22 de octubre de 2015

Se viene la segunda edición 2015 de Buenos Aires en vinilo


Por Humberto Acciarressi

A dos décadas de la aparición de RealAudio, mientras el mercado de la música en streaming está en crecimiento constante y las plataformas dan la batalla por tus oídos, internet es -paradójicamente- el método con el que se nuclearon los melómanos que desde hace un tiempo realizan Buenos Aires en vinilo. Lo cierto es que la convocatoria despierta tan alto grado de entusiasmo, que este año, a falta de una, resolvieron largarse con dos ediciones, la próxima de las cuales (titulada Edición Extra) será en The Roxy Live (Niceto Vega 5542), el sábado 7 de noviembre durante todo el día. Como siempre estarán presentes los circuitos tradicionales que recorren estos coleccionistas empedernidos para "adorar" a sus verdaderas estrellas, es decir los LPs y los sencillos que cubrieron totalmente las décadas del 60, el 70, el 80 y parte de los 90. Esto en el contexto dado por varias discográficas que han vuelto a editar tiradas limitadas de vinilos para complementar los lanzamientos de Cds.

Alguna vez escribí que quienes nacimos con los discos de vinilo nos congratulábamos de no tener que hacer los malabares de las generaciones anteriores para no hacer añicos "los de pasta". Es cierto que también estaban los insoportables cassettes, con cintas que se enrollaban, rompían y a los que cada tanto había que meterles una Bic para hacerlos correr. Pero el arte de tapa de los vinilos, por ejemplo, no tenía parangón. Lo fatal era mantenerlos sin esas lastimaduras que provocaban saltos endiablados. Pero un mal día los vinilos desaparecieron y llegaron los CDs, el MP3, las plataformas de streaming y todo lo que ya se conoce. Con el paso del tiempo, muchos guardamos Beatles, Stones, Almendra, Doors, Hendrix, Charly, los Abuelos, mucho jazz y clásico en vinilo, mientras el resto se perdió en mudanzas y tachos de basura.

Ya convertidos en dinosaurios y sin aparatos para reproducirlos, la cosa se puso tan brava que conseguir algún vinilo fue más difícil e inútil que contar las estrellas. Fue entonces que comenzaron a aparecer los coleccionistas, muchos de ellos músicos que en los comienzos -me consta- lo hacían a las escondidas. Como suele suceder, el asunto se extendió y los "juntadores" de vinilos se multiplicaron. Y la mayoría de esos melómanos obsesivos aún lo consideran el formato por excelencia. Se sabe que poner un vinilo en un buen aparato -que sólo se consigue entre coleccionistas- es un acto de extrema sensualidad. Tal vez esta sea la razón por la cual es un muerto que no termina de morir. Y entre sus adoradores se encuentran los que organizan Buenos Aires en vinilo, ya convertido en un clásico del género.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)