4 de marzo de 2016

Sabbatella, el hombre de la cara de acero inoxidable


Por Humberto Acciarressi

Martín Sabbatella tiene historia. Lo que sus seguidores de Nuevo Encuentro, entre quienes se encuentra Gabriela Cerruti, intentan ocultar es el pasado del ex militante de la "Fede" del Partido Comunista Argentino, el mismo que apoyó a la dictadura de Videla por órdenes de la Cuba de Fidel (uno de los primeros países en reconocer al gobierno genocida por órdenes de la URSS, que luego se vio beneficiada por el boicot de los militares locales de no sumarse al embargo cerealero contra la entonces segunda potencia mundial). También se la vieron negra cuando el kirchnerismo comenzó con sus críticas a la Alianza, que el acomodaticio Sabbatella integró en su condición de integrante del Frente Grande, junto, entre otros, a "Chacho" Alvarez, Nilda Garré y María José Lubertino, por mencionar a unos pocos representantes "K".

Las vueltas y revueltas del poder lo acomodaron en la intendencia de Morón y la era kirchnerista lo encontró al frente de un partido con mucha plata y pocos militantes: Nuevo Encuentro. Le sacó al propio Néstor Kirchner los votos necesarios como para que el ex presidente de la Nación perdiera la última elección de su vida, lo que todavía no le perdonan miles de kirchneristas bonaerenses. A Sabbatella nada de eso le importó, ya que al tiempo ya estaba acomodado con la viuda del líder, de quien había dicho "hay en Kirchner una profunda contradicción entre la voluntad de cambiar y la estructura que lo sostiene". Ya al frente del AFSCA, él mismo pasó a formar parte de esa claque que acompañó a Cristina Fernández de Kirchner, y se convirtió en la burla de tirios y troyanos con esas patéticas plazas que organizó con los integrantes del programa ultra K "678" luego del triunfo de Mauricio Macri a nivel nacional, que significó además su derrota en la fórmula con Aníbal Fernández ante María Eugenia Vidal, en el distrito más importante del país, en lo que constituyó la más tremenda derrota que sufrió el peronismo de la provincia de Buenos Aires en toda su historia.

Ahora, en su rol de mediático itinerante y sin cobrarle el diezmo a los trabajadores del AFSCA como fue denunciado, hace unos días lanzó la convocatoria en el único reducto que le queda, su time line de twitter, a una marcha frente a Tribunales para apoyar a la ex presidenta en el primero de uno de los "paseos" que ésta deberá hacer por Comodoro Py, por las varias causas que tiene que enfrentar. Pero como Sabbatella tiene una vocación innata a hacer el ridículo, volvió a convertirse en el hazmerreír de las redes sociales y fuera de ellas por su "¿Qué tiene de malo que se paguen ómnibus para un acto con fondos del hospital?" en declaraciones radiales. Se refería al Posadas, un emblema de lo que significó la salud pública para el kirchnerismo, es decir nada.

Convertido en una cáscara que sostienen los médicos, enfermeros y auxiliares, con pacientes acumulados como bolsas en los pasillos, serios problemas edilicios, falta de insumos, precarización laboral, se llenó de ñoquis de Nuevo Encuentro según han señalado las nuevas autoridades. El pasado 25 de noviembre, cuando el kirchnerismo ya había perdido las elecciones ante Cambiemos, Cristina Kirchner hizo su primera aparición pública en el Posadas. Fueron de las empobrecidas arcas de este hospital que debe atender las necesidades de los más humildes que salieron los fondos para los 60 micros, el catering para casi 300 funcionarios y, de acuerdo a lo precisado, el caché de Víctor Heredia, por un recital con apenas dos canciones para despedir a la líder derrotada. Sólo en ómnibus se gastaron 159 mil pesos, sobre un total de $ 621.800, de un hospital que no tiene vendas. No hay dudas que Sabbatella merece mucho más que las risas y las cargadas en las redes sociales.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)