19 de julio de 2014

Johnny Winter, el adiós del blusero albino


Por Humberto Acciarressi

Johnny Winter, uno de los íconos del blues y violero excepcional, era esperado con entusiasmo por sus admiradores para mediados de octubre en Buenos Aires. No podrá ser. Este albino texano cuyo verdadero nombre era John Dawson Winter III cumplió -a los setenta años y luego de haberse presentado en el Festival Cahors Blues de Francia- con uno de las pocas ceremonias que los seres humanos compartimos inevitablemente: se murió. En los últimos años, el blusero se presentaba sentado en una silla por un problema óseo que le permitía hacer muy pocas cosas.

Es verdad que su primer disco de 1969, "Johnny Winter", le facilitó tocar en el histórico Festival de Woodstock, con varios de los integrantes de la banda The McCoys. También lo es que desde allí se convirtió en un referente del blues para las nuevas generaciones, pero no es del todo cierto- como se dice- que ese fue el comienzo de su carrera. Winter ya venía haciendo de las suyas desde bastante antes, y fue precisamente por eso que la revista Rolling Stone le dedicó un reportaje en 1968. Por entonces, lo cual era lógico, se consideraba un hippie en toda la línea. Menos entendible - lo cual no le quita méritos ni es peyorativo- hace unos meses señaló en una entrevista que seguía siéndolo: "No quedan muchos de nosotros", dijo.

Con 28 álbumes oficiales, nueve no oficiales y no menos de una docena de recopilatorios, es imposible negar el papel de Johnny Winter en el blues más eléctrico. De hecho, él se consideraba un músico de ese palo, y aunque en los 80 y los 90 su actividad discográfica fue menor, no dejó los escenarios pese a los grandes problemas que padecía como consecuencia de la heroína. Winter siempre fue un clásico amante de Muddy Waters y un revolucionario en la técnica. Y no tenía un buen concepto de las nuevas corrientes. No hace mucho dijo: "La música apesta. No hay nada nuevo que me guste. La mayor parte simplemente no es buena. Cuando no estoy de gira miro Saturday Night Live. Los actos musicales que tienen no son buenos. Supongo que parece claro que no me gusta la música moderna". Aunque exagerado, el albino llevaba el blues en la sangre.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)