17 de septiembre de 2014

Los porteños podrán visitar el Palacio Ortiz Basualdo


Por Humberto Acciarressi

En el marco de las Jornadas Europeas del Patrimonio, que se realizarán el próximo fin de semana en casi todos los países europeos y en Buenos Aires, la Embajada de Francia abrirá sus puertas al público, lo cual será una oportunidad histórica para conocer por dentro una de las joyas arquitectónicas de la ciudad. Hay que recordar, en este sentido, que antes de albergar la representación diplomática (lo es desde 1939, coincidente con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial), el llamado Palacio Ortiz Basualdo -diseñado por el arquitecto francés Paul Pater en 1912, dos años después del Centenario, y terminado de construir en 1918- fue la residencia de Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola. Es necesario señalar que no debe confundirse esta mansión con el Palacio Ortiz Basualdo Anchorena, construido por el arquitecto belga Jules Dormal -el mismo que concluyó las obras del Teatro Colón-, que fue levantado en 1904 y demolido en 1969.

Pero volviendo al edificio que nos ocupa, señalemos que está en las cercanías de los Palacios Pereda, Alzaga Unzué, Duhau, Casey y del Fernández Anchorena. En 1925, bajo la presidencia de Marcelo T.de Alvear, fue la residencia oficial de Eduardo de Windsor, príncipe de Gales. Ya convertido en Embajada de Francia, cuatro décadas más tarde, durante la ampliación de la Avenida 9 de Julio en su tramo norte (Arenales-Arroyo), a uno de los "genios" que abundan se le ocurrió tirar abajo el Palacio. Por suerte, los porteños y el propio gobierno francés hicieron campaña para que eso no ocurriera y lograron mantenerlo en pie. Sin embargo, desde su construcción hasta hace unos años, la mansión fue perdiendo su ornamentación original. Hasta que la Embajada de Francia resolvió llevar a cabo las recientes obras de restauración, internas y externas.

De acuerdo a los gustos de la elite cosmopolita argentina de la época de su construcción, el Palacio es esencialmente parisino (es un claro exponente del Beaux Arts), pero tiene influencias inglesas y también escandinavas (el comedor emula al del Palacio Real de Oslo). Hace un año, Francia comenzó a invertir en su embajada argentina, y si bien le dio cierto aire de modernidad en algunos lugares, en sus salones se restauraron las boiseries, los dorados a la hoja de las paredes, las molduras, y por fuera se quitó el oscuro producido por la polución con un simil-piedra imitación de la original parisina. Lo cierto es que esta residencia que fue construida para vivienda de aristócratas argentinos de comienzos del siglo XX, funcionó como tal muy pocos años. Y los porteños, en su mayoría, desconocen cómo es por dentro. El fin de semana próximo tendrán oportunidad de recorrerlo y disfrutar, en Cerrito 1399, de una de las bellezas arquitectónicas de esta ciudad.cosmopolita.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)