24 de abril de 2016

Las idas y vueltas de tres muertes y el Día del Libro


Por Humberto Acciarressi

Aunque existían algunas jornadas perdidas, solitarias y generalmente referidas a un único país, a lo sumo dos, fue recién en 1995 cuando la Unesco resolvió proclamar el 23 de abril de cada año como "Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor". Al comienzo, la celebración fue tímida, pero cuando se corrió la voz que en esa fecha de 1616 habían fallecido Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, ya casi nadie dudó y la jornada fue rápidamente universalizada (lo cual, si hubiera lógica, debería suceder siempre con las determinaciones de los organismos que crean las naciones del mundo para organizar el caos natural del planeta, cosa que obviamente no ocurre). El asunto es que eso de las muertes de semejantes escritores (dos de ellos los máximos representantes literarios del castellano y del inglés, respectivamente) no sólo alimentó la cuestión de la celebración del libro, sino que durante años fue motivo de asombrados escritos. Dicho de otra forma, no todos los días se mueren Cervantes y Shakespeare, y casi a la misma hora.

Con la globalización de los datos gracias a los avances tecnológicos de las comunicaciones, una de las primeras cuestiones en aclararse fue que el poeta de Stratford Upon Avon (suponiendo que fue ese hombre quien escribió la obra monumental de sus tragedias, comedias y poesías) no había nacido el 23 de abril de 1564 como también se aseguraba, sino el 26. Pero lo más importante era lo de la muerte. En realidad, el autor de una de las más conmovedoras obras literarias de la historia pasó a mejor vida el 23 de abril de 1616, pero del calendario juliano, que se mantuvo en Inglaterra hasta 1752. Este había sido abolido por un decreto vaticano en marzo de 1582, pero en Inglaterra ya no regía el catolicismo romano desde 1534, cuando Enrique VIII se enfrentó con Roma para divorciarse de Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena, a quien más tarde mandó al cadalso, lo mismo que a su quinta mujer, Catalina Howard, decapitada en la Torre de Londres. Pero retornando a Shakespeare hay que indicar que por estos líos conyugales, su verdadera muerte ocurrió el 3 de mayo de 1616, según el calendario gregoriano que ya regía en casi todo el mundo.

En lo referido a Miguel de Cervantes, no sólo no murió el mismo día -y mucho menos casi a la misma hora- que Shakespeare, puesto que el autor del Quijote fue debidamente enterrado el 23 de abril de 1616, pero la diabetes lo había matado una o dos jornadas antes. Quien sí estiró la pata ese día tan mentado fue el Inca Garcilaso de la Vega, lo cual si se me permite, parece demasiado excesivo para que su sola muerte justifique la celebración internacional. Y esto dicho con gran respeto por el autor de los "Comentarios reales", considerado como el "primer mestizo racial y cultural de América". Este historiador y escritor, gran conocedor de la lengua castellana, era hijo del conquistador de la nobleza extremeña española Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, y había nacido con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa. Años más tarde, en España, adoptó el seudónimo que lo hizo famoso: Inca Garcilaso de la Vega. Su apasionante historia la dejamos para otra oportunidad.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)