20 de abril de 2016

Algunas palabras más sobre el inicio de la Feria del Libro


Por Humberto Acciarressi

Uno que ha escrito centenares de notas sobre la Feria del Libro durante muchos años sabe que decir algo nuevo es imposible. Incluso ya han quedado en la prehistoria esas tonterías al estilo de "muestra académica versus exposición popular, con shows, entretenimientos, fiesta y música". Uno de los mayores acontecimientos culturales argentinos, ya hace rato que saldó ese tema a favor de la segunda de las opciones. Esa es una de las razones por las cuales cuando hablo con un extranjero le digo que si lo único que quiere es libros, que vaya cualquier día a la calle Corrientes (especialmente si busca antiguos títulos) o a alguna de las centenares de librerías que han hecho decir a intelectuales como Vargas Llosa que esa sería una de las razones por las cuales se instalaría en Buenos Aires.

La megamuestra anual que comienza esta semana es otra cosa. Y eso lo sabe quien la visita todos los años. Los escritores extranjeros llegan por la jerarquía de la exposición y los compromisos editoriales, los nacionales para verle la cara a su público, la gente a sus autores preferidos, y los libreros y editores para hacer todo lo posible para que ese encuentro se transforme en ventas. Hay muchas otras cosas, desde las conferencias y las mesas redondas, el acceso del público porteño a las obras escritas en las provincias, el conocimiento de mucha gente de las editoriales más pequeñas pero con grandes obras y autores, encuentros como los de poesía, para mencionar algunos. En otro razonamiento prehistórico se decía que le Feria no genera lectores. Eso es falso. Lo hace entre los chicos de colegios que visitan el predio hasta gente mayor no acostumbrada a ciertos temas, pero entusiasta de otros.

Borges, quien decía orgulloso que la biblioteca de su padre había sido el acontecimiento capital de su existencia, sostenía con metafórica exageración: "En el curso de mi larga vida creo no haber leído más de cien volúmenes, pero he hojeado algunos más". Valga la boutade del autor de "El aleph", quien, en sus tiempos de profesor, recomendaba a sus alumnos que no leyeran un libro si no sentían una necesidad urgente. "Si eso no ocurre - decía, palabras más, palabras menos - es que ese autor todavía no es digno de ese lector". La lectura lleva en sí misma la aceptación de una serie de códigos, sin cuya existencia el acto de leer se convertiría en algo mecánico. Coleridge, en lo atinente a la ficción y la poesía, pedía la suspensión de la incredulidad al leer un libro. Más allá de los espectáculos, la Feria del Libro es un conglomerado de miles de palabras en busca de ojos atentos e inteligencias perspicaces.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)

#Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2016