05 julio 2015

El virtuoso Marcello Dellamea ahora se le anima al jazz

Por Humberto Acciarressi

Los días 10, 17 y 24 de este mes, en Salta y Resto (Salta 755 a las 21.30), se presentará Marcello Dellamea en el ciclo The Jazz Sessions. Este joven guitarrista no sólo es uno de los más virtuosos y versátiles de las nuevas generaciones, sino que además combina con excelencia la elegancia con el swing, la creatividad más sorprendente con el arte de lo sutil. No es casual que desde hace algunos años venga subiendo a escenarios del país y del extranjero junto a músicos de la talla de Luis Salinas, Rudi y Nini Flores, Chango Spasiuk, Raúl Barboza, y los internacionales Djavan, Steve Vai, Scott Henderson, Chucho Valdés o Ismael Serrano. Y que violeros brillantes como el propio Salinas hayan dicho del joven chaqueño: "Marcelito es para mí una de las apariciones más lindas en la guitarra por su virtuosismo lleno de melodía, musicalidad y buen gusto".

Dellamea -que ya tiene dos discos editados, "Calle 11" y "Dos Más Uno"- hará en las tres jornadas anunciadas lo que puede considerarse su primera presentación en la que sólo interpretará jazz, en compañía de Hernán Jacinto en piano, Ezequiel Dutil en contrabajo y Bruno Varela en batería, además del saxofonista Ramiro Flores como músico invitado y otros artistas "que sorprenderán al público", según nos cuenta. Y en el mismo sentido agrega: "Siempre me gustó el jazz, pero muy pocas veces lo he tocado en vivo. Le tengo mucho respeto al género y de alguna manera siento que ahora estoy preparado para hacerlo. Tener el acompañamiento de Hernán, Ezequiel y Bruno me da mucha tranquilidad, porque ellos vienen del jazz y lo han tocado durante toda su vida. Lo que no es poco"

El guitarrista se refiere con entusiasmo a su reciente gira por Italia, donde acompañó a Guillermina Beccar Varela, quien se presentó en la EXPO Milán 2015, y al proyecto de un próximo viaje en octubre, para tocar en salas y auditorios de Austria, Francia, Italia y Alemania, con su trío Dos Más Uno, que integra con su hermano Hugo y con Ariel Sánchez. También nos cuenta que para el año próximo le gustaría grabar un disco de jazz con temas propios y clásicos del género, y componer música para películas. Para quienes quieran escucharlo en Salta y Resto, nos informa que versionará canciones de B.B.King, Toots Thielemans, Victor Young, Bill Evans y Pat Metheny, entre otros. Allí se podrá apreciar lo que advierte Chango Spasiuk al afirmar de Dellamea, que "cuando toca e interpreta su guitarra, la lleva hacia algo mejor y más bello".

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

El paso del tiempo en Río de Janeiro

Pétrole Stella, 1897

Buster Keaton y Marceline Day en The cameraman

El último partido de Alumni, en la era amateur argentina


En el último partido del legendario Alumni, que tuvo por escenario el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires el 26 de noviembre de 1911, el equipo de los hermanos Brown venció 2 a 1 a Porteño. Allí se terminó la primera etapa del fútbol vernáculo amateur y comenzó la leyenda del cuadro más ganador de aquellos años. A partir de aquel partido, que le permitió salir campeón, resolvió no participar en ningún otro torneo argentino, y se disolvió en 1913.

01 julio 2015

La vigencia de Manuel Puig, una suerte de revancha póstuma


Por Humberto Acciarressi

No mucho antes de morir el 22 de julio de 1990 (en unos días se cumplirá un cuarto de siglo) Manuel Puig dejó inconclusa una novela titulada "Humedad relativa 95%". En la mexicana Cuernavaca, este argentino nacido y "expulsado" de General Villegas (el mismo lugar en donde hace un lustro se violó a una menor y el pueblo marchó en favor de los violadores; un sitio al que el escritor denominaba "un western de clase "B") tenía nostalgias de su país y no paraba de quejarse de eso. Y por cierto su vida tuvo muchos altibajos, demasiados sinsabores, aunque también la necesaria dosis de coraje para hacerle frente a lo que viniera. Alguna vez escribimos que Puig, por Intenso, prolífico y aventurero, podría ser un personaje de sus novelas, o de las películas que devoraba en la Argentina (especialmente en su pueblo en compañía de su madre y en Buenos Aires) y durante sus experiencias cinematográficas europeas que inspiraron su novela "La traición de Rita Hayworth".

Se sabe que Puig, que llevado por la vida fue lavacopas en Londres y Estocolmo, dio clases de castellano en esas y otras ciudades y fue asistente de dirección de René Clement y de Vittorio De Sica en Italia y Francia, un día se hizo guionista y, más tarde, novelista. Hay que leer sus cartas para advertir lo que le costaba congeniar esa búsqueda con una natural tendencia a huir de las muchedumbres y a su amistad con la soledad. Mientras algunos de sus libros -especialmente "Boquitas pintadas" y "Buenos Aires affair"- lo convertían en un best seller, la crítica lo destrozaba. Otro solitario asombroso, Juan Carlos Onetti, -aunque éste prefirió pasar parte de su vida en una cama, fumando, tomando whisky y leyendo- , tuvo palabras tremendas y crueles sobre Puig. En general se lo consideraba un autor menor, como cuando "Le Monde" demolió "El beso de la mujer araña". La vida da revanchas: tres años más tarde, la obra figuraba entre los cuatro libros en lengua española obligatorios en las universidades francesas.

La Argentina no parecía perdonarle nada a Puig y mucho menos sus elecciones sexuales y considerarse "un hijo del folletín". El desgobierno que sucedió a la muerte de Juan Perón, comandado por su viuda Isabel Perón y en el marco de la guerra por el poder de la organización parapolicial Triple A y los Montoneros (estos últimos, como le reveló más tarde Firmenich a Gabriel García Márquez, buscaban el golpe militar que luego sobrevino), puso al escritor en sus listas de la muerte. Puig se fue del país a Brasil y de allí saltó a México, donde escribió la estupenda y poco considerada "Cae la noche tropical". Después se murió en la lejana Cuernavaca. Hoy han pasado las modas de entonces, y los nombres de muchos de quienes lo criticaron. Y sin embargo, leer a Manuel Puig sigue siendo una celebración a la gran literatura.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)








Dos puestas de un concierto olvidado de Waldo de los Ríos

WALDO DE LOS RIOS
Por Humberto Acciarressi

Este miércoles en el Teatro Cervantes (Córdoba y Libertad) y el viernes en el Centro Cultural Haroldo Conti (Avda. Libertador 8151), en ambas oportunidades a las 20.30 y con entrada gratuita, la Orquesta Nacional de Música Argentina "Juan de Dios Filiberto" presentará el "Concierto para Piano y Orquesta Sinfónica", compuesto por Waldo de los Ríos en 1974 con el nombre de "Concierto para la Guitarra Criolla". Este fue muy pocas veces interpretado y llevado una sola vez al disco a mediados de la década del 70, dirigido por su autor, con Ernesto Bitetti en guitarra y la Orquesta de Conciertos de Madrid. Caída totalmente en el olvido, esta obra en tres movimientos ("El Diapasón", "La Caja" y "El Clavijero") está inspirada en ritmos folclóricos (vidalas, zambas, bailecitos, carnavalitos, malambos, etc), y una de sus particularidades es que son todos de carácter danzable.

Por estas razones es muy meritoria la presentación de la "Juan de Dios Filiberto", bajo la dirección de Gustavo Spatocco (el jujeño "Popi" fue, entre otros grandes méritos acumulados, productor, director y arreglador de varios discos de Mercedes Sosa, entre ellos los duetos de "Cantora" I y II, y la acompañó por varios escenarios del mundo) y el guitarrista Carlos Groisman como solista. Cabe resaltar que Waldo de los Ríos, además de un innovador de la música argentina y universal, desde piezas folclóricas vernáculas o adaptaciones contemporáneas de clásicos como Mozart, Beethoven, Dvořák y otros, fue un inquieto del arte para quien todo era posible. Hijo de dos músicos (su madre fue la cantante folclórica Martha Ríos) y alumno de Alberto Ginastera y de Teodoro Fuchs, Waldo de los Ríos tuvo grupos propios en la Argentina, en Nueva York y en Madrid, y siendo muy joven comenzó a componer música de películas.

Este gran compositor, muy criticado en su momento por el mundo académico, grabó una treintena de placas y fue el artífice de las bandas sonoras de casi veinte films, entre ellos "Alias Gardelito", "Pampa salvaje", "Los crímenes de la calle Morgue" con Christine Kaufmann y Lilli Palmer, "Boquitas pintadas" de Leopoldo Torre Nilsson basada en el libro de Manuel Puig, "¿Quièn puede matar a un niño?" de Narciso Ibáñez Serrador, y muchas más. A título informativo no está de más recordar que, paralelamente, su grabación de "Nabucco" llegó al tope de las listas europeas. Waldo de los Ríos disfrutó de una fama descomunal para la época y aparentemente tenía todo para disfrutarla. No fue así. El 28 de marzo de 1977, en Madrid, resolvió acabar con su vida a los 43 años. En ese trágico momento estaba trabajando en una composición sobre Don Juan Tenorio.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)