21 de mayo de 2018

Augusto Monterroso y sus consejos para escribir


Consejos para escritores del guatemalteco Augusto Monterroso, autor de uno de los relatos más breves de la historia de la literatura, titulado "El dinosaurio" y que dice en toda su extensión:

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"


DECÁLOGO DEL ESCRITOR

Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.

El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

Augusto Monterroso
("Decálogo del escritor")

¿Será mucho pedirle?


"Lo único que le pido es que si está decidida a no escribirme más, por lo menos me mande esta carta de vuelta, abierta se entiende, en prueba de que la leyó ¿O será mucho pedirle?"

Manuel Puig
(Fragmento de "Boquitas pintadas")

Era demasiado tarde...


"Era demasiado tarde para reencontrarnos. Lo comprendimos desde la primera mirada. Ya no había nada que reencontrar"

Marguerite Duras
(Fragmento de "El amante")

Son marginales, y ese es su orgullo


"Hay un estrato de la sociedad criminal cuyos componentes (así sean bandidos o ladrones de cajas fuertes, estos últimos alguna vez predominantes, ahora en triste minoría) son básicamente vagabundos. Tienen toda la conciencia de casta de esos hombres errantes, todo el desagrado. La repulsión por formas más cómodas de vida. Frecuentemente se los encuentra en las ciudades, pero traen consigo todo el orgullo en su dureza, en su independencia, en su habilidad para hacer por sí mismos lo que necesite hacerse. El burdo mundo criminal de las ciudades rara vez los ve; son bastante misóginos y sus contactos con las mujeres son poco frecuentes y breves. Su refugio ideal en una ciudad es un piso en algún distrito de mala muerte; o si eso no es posible, un cuarto con una estufa, donde pueden vivir en libertad sin tener que ver con restaurantes, cocinas u otros ingenios de la civilización. Para decirlo rápidamente, son marginales, y ése es su orgullo. Y les gusta tratar a la ciudad como si no lo fuera, sino simplemente otra forma de campo"

Dashiell Hammett

16 de mayo de 2018

Cabaret: desde Isherwood hasta Bob Fosse


En 1939, el inglés Christopher Isherwood publicó "Adiós a Berlín", que un año después de finalizada la guerra reeditó como "Los relatos de Berlín", en los que se advertía el surgimiento del nazismo. John van Druten los adaptó en 1951 para la obra de teatro "Soy una cámara", Henry Cornelius dirigió la pelicula del mismo nombre en 1955, Joe Masteroff hizo un musical que tituló "Cabaret" (1966) y finalmente, el gran Bob Fosse, uno de los directores y coreógrafos más grandes e influyentes del siglo XX, estrenó en 1972 la película homónima con Liza Minelli en el papel de Sally Bowles, Michael York como Brian Roberts y, además de otros, Joel Grey en uno de los maestros de ceremonia mejor logrados de la historia del cine.


Sobre Bob Fosse se puede decir que casi no hay director, entre los modernos, que no le deba algo. Sólo basta recordar la estupenda, inigualable escena final de "Cabaret", cuando Liza se va caminando. Dando la espalda a la cámara, levanta la mano derecha y mueve los dedos como despedida, en lo que es un pasaje cumbre de la pantalla grande. Se me ocurre agregar que quien no vió la filmografía completa de Bob Fosse (apenas cuatro películas: "Sweet Charity", "Cabaret", "Lenny" y "All That Jazz") tiene una deuda pendiente con el cine. Y a continuación un breve texto del iniciador de esta conmovedora historia:


" (...) A veces hablabas del amor de un modo que demostraba que se trataba de una experiencia personal. Te veo sentada en el crepúsculo de una tarde de invierno, con los dedos extendidos ante el fuego, contemplándolo fijamente y diciendo: "No, Stephen; no empieza así; no es cuando dos personas se sienten atraídas, sino en el momento en que comprenden que son distintas, tan distintas que resulta terriblemente doloroso, casi insoportable. Es como el polo Norte y el polo Sur. Es imposible estar más alejados, pero al mismo tiempo no puede haber dos puntos más cercanos en la superficie terrestre, porque entre ambos existe un eje y todo gira a su alrededor (...)"

Christopher Isherwood
(Fragmento de "El mundo al atardecer")


12 de mayo de 2018

Kafka, Milena y una duda sobre las cartas


"¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas pueden comunicarse mediante cartas? Uno puede pensar en una persona distante y puede tocar a una persona cercana; todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. Escribir cartas, sin embargo, significa desnudarse ante los fantasmas, que las esperan con avidez. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas. Con este abundante alimento se multiplican en forma desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo. Y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde: son evidentemente inventos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso; después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la radio. Los fantasmas no se morirán de hambre, y nosotros, en cambio, pereceremos"

Franz Kafka
(carta a Milena Jesenska)

Lectores según Roberto Bolaño


"Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el "Diccionario Filosófico" de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe (...)"

Roberto Bolaño
(Fragmento del último reportaje al escritor, realizado unos días antes de su muerte el 14 de julio de 2003, a los 50 años)

Stagger Lee


"Sé que estas canciones no le van a gustar a todo el mundo, y que se necesita estómago para escuchar algunas de ellas...pero mis canciones, o nuestras canciones, me encantan. Viven en la periferia, a remolque de otras. Están apiñadas en la parte trasera del ómnibus, fumando y burlándose de las demás canciones"

Nick Cave

Sentada en un salón perfectamente decorado


" (...) No puedo olvidarla, sentada en su salón perfectamente decorado, con sus bellos ojos enrojecidos por la ginebra y las lágrimas, asintiendo y asintiendo con la cabeza una y otra vez, tragándose cada una de las palabras mezquinas que me inspiraba la ginebra y todas las culpas que yo le echaba por el fracaso de mi libro, por mi derrota, por mi frío infierno. Y ella asentía y asentía con la cabeza una y otra vez, mordiéndose los labios, conteniendo cualquier muestra de venganza y tragando, porque, mientras ella era fuerte porque estaba segura de sus dones, yo era débil y paranoico porque no estaba seguro de los míos, y porque ella sabía que una verdad repentina que me dijese sería mortal (...)"

Truman Capote
(Fragmento del capítulo "Monstruos perfectos" de "Plegarias atendidas")

Lluvias en Buenos Aires


"Muchas lluvias caen al año en Buenos Aires, pero como casi ninguna figura en el pronóstico meteorológico, no mojan"

Macedonio Fernández

6 de mayo de 2018

"What I believe" de J.G.Ballard, enero de 1984


James Graham Ballard, "el menos convencional de los escritores ingleses" en palabras de Martin Amis, nació en Shangai en 1930 y falleció en abril de 2009 en Londres. Acostumbrados a recordar pasajes de sus obras, en esta oportunidad nos parece oportuno reproducir uno de sus escritos clásicos. Su "Credo" apareció por primera vez en la revista francesa Science Fiction, por pedido del editor, en febrero de 1984, y se reprodujo en su versión original en inglés en el número 8 de Interzone, con el título de "What I Believe". Y dice así:


"Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.


Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.

Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.


Creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.

Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.

Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.

Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.

Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperanza.

Creo en todos los niños.

Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.

Creo en todas las excusas.

Creo en todas las razones.

Creo en todas las alucinaciones.

Creo en toda la rabia.

Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz"

J.G.Ballard

("What I believe", 1984)








5 de mayo de 2018

Las caricaturas de William Heath (1794-1840)










El Nobel de Literatura se pospone por el escándalo de abusos sexuales


La Academia Sueca anunció en un comunicado que el Premio Nobel de Literatura 2018 se pospone al 2019- cuando se entregarán ambos- debido al escándalo de violaciones y agresiones sexuales. La institución fundada en 1786, ya había optado en siete ocasiones anteriores por la suspensión del premio: en 1915, en 1919, en 1925, en 1926, en 1927, en 1936 y por último en 1949 a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Hay que señalar, sin embargo, que es la primera vez que es postergado por un problema de esta naturaleza.

La Academia está inmersa en una crisis (señalada como la más importante de su historia) desde noviembre, cuando, en el contexto de la campaña internacional contra los abusos sexuales, el diario sueco Dagens Nyheter publicó los testimonios de 18 mujeres que afirmaron haber sido violadas, agredidas sexualmente o acosadas por Jean-Claude Arnault, un influyente personaje de la escena cultural sueca y esposo francés de la poetisa Katarina Frostenson, miembro de la institución escandinava.

Estas revelaciones sembraron la discordia entre los 18 miembros de la Academia sobre cómo reaccionar, y en las últimas semanas seis de ellos decidieron dimitir, incluida la secretaria permanente Sara Danius. "Los miembros activos de la Academia Sueca son, por supuesto, plenamente conscientes de que la actual crisis de confianza representa un importante reto a largo plazo y requiere de un trabajo sólido de reforma", afirmó el presidente permanente interino Anders Olsson, citado en el comunicado. Y añadió que "es necesario destinar tiempo a recuperar la confianza pública en la Academia antes de que se pueda anunciar el próximo ganador".

Jean-Claude Arnault y su esposa Katarina Frostenson

La Segunda Guerra Mundial en afiches







Feldbuch der Wundartzney, de Hans von Gersdorff (circa 1455 -1529)