25 de marzo de 2015

Batman y su elefantemóvil


Les presento a mi amigo el tímido


Velada con música de una pareja de conejos


El caso del sheriff que colgó a su esposa


No soporto su mirada


Sus restos, el único misterio que perdura sobre Cervantes


Por Humberto Acciarressi

Comparado con otros escritores (por ejemplo su contemporáneo William Shakespeare), de Miguel de Cervantes se sabe mucho. Es decir, todo aquello que pueda ser separado de la leyenda, que es bastante más vasta de lo que se sospecha. Los tiempos modernos permitieron aclarar algunas cuestiones, como por ejemplo el lugar de su nacimiento, que hasta que Vicente de Ríos demostró que el autor del Quijote había nacido en Alcalá de Henares, no menos de siete ciudades españolas se peleaban por esa cuestión. De ese simple y trascendental dato -haber nacido en octubre de 1547 en el mencionado lugar-, se desprendieron otros asuntos. Por ejemplo, que su padre era barbero en los ratos libres, "sangrador", sordo y pobre. Un karma para el pobre Miguelito. Una de las cosas que no se conocía era dónde estaban enterrados sus restos, que es lo que parece haberse resuelto en los últimos días, con el hallazgo de una urna con las iniciales "MC", en el subsuelo del Convento de las Trinitarias, en el centro de Madrid. De todas formas, esto todavía está en "veremos", ya que muchos especialistas dudan bastante.

También se conocen otras cuestiones más importantes, como que no cursó la universidad pero era un lector endiabladamente voraz. Tal vez por eso viajó, a los 22 años, en busca de mejores horizontes al Vaticano, en donde intelectuales y artistas buscaban mecenazgos. Cervantes tuvo la suerte de conseguirse como alumno de español al cardenal Acquaviva, que se convirtió en su protector. Caminante de la calles de la península, se codeó con las lecturas de Tasso, Ariosto, Boyardo, Castiglione y otros. El hecho que tal vez cambió su vida se produjo cuando se sumó a los tercios españoles bajo las órdenes de Diego de Urbina - Borges le dedica un poema que se llama "Un soldado de Urbina"- y de Ponce de León. Así fue que el 7 de octubre de 1571, a bordo de la galera "Marquesa", combatió en el golfo de Lepanto contra las tropas de Selim II. Si las naves vaticanas, españolas y venecianas salieron victoriosas, Cervantes quedó con un brazo inútil de por vida.

Imposibilitado de viajar a América -lo que fue su sueño incumplido- participó en otras batallas; se embarcó con su hermano; y lo tomaron prisionero los berberiscos, que lo arrastraron descalzo, harapiento y mal comido por las calles de Argel. El infierno carcelario duró un lustro. Cuando retornó a su patria, en Madrid se hablaba de Lope de Vega -crítico feroz de Cervantes-, Tirso de Molina y Luis de Góngora. El ex soldado y ex cautivo escribió "La Galatea", que tuvo cierto eco en ámbitos literarios. En diciembre de 1584, después de haber sido traicionado por el amor de su vida - madre de su única hija- el escritor se casó con Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano. Aunque varias de sus obras se representaron en esa época, para comer tuvo que trabajar como recaudador de impuestos, el oficio más odiado de entonces (y de siempre). Perdió amigos y ganó enemigos. En esos ires y venires, un día de enero de 1605, Cervantes leyó una frase que había escrito y que dejó sin corregir:"En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...".

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)

LAS INICIALES "MC" ENCONTRADAS EN UN ATAUD EN EL SUBSUELO DEL CONVENTO DE LAS TRINITARIAS

Asterix, Obelix y sus amigos galos en el Cultural Recoleta


Por Humberto Acciarressi

El 29 de octubre de 1959, en la revista francesa Pilote, irrumpió -ese es el verbo adecuado- Asterix, una creación del guionista René Goscinny (que vivió en la Argentina desde que tenía dos años, estudió y se graduó de bachiller en Buenos Aires y recién se fue con su madre a Nueva York a los 20 de edad) y del dibujante Albert Uderzo (que nació daltónico y con dos dedos de más, que le fueron quitados con cirugía). De esa extraña dupla nació Asterix el Galo, cuando Pilote recién se lanzaba al mercado para competir con otras publicaciones como, por ejemplo, la belga Tintín. El personaje central de la historieta -sobre la que más tarde se hicieron volúmenes especiales y libros que se vendieron de a millones, además de cientos de dibujos animados y películas-, fue dotado de entrada con un Sancho muy especial: Obelix.

Una de las razones de su éxito -apenas una, recalco- es que su aldea es la única en toda la Galia que resiste al invasor, siempre presente en estas aventuras que pasaron por todos los formatos. No hay que olvidar que cuando salió todavía no había transcurrido mucho tiempo de la ocupación francesa por los nazis, y casi todos los jóvenes que leían la historieta de Asterix El Galo, habían sufrido siendo chicos o adolescentes los himnos hitlerianos y las cruces gamadas en su propia tierra. La verdad es que este dúo surgido de pretendidas leyendas de cuando Francia aún no era Francia -sin ningún rigor histórico, por cierto-, se metió en el bolsillo a gente de todo el mundo. De hecho, las andanzas fueron traducidas a decenas de idiomas, entre ellos el latín y el griego antiguo.

Ahora, en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), este viernes quedará inaugurada -y se extenderá hasta el 3 de mayo- la muestra "Asterix en Buenos Aires", en una producción conjunta entre el ministerio de Cultura porteño y la Biblioteca Nacional de Francia, con la colaboración de las Ediciones Albert René. Visitar la exposición será una interesante manera de volver a vivir las aventuras y desventuras de aquellos luchadores por momentos cómicos y por otros héroes, de aquella historieta que abría siempre con la misma frase: "Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor". Y para asistir al CCR no hace falta beber ninguna poción mágica del druida Panorámix.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)

Beatriz Rojkés de Alperovich y la verdadera cara del "relato K"


Por Humberto Acciarressi

Nadie, con dos dedos de frente, puede creerle a la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich. No sólo en lo atinente al escándalo que acaba de provocar ni a sus disculpas, sino sencillamente nada. Que se le haya soltado la cadena ante un grupo de damnificados por las inundaciones en la cada vez más pobre provincia de Tucumán no es casual. Hace rato que muchos kirchneristas abandonaron "el relato" y muestran su verdadera cara, desde la presidente de la Nación para abajo. Pero que haya maltratado a un pobre hombre cuya casa está bajo el agua con la frase "pedazo de animal" y "vago de miércoles", y encima jactarse de tener "diez mansiones", no sólo "una", como se le insinuó, ya rompió los moldes. La esposa de José Alperovich y por eso primera dama de Tucumán, que en su momento llegó a estar segunda detrás del procesado vicepresidente Boudou en la línea presidencial, ahora mostró la hilacha del todo.

La misma enriquecida fonoaudióloga (debe haber sido una "fonoaudióloga exitosa" para tener diez mansiones, así como otras fueron "exitosas abogadas"), es la misma que en anteriores oportunidades pasó de sostener que "Tomás Eloy Martínez le hace mal a Tucumán"; acusar de "prensa obscena" a la que reflejó la fortuna que gastó en la fiesta de una nieta en medio de las inundaciones; decirle a Susana Trimarco -madre de la secuestrada Marita Verón- que "la prostitución existe y seguirá existiendo"; insultar la memoria de un chico suicidado bajo los efectos de la droga con la frase dirigida a su madre: "Al menos ahora, Dora (Yañez), vas a poder dormir tranquila, porque tu hijo no está más en la calle". Hay mucho más en el listado de esta estanciera con quien Jauretche se hubiera hecho una fiesta. Aunque lo dramático es que no sólo ella piensa así. "La señora" -como utilizaría el término un moderno Ricardo Rojas o un descriptivo Roberto Arlt- es igual de reaccionaria y despreciativa con los que menos tienen, como casi todos quienes la acompañan con cargos ejecutivos o electivos. Y "el relato" fue inventado para contrarrestar eso.

La senadora -lo que da lástima siquiera mencionar por la clase de gente que ocupa la Cámara Alta de la Nación - salió a pedir "perdón". Ella puede negarlo, pero la orden le vino de muy arriba. No hay que olvidar que estamos en un año electoral. No es la primera vez que pide disculpas: lo mismo hacen los golpeadores mientras siguen tirando piñas. Pero -como señalamos más arriba- nadie le cree. Porque no existe persona que respete a la ciudadanía y pida perdón acusando que "el incidente estuvo preparado". En cuanto a que la suya - de acuerdo a sus palabras- fue la reacción fue "de una persona que está al borde del cansancio psíquico y físico", tal vez deba consultarlo con su médico. En todo caso para que se encuentre mejor cuando tenga que rendir cuenta de las diez mansiones que reconoció tener en cámaras, tirando por la borda "el relato" más berreta que se haya concebido en un país con tantos grandes escritores.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)