28 octubre 2014

Luego del desembarco en Normandía, dos chicos miran

Cuando la Estatua de la Libertad estaba en Paris

Pocos saben que la Estatua de la Libertad, el monumento más famoso de Nueva York que se encuentra al sur de la isla de Manhattan, fue un regalo de los franceses a los estadounidenses en 1886 para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. La misma fue inaugurada el 28 de octubre de 1886 en presencia de Grover Cleveland, que en ese momento ocupaba la Casa Blanca. La estatua es obra del escultor francés Frédéric Bartholdi. En la foto la podés ver cuando aún estaba en Paris, en 1885.

Homero Manzi, el poeta que no se puede ignorar


Por Humberto Acciarressi

Nació el 1 de noviembre de 1907, hace màs de un siglo, en Añatuya, en la provincia de Santiago del Estero. Y llegó al mundo con el italianísimo nombre de Homero Nicolás Manzione. El 3 de mayo de l951 ocurrió algo que nos suele ocurrir a los hombres: se murió. Tenìa 43 años cuando lo fulminó un cáncer. En tan breve vida, el suyo no fue, como el de tantos otros, un tránsito estéril. Y no lo fue desde los tiempos en que escribía canciones para las murgas barriales hasta cuando meditó, ya enfermo, cada uno de los versos de “Definiciones para esperar mi muerte”, el que se considera su último poema antes del golpe final. Ya unànimemente conocido como Homero Manzi, metió su nombre como una cuña en el vasto y rico universo de la cultura argentina.

Vamos a dar un ejemplo. No se puede, por más arbitraria que sea la lista, no mencionar entre los tres más importantes poetas del tango a Homero Manzi (en el caso de quien escribe estas líneas, acompañado por Enrique Santos Discépolo y el otro a convenir, cada uno -claro-con su estilo). Con eso sólo bastaría para recordarlo con entusiasmo, aún cuando centenares de cantores no reversionaran, tal cual lo hacen, temas suyos como Malena, Barrio de Tango, Sur, El último organito, El pescante, Milonga sentimental, Che bandoneón, Discepolín, Fuimos… Pero además, como si esto no bastara, escribió obras de teatro, ejerció el periodismo, formó una dupla clave en la historia del cine nacional con Ulises Petit de Murat (con guiones y adaptaciones como los de “Su mejor alumno”, “Todo un hombre”, “Pampa bárbara”, “Donde mueren las palabras”, “La guerra gaucha”, etc), hizo radio, militó en el radicalismo revolucionario posterior al golpe militar de Uriburu y lo siguió haciendo en las filas de FORJA. Y en tanto, de acuerdo a todos los testimonios, vivió intensa y noblemente cada uno de los momentos de su existencia.

Todos los hombres tienen, en algún momento de su vida, un momento clave, un hito que los define hacia el futuro. En el caso de Manzi hay uno que se parece bastante a eso. En una oportunidad, según se cuenta, un amigo le preguntó el por qué había abandonado su facilidad para publicar en los grandes suplementos culturales de los diarios ded la época para dedicarse a las milongas y al tango (algo que, como hemos visto, no era exactamente así). Entonces el poeta del que ahora nos ocupamos respondió, sin dudar, una frase célebre: “Tengo por delante dos caminos: o ser un hombre de letras o hacer letras para los hombres”. Ya sabemos lo que eligió. Recordarlo por su nacimiento es apenas una excusa innecesaria para referirnos a su obra, viva como pocas.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)

SAN JUAN Y BOEDO, ESQUINA
 HOMERO MANZI

México, la narcopolítica y el crimen de estudiantes


México. El horror no tiene límite. El secuestro, muerte y descuartizamiento de estudiantes de magisterio sacude a una sociedad que no soporta más ser rehén del narcotráfico, los parapoliciales y la corrupción.