31 de mayo de 2016

La reacción de Hitler cuando le avisaron del inicio del Día "D"


Por Humberto Acciarressi

En la mañana del 6 de junio de 1944, en un bunker ubicado en la playa francesa de Omaha, tres oficiales de la Wehrmacht - el comandante Werner Pluskat, el capitán Ludz Wilkening y el teniente Fritz Thenn- charlaban entre ellos mientras el perro de la guarnición, "Harras", dormía plácidamente. Cada tanto, uno de los tres hombres tomaba los prismáticos y echaba una mirada al océano, en dirección a la península de Cherburgo. En un momento determinado, Pluskat se quedó helado con el largavista en la mano: en el horizonte acababa de ver la armada más colosal que jamás había imaginado. Le comunicó la novedad a sus compañeros y llamó por teléfono a su superior: "Es la invasión, es increíble. Es fantástico", gritó.

Desde el otro lado de la línea, alguien le preguntó qué hacían los miles de barcos, dirigibles y aviones. El soldado miró por la abertura del bunker y dejó caer sus palabras: "Vienen directamente hacia mí". Ese fue el momento en que el alto mando alemán tuvo conocimiento que los aliados habían comenzado la llamada Operación Overlord, el Día "D" en el imaginario colectivo. Cinco mil barcos, 16.000 aviones y miles de globos climatológicos y de reconocimiento, 18 mil paracaidistas y más de 200 mil soldados, de los cuales unos 12 mil iban a morir en las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword, los cinco puntos del desembarco largamente preparado para dar comienzo al fin del poderío nazi en Europa continental.

El éxito de la invasión, dirigida por el general Dwight Eisenhower, permitió a los aliados poner un pie firme en Francia e iniciar su recorrido rumbo al corazón del imperio hitlerista. El Führer se enteró del desembarco de Normandía recién a las 10 de la mañana, porque nadie se animó a despertarlo antes. Cuando le dieron la noticia comenzó a moverse frenética y alegremente sobre su cama, con el camisón de dormir, mientras le decía a su amante Eva Braun: "Por fin vamos a enfrentarnos con nuestros verdaderos enemigos". Los oficiales lo miraron aterrados y confundidos. Un día antes de esa fecha, los aliados ya habían ocupado Roma y la invasión se hacía fuerte en el sur mediterráneo. Y Hitler no parecía darse cuenta.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)