran Guerra. Como tantos otros genios de la música, el bichito del arte lo picó siendo un nene. Encandilado con los sonidos que salían del bandoneón en las manos de los anónimos intérpretes que escuchaba con menos de 10 años en los bares canyengues que frecuentaba, le pidió a la madre -su padre había muerto- que le comprara un fueye. Y la madre, a quien no le sobraba un peso, se metió en un crédito: 14 cuotas de 10 pesos cada una. La suerte acompañó su bondad: a la cuarta cuota, el vendedor desapareció y jamás reclamó el resto.

Imposible resumir la historia de Aníbal Troilo, el bandoneón mayor de Buenos Aires, en unas pocas líneas. A metros del viejo Mercado del Abasto debutó con ese bandoneón arrabalero que lo acompañó siempre y a los catorce años ya había formado un quinteto. Las de Elvino Vardaro, Juan Pacho Maglio, Julio de Caro, Juan D´Arienzo, Angel D´Agostino, Juan Carlos Cobián, fueron algunas de las orquestas de las que formó parte. Luego vinieron los años de su propia formación, a veces en paralelo con el dúo con Roberto Grela, por donde pasaron los mejores músicos y cantantes de tango, del 40 en adelante. Murió joven, a los 60 años, el 19 de mayo de 1975, de acuerdo a muchos de sus conocidos debido al alcohol y a la cocaína. Pichuco es, sin dudas, uno de los músicos más notables que tuvo nuestro país, sea en la faz interpretativa como en la de compositor.

Ahora, con motivo del centenario de su nacimiento, el jueves 10 de julio a las 18 en la Usina del Arte (Agustín Caffarena y Pedro de Mendoza, en La Boca), el rector de la Universidad de Buenos Aires, Alberto Edgardo Barbieri, le entregara a la familia del músico el diploma de Profesor Honorario de la UBA "Post Mortem". Asimismo se llevará a cabo una exhibición de originales titulada "100 años de Pichuco: interpretación gráfica de Aníbal Troilo por Hermenegildo Sábat", a propósito de la edición del libro recién editado por Eudeba. En cuanto a lo musical habrá presentaciones del Esteban Morgado Cuarteto, de la Orquesta de Tango del Colegio Nacional Buenos Aires y del Grupo de Tango de la misma institución. Para matizar la música, bailarines de nivel internacional participarán de la velada. En síntesis, un lindo y merecido homenaje a este personaje tan singular de nuestra cultura y bastión indiscutido de la música ciudadana de Buenos Aires.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)


AFICHE DE LA RCIENTE PRESENTACION DEL
 LIBRO DE SABAT EN RIVER PLATE, EL
CLUB DE LOS AMORES DE ANIBAL TROILO 

20 octubre 2013

Acaso te llamabas... Cátulo Castillo


Por Humberto Acciarressi

La vida de Cátulo Castillo casi registra un desatino desde el momento en que lo inscribieron en el Registro Civil. Había nacido el 6 de agosto de 1906, en Buenos Aires, y era hijo del dramaturgo José González Castillo. Este, anarquista de los de antes, se presentó ante las autoridades y señaló enfáticamente el nombre que quería para su hijo: "Descanso Dominical Castillo". En esa época se estilaban esas payasadas. Sin embargo, un empleado cuyo nombre se ignora para desgracia de la historia del tango, opinó que le parecía inapropiado. Hubo un cruce de palabras, hasta que el autor teatral -amante de los clásicos giegos y latinos- dio por terminado el asunto aceptando ponerle dos nombres a la criatura: Ovidio Cátulo.

Por los problemas políticos del padre, cuando el futuro poeta era un nene viajó con su familia a Chile, y recién regresó con la primera presidencia de Yrigoyen, en 1916. Para entonces, con diez años, ya estudiaba violín y componía letras. En sus ratos libres se dedicaba al boxeo, al punto que antes de los veinte fue preseleccionado para los Juegos Olímpicos de Amsterdam. Sin embargo, en esos tiempos, ya estaba resuelto a seguir componiendo tangos y haciendo periodismo. Trabajó en varios diarios hoy desaparecidos, viajó por el mundo con algunas orquestas y fue preparándose para la posteridad de su música con muchas de sus primeras canciones.

El gran salto en su carrera -como el de su gran colega y amigo Homero Manzi, entre otros - fue su encuentro con Aníbal Troilo. Juntos hicieron "María", "La última curda", "La cantina", "A Homero", "Una canción", "Y a mí qué", "Desencuentro". Sin embargo, más alla de esta dupla, Cátulo Castillo compuso "Café de Los Angelitos", "Caserón de tejas", "El último café" (con música de Héctor Stamponi), "La calesita" (con Mariano Mores), "Tinta roja" (con Sebastián Piana), por mencionar apenas algunos de sus temas, que lo ubican en el cielo de los grandes creadores de la canción porteña junto a Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, los hermanos Expósito y otros. Su compromiso político lo llevó de salto en salto como ciudadano, pero como creador siempre se fue consolidando como un grande del tango. El 19 de octubre de 1975, en su casa, lo mató un infarto. Su obra, en tanto, se diversificó a intérpretes de todo origen, incluso llegados del rock, y vive siempre entre nosotros.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)