18 de abril de 2015

Reflexiones sobre la cirugía estética al perro Snooky


Por Humberto Acciarressi

En la actualidad, salvo en casos de curas reconstructivas o las llamadas "plásticas", ya nadie usa el término cirugía estética. Esta se ha bifurcado con tanto entusiasmo y novedades -algunas no muy recomendables ni para la salud ni para la pinta- que entre los mediáticos y sus satélites culturales se las denomina de acuerdo a la técnica utilizada. Lo que pocos saben es que en 1862, mientras recorría Egipto en busca de antigüedades, un tal Edwin Smith le compró a un mercader un gigantesco papiro (que hoy se conoce con su nombre) en el que está registrada la primera operación de nariz para modificarla. Lo increíble fue que esto se supo mucho más tarde de la muerte de Smith. De hecho, el procedimiento más antiguo que se conoce, pues de esto se trata, fue publicado recién en 1930. Lo concreto es que tiene casi cinco mil años de antigüedad, y también allí es dónde se utiliza por primera vez la palabra "cerebro".

Desde entonces hasta la actualidad, con abundancia de programas, publicaciones y publicidades para cambiarse la cara, el cuerpo, y todo lo que se te ocurra, pasaron muchas cosas en el medio. Se trata de una larga historia que incluye a los babilonios, a los indios, a los italianos, y a la postura de la Iglesia medieval, que condenó a los cirujanos especializados y a sus publicistas por "interferir en la creación de Dios". Carl Ferdinand Graefe, en un libro editado en 1818, y Eduard Zeis, en otro de 1838, inventaron y popularizaron el concepto de "cirugía plástica". Como lamentablemente suele ocurrir, fueron las dos guerras mundiales del siglo XX las que motivaron un aumento sideral del campo de la "plástica", para la reconstrucción de millones de soldados, con las partes de sus cuerpos destrozadas por las balas y las esquirlas que no habían alcanzado a matarlos.

La cirugía estética, en el mundo actual, es aquella misma que se usaba en los militares, pero aplicada al mundo civil. Y mucho más desarrollada, obviamente. Aquella película de Robert Zemeckis, "La muerte le sienta bien", con Meryl Streep, Goldie Hawn y Bruce Willis, lleva a límites cinematográficos la "enfermedad" por las cirugías estéticas para "detener" el paso del tiempo, y en casos obsesivos frenar la muerte y sus inevitables deterioros. Pero, como sostenía Oscar Wilde, la realidad imita al arte, y -añadimos nosotros- muchas veces la supera. Es lo que ha ocurrido.

Una encuesta global de ISAPS (Sociedad Internacional de Cirugía Estética Plástica) precisa que Estados Unidos encabeza el ranking de los países con más intervenciones, seguido por China, Brasil, India, México y Japón. La Argentina está en el puesto undécimo, entre España y Rusia. Hace unos días, se dio a conocer el caso de una estadounidense que sometió a su perro a varias intervenciones estéticas porque era muy feo... y sufría bullying ( la gente está muy loca). Aunque me cause pena debo señalar que el pobre animalito sigue siendo horrible. Como en el caso de casi todos los seres humanos que van al quirófano -aunque voluntariamente-, con el mismo fin que el pobre perro Snooky.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)