22 agosto 2014

Cuando Orson Welles quiso filmar El Principito


Por Humberto Acciarressi

A 70 años de su muerte -dos semanas antes del fin de la Segunda Guerra Mundial su avión fue derribado por un caza germano y cayó a su tumba de agua marítima cerca de las costas de Francia-, es mucho lo que se ha dicho y se dice de Antoine de Saint-Exupéry, especialmente de su obra más famosa, "El Principito". Recién casi tres décadas más tarde, el Mediterráneo comenzó a devolver algunas de las piezas del Lightning P38 y objetos del escritor, con lo que pudo armarse uno de los rompecabezas más notorios de la literatura. Pero más allá de lo que es archiconocido, "Le Petit Prince" fue llevada al cine y al teatro en varias oportunidades. En lo que hace a la pantalla grande, una de las versiones fue realizada en la ex URSS y nunca se conoció en Occidente. La otra, la más difundida, se debió a la dirección del británico Stanley Donen, con Gene Wilder y el realizador y coreógrafo Bob Fosse ("Cabaret", "All Thah Jazz") en el papel de la serpiente, una de las maravillas del Séptimo Arte.

Sin embargo, uno de los proyectos cinematográficos que pudo haber dado que hablar, nunca se realizó y durante muchos años permaneció en secreto. El mismo estaba a cargo de Orson Welles, que en 1943 llegó a escribir tres guiones basados en "El Principito", a pocos meses de editado el libro original. El entonces joven director de "El ciudadano" ya había adaptado para la radio dos obras de Saint-Exupéry - "Vuelo nocturno" y "Tierra de hombres"- y era un admirador del francés. Incluso, para su película sobre "Le Petit Prince", Welles había concebido una idea adelantada para la época: mientras él encarnaría al aviador que sufre el accidente, el héroe del libro sería un dibujo animado. Con el entusiasmo de siempre -ese mismo que le aportó éxitos rotundos y fracasos estrepitosos- visitó a Walt Disney. Según algunos biógrafos, el creador de Mickey y del Pato Donald respondió: "En esta casa no hay lugar para dos genios". Y así se frustró el proyecto.

El teatro tampoco fue insensible al encanto poético de "Le Petit Prince": hubo docenas de puestas con la novela más emblemática de Saint-Exupéry. Entre las argentinas, todavía se recuerda la que hizo Luis Medina Castro, y en el catálogo de las extranjeras, la comedia musical realizada por Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, autores de "My Fair Lady". Además, "El Principito" fue grabado en disco por varios actores. En la Argentina lo leyó, magistralmente, Alfredo Alcón. Y en Francia, no mucho antes de morir, Gerard Philipe le añadió a este texto la poesía de su propia voz.

(Publicado en el diario La Razón, de Buenos Aires)