6 de enero de 2016

Donald Trump, la encarnación de la demencia en la política


Por Humberto Acciarressi

En ocasiones creo que a Donald Trump se lo considera demasiado en serio. Me dura poco. Enseguida tomo conciencia de que es un chiflado con mucha plata y cierta cuota de demagogia populista, y que eso lo convierte en una persona más peligrosa de lo que parece. Y hay que reconocer que "parece" mucho. Ahora, el pre candidato republicano que entre tantas bestialidades ha dicho que todos los mexicanos son "corruptos, violadores y asesinos", acaba de dar a conocer su primer spot de campaña, mientras que anunció que habrá otros cinco o seis del mismo talante. Pero en el que ya se puede ver, Trump pide un cierre temporal de la entrada de musulmanes a los Estados Unidos, anuncia que va a cortar la cabeza de ISIS "y tomar por la fuerza su petróleo" (lo cual parece una canchereada para la tribuna),y, lo que aparenta ser más fácil, señala que detendrá la inmigración ilegal con la construcción de un muro en la frontera sur y que además lo hará pagar con el dinero de los propios mexicanos.

Sus argumentos son los mismos que se han utilizado en varios puntos del planeta en el siglo XX y en lo que va del XXI (y que no mencionamos ya que hay decenas de ejemplos). Pero más allá de lo que diga el supermillonario, todo el mundo sabe que lo que busca es "resguardar" la supremacía de la "raza" estadounidense (es decir él y sus seguidores) de quienes Trump considera "diferentes" (los cuales integran el resto del mundo). No vamos a hablar del miedo al otro en tanto distinto a uno, ni de análogos argumentos filosóficos que tratan de encontrarle un sentido a estos disparates que comienzan con palabras, siguen con muros y culminan en masacres. Y no vale la pena apelar a la reflexión, puesto que estamos frente a un sociópata que no entiende razones y que cree que las barreras de cemento y pilas de armas hasta el techo van a eliminar las diferencias sociológicas, culturales, étnicas, religiosas, políticas, etc, que hacen a la diversidad del mundo y que a este enfermo mental tanto le molesta. Y no olvidemos que este personaje es quien llama a las mujeres "cerdas gordas", "perras" y "animales desagradables".

Donald Trump, que con ese peinado ridículo parece un mal chiste del bizarro universo de las historietas, considera que el dinero le permite decir cualquier cosa: desde sus ataques indiscriminados a los mexicanos y al resto de los latinos, hasta sostener muy suelto de cuerpo que "ISIS fue creado por Hillary Clinton y Obama". Y este tacaño proverbial parece resuelto a jugarse el resto a "la hazaña" . Sólo en Iowa y New Hampshire (los dos primeros estados en los que se resolverán las primarias republicanas), el magnate invertirá cuatro millones de dólares por semana. La idea es saturar todos los canales televisivos con la emisión del video de marras. Los otros precandidatos republicanos, para ganar terreno, hasta comparten con la demócrata Hillary Clinton que el discurso de Trump está basado en el odio y no hace otra cosa que incrementar el desprecio terrorista por los Estados Unidos. Pero hay algo que pone de relieve el peligro de este sujeto. Si bien parece un carenciado de modestia cuando señala "creo que no necesitaba esta campaña televisiva, pero no quiero dejar ninguna oportunidad", lo cierto es que las encuestas le dan una ventaja considerable dentro el partido del "Elefante" por sobre sus rivales. Lo que equivale a decir que es un serio aspirante al salón Oval, en la sala oeste de la Casa Blanca.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)