8 de abril de 2018

Cuando Bergman se encontró con Greta Garbo y descubrió algo


Hay un párrafo de las memorias de Ingmar Bergman, tituladas acá como "Linterna mágica", que siempre me pareció tremendo. Me gustaría compartirlo con vos. El director genial cuenta cuando Greta Garbo hizo un viaje a Suecia para consultar a un médico. Se encuentran, cambian palabras de ocasión y se cuentan algunas anécdotas en los míticos estudios de Rasunda. En plena evocación, Bergman escribe:

"Es difícil saber si los grandes mitos son eternamente mágicos por ser mitos o si la magia es una ilusión creada por nosotros, los consumidores. En aquel instante no había la menor duda. En la penumbra de la pequeña habitación su belleza era inmortal. Si me hubiera encontrado con un ángel salido de algún evangelio hubiera dicho que su belleza rodeaba su aparición como una aureola. Había como una vitalidad en torno a sus facciones, grandes y puras -la frente, la cuenca de los ojos, la noble barbilla, las sensibles aletas de la nariz. Ella notó inmediatamente mi reacción y se puso contenta"

Pero el encuentro entre Bergman y Greta Garbo (que había iniciado su carrera de actriz en Suecia, país en el que nació el 18 de septiembre de 1905, y donde filmó dos películas junto al director Mauritz Stiller) siguió un rato bastante más largo de lo esperado. Recorrieron el lugar y ella recordó viejos asistentes de films en los que había actuado cuando estaba en la plenitud de su carrera. El creador de "El séptimo sello" sigue comentando aquella entrevista, hasta que de pronto, luego de algunos añadidos dispersos, expresa lo siguiente:

"(...) (Greta Garbo) se inclinó hacia el escritorio de modo que la parte inferior de su rostro quedó iluminado por la luz de la lámpara. ¡Entonces ví lo que no había visto! Su boca era fea: un tajo pálido rodeado de arrugas verticales. Era algo inaudito y escandaloso. Toda aquella belleza y en medio de la belleza un acorde disonante. Aquella boca y lo que contaba no había cirujano plástico ni maquillador que lo hiciera desaparecer. Ella leyó mis pensamientos al instante y se quedó callada, hastiada. Minutos después nos despedimos. La he estudiado en su última película, cuando tenía treinta y cinco años. Su rostro era hermoso pero tenso, la boca carecía de suavidad, la mirada casi siempre distraída y triste, pese a la situaciones cómicas. Quizás su público notó algo que ella ya sabía por su espejo".