26 de mayo de 2016

Los que lucharon contra Hitler y murieron en las sombras


Por Humberto Acciarressi

Hay historias que están más allá de las efemérides y muchas veces quedan relegadas por los grandes marcos que las contienen. Albert Camus escribió que "siempre hay una hora del día o de la noche en que el hombre más animoso se siente cobarde". El nazismo, que lo supo bien, durante la Segunda Guerra Mundial cometió inimaginables abyecciones para horadar el espíritu de los pueblos ocupados. En el corazón mismo de la barbarie, en Alemania, desarrollaron sus actividades organizaciones como La Rosa Blanca (cristianos no violentos), la Capilla Roja (también conocida como Orquesta Roja, integrada por comunistas) o el Círculo de Kreisau (resistencia de la burguesía germana, profesionales y militares, que entre otros llevaron a cabo el malogrado atentado de julio de 1944 contra Hitler). Todos estos grupos estaban integrados por resistentes que caían como moscas en Berlín y en las ciudades importantes del Tercer Reich.

En referencia a la Resistencia alemana, el propio Winston Churchill escribió que "el espíritu que los animaba fue uno de los más puros y nobles que se han dado. Estos hombres luchaban sin ayuda de ninguna clase, guiados únicamente por lo que les dictaba su conciencia". Pero los civiles que tomaron las armas y realizaron tareas de contraespionaje a los delirios de la supremacía aria sumaron miles en toda Europa y fueron conocidos de diversas maneras: resistentes en Francia, partisanos en Italia, guerrilleros en la URSS, frentes de liberación en Checoslovaquia, Polonia, Grecia, Holanda, Austria, la península escandinava. Todos fueron diezmados por la Gestapo y sus hombres, que disponían de la vida y la muerte de cualquier habitante europeo.

Uno de los arquetipos de estos hombres y mujeres fue Jean Maulin, director del Consejo Nacional de la Resistencia Francesa. De acuerdo al relato de su hermana y secretaria Laure, este patriota sostenía que era imprescindible luchar en Francia contra la ocupación alemana, y no desde Londres que era dónde Charles de Gaulle había instalado su cuartel general (esto pese a la admiración que sentía por quien luego sería presidente de su país). Fiel a sus convicciones, Moulin peleó y fue atrapado en suelo francés por Klaus Barbie, jefe de la Gestapo conocido como "el carnicero de Lyon", integrante de las SS, que luego de la guerra huyó a América del Sur y se afincó tanto en Perú como en Bolivia, donde fue capturado para ser extraditado a Francia. Allí fue enjuiciado y condenado a prisión perpetua por crímenes contra la humanidad. Por órdenes de Barbie, Maulin fue sometido a prolongadas sesiones de torturas que le provocaron la muerte y su ingreso a la leyenda. André Malraux lo definió: "Pobre rey supliciado de la sombras". Una bella y terrible frase.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)